¿Las elecciones presidenciales de Taiwán pondrán fin a la pena de muerte?

“Apoyo que Taiwán sea un país sin pena de muerte”.
Volante de la Alianza de Taiwán para Poner Fin a la Pena de Muerte que pide la abolición de la pena capital, en chino e inglés. Foto de Filip Noubel, usada con autorización.

A pesar de que se le reconoce como la tercera democracia más avanzada en Asia, Taiwán aún mantiene la pena de muerte. En la superficie, parece haber un consenso general al respecto: el 85 % de taiwaneses la apoya según recientes encuestas. Pero algunos activistas creen que ha llegado el momento de revisar el asunto de la pena capital, sobre todo ahora que la isla se prepara para elecciones presidenciales en enero de 2020.

A nivel mundial, la pena de muerte ha sido abolida en más de cien países, pues se le considera una grave violación a los derechos humanos. En el este de Asia, la pena capital es la regla y no la excepción: Mongolia la abolió en 2016, precedida solamente de Macao en 1976 y Hong Kong en 1993; todos los demás países la aplican. En China, miles de personas son sentenciadas cada año.

En Taiwán, la pena de muerte se empezó a aplicar cuando la isla estaba bajo régimen japonés (1895-1945). Cuando el Kuomintang buscó refugio de China continental en 1945 y retomó control estatal de la isla, mantuvo la pena capital. A la fecha, las ejecuciones se realizan con el recluso sedado y tendido en un colchón, y se le aplica una inyección en la espalda.

La pena de muerte se aplica en delitos graves, como traición, espionaje, asesinato o violación. La cantidad de ejecuciones ha disminuido consistemente, ha pasado de 50 a 70 al año a comienzos de la década de 1990, a cinco al año en promedio desde 2000.

Si las tasas de delitos en Taiwán están entre las más bajas del mundo, ¿por qué la gente en Taiwán está tan abrumadoramente a favor de la pena capital? Lin Hsinyi hace campaña desde hace tiempo contra la pena capital y dirige la Alianza de Taiwán para Poner Fin a la Pena de Muerte (廢除死刑推動聯盟) y también trabaja con exreclusos condenados a muerte, y cree que una de las razones es que la gente no tiene la voluntad de impugnar las normas existentes:

台灣人習慣已經存在的事情。他們不太會思考,到底對不對。還有一些比較傳統的概念, 比如說,殺人要償命。但是我覺得我們沒有思考說,它存在就有道理嗎?台灣人很喜歡聽政府的規定。 當然有些冤案, 可是這不是廣泛為人所知。

Los taiwaneses están acostumbrados a aceptar situaciones existentes, no van a pasar tiempo pensando en el asunto para evauar si es correcto o no. Las opiniones tradicionales intervienen, por ejemplo la noción de que ‘si matas a alguien deberás pagar con tu vida’. Pero creo que el verdadero problema es que no hemos procesado algo: ¿porque algo existe desde antes es correcto? En Taiwán, la gente está menos inclinada a obedecer las leyes gubernamentales. Por supuesto, ha habido casos de mala administración de justicia, pero el gran público no los conoce.

En un intento de cambiar las normas, la Alianza de Taiwán para Poner Fin a la Pena de Muerte ha trabajado con estructuras gubernamentales y los investigadores para enmarcar el asunto de una manera más matizada que va más allá de la idea de solamente “estar a favor o en contra” de la pena capital. Los resultados de un cuestionario de 2013 y 2014, que incluyó más de cien preguntas hechas a 2000 personas, indicaron que las posiciones de las personas no están consolidades como parece. Lin Hsinyi explica:

你問人們有冤案的情況的話, 他就更不想判死刑, 所以支持死刑並不是一個理性思考的想法。我們做了一個很走趣的事情,我們做了兩套問卷,分成A和B。在A的問卷,我們把‘你支持不支持死刑“的問題放在前面的地方, 在B問卷,把同樣的問題放在最後面。 你會發現, 如果人花時間考慮, 82%的人會支持死刑,如果問題放在前面,這個比例是88%, 大概有6%的差異,說明15分鐘的區別就可以造成怎麼大的改變。如果我們提供更多的資訊, 如果我們教育民眾, 應該可以改變。

所以如果你有選擇的可能性的話,大家會不選擇死刑。政府經常說“因為民意支持死刑,我們要執行死刑”,我覺得這是錯的。你要做政府,你是不是要跟我講,有其他的方案? 廢除死刑最大的困難不是民意,是不負責任的政府,不管是民進黨還是國民黨。

