Jóvenes manifestantes lideran manifestaciones políticas de 2020 en Georgia

El 21 de junio de 2018 los jóvenes de Georgia volvieron a la política de forma decisiva – horas después de una dura respuesta de las autoridades contra un intento de grupos políticos de atacar el Parlamento a través de líneas policiales. Foto: Mari Nikuradze/OC Media

Este artículo fue posible por medio de una colaboración con Transitions, organización de publicidad y formación en medios con sede en Praga. 

Ya empezado el nuevo año, muchos georgianos creen que su Gobierno no está manteniendo su palabra. Últimamente, quienes piden que las elecciones parlamentarias de este octubre sean “más democráticas” han tenido dos vías para entablar una conversación con el partido gobernante. Pueden participar en una mesa de negociaciones gestionada por diplomáticos extranjeros o protestar en el exterior del Parlamento, en la capital Tiflis. Sin embargo, estos dos canales han desaparecido en los últimos meses. Desde diciembre, no se ha celebrado ninguna mesa redonda y, en enero, el ayuntamiento de Tiflis cercó una zona frente al Parlamento, lugar tradicional para las manifestaciones políticas, por trabajos de renovación.

La diferencia entre estas dos vías es que el movimiento juvenil contra el Gobierno de Georgia no tiene un lugar en la mesa formal de negociaciones. Ciertamente, el éxito de las concentraciones callejeras, que han sacudido la capital desde mediados de 2019, se debe a que no estaban dirigidas por los partidos de la oposición que todo el mundo esperaría ver en la mesa. Dos encuestas de opinión contratadas por el Instituto Nacional Demócrata y el Instituto Republicano Internacional a fines de 2019 sugieren que una pluralidad de georgianos no tiene decididas sus preferencias políticas y que confía muy poco en el Parlamento. En resumen, tienen ganas de alternativas. Con escasas esperanzas de una renovación política y poca claridad sobre las elecciones de este año, la política de Georgia se acerca a un punto muerto.

Con más protestas organizadas para el 5 de abril, todos los ojos se concentran en los movimientos de protesta juvenil del país. La pregunta clave es qué papel podrían desempeñar para enviar al partido gobernante a la bancada de la oposición.

Independiente e impaciente

Existen precedentes de protestas dominadas por jóvenes en Georgia. La novedad es que, en el último año, los jóvenes de Georgia no solo han participado en estas manifestaciones sino que las han organizado. El detonante se produjo el 20 de junio de 2019 cuando el partido gobernante, Sueño Georgiano, invitó al político comunista ruso Sergey Gavrilov y a una delegación de Moscú al Parlamento de Georgia. Esta invitación no ha sentado bien pues actualmente hay territorios internacionalmente reconocidos como georgianos ocupados por soldados rusos.

Después de combatir durante horas contra varios manifestantes violentos, la Policía empezó a disparar indiscriminadamente balas de goma a la multitud. Más de 160 civiles quedaron heridos. En este vídeo, grabado por un manifestante con su móvil, se muestra el ataque:

Dos jóvenes manifestantes sufrieron la pérdida de un ojo y se convirtieron en los rostros del nuevo movimiento de protesta de Georgia.

La represión de la “Noche Gavrilov” desencadenó protestas mucho mayores. Los jóvenes manifestantes salieron a la calle con un ojo cubierto con la mano para mostrar solidaridad con los heridos. Su enfado era predecible, pero pocos esperaban que una petición tan poco atractiva como la de cambiar de un sistema electoral basado en una lista semiproporcional a otro sistema completamente proporcional se convertiría en una de las principales peticiones de los jóvenes.

Después de todo, los grupos juveniles liberales que están contra el Gobierno se han ganado una imagen muy diferente.

El nombre original del grupo que lidera la manifestación contra el Gobierno, el Movimiento de la Vergüenza, — Por la libertad (#თავისუფლებისთვის) — da pistas de sus raíces. De alguna manera, el movimiento fue un efecto secundario de las protestas Bailar por la libertad producidas un año antes, desencadenadas por la redada antidrogas de las autoridades en famosos clubes nocturnos de Tiflis.

No obstante, pronto pareció que los manifestantes se habían anotado una victoria. El 24 de junio, después de cuatro días de protestas callejeras, el presidente del partido Sueño Georgiano y exprimer ministro, Bidzina Ivanishvili, prometió introducir una reforma del sistema electoral antes de las elecciones de 2020.

