¿Ves todos los idiomas que hay? Traducimos las historias de Global Voices para que los medios ciudadanos del mundo estén disponibles para todos.

Lee más sobre Traducciones Lingua  »

¿Logrará Moldavia ganar la agotadora lucha contra la corrupción?

Hombre camina delante de grafiti que representa una moneda moldava de cinco lei en la capital, Chișinău, 2019. Foto (c): Maxim Edwards. Usada con autorización.

Este artículo en posible a través de una asociación con Transitions, organización de medios con sede en Praga.
“Soy víctima de fraude cometido por funcionarios corruptos de alto rango que han quedado impunes”, se queja Stanislav Ivanița, agricultor de la aldea de Corbu, distrito Dondușeni, en el extremo norte de Moldavia. A sus 60 años, este veterano del conflicto en la cercana y dividida Transnistria enfrenta ahora una batalla con las autoridades moldavas: Stanislav está luchando por el reembolso de un préstamo cuya suma ha aumentado en un tercio a raíz de los escándalos de corrupción relacionados con el robo de mil millones de dólares de uno de los países más pobres de Europa. El banco no se da por vencido, él tampoco.

Mucho ha cambiado en la política moldava recientemente. Los políticos de este Estado de Europa Oriental han ido y venido, se han derrotado y reemplazado unos a otros en los últimos 30 años de independencia, pero algo sigue igual: su implacable capacidad para atraer a Moldavia a los escándalos de corrupción internacionales. ¿Puede eso cambiar alguna vez?

“Desoligarquización”

El escándalo que Ivanița menciona es el “Robo del Siglo”, el ejemplo más notorio de corrupción de alto nivel en Moldavia. Entre 2012 y 2014, una suma equivalente a mil millones de dólares estadonidense fue desviada de tres bancos locales, y enviada al extranjero bajo la apariencia de préstamos garantizados por el Gobierno. A través de una intrincada cadena de empresas ficticias, este dinero, que en realidad fue retirado del presupuesto del Estado, se repartió en docenas de jurisdicciones. Los contribuyentes de Moldavia pagan la cuenta.

Después del escándalo bancario, la prensa internacional y hasta la Unión Europea se refirió cada vez más a Moldavia como un “Estado capturado”. A partir de 2015, el país estuvo dominado por un clan de funcionarios encabezado por Vladimir Plahotniuc, exdiputado y presidente del gobernante Partido Democrático de Moldavia (DPM). Plahotniuc era considerado en general como el gobernante informal de la república, pese a no haber ocupado ningún cargo público durante varios años.

Pero en junio de 2019, el régimen del PDM perdió el poder, derrocado por una improbable coalición de socialistas locales liderada por el presidente prorruso Igor Dodon y el bloque proeuropeo de ACUM. El régimen renunció, y el oligarca dejó su puesto como líder del partido PDM. Plahotniuc dejó el país en secreto y anunció su renuncia a la política. Su huida fue posible por la presión política conjunta de la Unión Europea, Estados Unidos y Rusia.

Ya sin Plahotniuc, los nuevos gobernantes de Moldavia declararon la “desoligarquización” como su prioridad. El 8 de junio, la nueva coalición adoptó una declaración parlamentaria sobre el “reconocimiento de la República de Moldavia como un estado capturado” y describió el gobierno del PDM como “totalitario”. Continuó llamando a la corrupción la “desgracia nacional compartida” y la “principal amenaza a la libertad, la seguridad y el bienestar de la República de Moldavia y sus ciudadanos”, y como resultado “Moldavia se ha convertido en uno de los países más pobres y vulnerables de Europa con un nivel de despoblación alarmante”.

Entonces, en octubre de 2019, el Centro Nacional Anticorrupción de Moldavia y el fiscal especial declararon que buscaban a Plahotniuc por lavado de dinero a una escala excepcionalmente grande. Las propiedades y activos de Plahotniuc en Moldavia, por valor de 55 millones de lei (3,1 millones de dólares) han quedado temporalmente congelados, pero aún no se conoce dónd está. Inicialmente, los medios de comunicación informaron que el oligarca se escondía en Estados Unidos, pero luego se supo que los estadounidenses lo consideran un huésped no deseado.

