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Caos en mercados de Uganda mientras medidas por COVID-19 trastocan vida de mujeres

Las mujeres dominan el mercado en Uganda. Foto tomada en una calle cerca de Kibale, Uganda, en 2003, por NeilsPhotography vía Flickr (CC BY 2.0).

Revisa la cobertura especial de Global Voices del impacto global de COVID-19.

Uganda confirmó su primer caso de coronavirus (COVID-19) el 22 de marzo. Hasta el 28 de marzo la cifra llegó a 30 contagiados.

Incluso antes de que se registrara el primer caso, el Gobierno de Uganda había tomado medidas decisivas, como cierre de escuelas, prohibición de reuniones públicas y estrictas restricciones de viajes desde y hacía los países afectados para desacelerar la difusión del virus altamente contagioso.

El 25 de marzo, el Gobierno anunció una prohibición a la venta de productos no alimentarios en los mercados ugandeses durante dos semanas a partir del 26 de marzo para reducir los números y hacer cumplir las directrices de distanciamiento social recomendadas por el Ministerio de Salud.

Los mercado del país, a menudo dominado por las vendedoras, se vieron trastocados por esas restricciones.

Cada día, miles de ciudadanos se apresuran, como jornaleros y vendedores a los mercados de Uganda para poner comida en sus mesas. Sin embargo, en un mensaje público sobre las medidas, el presidente Yoweri Museveni no reconoció su posible efecto sobre los que trabajan en los mercados:

¿Ni siquiera alguna ayuda para quienes sobreviven en la economía informal?

Esta crisis de la COVID-19 está teniendo repercusiones sobre las masas de personas que viven al día. Kaguta Museveni y su equipo consideren, por favor, el hecho lamentable de que esas personas no tienen una red de protección.
🇺🇬

Esas repentinas restricciones han llevado a un aumento de violencia y delitos contra quienes están trabajando en el sector informal, como los vendedores ambulantes que siguen vendiendo sus mercancías para ganarse la vida y alimentar a sus familias.

El 26 de marzo, las vendedoras ambulantes ugandesas fueron azotadas y tratadas brutalmente por la Policía, que utilizó un nivel de fuerza más allá de lo permitido por las recientes directrices presidenciales. El incidente fue documentado por el fotografo Badru Sultan, que publicó sus fotos en Twitter y que republicaron muchos:

Causar miedo, desesperación e inseguridad no ayuda a guiar a nuestra comunidades para derrotar la gran amenaza que representa la COVID-19 en Uganda.

Se puede guiar a la gente con firmeza pero de forma humana y cuidadosa. Estas personas están tratando de sobrevivir; ayúdalas a que entiendan cómo, tanto para evitar COVID como para sobrevivir.

Martha Tukahirwa defendió a las vendedoras que seguían vendiendo a pesar de las directrices:

Esas señoras preparan y venden comida en las calles de Kampala. Plenamente conscientes de la directriz de Kaguta Museveni que prohíbe la venta de productos no alimentarios, se dedicaron a sus negocios.
¿Por qué las han maltratado?
¿Es esto otro contagio de violencia contra mujeres y niñas en tiempos sin precedentes?

Kizza Besigye señaló que un cierre no tiene sentido sin un plan de apoyo:

No puedes anunciar un cierre sin un plan B. Eso es empujarlos contra la pared y lo que saldrá de eso no es más que una alta tasa de delincuencia.

Según un estudio de Iniciativa Estratégica para las Mujeres en el Cuerno de África (SIHA, por su nombre en inglés) de 2018, en Uganda las mujeres poseen el 66 % de todos los negocios informales en Kampala, la capital, y también son la mayoría de los trabajadores informales.

La escasez de oportunidades de empleo obliga a muchas mujeres a trabajar en el sector informal, realizando trabajos que son “precarios y mal remunerados, con poco acceso a la protección social”, dijo el estudio.

Por lo tanto, el sector informal es un recurso vital para las mujeres en Uganda.

En un comunicado de prensa, la Red de Mujeres de Uganda expresó “serias preocupaciones” por la fuerza excesiva utilizada contra las mujeres en los mercados el 27 de marzo:

While we commend the government of Uganda for the swift measures taken to prevent and control the spread of COVID-19, we are also not oblivious of the economic impacts of some of the measures on women who form the bulk of workers in insecure labour. The complexities of these women’s realities ought to be put into consideration in implementation of the Presidential Directives on COVID-19 so as not to exacerbate already existing gender inequalities, the burden of care work and institutionalised violence against women.