“¿Por qué pedimos una reforma electoral en respuesta a la “Noche Gavrilov”? Porque vemos que es la única forma de evitar un gobierno de un único partido o una crisis política sin fin en Georgia”, explicó Shota Digmelashvili, uno de los líderes del Movimiento de la Vergüenza, en entrevista para Global Voices. En el sistema electoral mixto actual de Georgia, 73 de los 150 parlamentarios se eligen en estos distritos de mandato único, lo que aumenta las posibilidades del partido gobernante de ganar una mayoría constitucional. Como esto ayuda al partido actual a construir una mayoría constitucional, los críticos lo ven como una receta para una potencial e incomprensible concentración de poder en un solo partido.

Tan pronto como el juvenil Movimiento de la Vergüenza estableció la reforma electoral como una de sus principales demandas en junio de 2019, el partido Sueño Georgiano insistió que estaban dirigidos en secreto por el Movimiento Nacional Unido (MNU), que gobernó el país entre 2004 y 2012. El MNU sigue siendo el partido de la oposición proeuropeo. Aunque ha disminuido su poder, el partido sigue teniendo influencia, mientras que su exlíder, Mikheil Saakashvili, buscado en Georgia por delitos penales, vive en el exilio. La relación de Ivanishvili con Saakashvili es tan tensa que se describe normalmente como una vendetta.

Digmelashvili, que hizo campaña contra el MNU antes de 2012, rechazó estas acusaciones. “[El 20 de junio] literalmente tuvimos que organizar una cadena humana alrededor del escenario principal para impedir que los líderes políticos tomaran el control de la protesta”, recuerda. Digmelashvili añade que los manifestantes permitieron luego que un portavoz de cada partido político se dirigiera a la multitud desde el escenario, siempre que “compartieran las tres peticiones de los manifestantes y defendieran un discurso a favor de Occidente”. Las peticiones incluían una reforma del sistema electoral de Georgia, la liberación de los presos detenidos durante la protesta del 20 de junio y la dimisión del ministro de interior, Giorgi Gakharia.

Iago Kachkachishvili, director del Instituto de Estudios y Análisis Sociales con sede en Tiflis, no rechaza completamente la idea de la relación entre los jóvenes manifestantes y los partidos opositores. Como el Movimiento de la Vergüenza “está directamente involucrado en la oposición al proceso político, no se podría haber permitido no coordinar sus esfuerzos con los partidos”, explica. “Otra cuestión es si son parte de alguna fuerza específica de la oposición. No creo que la actual energía de los jóvenes en las protestas pueda reducirse a los intereses de un partido concreto”.

En noviembre se originó otra ronda de protestas cuando el partido Sueño Georgiano no consiguió mayoría parlamentaria para apoyar sus propias propuestas de reforma del sistema electoral, como había prometido Ivanishvili. Este fracaso fue ampliamente considerado como una promesa rota y los manifestantes se reunieron en el exterior del Parlamento para protestar otra vez. Y de nuevo, la policía respondió con un cañón de agua.

Algunos activistas jóvenes del grupo el Desafío (en georgiano: Gabede), el Cambio (en georgiano: Shetsvale) y otros grupos llevaron las cosas más allá y abordaron a parlamentarios pertenecientes a la mayoría gobernante, lo que tuvo como resultado, a veces, arrestos por “actos de gamberrismo” y “desobediencia a la policía”. Beka Natelashvili, líder veinteañero de la protesta que cofundó el grupo Desafío después del controvertido voto parlamentario, contó a Global Voices que la policía había detenido a 15 miembros en noviembre.

El Desafío, que une a jóvenes de diez partidos políticos con activistas independientes, declara que también los han atacado en internet troles que defienden al Gobierno. El Movimiento de la Vergüenza comparte estas preocupaciones. Después del anuncio de Facebook en diciembre de que su personal había desarticulado una red de cuentas falsas que dirigía el partido Sueño Georgiano, Facebook prometió “luchar mucho más contra la propaganda del Gobierno”.

“Creemos que lo que estamos haciendo ahora es lo mejor para nuestra causa. Creamos contenido digital en línea e intentamos contrarrestar narrativas falsas… pero también volveremos a protestar de forma tradicional”, dice Salome Barker, una de las líderes del Movimiento de la Vergüenza.

Promesas rotas y detenciones

La reconciliación se aleja cada vez más, si no es imposible ya. Según Barker, la rápida evolución de las circunstancias de los últimos ocho meses ha hecho que el movimiento tenga recursos y esté preparado para lo que sigue. Cuando sus miembros no están en multitudinarias manifestaciones, organizan todo desde los mercados callejeros para abrir discusiones políticas.