Es más, en la primera quincena de enero de 2020, Mike Pompeo, Secretario de Estado de Estados Unidos, hizo una declaración oficial sobre “los… actos corruptos de Vladimir Plahotniuc que afectaron el estado de derecho y comprometieron gravemente la independencia de las instituciones democráticas en Moldavia”. El 13 de enero, el Departamento de Estado de Estados Unidos, de acuerdo con el discurso de Pompeo, privó a Plahotniuc y su familia del derecho a obtener visas a Estados Unidos.

Estos pasos habrían sido inimaginables hace apenas un año. Pero la fe pública en la lucha contra la corrupción sigue baja. En 2019, un tercio de los moldavos la nombraron su preocupación más apremiante. El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2019 de Transparencia Internacional, recientemente publicado, sitúa a Moldavia en el puesto 120 de 180 países, entre Sierra Leona y Nigeria.

Un país exprimido

La historia de Stanislav Ivanița es un ejemplo que ilustra cómo esta corrupción desenfrenada puede destrozar la subsistencia y la vida de los ciudadanos moldavos comunes y corrientes. El agricultor quebró después de que el costo de su préstamo bancario aumentó más de 30 %.

Stanislav llevó al autor de este artículo por un huerto de manzanas que debió vender para poder devolver parte de su préstamo bancario. El agricultor había pedido un préstamo de 35 000 euros para comprar el huerto y el equipo agrícola sólo unos años antes de que estallara el escándalo bancario.

Agricultor moldava Stanislav Ivanița frente a lo que alguna vez fue su huerto. Foto (c): Vladimir Thorik, usada con autorización.

Vino el caos. Los intereses del préstamo de Stanislav aumentaron, y para empeorar las cosas, el leu moldavo se depreció. Esto llevó a que el costo del préstamo del granjero aumentara en un 33 %. Para pagar el banco, la familia de Ivanița tuvo que vender las ocho hectáreas de su tierra, un tractor y una edificación agrícola utilizada para albergar el ganado. Pero no fue suficiente.

“Para pagar la deuda pendiente, el banco quiere quitarme lo último que tengo: la casa en la que vivo. De todas maneras, me iré. No veo futuro en un país donde gente como yo va a la quiebra por el fraude de la mafia y los funcionarios corruptos”, exclama Stanislav.

La devaluación, el aumento del costo de los préstamos y la disminución de la confianza internacional en las autoridades de Moldavia son las consecuencias más claras a largo plazo de la corrupción que se apoderó de Moldavia.

“Debido a la depreciación del leu, a principios de 2015, el 25 % de los moldavos se empobreció en una cuarta parte; la pérdida total para la población se estima en unos 500 millones de dólares”, dijo Veaceslav Ioniță, analista moldavo y expresidente de la comisión parlamentaria de Economía, Finanzas y Cuestiones Presupuestarias.

Los economistas moldavos dicen que después del robo de los mil millones, los donantes europeos recortaron el apoyo financiero para Moldavia al mínimo. Según Ioniță, si en 2014 el país recibió subvenciones por valor del 3 % de su PIB (unos 270 millones de dólares al año), en 2019 esta cantidad había disminuido a pocos millones (hasta el 0,2 % del PIB).

¿A la espera de otro Plahotniuc?

La salida de Plahotniuc de la política fue bien recibida por los expertos anticorrupción de Moldavia. Pero resaltan que derribar a un oligarca no basta. Los analistas argumentan que cualquier campaña anticorrupción golpearía los cimientos de la política moldava. Eso significa que Moldavia necesita líderes con la voluntad política para un desafío agotador –lo que significa un “reinicio” del sistema con elecciones parlamentarias anticipadas.

Mark Tkachuk es un destacado consultor político y exasesor del presidente moldavo Vladimir Voronin. Tkachuk, que dirige el recientemente creado partido Congreso Cívico, cree que incluso después de la partida de Plahotniuc, la “memoria institucional sigue viva en el sistema electoral, especialmente en forma de elecciones presidenciales directas que inventó para [figuras políticas] sin autoridad significativa”.

