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Belarrús 2020: ¿Rumbo a la descolonización?

Banderas soviéticas y bielorrusas en desfile, durante una protesta contra el llamado impuestos de los “parásitos” en Minsk, marzo de 2017. Foto (c): Anton Matoĺka. Usada con autorización.

Mi anterior artículo, “Tres ingenuas preguntas sobre Belarús“, generó muchas preguntas. Primero, se refieren al idoma que usamos en Belarrús para hablar sobre nuestra identidad nacional. La situación es singular, por decirlo brevemente. En el peor sentido de la palabra.

Belarrús, el decimotercer país más grande de Europa, es formalmente bilingüe. Pero en la práctica las cosas son diferentes: no se trata de un bilingüismo en el que simplemente puedas indicar el idioma de comunicación preferido y hablarlo con un funcionario del Estado como quieras. No, en la práctica común, los funcionarios no interpretan el bilingüismo como una obligación de responder en cualquiera de los dos idiomas estatales (bielorruso o ruso), sino como su libertad para responder en cualquiera de los dos. Afortunadamente, al menos en el caso de las apelaciones por escrito, existe el requisito legal de responder en el idioma utilizado por el remitente.

Este no es el bilingüismo en el que la gente puede elegir libremente en qué idioma quiere que educar a sus hijos. Es más, si los padres bielorrusos quieren que sus hijos tengan clases o grupos de estudio en nuestro idioma nacional, a menudo tienen que enviarlos a escuelas en regiones remotas. Nadie compensa los costos de transporte. Sus requisitos simplemente no pueden cumplirse en escuelas más cercanas a su lugar de residencia. Y a este estado de cosas se le sigue llamando “bilingüismo”. Es un bilingüismo gracias al cual Belarús se ha convertido en el país más rusificado de todos los que alguna vez estuvieron bajo el dominio soviético.

Con eso en mente, evaluemos los resultados de muchos proyectos de “descolonización” llevados a cabo en Belarrús entre 2010 y 2019.

De “Budzma!” a iniciativas empresariales

La conocida campaña cívica “Budzma Belarusami!” (“¡Seamos bielorrusos!”) comenzó a principios de la década de 2010. Después de las protestas masivas de a primera década de 2000, las autoridades decidieron una “solución final al problema de la oposición” y dispersaron a los manifestantes con brutal fuerza en 2010. Los registros posteriores en casas de activistas y las detenciones causaron gran depresión a muchos. Fue terreno fértil para una campaña de fortalecimiento de la identidad nacional.

En cierto modo, la acción fue la psicoterapia cognitiva a escala nacional: llevar a la sociedad bielorrusa de la mano al espejo, mostrarle la belleza de su cultura y decir que el bielorruso denota éxito, estilo. Fue un choque para la cultura colonial, donde durante décadas todo lo original, todo lo indígena, fue descartado como de segunda categoría. Durante este período, Budzma ayudó a lanzar el festival Ad.nak!, que impulsó la creciente moda de utilizar el bielorruso en la publicidad. Las grandes empresas volvieron a considerar su lengua materna como una herramienta eficaz de comunicación. A principios del milenio, eso parecía inimaginable, y de ninguna utilidad para nadie.

Animación de la canción “Budzma Belarusami”, una de las más virales de toda las campañas mencionadas en este this artículo.

Se podría escribir un artículo completo únicamente sobre la presencia del bielorruso en los negocios. En resumen, la tendencia es hacia la fusión de empresas medianas y pequeñas, que apoyan el idioma y la cultura bielorrusos, mientras que las grandes empresas suelen operar mucho más en bielorruso. Por ejemplo, la cadena de gasolineras A-100 anunció su transición al bielorruso. Una empresa llegó a producir helado con sabor a aciano (el aciano es un popular símbolo nacional de Bielorrusia), mientras que el mayor operador de telefonía móvil del país hizo del desarrollo cultural parte de su política empresarial y apoyó, por ejemplo, la iniciativa del activista juvenil Andrej Kim de exhibir películas dobladas en bielorruso. Esto último es particularmente importante pues, pese a las abarrotadas salas de los aproximadamente 60 cines del país, la distribución de todas las películas estatales se sigue haciendo en ruso.

¿Qué es vyshymayka?

Gracias a una campaña mediática sistemática para “sacar la cultura de la previsión meteorológica, del deporte y de las portadas”, Budzma creó el prototipo de una de las marcas nacionales más destacadas de la última década: camisetas con motivos tradicionales bielorrusos. La campaña no logró asegurar su producción en masa, pero a la naturaleza no le guata el vacío, y a mediados de la década, Paval Bielavus, organizador de actividades, llevó la idea de Budzma más allá y creó “vyshymayka”, producto fabricado con patrones de arte popular. Junto con la tienda en línea symbal.by de Bielavus, varias pequeñas empresas inclinadas a la cultura bielorrusa se hicieron visibles en el mercado. Algunos de sus productos eran tal vez más estéticos que las camisetas de Symbal. Un buen ejemplo fue la marca urbana LSTR.

budzma, symbal

Bielorrusos con camisetas Vyshymayki. Imagen de budzma.by u symbal.by. Usada con autorización.

