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El trinitense que inspiró el drama bélico de Sam Mendes, ‘1917’

Captura de la película 1917, dirigida por Sam Mendes.

La mayoría de películas del director británico Sam Mendes capturan la imaginación de los cinéfilos de Trinidad y Tobago, y su drama épico sobre la Primera Guerra Mundial, 1917, no es una excepción. Además del drama bélico que muestra la calidad cinematográfica en su máxima expresión —si no, Mendes no se hubierra llevado los dos Globos de Oro por mejor director y mejor película—, el film suscita aun más el interés local porque el director tiene raíces trinitenses, al punto que algunos cineastas locales firmaron una petición para pedir a Mendes que viniera a filmar una película en la nación insular caribeña.

En su discurso de aceptación, agradeció a su difunto abuelo, el escritor Alfred Mendes (conocido cariñosamente como Alfie), por haber inspirado la historia que Mendes coescribió. “[Mi abuelo] se enlistó para la Primera Guerra Mundial, tenía 17 años; espero que nos esté viendo ahora y deseo fervientemente que eso nunca más se repita”, dijo.

La película se centra en el rol de mensajero de Alfred Mendes durante la guerra, cuando sirvió en el primer batallón de la brigada de rifleros, en el que fue entrenado como señalador en Francia. Posteriormente, fue enviado a Bélgica con el resto de su batallón para recuperar la villa de Poelcappelle, que estaba sitiada por los alemanes. La batalla fue devastadora para los británicos, que sufrieron numerosas bajas: 158 de los casi 500 hombres de su batallón murieron, quedaron gravemente heridos o desaparecieron. Las malas condiciones climáticas y el contraataque bien organizado de los alemanes tuvieron consecuencias desastrosas sobre su misión.

Captura de una foto de Alfred Mendes, tomada de una reseña de su novela Pitch Lake.

Posteriormente, el líder del batallón pidió que un mensajero localizara a los sobrevivientes y volviera con la información; Alfred se ofreció voluntariamente. En su autobiografía explicó la decisión:

I had done a signalling course and although it bore little relationship to the job at hand, I felt myself under an obligation to the battalion.

Había hecho un curso de señalador y, aunque guardaba poca relación con esta misión, me sentí obligado para con el batallón.

Dado que el papel del señalador consistía en asistir la artillería y brindar reconocimiento de objetivos, la misión era peligrosa y, muchas veces, solitaria. No obstante, en una de las escenas más fascinantes de la película, dos personajes (Blake y Schofield) cruzan la tierra de nadie con la misión de entregar el mensaje a las tropas para avisar que están a punto de caer en la trampa del enemigo (como dato interesante, hay una playa solitaria llamada Tierra de Nadie en Tobago, aunque el nombre debe tener poco que ver con la guerra y más con el hecho de que es un área rodeada de tierras privadas a la que solo se puede acceder en bote).

En la vida real, Alfred determinó la ubicación de los heridos, con lo que facilitó su rescate. Por esa hazaña recibió la Medalla Militar de Valentía, condecoración para los miembros del Ejército Británico de la Commonwealth por haber mostrado coraje en el campo de batalla.

Tras su servicio militar, Alfred Mendes volvió a Trinidad y empezó a trabajar en el negocio familiar, donde se desempeñó como escritor y se sumergió en el mundo académico, literario y político.

Mendes se unió a Beacon Group, grupo de expertos intelectuales y anticoloniales, en el que también participaban el escritor y activista C.L.R. James, el novelista realista social Ralph de Boissière y el sindicalista Albert Gomes. Mendes fue un colaborador habitual de The Beacon, publicación que surgió de esta comunidad.

Junto con James, Alfred Mendes ayudó a publicar dos ediciones de Trinidad, revista literaria que describía como algo que “se diferenciaba de las convenciones en cuanto a la selección del material, la elección de un estilo de vida extraño, el uso de un nuevo dialecto. Y estas diferencias se mantienen con nuestros sucesores del Caribe”.

Su aporte ha sido de enorme importancia. A través de la escritura, el pueblo caribeño empezó a tomar conciencia y a habitar su identidad única, su voz propia, y a estar orgulloso de ellas. La Independencia de Gran Bretaña tardaría unas cuantas décadas más (al igual que otros territorios de la región, Trinidad se independizó en 1962), pero la idea del crisol cultural caribeño tuvo sus inicios a través de los ojos pioneros de Alfred Mendes y sus colegas literarios.

La primera novela de Alfred Mendes, Pitch Lake, publicada en 1934, exploraba asuntos de clases y razas en la Trinidad de la década de 1930, tema con el que aún lidia el país, aunque con otras manifestaciones. Black Fauns, novela publicada el año siguiente y que trataba sobre la vida en las barracas, también adoptó una mirada de realismo social y ayudó a trazar el camino para la literatura de las Indias Occidentales. Y la aclamada novela de C.L.R. James, Minty Alley, que también giraba en torno a la vida en las barracas, se publicó en 1936.

A pesar de su talento, Alfred Mendes no se dedicaría toda la vida a ser escritor. Tras un período prolongado en Nueva York, durante el cual participó en la comunidad de escritores de la ciudad, volvió a Trinidad con su tercera esposa, Ellen Perachini, con quien tendría dos hijos: James (el padre de Sam Mendes) y Stephen. En Trinidad, Alfred Mendes trabajó en el sector privado y, luego, en la administración pública, donde llegó a ser el director general del puerto.

Los trinitenses que trabajaron o socializaron con Alfie lo recuerdan como una persona brillante, dinámica y muy comprometida con los asuntos de su país. Al darse cuenta del poder de la política para crear cambios, se convirtió en miembro fundador del Frente Unido, partido socialista que participó en las elecciones generales de Trinidad y Tobago de 1946. A pesar de que lograron una cantidad importante de votos y se aseguraron tres de nueve escaños parlamentarios, nunca más postularon candidatos.

En 1972, Alfred Mendes recibió un doctorado honoris causa en Literatura de la Universidad de las Indias Occidentales por su contribución al desarrollo de la literatura de las Indias Occidentales.

Mendes se retiró a Barbados; pasó muchos de esos años escribiendo su autobiografía. A su muerte en 1991, sus borradores inconclusos fueron editados y, posteriormente, publicados.

Para conocer más sobre Alfred Mendes y su fascinante vida, visita La autobiografía de Alfred H. Mendes 1897–1991.

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