“Pero el principal legado de [Plahotniuc] es la actual mayoría política, que consiste en dos partidos a favor de Plahotniuc. El propio Parlamento es elegido por un sistema mixto antidemocrático”, explicó Tkachuk. “Una vez que este último reducto del antiguo régimen se derrumbe, cuando se celebren las primeras elecciones democráticas reales, ¡entonces se podrá decir que Moldavia ya no está capturada!”

Del mismo modo, Alexandru Slusari, político del bloque ACUM que dirigió la comisión parlamentaria para investigar el robo de los mil millones, cree que “Plahotniuc simboliza el régimen corrupto de los últimos cuatro años”, pero subraya que “no se le puede culpar de todos los pecados de corrupción”.

“Muchos en el entorno de Plahotniuc se sienten bien bajo el nuevo poder de Dodon. Como las pulgas, rápidamente saltaron de un perro a otro y continúan involucrados en planes de corrupción. Es importante no solamente a una persona con un gran historial de corrupción, sino destruir el sistema mismo”, explicó Slusari. El político cree que si bien Plahotniuc debería ir a Moldavia para un juicio justo y abierto, “tiene algo [incriminatorio] que decir sobre muchas personas, incluido el actual presidente”.

En octubre de 2019, Slusari anunció en el Parlamento de Moldavia los nombres de los beneficiarios del robo de los mil millones. Los nombres figuraban en un informe, al que el público no tuvo acceso mucho tiempo, de la empresa de investigaciones Kroll Inc., contratada por las autoridades de Moldavia para investigar la desaparición del dinero en el extranjero. Entre esos nombres figuraba Vladimir Plahotniuc, a quien Slusari llamaba el principal beneficiario, el político Ilan Șor (que controlaba un grupo de tres bancos de los que se había retirado el dinero), varios diputados del partido político de Șor, el ex primer ministro y líder del Partido Liberal Democrático (LDPM) Vlad Filat. Filat, condenado a seis años de prisión en 2016, fue puesto en libertad en diciembre de 2019.

“Vemos cómo el régimen [de Plahotniuc] intenta reproducirse bajo nuevas condiciones y un nuevo ‘jefe'”, declaró Viorel Cibotaru, quien dirigió el LDPM durante varios años después de Filat. “Por el contrario, es más probable que [el actual Parlamento dominado por el PSRM y el PDM] intente perfeccionar y adaptar el antiguo régimen”.

Cibotaru, que actualmente dirige el Instituto Europeo de Estudios Políticos de Moldavia, cree que la clave para liberar al país de la corrupción está en la reforma política (elecciones parlamentarias inmediatas celebradas con arreglo a un sistema proporcional, en el que se impedirá postular a políticos abiertamente corruptos y desacreditados), y en volver a que los presidentes sean elegidos por el Parlamento y no por la ciudadanía. También sostiene que no se necesita el “endurecimiento” de la legislación sino su “simplificación”, lo que significa que los riesgos financieros asociados con el enriquecimiento ilícito deben superar con creces los beneficios posibles.

Un camino sembrado de obstáculos

Stanislav Pavlovschi, juez moldavo que antes trabajó en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), está convencido de que solamente se debe considerar creíbles las afirmaciones de los políticos de luchar contra la corrupción si pueden “demostrar a la sociedad a diario que [personalmente] rechazan los planes corruptos”.

“Cometer actos de corrupción debe convertirse en algo no lucrativo”, dice el exjuez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Pero para impulsar esas reformas, dicen Pavlovschi y otros expertos, se necesitan urgentemente líderes independientes, eficaces e incorruptibles del Poder Judicial y los órganos encargados de hacer cumplir la ley.

