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Reformas de presidente angoleño tienen impacto positivo en los medios — pero persisten los límites

Grupo de reporteros y camarógrafos angoleños esperan al exsecretario de Estado de Estados Unidos John Kerry en su recorrido por las instalaciones de General Electric en el complejo Sonils de puerto de Luanda, 4 de mayo de 2014. Foto del Departamento de Estados de Estados Unidos, dominio público.

Rafael Marques de Morais es un destacado periodista angoleño, activista anticorrupción y crítico del Gobierno. En el régimen del presidente José Eduardo dos Santos (JES), que gobernó Angola entre 1979 y 2017, las autoridades atacaron reiteradamente a Marques por su trabajo. Mientras trabajaba en el medio estatal Jornal de Angola en la década de 1990, enfrentó presiones por “infiltrar comentarios sociales inoportunos”.

Fue recién en 2017, cuando João Lourenço (JLO) sucedió a JES que periodistas como de Morais empezaron a ver reformas políticas que ayudaron a mejorar el ambiente para libertad de prensa y de medios. Sin embargo, estas reformas abordaron mayormente la corrupción. Aunque las libertades de medios han mejorado aparentemente, persisten los límites del anterior régimen.

En 2019, Morais dijo en una entrevista que ha perdido la cuenta de cuántas veces lo han detenido desde la década de 1990, entre otros obstáculos.

En 1999, escribió “El bastón de la dictadura“, artículo que critica la corrupción y la devastadora guerra, y fue detenido acusado de difamar al presidente. Las terribles condiciones de detención y abusos como privación del sueño lo llevaron a hacer una huelga de hambre que le valió apoyo internacional. Lo liberaron tras 40 días, pero luego se le impuso una sentencia suspendida de seis meses y una multa.

En 2015, Marques enfrentó proceso por difamación por escribir en 2001 el libro “Diamantes de sangre: Corrupción y tortura en Angola“, publicado en Portugal, y luego en línea. Documenta con detalle violaciones derechos relativas a operaciones mineras. Al final, se desestimaron todos los cargos.

También lo sometieron a vigilancia. En 2013, descubrió que su computadora estaba infectada de software malicioso que “expertos internacionales vincularon con una multinacional con fuertes lazos con oficiales militares angoleños”. La noticias y el sitio web contra la corrupción que lanzó, llamado Maka Angola — en kimbundu, “maka” se refiere a un problema delicado, complejo o serio”, como la corrupción y la pobreza — que enfrentaron numerosos ciberataques, como ataque de negativa de servicio.

Rafael Marques de Morais, coganador del Premio Allard 2015, en la ceremonyia, 1 de octubre de 2015. Foto de Martin Dee, usada con autorización vía Wikimedia Commons (CC BY 4.0).

Reformas anticorrupción de JLO

Las reformas incluyen asuntos inesperadamente amplios, desde la empresa petrolera estatal Sonangol a banca. El impulso contra la corrupción impuso su autoridad con la destitución o procesamiento de numerosas figuras, como los antes intocables poderosos parientes y asociados de JES —una medida popular— como su hija Isabel dos Santos, y el exministro Manuel Rabelais.

Ahora, Marques y otros periodistas independientes pueden trabajar más libremente, gracias a una mejor en los ambientes políticos y de libertad de los medios en el régimen de JLO, pero persisten los límites.

Represión a los medios en el régimen anterior

En el régimen de JES, los medios independientes estaban contenidos, y los medios tradicionales estaban controlados en gran parte por medio de influencia del Gobierno vía propiedad directa o indirecta o censura. Reporteros sin Fronteras lamentó los costos “exorbitantes” por licencias de transmisión y costos iniciales que ponen obstáculos a nuevos actores de medios. Al bajo acceso a internet ha dejado a los medios tradicionales “sujetos a altos niveles de interferencia del Gobierno” y autocensura de los periodistas, según Freedom House (2018). Medios privados también han sido controlados por figuras vinculadas al Gobierno.

Dominio del MPLA en el anterior régimen

El colonialismo, la guerra de independencia y décadas de una arrasadora guerra civil, que terminó en 2002, destruyeron la infraestructura y dejaron una economía muy centralizada dependiente de petróleo de alto valor y ganancias de diamantes, capturados por una pequeña élite político-militar de movimientos armados dominada por el gobernante Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA).

El expresidente y sus asociados se consolidaron en el poder después de la guerra. Este sistema turbio y clientelista dejó de lado a muchos, desfalcó miles de millones, y controló las críticas estricta y violentamente a veces.

En el régimen de JES, el acceso a internet aumentó gradualmente, aunque siguió bajo —medido por Estadísiticas Mundiales de Internet en 22.3 % de la población en 2019, lo que impide la llegada a espacios en línea. Sin embargo, como el activismo y la información en línea se volvieron más dinámicos, el régimen de JES empezó a reprimir las voces discordantes.

