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Protestas en Irán: Balas perdidas y bloqueo de internet

Manifestantes en protesta en Ariashahr, Teherán el 15 de noviembre de 2019. Foto de GTVM92, trabajo propio (CC BY-SA 4.0).

Han estallado protestas en todo el petrolero Irán desde el anuncio del Gobierno, la medianoche del 15 de noviembre, de un fuerte aumento de los precios del petróleo. El anuncio llegó cuando el país está en una situación económica desesperada debido a las severas sanciones estadounidenses, la corrupción y la mala gestión de las instituciones financieras. El Gobierno dijo que el aumento de precios tiene por objetivo recaudar ingresos para financiar donaciones en efectivo para los ciudadanos más pobres de Irán.

El Estado ha reaccionado a las protestas con fuerza brutal y mortal, y con bloqueos de internet, pero hasta ahora no ha logrado frenarlas. Los lemas han sido más políticos que económicos, y los manifestantes cantan contra los líderes de la República Islámica, la política exterior y, en algunos casos, expresan su apoyo a la dinastía Pahlavi.

Amnnistía Internacional ha condenado la represión estatal.

Estamos horrorizados por las denuncias de que han matado a docenas de manifestantes en Irán, hay cientos de heridos y más de mil arrestados desde el viernes [15 de noviembre]. Estamos alarmados de que las autoridades han bloqueado internet para crear una apagón de información de su brutal represión. Estamos investigando.

El Gobierno de Irán ha comenzado a apresurar los pagos directos prometidos a millones de iraníes, lo que indica que el régimen está alarmado por la magnitud de las protestas, durante las cuales los manifestantes han incendiado bancos, escuelas religiosas, bases militares y oficinas gubernamentales.

Protestas en Irán, día 4:
Carreteras Teherán-Karaj, importante ruta de transporte, cerrada por las protestas.
Internet para Irán

Balas y flores

Irán fue escenario de manifestaciones generalizadas hace dos años, y aunque esas protestas se parecen en algo al actual levantamiento, también hay diferencias clave.

Saeed Payvandi, académico y sociólogo que vive en París, dijo a Global Voices que “el movimiento actual es espontáneo y sin líderes, y no tiene solicitudes claras como el anterior en 2017-18″. Payvandi señala que los cánticos de los manifestantes se dirigen muy específicamente a figuras como el líder supremo, el ayatolá Jamenei, y el presidente Rouhani. Otra diferencia principal, dice Payvandi, es que “los manifestantes, a diferencia de hace dos años, están tratando de ser visibles y ocupan calles y plazas”.

Payvandi dice que el fuerte aumento de los precios del petróleo “ha dado al movimiento legitimidad económica, aunque los lemas se radicalizaron rápidamente. El principal problema, como antes, es tratar de ganarse la opinión pública y sacar a la gente a la calle”.

Una buena parte del público está de acuerdo con los manifestantes, dice Payvandi, pero dudan en unirse. “Las autoridades conocen la vacilación de las élites de la clase media y no dependientes del Estado, y por eso crean caos e inseguridad. A corto plazo, el ganador es el Estado iraní, porque la clase media tendrá miedo de unirse a los manifestantes”.

La gente está muriendo en silencio.

Shahed Alavi, periodista que da seguimiento a movimientos de protesta, dijo a Global Voices que una de las principales diferencias es la variedad de clases sociales que participan. “Hace dos años”, dice Alavi, “la mayoría de la gente era pobre, sobre todo en las ciudades pequeñas. Pero esta vez las clases medias se les han unido, y la protesta está más extendida, ha surgido en grandes ciudades como Teherán, Shiraz, Isfahan, y en las pequeñas”.

Otra diferencia clave, dice Alavi, es la violencia extrema que utilizan las fuerzas de seguridad. Según una fuente del Ministerio del Interior, la cifra de muertos se acerca a los 200, mientras que miles han sido heridos y al menos mil detenidos. La Guardia Revolucionaria de Irán también ha informado que tres miembros han muerto en enfrentamientos con manifestantes.

Mientras la violencia y la represión son omnipresentes en el país, algunos manifestantes están promoviendo paz y mensajes de no violencia:

Manifestantes entregan flores a la policía y dicen “No somos el enemigo”, en Shiraz.

¿Dónde está mi internet?

Otra diferencia con las protestas anteriores es la escala de actual bloqueo de internet.

Irán tiene una larga historia de censura, filtrado y represión de cibernautas, pero con el cierre casi total de internet el sábado 16 de noviembre, el Gobierno entró en un nuevo territorio. Alp Toker, director ejecutivo de NetBlocks, ONG de derechos digitales, dijo a CNN que el actual cierre de Internet era la “desconexión más severa vista por NetBlocks en cualquier país en términos de su complejidad técnica y amplitud”.

Amin Sabeti, investigador de internet radicado sede en Londres, señala que el cierre está ocurriendo justo cuando el presidente Rouhani y el ministro de Tecnología de la Información y las Comunicaciones han estado promoviendo la idea de la libertad en internet. “Hemos visto un bloqueo total en Irán”, dice Sabeti. “La principal forma de comunicación es la antigua, la llamada telefónica”.

El embajador de Estados Unidos en Alemania ha afirmado que Estados Unidos tiene la capacidad técnica para restaurar la conectividad a Internet en Irán, pero Sabeti cree que esto no es verosímil.

Atención internacional

Los iraníes fuera del país han estado tratando de crear conciencia con manifestaciones, pero presionar al Gobierno de Irán es difícil, pues el país está bajo sanciones y ya está bastante aislado.

Según Azadeh Pourzand, activista de derechos humanos y directora de la Fundación Pourzand, el Gobierno de Irán se preocupa profundamente por su imagen internacional.

“Ciertamente, queda mucho por hacer para que la comunidad internacional ejerza presión sobre Irán a la luz de los recientes disturbios y el uso de la violencia para reprimir a los manifestantes”, dice Pourzand. “Por lo menos, golpear y matar a los manifestantes puede convertirse en un acto inconveniente para la República Islámica y causar que se pierda la legitimidad internacional que queda”.

Sin embargo, Pourzand cree que las recientes protestas no están recibiendo la atención que merecen. “Esto tiene que ver en parte con consideraciones políticas de algunos periódicos y publicaciones”, dice. “Pero también hay otro factor a considerar en esta ocasión: vemos una tendencia global en términos de descontento ciudadano, levantamientos y protestas. Por ejemplo, los manifestantes de Hong Kong están en las noticias, pero han estado en la calle durante largas semanas y no siempre han llegado a los titulares. Han pasado muchas cosas en Chile recientemente y no estoy seguro si los iraníes lo siguieron tan de cerca como ellos (nosotros) esperábamos que el mundo nos siguiera”.

Es por eso que Pourzand cree que el papel de lis iraníes en el exterior es clave. “Pongámoslo de esta manera”, dice. “Si no hay suficiente cobertura internacional, también es en parte culpa nuestra por no tener suficientes recursos para comunicarnos y abogar eficazmente con las publicaciones internacionales de manera oportuna y en idiomas como inglés, francés, alemán, árabe, español, etc.”. Además, no olvidemos lo difícil que es obtener noticias de Irán y verificar los datos. Los periódicos internacionales necesitan actualizaciones constantes y testigos oculares, y lamentablemente no contamos con suficientes. De todas maneras, los iraníes están arriesgando sus vidas para que su Gobierno rinda cuentas. Al menos merecen ser reconocidos y no abandonados”.

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