Ese ha sido un importante punto de fricción en los últimos meses. Fue el fracaso de los políticos moldavos en acordar un nuevo fiscal general lo que llevó a la pronta disolución del régimen del reformista prooccidental Maia Sandu en noviembre de 2019. Los diputados del PSRM, exaliados de Sandu, votaron con el PDM contra su régimen. Ion Chicu, economista de 47 años y exministro de Finanzas de la época de Plahotniuc, fue elegido primer ministro de Moldavia ese mismo mes. Hasta entonces, Chicu había ejercido como asesor del presidente Dodon, quien lo elogió como “tecnócrata” al ser nombrado.

¿El colapso del régimen de Sandu significó el fin de la “desoligarización”?

No necesariamente. Después de que el régimen de Chicu llegó al poder, Alexandru Stoianoglo se convirtió en el nuevo fiscal general de Moldavia. A pesar de la antigua afiliación de Stoianoglo con el PDM, varios expertos dijeron a Global Voices que creen que demuestra un genuino deseo de cambiar la forma en que su institución investiga los casos de corrupción.

Según las cifras dadas por Stoianoglo en una conferencia de prensa en febrero de 2020, en los últimos cuatro años el fiscal especializado en anticorrupción de Moldavia ha llevado más de mil casos de corrupción a los tribunales. Alrededor del 45 % de fue evaluados en una o dos sesiones de la corte. Alrededor de un tercio de los casos investigados por el fiscal anticorrupción fueron casos de pequeña corrupción, con sumas no superiores a 5000 leu (250 euros). El jefe de los tribunales de Moldavia subrayó en una entrevista que, si bien los fiscales anticorrupción investigaban los casos de pequeña cuantía, las investigaciones de corrupción a mayor escala no habían progresado. El “Robo del Siglo”, según Stoianoglo, fue investigado solamente por seis fiscales, mientras que algunos casos comparativamente intrascendentes contaron con hasta 45 especialistas.

Mientras tanto, las autoridades de Moldavia dicen que siguen buscando establecer el paradero de Plahotniuc y presionando para que se le incluya en una lista de personas buscadas por la Interpol.

“Hasta la fecha no ha habido respuesta oficial de la oficina central de Interpol en Lyon sobre una orden de búsqueda internacional de Vladimir Plahotniuc”, dijo Angela Starinschi, oficial de prensa del Centro Nacional Anticorrupción de Moldavia, en declaraciones a Global Voices el 28 de enero. “La lucha contra la corrupción es un proceso continuo, teniendo en cuenta que hay una gran tolerancia hacia la corrupción en la sociedad. Esto también explica la incapacidad de las instituciones estatales para hacer frente al enorme número de casos de corrupción. Por eso [hemos] intensificado las actividades para evitar la corrupción a través de la educación pública”, dijo Starinschi.

“Hay cientos de burócratas y autoridades que han perdido por completo sus vínculos con el Estado, la ley y sus conciudadanos”, comenzó Vadim Pistrinciuc, exvicepresidente del LDPM y director ejecutivo del Instituto de Iniciativas Estratégicas, grupo de reflexión con sede en Chișinău. “Tenemos que agradecerles la ‘confiscación’ de este país. Y todavía están aquí”.

Pistrinciuc está convencido de que el régimen de Chicu está formado por “secuaces del Partido Demócrata que trabajan en secreto con Plahotniuc y el PSRM… Lo peor es que están rehabilitando muchos planes del pasado”.

Dodon es alumno de Plahotniuc, ha decidido seguir los pasos de su maestro”, concluye Slusari. “Pero no creo que tenga las agallas de Plahotniuc. La oposición no permitirá que se repita el escenario de la captura del estado”.

La amenaza de que la historia se repita, de que su país permanezca atrapado en una espiral viciosa de apatía e impunidad, ha dejado a los moldavos como Ivanița reacios a contemplar lo que vendrá después. “Es imposible predecir algo mientras siguan robándole a la gente bajo garantías del Gobierno”, concluye el agricultor.

“Mi propiedad, como Moldavia, ha sido arrebatada pieza por pieza. No tengo fe en el futuro”.

Revisa la cobertura especial de Global Voices de la agitación política de Moldavia.

Inicia la conversación

Autores, por favor Conectarse »

Guías

  • Por favor, trata a los demás con respeto. No se aprobarán los comentarios que contengan ofensas, groserías y ataque personales.