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Familiares buscan preservar memoria de obrero muerto durante dictadura de Brasil

Líder sindical muerto en 1979, durante la dictadura militar de Brasil. Imagen: Henrique Sales Barros/Agência Mural, usada con autorización.

Este texto es de Henrique Sales Barros y se publica aqui gracias a un acuerdo para compartir contenido Global Voices y Agência Mural.

El 31 de octubre de 1979, Santo Dias hijo –o Santinho, como lo conocen– y Luciana Dias tinham, tenían 13 y 11 años, respectivamente.

Ese día, en medio de una multitud de 30 000 personas, los hermanos iban con el entonces arzobispo de São Paulo, don Paulo Evaristo Arns, a la Catedral de la Sé. Los niños iba a participar en la misa de cuerpo presente de su padre, Santo Dias, muerto el día anterior en una protesta de trabajadores.

Santo estaba haciendo panfletos en la puerta de una antigua fábrica de tubos de televisión Sylvania, en Campo Grande, en la zona sur de São Paulo, cuando lo abalearon por la espalda en medio de los intentos de las fuerzas policiales de reprimir a los obreros en huelga.

Además de ser dirigente sindical, Santo Dias también era dirigente comunitario con su esposa, Ana Dias, en el barrio donde vivían, Vila Remo, distrito de Jardim Ângela, de la zona sur de la capital. Asimismo, miembro de la Pastoral Obrera.

Hoy, 40 años después de ese episodio, Santinho y Luciana tienen 53 y 51 años, respectivamente. Los hermanos son los principales rostos del Comité Santo Dias, que promueve la ayuda en la organización de actividades para mantener viva la memoria del trabajador metalúrgico.

Hoy, Luciana Dias es coordinadora pedagógica de una escuela en Jardim São Luís, na Zona su de São Paulo. Foto: Henrique Sales Barros/Agência Mural, usada con autorización.

El comité fue creado después de la muerte del obrero, y organiza tradicionalmente un acto en su memoria cada 30 de octubre a las 14:00 horas, frente a donde funcionaba la fábrica de Sylvania, en la calle Rua Quararibéia. En el lugar existe hoy un condominio residencial.

En el asfalto, las personas escriben con tinta roja: “El 30 de octubre de 1979, la dictadura militar asesinó aquí al obrero cristiano Santo Dias da Silva”. De ahí van al cementerio Campo Grande, a unos 500 metros, donde está enterrado el cuerpo de Santo.

Cuando Santo Dias murió, habían transcurrido 15 años del golpe militar de 1964 que depuso al presidente João Goulart. Brasil estaba gobernado por el general João Baptista Figueiredo en un periodo en que se comenzaba a discutir la apertura política y la redemocratización. A pesar de eso, sería recién en 1985, seis años despues, que un civil volvería a asumir la presidencia.

Para Luciana Dias, la existencia del grupo es necesaria para que la historia de su padre no caiga en el olvido. “Fue una voz que la dictadura silenció, y una voz silenciada siempre tiene mucho que decir”, reflexiona.

Las reuniones del comitê se realizan en una sala del Convento de la Santísima Trindad del distrito de Santo Amaro, en la zona sur de la ciudad. Ahí llegó Santo Dias como migrante de Terra Roxa, municipio del interior paulista, en 1962.

Cualquier personas interesada en participar en las reuniones es bien recibida. “Ahí [en las reuniones del comité] hay padres, obispos, universitarios, amigos de Santo”, dice Santinho.

Las cuestiones referidas a la conservación del archivo no están a cargo del grupo. El Centro de Documentación y Memoria (Cedem) de la Universidad Estatal Paulista (Unesp) se encarga del archivo, en el que se conservan más de 3500 documentos entre textos, fotografías, videos, entre otros, ligados al obrero. El archivo se puede consultar en la sede de Cedem, en Praça da Sé, centro de São Paulo.

Luciana Dias piensa que dejar los archivos en manos del Cedem es la mejor manera de conservarlos. “Ahí está todo bien guardado, higienizado y climatizado. Aquí [con la familia] ese material quedaba guardado en cajas de cartón”, recuerda.

Santinho se formó en arquitectura y proyectó su propia casa Foto: Henrique Sales Barros/Agência Mural. usada con autorización.

En 2019, muchas veces la propia familia se ha dividido para hacerse presente en los actos más diversos que a veces se dan el mismo día y a la misma hora.

“Hay muchas cosas que ocurren que no vienen de nosotros, de la familia del Santo Dias, que no pedimos. Son otras personas, de otros lugares, quienes vienen y dicen ‘miren, aquí vamos a hacer un homenaje para tu padre'”, dice Santo hijo.

Por ejemplo, el sábado 26 de octubre, Santinho fue a São José dos Campos a participar en un acto del Sindicato de Conductores en homenaje a su padre. Luciana fue al Memorial de la Resistencia, en el centro de São Paulo, donde funcionaba un centro de detención de la dictadura, para participar del lanzamiento de la segunda edición de la biografía “Santo Dias: Cuando el pasado se transforma en historia”.

La obra fue escrita por Luciana junto con el periodista Jô Azevedo y la fotógrafa Nair Benedicto. La primera edición se lanzó en 2004, y cuenta con más de 60 testimonios de religiosos, familiares, amigos y obreros jubilados cercanos a Santo.

Luciana dice que creció con la idea de escribir un libro sobre su padre. “Ya tenemos historias de patrones, barones y coroneles, pero la historia de un obrero nunca es muy valorada”, dice.

Memoria para el futuro

Cuando a Luciana le piden analizar cómo han participado los jóvenes de la periferia en la preservación de la memoria de su padre, recuerda la obra teatral “Os Santos Dias do Capão” que vio en febrero de 2019. La obra, dirigida por Ícaro Rodrigues de 34 años,se basa en la biografia de su padre, y es la producción de un grupo de jóvenes de la Fábrica de Cultura de Capão Redondo, en la zona sur de Paulo.

Luciana vio la obra en la Cia. Mungunzá, en el centro de São Paulo. Al final de la representación le presentaron a los jóvenes actores, que quedaron sorprendidos y le agradecieron su presencia entre llantos y sonrisas. “Fue emocionante”, dice.

También mencionó a los coordinadores, profesores y alumnos de Ubuntu, red de cursos preuniversitarios del sur de São Paulo que llevan el nombre de su padre. En los cursos crearon un cartel con un código QR que lleva a una página con información sobre quién fue Santo Dias.

Por su parte, Santinho se muestra confiado en que se conserve el recuerdo de su padre incluso más allá de él mismo, su hermana y otras personas que lo conocieron: “La memoria de Santo ya no es nuestra ni de nuestra familia: es del mundo”, dice.

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