Protesta en Tiflis pide la liberación de cinco manifestantes que protestaban contra el gobierno. Tiflis, 25 de febrero. Foto (c): Shota Kincha / OC Media. Usada con autorización.

No obstante, ninguna de sus tres demandas se han cumplido.

Georgia todavía no tiene un sistema electoral completamente proporcional. Cinco manifestantes todavía están en detención preventiva. En lugar de dimitir por el excesivo uso de violencia contra los manifestantes, el ministro de interior, Giorgi Gakharia, fue ascendido a primer ministro en septiembre.

Además, muchos opositores de Sueño Georgiano han sido detenidos en los últimos meses por cargos como organización de grupos violentos y presuntamente “intentar derrocar o tomar el poder del Estado” en la noche del 20 de junio.

Entre los imputados se encuentra el exministro de Defensa, Irakli Okruashvili, el parlamentario de MNU, Nika Melia, y Nika Gvaramia, director del canal de televisión Mtavari favorable a la oposición. Más recientemente, el 10 de febrero, el líder de Georgia Europeo, Gigi Ugulava, fue condenado a tres años y dos meses de prisión.

Muchos críticos del gobierno actual dice que no avalarían la inocencia de ninguno, pero sostiene que hay algo más grande en juego.

“Sé con certeza que algunos de estos líderes de la oposición y antiguos miembros del gobierno cometieron crímenes y sus condenas estaban pendientes desde hace mucho tiempo. El problema que vemos ahora es el de la justicia selectiva; el momento habla por sí solo sobre la naturaleza política de estas sentencias”, dice Tinatin Khidasheli, exministro de Defensa y director del grupo de expertos IDEA de Tiflis.

¿Una unidad duradera?

En los últimos meses, los socios occidentales de Georgia, incluidos legisladores estadounidenses, han aumentado la presión en Tiflis por causa de estas detenciones con motivaciones políticas y sus cambios sobre las reformas. En Twitter, el secretario general de Sueño Georgiano, Kakha Kaladze, aseguró recientemente a sus socios occidentales que están preparados para negociar, lo que recibió una contestación furiosa de Sergi Kapanadze, parlamentario del opositor Georgia Europeo:

El partido Sueño Georgiano está listo para realizar negociaciones con la oposición para ponerse de acuerdo sobre el sistema electoral más razonable para las elecciones parlamentarias de 2020.
——–
Los líderes de la oposición todavía están en la cárcel, todavía hay casos abiertos contra otros y no hemos escuchado una propuesta que lleve a Georgia a tener (o estar cerca de tener) un sistema proporcional. SG mantiene que deberían gobernar con solo el 30 % de apoyo popular, lo que demuestra lo genuino de la oferta.

La mayoría de los observadores cree que el Sueño Georgiano nunca aceptará las peticiones de los manifestantes. Iago Kachkachisvili “casi termina” con el partido al volver a su promesa presidencial de crear un sistema electoral dependiente completamente de listas de partidos. “En el mejor de los casos, pueden llegar a un compromiso de conseguir un equilibrio entre mandatos mayoritarios y proporcionales”, concluye.

La última oferta del Sueño Georgiano a la oposición, en el momento de escribir este artículo, es la de reducir el número de parlamentarios mayoritarios de 73 a 50.

Kornely Kakachia, director del Instituto de Políticas de Georgia, comité de expertos de Tiflis, también cree que es muy improbable que el partido gobernante se rinda “a no ser que se produzca una mayor crisis en el futuro”. Debido a su poca popularidad, continuó, el partido lo tendrá difícil para acercarse a alguien.

En los próximos meses, esta turbulencia política no tiene solo la capacidad de dañar el Sueño Georgiano.

“No hay mucha esperanza en que Sueño Georgiano cambie su decisión, pero lo único que unió [a la oposición] es el frente unido por unas elecciones proporcionales”, declara Khidasheli. “A medida que nos acercamos a la fecha electoral, habrá cada vez menos coordinación e incluso menos unión entre la oposición. No soy optimista”, concluye.

El éxito de Sueño Georgiano en mantener el poder es, en parte, gracias a sus continuos recordatorios a los votantes sobre los abusos de poder y “las tendencias autoritarias” del anterior gobierno del MNU. No obstante, una nueva generación de georgianos, muchos de los cuales eran niños cuando Sueño Georgiano llegó al poder, están recibiendo educación política en las calles. Estos jóvenes manifestantes comparten junto con una serie de partidos de la oposición enfadados y con los socios occidentales preocupados una exigencia común. Piden a los gobernantes de Georgia salvaguardar el país de un Gobierno de un solo partido a través de una reforma del sistema electoral.

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