Si bien elogiamos al Gobierno de Uganda por las medidas rápidas para prevenir y controlar la propagación de la COVID-19, tampoco olvidemos a las repercusiones económicas de algunas de ellas en las mujeres que constituyen la mayoría de los trabajadores en situación de precaridad. La complejidad de las realidades de estas mujeres debería tenerse en cuenta en la aplicación de las directrices presidenciales por la COVID-19 para no exacerbar las desigualdades de género ya existentes, la carga del trabajo de cuidado y la violencia institucionalizada contra las mujeres.

En el comunicado se señaló que el 71 % de las mujeres trabaja en el sector informal, incluso negocios minoristas, mercados, hostelería, vendedores, pequeño comercio, ente otros.

La Red de Mujeres de Uganda también señaló que la Policía tiene la misión de “proteger, servir y defender”. Todos los actos de brutalidad ejercidos contra los vendedores va en contra del Artículo 24 de la Constitución Ugandesa de 1995, que protege a todos los ciudadanos ugandeses de toda forma de tortura o de tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes.

El párrafo 3 del artículo 33 relativo a los derechos de las mujeres también asegura que el Estado protegerá a las mujeres y a sus derechos, teniendo en cuenta su condición única y sus funciones maternas naturales en la sociedad.

Mientras las mujeres en los mercados siguen luchando bajo esas nuevas medidas, el precio de la comida también sigue elevándose. Las compras provocadas por el pánico justo después de que se impusieran las restricciones hizo que algunos comerciantes subieran sus precios:

VIDEO: los ciudadanos arrebatan piñas de un camión mientras los efectos de la COVID-19 toman el protagonismo en Kampala. Noticias NTV.

-A menos que el Presidente proporcione las materias primas de manera gratuita, el precio seguirá subiendo.
Los precios de los alimentos básicos en Uganda se han disparado desde que se produjo el primer caso de COVID-19, por la demanda creciente debida a compras en previsión del cierre nacional. Captura de pantalla vía NTVUganda en YouTube.

Una campaña en línea con la etiqueta #ExposeBusinessCrooks (denuncia las estafas comerciales) tiene como objetivo detener la explotación de la situación.

Esta campaña de denunciar las estafas comerciales va a alterar la forma en que apreciamos la gravedad del coronavirus. COVID-19 Uganda.

¿Una “nueva manera de hacer negocios”?

Además de la prohibición de vender productos no alimentarios en los mercados, el presidente Museveni también recomendó buscar “otras maneras de hacer negocios” y “comerciar pero con un contacto humano mínimo”. Esto implica que comerciantes y vendedores puedan simplemente hacer sus negocios en línea.

Pero el ecosistema digital de Uganda no está preparado por esto. La mayoría de vendedores del mercado no tiene la formación, la capacidad ni los conocimientos necesarios para crear empresas en línea ni sistemas para entregar los productos.

Además, el impuesto “a los chismes” en redes sociales de Uganda sigue causando estragos pues encarece los datos y causa que hacer negocios en línea quede simplemente fuera del alcance de muchos vendedores del mercado.

El impuesto, introducido en 2018, para frenar los chismes en línea y aumentar ingresos, ya hacía que el servicio de datos fuera costoso. Ahora, debido a los aumentos de precios de alimentos, la compra de datos es aún más costosa para la mayoría.

Por ejemplo, un gigabyte (GB) de datos cuesta 5000 chelines ugandeses (1.31 dolar estadounidense), que es más del 15 % del ingreso mensual promedio, según un informe de Pollicy de 2019. Ese informe declara que “para el cuartil más pobre del país, la misma cantidad de datos podría costar más del 40 % del ingreso mensual promedio.

Esto significa que conectarse a internet es aún más caro para una mujer común y corriente ahora más que nunca.

Esto acentuará más las desigualdades digitales entre ricos y pobres, dado el ya elevado costo de los datos en Uganda, junto al impuesto a las redes sociales y a el alto costo de la vida durante COVID-19.

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