En 2016, el periodista Manuel Serrano escribió que internet se convirtió en la “última frontera” para el análisis político, el desacuerdo y para denunciar la corrupción, dadas las restricciones a las denuncias y las manifestaciones.

Con JES, los procesos a activistas y periodistas también eran comunes.

Un conocido caso es el grupo de activistas “15+2”, que 2015 fue arrestado, acusado de planear un golpe por reunirse a hablar del libro “De la dictadura a la democracia: Un marco conceptual para la liberación”. Estuvo Luaty Beirão, activista y músico muy influyente en medios sociales.

Varios protestaron con huelgas de hambre que logró atención internacional —repetida en medios sociales— lo que presionó a las autoridades a dejar de lado los cargos. Mostró el alcance potencial y límites del activismo en línea y contribuyó con la presión, pero el asunto luego dejó de estar destacado.

El régimen también usó leyes restrictivas que le permitían silenciar a críticos y quienes cuestionaban la conducta de la élite gobernante. La ley de seguridad del Estado de 2010 “penaliza a personas que insulten al país o presidente en “reuniones públicas o con difusión” de información con condenas de prisión, y la ley de prensa de 2006 hace a los periodistas “responsables penalmente por contenido difamatorio”.

En 2017, durante el régimen anterior, nuevas leyes de medios, conocidas como paquete legislativo de comunicación social volvió delito la difamación y permite regular y prohibir contenido en línea, incluidos medios sociales, que Human Rights Watch dijo que viola obligaciones internacionales con la libertad de prensa. Ese año, la académica Joana Fonseca también analizó vigilancia de “tecnología media”, sobre todo redes de informantes que usan dispositivos de grabación.

Restrictivas leyes de prensa, tecnología de vigilancia importada, arrestos y casos judiciales, eran tácticas del régimen de JES desplegados para restringir las libertades de prensa y de medios.

Reformas limitadas

Marques reconoció que la libertad de expresión mejoró con JLO, y dijo a Financial Times este año que el equipo de vigilancia en su casa ya no estaba. A mediados de 2018, Marques y el editor Mariano Brás fueron absueltos de acusaciones de insultar al estado por un artículo en línea de 2016 en el que acusaban al fiscal de corrupción. El juez dijo que habían cumplido su labor periodística y Zenaida Machado, investigadora de Human Rights Watch, lo llamó una “enorme victoria para la libertad de prensa”. Reporteros sin Fronteras mejoró la calificación de libertad de prensa de Angola en 12 puestos en 2019 y dijo que había mejorado el acceso a información estatal.

Algunos jueces han resuelto a favor de manifestantes arrestados por la policía, que defendían su derecho constitucional a protestar y varios soldados fueron condenados a prisión por disparos letales contra manifestantes en 2016. Amnistía Internacional expresó que las autoridades “permitieron manifestaciones pacíficas”, aunque criticaron “nuevos casos de violaciones de derechos humanos y excesivo uso de fuerza de las fuerzas de seguridad” y reiterada impunidad.

Frontline Defenders dijo que la “cultura de reprimir [a los defensora de derechos humanos]  (…) continuaba, aunque a nivel reducido, en el nuevo régimen”, en referencia también a restricciones en los servicios judicial y de seguridad, y ataques contra activistas de la independencia de la provincia petrolera de Cabinda.

Entre mediados de 2017 y mediados de 2018, Freedom House calificó la internet de Angola como “parcialmente libre” e informó que el “contenido en línea seguía sin censura y sin restricciones”, aunque los bots en línea tenían influencia en medios sociales, sobre todo en torno a las elecciones de 2017.

También persisten los problemas legales; Human Rights Watch dijo que el nuevo Código Penal de 2019 penaliza la “difamación”, definida de manera imprecisa, lo que podía usarse contra los críticos.

Las herramientas para restricciones de medios persisten y ha habido represión en temas delicados. Por ejemplo, docenas de personas relacionadas con el movimiento de independencia de la provincia de Cabinda fueron arrestados, pero los jueces ordenaron su liberación luego.

Las recientes protestas movilizadas en medios sociales contra el alto desempleo y la pobreza recordaron las promesas de JLO de creación de empleos en su campaña electoral y siete activistas denunciaron a la policía de Luanda –la capital– por abusos en una marcha.

JLO ha reiterado su intención de continuar con las iniciativas contra la corrupción pero dijo que no todos la apoyaban y que los corruptos estaban usando dinero mal habido para financiar la desestabilización, en referencia a las actuales protestas. El músico Luaty Beirão criticó la retórico por ser “igual” a la del pasado.

Las reformas políticas de JLO han flexibilizado las restricciones, pero no han hecho mucho para promover activamente una internet abierta en Angola. Se mantienen las herramientas legales y prácticas para restringir los medios de comunicación. Los ciudadanos siguen enfrentando escaso acceso a internet, la legislación sobre difamación y contenidos controlados y la continua impunidad de la violencia pasada y presente.

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