El vyshymayka se convirtió en la tendencia más popular. Al final, el movimiento juvenil estatal Republicano Bielorruso asumió la idea de un desfile de vyshymayka (parecido al movimiento soviético Komsomol). Fue una mala medida, pero también se le puede atribuir haber puesto la identidad bielorrusa a la vanguardia de todas las transmisiones de medios de comunicación estatales, lo que da a la población en general una señal simple y comprensible, y el permiso de las autoridades para pensar en su identidad nacional. Este hecho se hizo aún más evidente en Bielorrusia en el contexto de la guerra ruso-ucraniana que se desató en el sur, que comenzó con llamamientos a la “unidad” del este “desucranianado” del país con el llamado “mundo ruso”.

Durante mucho tiempo, Bielavus y sus colegas trabajaron tanto en la tienda en línea symbal.by como en Art-Siadziba, iniciativa cívica cultural, y solamente separaron los dos proyectos en 2017. Es comprensible que la gente a menudo confunda las dos iniciativas, que colaboraron durante muchos años en muchos proyectos. La más destacada fue la celebración del centenario de la República Democrática de Bielorrusia, o BNR.

#BNR100

Estatuto de la República Popular Bielorrusa (1918-1919). Imagen de dominio público.

El 25 de marzo de 1918 se firmó el tercer estatuto constitutivo de la República Democrática de Bielorrusia (o República Popular de Bielorrusia). Esta enfíera entidad del final de la Primera Guerra Mundial fue el primer protoestado moderno de Bielorrusia, y uno de los varios en el “desfile de independencia” paneuropeo de 1918. Tras la restauración de la independencia de Bielorrusia en 1991, la fecha adquirió un nuevo significado; en la era del actual presidente Aliaxandr Lukašenka (también conocido como Alexander Lukashenka – ed.) se ha convertido en un día festivo importante, aunque no oficial. En consecuencia, las procesiones públicas del Día de la Libertad terminan con distintos grados de brutalidad policial.

Sin embargo, en el contexto del conflicto entre Rusia y Ucrania, las autoridades de Minsk decidieron acoger el centenario de la República Democrática de Belarús. Incluso reservan un lugar en el corazón de la capital para las celebraciones. Art-Siadziba, que actuó como operador técnico del evento, entró en emergencia para asegurar un buen espectáculo para la ceremonia, y pudo reunir a más de 50 000 personas en las calles. La última vez que Minsk vio una reunión pública de ese tamaño fue durante las protestas de la llamada “Primavera de Minsk” de 1996 y las protestas de Plošča 2010.

Las celebraciones masivas convirtieron a Bielavus y a sus socios Matolka y Palchys en una trinidad de héroes mediáticos. Otro miembro de la coalición, el líder del Frente Popular Bielorruso, Ryhor Kastusioŭ, también demostró su habilidad para negociar con las autoridades. El movimiento de un solo hombre fortaleció enormemente la imagen de todo su partido, que quedó marginado tras los éxitos de principios de la década de 1990. Al año siguiente se produjo una división entre los organizadores del festival. Dos celebraciones organizadas por separado del Día de la Libertad tuvieron lugar en paralelo. Es una amarga ironía, ya que exactamente cien años antes, en 1919, también se produjo una escisión en el propio BNR, cuando dos reuniones de la Rada, su parlamento, marcaron el comienzo del fin de la joven república. Cada cien años, Bielorrusia tiene la oportunidad de intentar conseguir algo como una; muchos bielorrusos ni siquiera pueden unirse para intentarlo.

En línea versus fuera de línea

Después de #BNRR100, Art-Siadziba continuó sus esfuerzos por organizar actividades culturales descentralizadas, seminarios de formación y conferencias para jóvenes. Así, MovaChallenge inició cuenta en Instagram, en el que los participantes reciben tareas para tratar de utilizar el bielorruso en su vida cotidiana, con lo que superan un permanente estigma de la sociedad bielorrusa. Pero si bien puede ser fácil encontrar una comunidad de apoyo en línea, la vida real puede ser menos acogedora para tales iniciativas.

