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Explicación: Cómo una ley de Estados Unidos sobre derechos humanos y democracia puede proteger la libertad en Hong Kong

Los manifestantes de Hong Kong quieren que el Gobierno de Estados Unidos apruebe la Ley sobre democracia y derechos humanos en Hong Kong; a menudo se ha visto la bandera estadounidense en las protestas en Hong Kong. Imagen de Stand News.

El 20 de noviembre 2019, el Senado de Estados Unidos aprobó unánimemente una ley centrada en proteger el estado autónomo de Hong Kong y los derechos civiles de sus habitantes.

El 13 de junio de 2019, el Comité de la Cámara de Estados Unidos propuso la ley sobre la democracia y derechos humanos en Hong Kong en 2015 y la volvió a presentar justo después que estrellaron las protestas contra la ley de extradicción. La ley asegura que el Departamento de Estado de Estados Unidos informará anualmente al Congreso sobre la autonomía de Hong Kong y la situación de los derechos humanos para evaluar si Estados Unidos debería continuar sus singulares relaciones bilaterales. Los oficiales de Hong Kong que se detemine que han reprimido libertades podrían ser sancionado con prohibición de visados y congelamiento de activos.

Desde que la Cámara de Representantes de Estados Unidos votó la aprobación de la versión del proyecto del Senado el 21 de noviembre, el último paso para su promulgación implicaría que el presidente Donald Trump lo firmara dentro de los próximos días.

Pekín está furioso por la decisión del Senado de aprobar la ley. El portavoz del ministro de Relaciones Exteriores, Geng Shuang, condenó el acto como un intervención extranjera y amenazó que podrá tener “consecuencias negativas”.

Para quien no conozca la historia colonial de Hong Kong y la Constitución política de la ciudad, esa ley sobre Hong Kong podría considerarse una intervención extranjera. Sin embargo, desde que Hong Kongfuera transferida a China en 1997, la autonomía de la ciudad se ha asegurado con un tratado internacional –la declaración conjunta Sino-Británica de 1984– que estableció el principio de “un país, dos sistemas”. Define el marco de la miniconstitución de la ciudad, la Ley Básica, y asegura que Hong Kong será un firmante de varias convenciones de Naciones Unidas, incluyendo la Convención sobre Derechos Humanos.

Tras la masacre de la plaza de Tiananmen en China en 1989, el Gobierno estadounidense promulgó la ley de la política sobre Hong Kong para asegurar la autonomía de la ciudad como condición necesaria para su trato económico especial como zona aduanera y comercial separada. Ese acto ha garantizado a Hong Kong vínculos bilaterales favorables en las áreas de comercio y economía, finanzas, aviación, transporte marítimo y tecnología.

Pero desde 2014, cuando se propuso la ley sobre la democracia y los derechos humanos en Hong Kong, esta autonomía se ha ido erosionando rápidamente, gracias también, a la reinterpretación de Pekín de la Ley Básica. El 31 de agosto de 2014, China impuso un mecanismo de selección en las elecciones del jefe ejecutivo de Hong Kong como parte de una reforma electoral. En 2016, ocurrió el presunto secuestro transfronterizo de libreros, y un año más tarde, la descalificación de legisladores sobre la toma de juramento.

En todo esto, el Gobierno de Estados Unidos no tenía herramientas legislativas para abordar la situación, dado que la ley sobre política de Hong Kong de 1992 no incluía un mecanismo para revisar la autonomía de Hong Kong. Un borrador de la ley de derechos humanos y democracia de Hong Kong se presentó al Congreso de Estados Unidos en 2017, pero la enmienda de la anticuada ley sobre política de Hong Kong de 1992 fue dejada de lado hasta que las protestas contra la extradición estallaron en junio de 2019.

La nueva ley dispone de un mecanismo de vigilancia y de sanción para asegurar el estado autónomo de la ciudad de acuerdo con la Declaración Conjunta Sino-Británica y la Convención sobreDerechos Humanos de Naciones Unidos. La versión final de la ley del Senado de Estados Unidos ha puesto más peso en la condición internacional de Hong Kong, y destaca que el gobierno de Estados Unidos “coordinará con los aliados, incluidos Reino Unido, Australia, Canadá, Japón y República de Corea, para promover la democracia y los derechos humanos en Hong Kong”.

La ley permite la evaluación detallada de los derechos humanos –incluidos educación, libertad de la prensa (también en internet), las funciones de policía y de seguridad– que se abordarán en sus informes periódicos. Otorgará también al Gobierno estadounidense la autoridad para prohibir a los periodistas que trabajen para medios afiliados al Partido Comunista Chino en Hong Kong entrar en Estados Unidos y bloquear el suministro de cualquier equipo de control de multitudes y vigilancia que pudiera utilizarse de forma inapropiada en Hong Kong.

A través de la cuenta Twitter de Radio Free Asia, la caricaturista política Rebel Pepper describe las consecuencias de la nueva ley sobre Hong Kong:

China ha condenado una ley de Estados Unidos que protege los derechos humanos en Hong Kong. La ley sobre democracia y derechos humanos en Hong Kong sanciona a los oficiales chinos relacionados con abusos de derechos en la ciudad. Pekín ha amenazado con represalias si el presidente Trump firma y promulga la ley.

Como Rebel Pepper, la mayoría de hongkoneses demócratas cree que la ley contrarrestaría la invasión de China en Hong Kong, especialmente porque la condición de independiencia de aduanas y comercio de la ciudad, reconocida por la comunidad internacional, es la clave para el éxito del centro financiero mundial.

China depende de Hong Kong para atraer fondos e inversiones extranjeras. En 2018, de los 64 200 millones de dólares que las compañías chinas recaudaron a nivel mundial a través de las ofertas publicas iniciales, más del 50 % –35 000 millones de dólares– procedía del mercado bursátil de Hong Kong. Los listados de las ciudades de China continental recaudó solo 19 700 millones de dólares.

Como la guerra comercial entre China y Estados Unidos se ha intensificado, inicialmente la Bolsa de Hong Kong planeó comprar la Bolsa de Londres para establecer más canales para las compañías chinas y atraer fondos extranjeros en el mercado bursátil mundial, pero después que la administración de la Bolsa de Londres rechazó la oferta en octubre, Hong Kong sigue siendo la mayor fuente de capital extranjero para China.

La otra cara de la moneda es que también Estados Unidos tiene un enorme interés económico en Hong Kong. En 2018, el mayor superávit comercial bilateral estadounidense –31 100 millones de dólares estadounidense– fue con Hong Kong. Por lo tanto, la supresión del estatuto aduanero y de zona comercial de Hong Kong perjudicaría los intereses económicos estadounidenses.

Si bien es poco probable que China afloje su control sobre Hong Kong, probablemente Pekín será más cauteloso ante nuevas intervenciones agresivas que socaven la autonomía política y jurídica de la ciudad. La estabilidad de Hong Kong sería beneficiosa para todos los actores, y fin a la autonomía de la ciudad sería perjudicial para todos los interesados.

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