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COVID-19 resucita la lúgubre historia de experimentación médica en África

La Sargento de Primera Clase Marites Cabreza, enfermera de la 354ª Brigada de Asuntos Civiles, Equipo Funcional Especial, Fuerza de Tarea Combinada Conjunto-Cuerno de África, atiende a un paciente el 29 de marzo de 2008, durante un proyecto de acción médica civil en Goubetto, Yibuti. Fotografía tomada por el Sargento Técnico de la Fuerza Aérea de Estados Unidos Jeremy T. Lock. Dominio público.

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La agitada carrera que emprenden científicos e investigadores para probar potenciales tratamientos para la COVID-19 en ensayos clínicos ha reavivado un intenso debate sobre el uso de humanos en ensayos farmacéuticos críticos en África.

El 1 de abril, los médicos investigadores franceses Jean-Paul Mira y Camille Locht sugirieron en un programa de televisión en vivo que los ensayos de una potencial vacuna deberían realizarse primero en África, según informa Al Jazeera. El doctor Mira, jefe de la unidad de cuidados intensivos en el Hospital Cochin de París, comparó la situación actual con “algunos estudios del sida, donde se hacen pruebas en prostitutas porque sabemos que están altamente expuestas y no se protegen”.

Los investigadores emitieron esos comentarios en el contexto de una discusión sobre los ensayos en Europa y Australia para determinar si la vacuna de la tuberculosis BCG puede ser efectiva contra el nuevo coronavirus. En Australia, se están efectuando ensayos en al menos 4000 trabajadores de la salud.

La actitud de estos investigadores resuena en la larga y sombría historia de la experimentación y explotación médica en África, donde líderes africanos se han coludido con empresas farmacéuticas, a menudo europeas o estadounidenses, para llevar a cabo ensayos en la población más vulnerable de la sociedad.

Los comentarios de los investigadores de inmediato generaron desaprobación e indignación, expresada en la etiqueta #AfricansAreNotGuineaPigs [Los africanos no son conejillos de indias].

La estrella de fútbol de Costa de Marfil Didier Drogba tuiteó:

Es totalmente inconcebible que sigamos advirtiendo esto.
África no es un laboratorio de ensayos.
Quiero condenar abiertamente esas palabras humillantes, falsas y sobre todo racistas.

Ayúdanos a salvar a África de la COVID-19 y aplanar la curva.

El 3 de abril, el doctor Mira se había >disculpado por sus comentarios, pero únicamente después de la resistencia y presiones del grupo francés antirracismo SOS Racisme. Sin embargo, el empleador del doctor Locht desestimó la indignación de Twitter como “noticia falsa” y sostuvo que sus comentarios se habían sacado de contexto.

La misma semana, el virólogo congolés Jean-Jacque Muyembe, que trabajó en la primera línea de la epidemia de ébola en la República Democrática del Congo, anunció que el país “está preparado para participar en las pruebas de cualquier futura vacuna contra el coronavirus”, informó News 24.

Muyembe, jefe del cuerpo especial de la pandemia y del instituto de salud nacional de su país, afirmó en una conferencia de prensa:

We've been chosen to conduct these tests … The vaccine will be produced in the United States, or in Canada, or in China. We're candidates for doing the testing here.

nos han elegido para realizar estos ensayos… La vacuna será producida en Estados Unidos o Canadá o China. Somos candidatos para hacer las pruebas aquí.

Una vez más, los comentarios provocaron la furia de los ciudadanos e internautas congoleses, que condenaron la disposición del doctor Muyembe a ser sujetos de ensayos clínicos en República Democrática del Congo, donde las tasas de contagio de COVID-19 siguen siendo relativamente bajas.

En apenas horas, el doctor Muyembe aclaró sus dichos en un mensaje de video, y confirmó que la vacuna solo se probaría en República Democrática del Congo después de que se hagan ensayos en países como Estados Unidos y China:

Ayer el doctor Jean-Jacques Muyembe anunció que República Democrática del Congo estaba entre los países donde se probaría la vacuna de la COVID-19.
Ahora ha aclarado y dicho que ‘spñp se probaría en República Democrática del Congo después de ensayos en países como Estados Unidos y China’ y que no permitiría que los congoleses fueran ‘conejillos de indias’

La lúgubre historia de la experimentación médica en África

La experimentación médica en África, a menudo practicada bajo la apariencia del “bien mayor” de hallar la cura para enfermedades mortales como la meningitis y el VIH/sida, ha encendido las alarmas éticas y morales durante años, especialmente en torno al consentimiento informado y los procedimientos médicos forzados.Estos ensayos suelen ser financiados por las principales organizaciones de salud, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) y el Instituto Nacional de Salud.

En Zimbabue, en la década de 1990, más de 17 000 mujeres seropositivas fueron sometidas a ensayos sin su consentimiento informado para probar el fármaco antirretroviral AZT con financiamiento de las tres instituciones mencionadas.