Sin embargo, la vida fuera de línea refuerza los lazos sociales, lo que ayudó a crear MovaNanova, proyecto educativo cuyo nombre significa “Idioma de nuevo” en bielorruso. Muchas iniciativas parecen lejanas de la gente común y corriente. MovaNanova era diferente. Hleb Labadzienka y Alesia Litvinoŭskaja simplemente lanzaron una cadena de círculos educativos informales. En los últimos cinco años, estos cursos se han convertido en parte integrante de la vida urbana en los principales centros regionales y en una docena de ciudades más pequeñas, ya que en Belarús no hay una sola universidad que funcione íntegramente en el idioma nacional, ni un solo canal de televisión en bielorruso. Si bien hay un proyecto universitario que trabaja conjuntamente con la Asociación para la Lengua Bielorrusa, hasta ahora el Estado no ha expresado ningún interés en apoyarlo.

Un hecho extraño es que Alesya Litvinoŭskaja le enseñó bielorruso a Stefan Eriksson, embajador sueco en Bielorrusia de 2008 a 2012 y se ganó el afecto generalizado de la sociedad bielorrusa por el respeto que mostró a la lengua nacional y la calidez de sus apariciones públicas. Algunos colegas de Eriksson notaron claramente el éxito de su estilo. Quizás recibieron recomendaciones de sus consultores de comunicaciones, o quizás la nueva generación de diplomáticos que vienen a Bielorrusia simplemente ven al país como algo más que una zona de amortiguación.

Algunas palabras sobre tradiciones partisanas

Al tratar de entender la cruda división entre activistas y “las masas comunes y corrientes”, muchos invocan campos de batalla y luchas militares entre dos campos irreconciliables. Estas metáforas a menudo no suelen ser exactas, pero ciertamente son útiles para describir a Ihar Slučak, conocido como el “inspector del lenguaje”. Es un verdadero “hermano del bosque”, verdadero partisano solitario, calificado abogado que puso en marcha la iniciativa “Jurisprudencia en bielorruso“, con la que coaccionó metódicamente a los funcionarios del Estado para que respondieran a la correspondencia en el idioma en el que había sido enviada. Las palabras “un partisano hizo temblar de miedo a toda la región” son adecuadas en su caso.

Mapa que muestra el porcentaje de solicitudes de ciudadanos que recibieron una respuesta en bielorruso, basado en datos de 2012-2018. Imagen de Ihar Slučak / Alyaksandr Arsyonau. Usada con autorización.

Otra campaña tuvo por objeto ampliar el uso del bielorruso en los deportes. Con gran cantidad de seguidores, los clubes deportivos resultaron estar mucho más en sintonía con el uso de su lengua materna que los funcionarios de la vieja escuela soviética. Entre 2015 y 2018, el número de clubes de fútbol de las grandes ligas de Belarús que exhiben los nombres de los jugadores en sus uniformes en el idioma nacional aumentó de ninguno a 12 (de un total de 16). Esto se ha convertido en una forma establecida de calificar la “bielorrusidad” de los clubes deportivos.

A finales de la década, Slučak se dio cuenta de que había perspectivas de ampliar su campaña del idioma. Junto a la activista Alina Nahornaja, tomó las mejores sugerencias de estas iniciativas y las publicó en el libro Abaronim Movu! (“¡Protejamos el idioma!”), una compilación de recomendaciones prácticas para proteger los derechos del bielorruso.

El estilo visual del activismo del “inspector lingüístico” se ha vuelto menos marcado. Ahora, cada vez más opta por la recompensa antes que la sanción, y destaca los aspectos positivos del uso del bielorruso. Es una medida sensata, dado que los funcionarios del Estado no son meros autómatas burocráticos que escriben las respuestas oficiales, sino también seres humanos. Después de todo, dado que el escenario Donbas (es decir, la intervención armada rusa en el país) no puede descartarse de ninguna manera para Bielorrusia, los actos de un funcionario mañana podrían verse influenciados por cómo aborda estas cuestiones, aunque le parezcan insignificantes.

Belarrús 2020

Sin embargo, los éxitos localizados descritos anteriormente no deben hacernos creer que se ha producido un proceso significativo para Belarús en su conjunto. Sí, la lengua nacional ha aparecido en contextos empresariales, aunque tímidamente. Las autoridades no han reprimido las iniciativas lingüísticas de base, pero eso no significa que las apoyen. Se han erigido varios monumentos a los príncipes del Gran Ducado medieval de Polonia-Lituania, que Belarús integraba, junto con otros monumentos a otras figuras que no fueron honradas bajo el dominio soviético. Pero todavía no hay apoyo sistémico para el idioma nacional en la educación, la cultura ni la ideología del Estado.

Dada el dominio de medios en ruso, muchos bielorrusos se ven atrapados en un entorno informativo que se rige por las condiciones de otros. Por eso, los activistas de los medios de comunicación ya han lanzado una campaña para adaptar contenido a Bielorrusia.

Sin duda, la última década ha visto un crecimiento del interés público en la identidad nacional, e ideó un alejamiento de estancamiento poscolonial. La pregunta para la sigiente década será si las amenazas externas y la globalización haran que el Estado bioelorruso atienda esos pedidos de las bases y seguir ese curso.

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