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Retiro de Siria del Ejército estadounidense pone a prueba cómo usan los soldados rusos los medios sociales

“Sabían exactamente quién vendría a relevarlos”. Pavel Remnev, corresponsal de ZvezvdaTV (vinculada al Ministerio de Defensa ruso) recorre la base militar estadounidense abandonada cercana de Manbij (Siria) el 18 de octubre. Imagen del video “Imágenes únicas de base estadounidense abandonada en Manbridge” de ZvezdaTV.

“Ayer ellos estaban aquí, hoy estamos nosotros”.

El 15 de octubre, el reportero de guerra ruso Oleg Blokhin publicó varios videos en medios sociales en los que aparece visitando la antigua base del Ejército estadounidense en Manbij, al norte de Siria, tras la partida de los soldados estadounidense. En medios sociales rusos y en Telegram comenzaron a aparecer fotos tomadas por los soldados rusos en instalaciones similares. Las cadenas rusas de televisión y las páginas de temática militar en Vkontakte, popular red social rusa, no tardaron en difundir con ánimo festivo las imágenes de los soldados, burlándose de los militares estadounidense que abandonaron Siria con tanta prisa.

Estas escenas contrastan con los recientes intentos del Ejército ruso de limitar la actividad en línea de sus soldados. A principios de 2019, el presidente Vladimir Putin firmó una nueva ley que prohíbe a los soldados rusos usar teléfonos inteligentes y difundir fotos tomadas mientras están de servicio. Ahora, los soldados tienen prohibido poseer aparatos que tomen fotos y tengan acceso a internet. Cuando se aprobó la ley, el sitio web independiente de noticias Meduza informó que “numerosos” soldados habían sido arrestados y castigados por infringir las nuevas normas. Algunos incluso se enfrentaron a cargos retroactivos: Yegor Krulov pasó 15 días tras las rejas por enviar fotos suyas a su novia por medio de redes sociales meses antes de que la ley entrara en vigor.

El autor de la regulación sostiene que se aprobó porque los “militares tienen un interés especial para los servicios de seguridad de diferentes estados y organizaciones de terroristas a extremistas”. No obstante, muchos creen que el verdadero impulso de la ley fueron las revelaciones de periodistas e investigadores, como Bellingcat o Conflict Intelligence Team, que se nutren de datos de fuente abierta, sobre todo de medios sociales. Estos investigadores pudieron probar la implicación militar de Rusia en Siria gracias a los mensajes de sus soldados en redes sociales y su ubicación GPS antes de que el Kremlim reconociera oficialmente su intervención militar en el país. De forma similar, Simon Ostrovky de VICE News e investigadores de Forensic Architecture pudieron reunir pruebas de la implicación del Ejército ruso en el conflicto de Ucrania, algo que Moscú niega insistentemente. Ostrovsky y sus colegas también recurrieron a selfies y videos de YouTube publicados por militares en actividad.

Selfies, fotos, internet: esperen un ¡hola! del enemigo”, dice este cartel. Fuente: VKontakte/DKulbin (actualmente la página de este usuario está cerrada al público).

A pesar de los desmentidos, está claro que estas revelaciones irritaron a alto mando militar ruso. Ciertamente, en internet han aparecido fotos de lo que parece ser una serie de carteles educativos que recuerdan la guerra fría. Los carteles, supuestamente expuestos en instalaciones militares, pretenden enseñar a los soldados cómo comportarse en línea. Uno urge a los militares a no difundir información en sitios web de redes sociales. Otro advierte a los soldados del uso de dispositivos con geolocalización, que podría proporcionar esa información a las tropas de la OTAN.

Aunque no se ha verificado la autenticidad de estos carteles, parecen estar en consonancia con un movimiento más amplio del Ejército ruso para restringir la actividad de sus soldados en medios sociales.

Sirvan como ejemplo las recientes declaraciones de un exanalista del Centro Informático de Investigación Científica del Departamento de Asuntos Presidenciales ruso (GRCC), agencia que produce herramientas para la investigación en línea de alta precisión para el Estado y para clientes privados. “Hemos dicho que no hay soldados rusos en Siria o el Dombás, pero están ahí. Así que estamos en una carrera contra Bellingcat para geolocalizar todas las publicaciones en las que algún soldado ruso idiota se hace selfies en una trinchera, posando con su rifle”, dijo anónimamente a Meduza el exempleado del GRCC.