En la década de 1990, el gigante farmacéutico Pfizer probó un fármaco experimental llamado Trovan en 200 menores en Kano, Nigeria, durante una epidemia de meningitis bacterial. Muchas familias presentaron y ganaron una demanda contra Pfizer por violación del consentimiento informado.

La experimentación médica no solo se entrelaza con la historia del racismo y el colonialismo, también sienta un peligroso precedente pues socava la confianza entre los ciudadanos y las autoridades sanitarias.

“El colonialismo europeo y la biomedicina se extendieron y mutuamente fortalecieron sus alcances”, escribe Patrick Malloy en un artículo académico titulado Material de investigación y necromancia: concepción de la economía política de la biomedicina en la Tanganica colonial.

Desde la malaria a otras condiciones “infecciosas”, las autoridades coloniales a menudo sometían a sus súbditos africanos a la práctica no consentida de recolección espécimen-muestra y “se apropiaban de la sangre africana para alimentar la investigación médica de la era colonial”, escribe Malloy. Y continúa:

In Tanganyika as well as other African colonies, this meant that colonial subjects could be called upon to surrender tissue samples, literally portions of themselves, to the medical authorities.

En Tanganica, así como en otras colonias africanas, esto significó que los súbditos coloniales podrían ser llamados a entregar muestras de tejidos, literalmente partes de ellos mismos, a las autoridades médicas.

Tales prácticas se alternaban con rumores horripilantes en África Oriental acerca de “bandas” empleadas por europeos que secuestraban africanos para extraerles sangre para fabricar una medicina chiclosa conocida como mumiani. El término suajili evoca la imagen del “vampiro” o el “desangrador”, lo que también se ha convertido en sinónimo de “explotación”.

Esta sombría historia ha sembrado una profunda desconfianza en las vacunas, los ensayos médicos y los experimentos en África, y continúa acechando en las decisiones que toman las autoridades sanitarias que trabajan en sincronía con funcionarios gubernamentales y empresas farmacéuticas de nivel global.

La debacle de la década de 1990 con las pruebas de meningitis en Kano, Nigeria, sembró una desconfianza tal que más tarde dificultó la promoción de los ensayos de la polio. Florecieron los rumores en torno a la vacuna contra la polio. Estos rumores se diseminaron como noticias y con el tiempo se tradujeron en una regulación regional que prohibió la vacuna contra la polio en Nigeria en 2003.

Deshacerse de los ‘vestigios’ coloniales

¿Qué significa todo esto para los potenciales ensayos de la COVID-19 en África? Cibernautas y activistas han expresado enfáticamente la visión de que “los africanos no son conejillos de indias”.

El director general de la OMS Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha tildado la actitud de los dos médicos franceses como un “vestigio” de una “mentalidad colonial” y declaró:

Africa can't and won't be a testing ground for any vaccine.

África no puede ser ni será un campo de pruebas para ninguna vacuna.

No obstante, el miedo y la desconfianza profundamente asentados en contra de la experimentación médica también han complicado el rastreo de contactos y los exámenes para contener la difusión del altamente contagioso coronavirus para los trabajadores de la salud.

El 6 de abril en Costa de Marfil, manifestantes incendiaron un centro de pruebas de COVID-19, afirmaban que su ubicación en un lugar poblado era inapropiado. El ataque evocó el “recuerdo de las actitudes durante los brotes de ébola en África Occidental y Central, cuando algunas personas atacaron a trabajadores de la salud bajo la sospecha de que estaban llevando la enfermedad hacia sus comunidades, en vez de estar ofreciendo cuidados médicos cruciales”, informó la BBC.

Sin embargo, en la última etapa del brote del ébola de 2018 en República Democrática del Congo, los ensayos humanos críticos administrados a pacientes de ébola “dentro de un marco ético”, bajo la orientación médica del doctor Muyembe y el Gobierno de República Democrática del Congo, finalmente salvaron vidas. En noviembre de 2019, se había aprobado una vacuna luego de que se hiciera pruebas a miles de congoleses con ébola.

La OMS esperaba declarar a República Democrática del Congo como un país libre de ébola para el 12 de abril, pero después de más de 50 días sin un solo caso, un hombre de 26 años contrajo ébola y falleció el 10 de abril.

Ahora, además del ébola y la constante crisis humanitaria, República Democrática del Congo debe dirigir su atención hacia la mitigación del brote de coronavirus.

Actualmente hay 62 iniciativas en marcha para hallar una vacuna para la COVID-19. Los ensayos de vacuna con carácter responsable y ético toman tiempo y atención. ¿Mantendrán las grandes farmacéuticas los mismos estándares éticos en África a los que suelen adherirse en los ensayos realizados en países occidentales?

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