Si se pregunta a la gente sobre mala administración de justicia, entonces no están a favor de la pena de muerte, por lo que el apoyo a la pena capital no se basa en el pensamiento racional. Hicimos algo muy interesante: dividimos el cuestionario en tipo A y tipo B. En el cuestionario A, pusimos la pregunta ‘¿apoyas la pena de muerte o no?’ en el ancabezado, y en el cuestionario B esta pregunta aparecía al final. Descubrimos que si la persona lo piensa un momento, solamente el 82 % de los encuestados apoyaría la pena de muerte, y si lo preguntas al inicio, la tasa es de 88 %. Hay una brecha de 6 %. Esto muestra que una diferencia de 15 minutos basta para crear un cambio en las opiniones. Si damos más información, si educamos al público, ciertamente podemos cambiar percepciones.

Entonces, cuando se da la posibilidad de elegir, la mayoría no opta por la pena de muerte. El Gobierno dice ‘implementamos la pena de muerte porque el público la apoya’. Pero esto está mal en mi opinión. Si eres el Gobierno, ¿tu rol no debería ser explicar, dar alternativas? El mayor obstáculo para la abolición de la pena de muerte no es la opinión pública, es el Gobierno que no cumple con sus responsabilidades, ya sean del Kuomintang o del Partido Progresista Democrático.

El Estado ha reconocido que es muy importante la reintegración de exreclusos condenados a muerte puestos en libertad una vez que el Estado reconoció un error judicial. Es una parte importante que Lin Hsi-yi y su organización han emprendido, y explica:

政府每天會賠償一千到五千台幣,但是到找NGO之前,他們(這些冤案的受害者)要自己找律師, 家人也不能工作為了要幫忙他們,所以拿了賠償之後,他們要把錢還給家人, 其實很快就沒錢了。

El Gobierno entregará una compensación de mil a 5000 dólares taiwaneses al día [cerca de 32 a 160 dólares estadounidenses por cada día pasado en prisión]. Pero antes de que encontraran una ONG para ayudar, deben pagar sus abogados, sus familiares deben mantenerlos y no pueden ir a trabajar, entonces cuando reciben la compensación, deben devolver el dinero a sus familias y acaban el dinero muy pronto.

Algunos exreclusos trabajan con ONG que defienden la abolición de la pena de muerte, y otros eligen trabajo manual como parte de su terapia para superar su trauma. Como Cheng Hsin-tze, a quien acusaron erróneamente de matar a un agente de policía. Pasó 16 años en prisión Taiwán, 12 como condenado a muerte. Ahora Cheng Hsin-tze cultiva y vende arroz orgánico.

Arroz orgánico producido por Cheng Hsin-tse, excondenado a muerte. Foto de Filip Noubel, usada con autorización.

Algunos también se han vuelto portavoces de la campaña de abolición. En una exhibición fotográfica inaugurada en Taipéi, el trabajo del artista Christophe Meireis destaca la vida de los reclusos y sus parientes. Hsu Tzu-chiang asistió a la exhibición.

Hsu Tzu-chiang habló en la inauguración de una exposición fotográfica de presos condenados a muerte en Taipéi, 15 de noviembre de 2019. También se exhibe su propio retrato con la siguiente cita: “No tengo sueños. Solamente deseo que no haya otro Hsu Tzu-chiang”. Foto de Filip Noubel, usada con autorización.

La pena de muerte reaparece con frecuencia en el discurso público alrededor de las elecciones en Taiwán. En 2000, la isla pasó por un gran cambio político cuando el Partido Progresista Democrático (DPP) terminó con 55 años de dominio político del Kuomintang con la elección del presidente Chen Shui-bian. A partir de ahí, el asunto ha sido instrumentalizado en tiempos de elecciones pues los partidos en contienda atraen a electores y quieren aparecer como duros en asuntos de seguridad. Esto pese al hecho de que en 2009, Taiwán ratificó la Convención Internacional de Derechos Civiles y Políticos de Naciones Unidas (ICCPR), que pide la abolición de la pena capital. Sin embargo, ha aplicado la pena de muerte en 34 casos desde entonces, en gobiernos del Kuomintang y del Partido Progresista Democrático.

La principal pregunta ahora es cómo considerará el asunto de una moratoria el ganador de las elecciones presidenciales de 2020. Como ha demostrado la experiencia de otros países, un moratoria prolongada es la manera más exitosa de abolir la pena capital, como ilustra Mongolia en esta región.

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