Lucha contra COVID-19 llega acompañada de cierres de periódicos en Medio Oriente

Un hombre lee un periódico en Marruecos, 11 de enero, 2010. Fotografía de Martijn.Munneke, (CC BY 2.0).

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En la “guerra” contra la COVID-19, varios Gobiernos en Oriente Medio están suspendiendo la prensa escrita “hasta nuevo aviso“.

El sector de medios y la prensa, en particular, estaban en malas condiciones en la región de Medio Oriente y Norte de África. Como en otras partes, tras la disminución de los ingresos durante años, la digitalización, el contenido de baja calidad y la coptación de las autoridades conllevaron al descenso en la cantidad de periódicos impresos y lectores.

La COVID-19 es el golpe más reciente a la prensa escrita. Dado que varios Gobiernos a lo largo de la región suspendieron la circulación de los periódicos, los medios impresos se convirtieron en una víctima silenciosa del virus:

17 de marzo, 2020: En Jordania, el Consejo de Ministros suspendió la publicación de todos los periódicos “porque contribuyen a la trasmisión de la pandemia”.

22 de marzo, 2020: En Omán, el Comité Supremo para lidiar con la COVID-19 ordenó a todos los periódicos, revistas y demás publicaciones suspender sus labores y circulación. En Marruecos, el Ministerio de Cultura, Juventud y Deporte suspendió toda publicación y distribución de ediciones impresas debido a que “una gran cantidad de personas utilizan diariamente el papel impreso, esto contribuye a que se propague el virus, por lo tanto, es necesario prohibir el papel para proteger la salud de los ciudadanos”.

23 de marzo, 2020: En Yemen, el ministro de Comunicación del gobierno de Hadi, que ha sido reconocido a nivel internacional, emitió un decreto en el que suspendió la circulación de los periódicos impresos como medida de prevención para detener la propagación de la COVID-19.

24 de marzo, 2020: En Emiratos Árabes Unidos, el Consejo Nacional de Medios de Comunicación suspendió la distribución de todos los periódicos y revistas impresas.

>La serie de prohibiciones impuestas a los diarios impresos a lo largo de la región desestabiliza aún más una frágil industria y genera un vacío en la circulación de información.

Para los periodistas que luchan con precarias condiciones de trabajo, estos cierres infligirán graves repercusiones financieras, y hasta despidos.

La Asociación Jordana de Periodistas exhortó al Gobierno a apoyar urgentemente al sector y proteger a los periodistas. “Cientos de periodistas y trabajadores del sector de prensa no están recibiendo ingresos y pueden perder sus empleos”, dijo la asociación, y añadió que el Gobierno debe “encontrar medidas adecuadas que permitirán a los periódicos impresos continuar [publicando]”.

Vendedor conocido como El-Abdi vende libros y periódicos en Rabat, Marruecos, 17 de mayo de 2017. Fotografía de Zackariaouad vía (CC BY-SA 4.0).

Para los lectores, estas medidas generaron un impacto negativo en su derecho al acceso de la información. La prohibición en Yemen, por ejemplo, tiene incluso un impacto más profundo pues la penetración de internet es baja, solo alcanzó un 25 % en 2019 –y se concentra principalmente entre la juventud en áreas urbanas. No queda claro cómo los lectores de publicaciones impresas harán la transición a los medios en línea, si es que harán la transición, o quién cubrirá este vacío.

Acceder a una fuente confiable de información basada en hechos es imprescindible, particularmente durante una crisis, momento en el que se recurre a los medios para comprender la situación y obtener información práctica. Sin embargo, la mayoría de los Gobiernos en la región –que conservan antiguas prácticas autoritarias– en cambio han intentado controlar y restringir la libertad de expresión.

En realidad, no existe evidencia ni correlación entre la circulación de periódicos impresos y la propagación de la COVID-19. Se considera seguro recibir paquetes, como periódicos, incluso en zonas que han reportado una alta incidencia de casos de COVID-19.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud:

The likelihood of an infected person contaminating commercial goods is low and the risk of catching the virus that causes COVID-19 from a package that has been moved, travelled, and exposed to different conditions and temperature is also low.

La probabilidad de que una persona infectada contamine bienes comerciales es baja y el riesgo de contraer el virus que causa la COVID-19 a través de un paquete que ha sido trasladado y ha estado expuesto a condiciones y temperaturas diferentes es también bajo.

Por lo tanto, existe la posibilidad de que las decisiones de cerrar los diarios impresos fueron motivadas desde un punto de vista político y no se basaron en evidencia científica.

Otros países afectados por la pandemia de la COVID-19 eligieron un enfoque diferente. Incluso en Italia, que es el epicentro de la crisis y donde el número total de víctimas se aproxima a las 20 000 y se aplican estrictas normas de cuarentena, los periódicos no han dejado de publicar.

En Francia, que también fue golpeado gravemente por el virus, catalogaron a los vendedores de periódicos como “actividad comercial indispensable” por lo que les permitieron continuar con sus labores. Diferentes sectores, consejos locales, empresas de paquetería y distribuidores establecieron alianzas para garantizar que los periódicos impresos estén disponibles al público.

En el Reino Unido, el diario gratuito Metro y la edición impresa de Evening Standard, distribuidos extensamente a las personas en las estaciones del metro, han perdido gran audiencia con los cierres de emergencia. Ahora los distribuyen en los supermercados y los reparten de casa en casa.

Estos ejemplos demuestran los esfuerzos colectivos para mantener al público informado. Se conserva la libre circulación de la información y esto contribuye a generar resiliencia en una crisis.

Medio Oriente no adoptó este enfoque.

Su forma de reaccionar ante desafíos importantes, como la COVID-19, es mantener la represión y el control. Se están oprimiendo los derechos humanos y la libertad de expresión sin mayor oposición ni objeción.

Entretanto en Irak, los manifestantes continúan ignorando las restricciones y se enfrentan con la policía para protestar contra el asesinato de los activistas contra el Gobierno; los movimientos políticos y las manifestaciones en Argelia y Líbano fueron truncados con la adopción del distanciamiento social y las prohibiciones a las congregaciones.

Un activista argelino, que solicitó permanecer en el anonimato, dijo a Global Voices:

They could not have dreamed of it. This virus is a benediction for the authorities. It gave them the excuse to stop us gathering and protesting for change that in other circumstances we would never have accepted.

No pudieron haberlo soñado. Este virus es una bendición para las autoridades. Les dio la excusa para evitar que nos reunamos y protestemos por un cambio, que bajo otras circunstancias nunca hubiésemos aceptado.

Ahora que la imprenta dejó de funcionar en algunos países en la región, no existe garantía de que surja de nuevo. Dado que no hay ninguna fecha ni señal de cuando los periódicos podrán regresar a los quioscos nuevamente, y si es que podrán volver, ¿podría el simple acto de recoger un periódico o revista impresa convertirse en un recuerdo distante en países como Jordania, Yemen y Marruecos?

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