Esta tensión se mitigó cuando las tropas estadounidenses abandonaron Siria. Las bases estadounidense vacías representaban una oportunidad única de mostrar una enorme victoria simbólica. Es más, la última “retirada deliberada” de tropas estadounidenses se produjo en 2011 en Irak; la última vez que soldados rusos entraron a una base estadounidense fue probablemente poco después de la Segunda Guerra Mundial. Los soldados se filmaron registrando diarios y pertenencias personales de militares estadounidense, en sus dormitorios, revisando latas de refrescos abandonadas y respondiendo a mensajes que habían escrito en las pizarras.

Parece que estos reportajes se produjeron en varias fases: al día siguiente de la partida de los estadounidense, los soldados rusos publicaron fotos de las bases, y muchas cuentas de VKontakte difundieron videos de vehículos rusos entrando en Manbij, recibidos por vecinos que ondeaban banderas sirias. Simultáneamente, algunos periodistas que siguen a mercenarios rusos, como Oleg Blokhin o la agencia abjasia de noticias Anna-News —que afirma “luchar contra la máquina occidental de lavar cerebros”— realizaron sus propias visitas a las bases estadounidenses de una manera más elaborada, con el fin de canalizar su información en la forma deseada. Grandes canales rusos de televisión como RT también filmaron sus visitas a las instalaciones abandonadas.

Los medios sociales permitieron que el Gobierno ruso comunicara de forma instantánea y convincente su presencia y su “éxito” en Siria. El desgaste de los estadounidenses en Oriente Medio se escenificó en directo, lo que deja claro que a pesar de las nuevas medidas de seguridad en la información, el Ejército ruso no tiene problema en blandir como arma las publicaciones de sus soldados en los medios sociales cuando le conviene.

A corto plazo, parece que la rápida difusión de estas publicaciones beneficia a Rusia. Los videos de VKontakte encontraron el camino a un público occidental en Twitter, los que polarizó el debate y avivó las acaloradas críticas a la decisión de Donald Trump de retirar las tropas estadounidenses del norte de Siria y dar a Turquía y Rusia luz verde para extender su territorio. Además, es probable que estas publicaciones hayan dañado la moral de las tropas occidentales, puesto que la difusión en directo de la “toma” de las bases fue una forma de que el Gobierno ruso se retrató sin esfuerzo como la única superpotencia que queda en la región.

¿No obstante, a largo plazo, el uso generalizado de este tipo de publicaciones en medios sociales, ya sean de soldados en actividad o de mercenarios, irá en detrimento de los intereses rusos, socavará el espíritu de la legislación aprobada para prohibir el uso de redes sociales en el campo de batalla. Parece que a los soldados rusos les ha costado mucho resistir la tentación de alardear frente a los tanques o posar con el equipo militar completo, a pesar de la aprobación de la ley. Ahora podría resultar muy difícil cerrar esa caja de Pandora en los próximos meses.

La estrategia de burlarse de los países occidentales a base de publicar videos de información delicada se ha vuelto recientemente contra Rusia. En septiembre de 2018, el canal de televisión RT, patrocinado por el Kremlin, entrevistó a dos miembros del Directorio de Inteligencia Principal (GRU), la agencia rusa de inteligencia en el extranjero, acusados de envenenar a Sergey Skripal en Salisbury (Gran Bretaña), a principios de ese año. Ante las acusaciones de haber perpetrado el intento de asesinato ordenado por Moscú, los dos hombres alegaron que eran nutricionistas deportivos de vacaciones en el Reino Unido. El video resultó ser un valioso elemento para Bellingcat, que intentaba establecer la identidad real de los hombres: como resultado, se descubrieron fotos de ambos en la boda de una hija del general Andrei Averyanov, comandante del GRU.

No solamente asistió, sino que toda su familia inmediata fue a esta boda de la hija de un comandante del GRU, mayor general Andrey Averyanov. Hasta uno de sus hijos participó en la ceremonia, lo que muestra la cercanía entre Chepiga con el jefe de GRU.
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Queremos expresar nuestro más profundo agradecimiento a Margarita Simonyan y a Russia Today. Nunca hubiéramos podido encontrar tanta información sobre Chepiga/Boshirov si no hubieran decidido hacerle una entrevista de más de 20 minutos, en alta definición, lo que nos permitió comprobar cada lunar y arruga que tiene.

Esto muestra que, para cualquier militar, utilizar información delicado para conseguir puntos en su relaciones públicas puede ser un juego peligroso. Aunque las tropas estadounidenses se hayan podido sentir humilladas por las publicaciones de los soldados rusos en su antigua base de Manbij, es probable que, a largo plazo, los equipos de investigación de fuentes abiertas tengan muchos más datos que analizar.

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