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En Ecuador hay un nuevo espacio donde no se juzga a las madres adolescentes

 

Foto de una madre con su hijo en Casa La Ribera. Foto usada con permiso.

Vea la cobertura especial de Global Voices sobre cómo las mujeres luchan contra la violencia de género en América Latina.

La Ribera era una casa de familia en Sangolquí, Ecuador. Tenía paredes blancas y vigas de madera. Estaba rodeada de árboles y cerca había un río. Ahí se criaron hijos y nietos. Como suele ocurrir cuando éstos crecen, la casa se fue vaciando con el tiempo.

Desde octubre de 2019, otra vez la casa está llena de comida, risas y juegos. Sin embargo, sus paredes ya no acogen solamente a tíos, primos y abuelos. En cambio, ahora abrazan a las integrantes del Programa la Ribera, un proyecto de la Fundación Alfredo Jijón y Plan Internacional que promueve la salud integral, el bienestar emocional y la autonomía de personas de entre 14 y 24 años que están embarazadas o son madres.

Por el momento, debido a las medidas para frenar la expansión del COVID-19, el apoyo se da a la distancia. Las encargadas del programa llaman a las jóvenes a diario para ver cómo están y les envían actividades para sus bebés dos veces al día. Además, están gestionando la provisión de alimentos y artículos de limpieza.

En esta entrevista, la Directora de la Casa La Ribera, Carolina Reed, habla sobre esta iniciativa.

Belén Febres (BF) ¿Cómo nació la idea de crear este programa?

Carolina Reed (CR): Cuando dejamos de frecuentar nuestra casa en Sangolquí, vimos la necesidad de darle otro uso. Mi cuñado y mi suegro fueron ginecólogos y unos hombres maravillosos, por eso decidimos que transformar la casa en un espacio dedicado a embarazadas y madres sería una buena manera de honrarlos.

Existen algunos programas de prevención de embarazo y acogida a madres jóvenes en Ecuador, el país Latinoamericano con la tasa más alta de embarazo adolescente. Sin embargo, no encontré ninguno dedicado al empoderamiento de mujeres desde un enfoque de derechos, por eso decidí crearlo.

Foto de Casa La Ribera, usada con permiso.

BF: ¿Cómo se aplica este enfoque?

CR: El embarazo adolescente facilita la vulneración de distintos derechos, como el derecho a la salud, a la educación y a una vida sin violencia. Nuestro trabajo parte de la convicción de que todas tenemos derechos y que el embarazo no debe ser un limitante. Por eso, nuestro enfoque no es el de una obra de beneficencia; es un esfuerzo en conjunto para asegurarnos de que los derechos de las adolescentes embarazadas y las madres jóvenes sean respetados.

Foto de Casa La Ribera, usada con permiso.

BF: ¿Cuáles son sus principales ejes de trabajo?

CR: Seguimos dos ejes principales: salud y autonomía. Brindamos acompañamiento integral y personalizado en la salud física y emocional de las jóvenes. Enfatizamos el derecho a un embarazo y parto saludables, a servicios de salud respetuosos y de calidad, al acceso a información, y a la detección y prevención de la violencia.

También ponemos muchísimo énfasis en salud mental. Tenemos una psicóloga a tiempo completo y ofrecemos terapias grupales y talleres sobre distintos temas.

El segundo eje de nuestro trabajo es la autonomía. Primero nos esforzamos por que las jóvenes se gradúen del colegio. Mantenemos contacto con las instituciones educativas para asegurarnos de que las chicas cuenten con lo necesario para alcanzar este objetivo.

También coordinaremos con el Ministerio de Educación para que las personas que no puedan asistir al colegio de forma presencial puedan reinsertarse al sistema o acceder a un bachillerato a distancia en la Ribera.

Además, nos enfocamos en autonomía económica. Colaboramos con organizaciones para que las jóvenes puedan ir a la universidad, acceder a un buen empleo, o emprender; y así llegar al máximo de su potencial.

El énfasis en autonomía es importantísimo porque muchas chicas viven violencias en sus casas y es fundamental que tengan el sustento económico para que puedan irse; sin eso es imposible.

Foto de Casa La Ribera, usada con permiso.

BF: ¿Cuál es la relación entre embarazo adolescente y violencia?

CR: El vínculo es muy fuerte. Primero, el embarazo de una menor de edad es un acto de violencia en sí mismo. Además, hay una violencia socioeconómica que viene desde el país. Muchas de las integrantes viven situaciones de pobreza muy alarmantes, y esto limita el ejercicio de sus derechos.

Luego, hay una violencia física y psicológica naturalizada en las casas, ya sea por parte de padres, familiares o parejas.  Además, hay mucha violencia sexual. Existen algunos casos de violación, inclusive violaciones grupales.

Finalmente, está la violencia institucional. Hay mucho estigma alrededor del embarazo adolescente y se tiende a culpabilizar a la mujer. El Programa La Ribera rompe con estos esquemas porque nosotras no juzgamos, ofrecemos aceptación y respeto.

Foto de Casa La Ribera, usada con permiso.

BF: ¿Cómo afectan las crisis, como la pandemia que estamos viviendo, el cumplimiento de los derechos de las madres jóvenes? 

CR: Hacen más visibles las diferencias socioeconómicas y la precariedad en la que viven muchas de las integrantes del programa. Por ejemplo, en este momento en el que la higiene es fundamental, una de ellas no tenía agua potable. Muchas se han quedado sin ingresos y sin la posibilidad de comprar siquiera insumos de primera necesidad.

Además, están por dar a luz o tuvieron sus bebés recientemente, y tienen gran dificultad para acceder a los servicios de salud necesarios, o para encontrar apoyos, ya de por sí limitados. Están muy solas y asustadas. Además, el no poder salir de sus casas aumenta mucho el riesgo de violencia doméstica e intrafamiliar. En estas circunstancias, el soporte que podamos brindar es incluso más crucial.

Foto de Casa La Ribera, usada con permiso.

BF: ¿Qué resultados se han visto en el poco tiempo en el que ha funcionado el proyecto?

CR: Hasta el momento, el Programa la Ribera ha brindado apoyo a 20 mujeres, y pronto se sumarán 10 más. Hemos observado cambios que nos alegran mucho. Por ejemplo, una de las chicas que había dejado el colegio por el embarazo ya retomó sus estudios. Algunas llegaron con su autoestima muy baja y ahora están más seguras de sí mismas y han empezado a ver su futuro con optimismo. También es muy gratificante notar cómo se fortalecen los vínculos con los bebés. Esto nos motiva a seguir trabajando por brindar a las jóvenes un espacio seguro donde encuentren la confianza, el apoyo y la fuerza para salir de círculos de pobreza y violencia, y cumplir sus sueños.

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