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Carta a China: Mi amiga uigur Zainur está detenida hace dos años en un campo chino

Carta de Zainur Turdi a la autora. Foto de la autora.

Cuando me encontré con la base de datos de víctimas de Xinjiang, hice clic al menos en cien testimonios. Tomé nota de los declarantes y su relación con la víctimas. Madre. Hermano. Primo. Sobrina. Parientes. Demasiados parientes. Amigo. Amigo. Amigo. Los recuerdos empañaron mi pensamientos de personas que conozco que están detenidas. O amigos que están perdidos. De personas cuyos nombres sin pensar no logro recordar. De personas cuyos nombres menciono en toda plegaria.

Pensaba que no tenía información suficiente de nadie que conociera para escribir un testimonio. No sé los apellidos*. No tengo los números de identidad chinos. Pero al empacar en mi apartamento recientemente, me tomé un momento para volver a abrir las cartas que recibí de amigos cuando salí de Pekín en mayo de 2017. Zainur (“Zeynur” en latinización estándar) escribió la más larga de esas cartas. El día que me fui, se sentó tomándome de la mano afuera de mi dormitorio. Otros estudiantes de mi programa pasaban arrastrando los pies, alineaban su equipaje, se despedían de sus amigos. Zainur casi no decía nada. Cuando me paré para tomar el bus, apretó su carta entre mis manos, me besó en la mejilla y corrió. Luego supe que regresó a su dormitorio llena de lágrimas. Mientras tanto, me senté en el bus al aerpuerto llorando calladamente. Ese día cumplía 21 años.

Carta de Zainur Turdi a la autora. Foto de la autora.

Nos habíamos conocido 43 días antes. Ella los había contado. Una amiga uigur en común nos presentó, y nos hicimos inseparables desde entonces. Gran parte de nuestra amistad giraba en torno a la oración. Hasta con santuarios tan raros como en China, Zainur, como muchos otros uigures, se aferraba a toda semejanza con lo sagrado. La mayoría de veces imitaba los gestos de oración donde quiera que estuviera parada o sentada .

A veces se atrevía a hacer los movimientos completos, cuando le aseguré que no había problema. Y a veces la veía imitar dudosa las posiciones de ruku y sujood, inclinarse y arrodillarse, con el dedo. Su dedo. Estando una noche en el tren, apoyó la cabeza en mi hombro y empezó a murmurar Fatihah, el primer capítlo del Corán, apretando mi mano en cada cambio de posición. Luego me dijo en casa en Xinjiang, en la ciudad de Kashgar, en cada salah, u oración diaria, buscaba a su madre y hacía lo mismo.

“Mi madre es mi masjid”, me dijo. “Tal vez las hermanas son lo mejor después de eso”.

Carta de Zainur Turdi a la autora. Foto de la autora.

Y de todo lo que recuerdo que me dijo, no recuerdo su voz. Tengo una foto de ella, cubierta de negro, el rostro volteado y alejado de la cámara. El único efecto personal que tengo de ella es esta carta y una frase. Recuerdo solamente una frase con su voz: “No sé por qué”.

Candado en la puerta de una mezquita en Pekín. Foto de la autora.

La decía con frecuencia cuando me contaba sobre lo que ocurría en su ciudad natal. Impidieron la entrada de mujeres al masjid. Recorrieron los rostros de todo el que entrara en el masjid. Recorrieron los rostros en mercados y aeropuertos. Prohibieron el hijab. Impidieron el ayuno. Los vecinos están desapareciendo. Hay cámaras por todos lados. Enterramos nuestros libros. Nos dijeron que sacáramos los cerrojos de las puertas. Se llevaron mi pasaporte. “No sé por qué”.

Carta de Zainur Turdi a la autora. Foto de la autora.

Un año después, en junio de 2018, regresé a Pekín. Aterricé la noche antes de Eid. Me saqué el hijab, sabiendo bien que sin hijab tenía la ventaja de ser nada más que una estadounidense con nombre en inglés. Así, buscaría mejor a los uigures que conocía. Fui a las oraciones de Eid sola, peinada con una trenza, una bufanda algo suelta en la cabeza. Un año antes asistí a esta mezquita todas las semanas con una multitud de amigos uigures. En Eid de 2018, solamente un grupo de policías revisaba los documentos de identidad de algunos hui y extranjeros que entraban. Inspeccionaron mi pasaporte. Estudiaron mi rostro. Me dijeron que me fuera. Traté de ir a una mezquita solamente una vez más durante ese viaje. Encontré las puertas cerradas y con candado. Los carteles que indicaban la integridad estructural de la edificiación eran un peligro.

Una vieja amiga uigur seguía en la universidad, esperaba la graduación. Sabía que la enviarían a un campo si no encontraba un trabajo. Mencionó a sus hermanos. Sus hermanos estaban ahora en esa prisones. Los campos tragaron a una hermana, primos y amigos. Trabajos forzados. Trabajo de fábrica de trabajo. Trabajo policial. Despariciones. Desconocidos. Algunos conocidos. ¿Zainur?

Zainur ha estado en un campo de detención desde el 5 de julio de 2017.*

* Múltiples fuentes que conocen la situación de Zainur confirmaron la información a la autora. Su nombre completo ha sido confirmado como Zainur Turdi.

La base de datos de víctimas de Sinkiang es la mayor en inglés en relación a las víctimas de la represión constante en la Región Autónoma Uigur de Sinkiang. Global Voices acoge testimonios de amigos y parientes de personas que son víctimas de represión estatal en XUAR.

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