Notas desde Kazajistán: Palomas, desinfectante y COVID-19

La Plaza de la República desierta en Almaty, Kazajistán. Foto (c): Joanna Lillis. Usada con autorización.

Palomas.

Nunca había pensado realmente en ellas. Excepto, de niño, para perseguirlas. O como padre para rogarle a mi hijo que no las persiguiera.

Luego, 30 palomas perecen a plena luz del día y el Ministerio de Ecología abre una investigación. Y comienzas a sentirlo.

Te picotea la piel.

Las dos ciudades más grandes de Kazajistán, Almaty y Nursultán, han permanecido confinadas durante más de un mes.

En las últimas semanas, la mayor parte del resto de asentamientos importantes se les ha unido, a medida que crecen grupos de nuevos coronavirus en casi todos los rincones del noveno país más grande del mundo.

La inmensidad de la estepa limita la conectividad entre los centros remotos, pero esto ha demostrado no ser una vacuna.

La cuarentena de mi familia es privilegiada. Nuestro apartamento es bastante amplio. Los metros cuadrados en el interior se vuelven más importantes cuando se cierra el acceso a los kilómetros cuadrados en el exterior (parques, parques infantiles* y áreas peatonales). Tenemos los recursos para esperar pacientemente.

Otros en Kazajistán no. El autoritario régimen del país se ha comprometido a entregar mensualmente alrededor de cien dólares estadounidenses para los aproximadamente cuatro millones de ciudadanos que se quedaron sin trabajo como resultado del confinamiento. Es más de lo que los países vecinos de Asia Central pueden pagar, pero aún es insuficiente.

Este tuit de un periodista de Kirguistán, país vecino de Kazajistán, resume el abismo entre los sectores de población relativamente acomodados que usan las redes sociales y los que no las usan. Aunque Kirguistán es el más pobre de los dos países, la comparación es válida:

A la izquierda, un usuario de Twitter se queja de quedarse sin whisky y aumentar de peso durante la cuarentena. A la derecha está el resto de Kirguistán.

Los Gobiernos de esta autoritaria región consideran la carrera para aplanar la curva como algo experimental.

Si la elección entre la propagación del hambre y la del insostenible COVID-19 se vuelve binaria, hasta los regímenes que resistieron a la vorágine económica de la década de 1990 tendrán miedo.

¿A quién pertenecen los parques infantiles?

Mientras los Gobiernos europeos han debatido y reflexionado sobre cómo hacer cumplir los regímenes de cuarentena y el distanciamiento social, la respuesta aquí se siente más reflexiva.

Y cuando al Estado se le escapa algo, hay una red de informantes para ayudar.

El grupo de WhatsApp de nombre Comité de Acción, creado por los administradores de nuestro complejo residencial para mantener al corriente a los habitantes sobre las medidas de cuarentena, pronto se convirtió en un poderoso grupos de presión que exigía su cumplimiento: “¿Cómo se atreven las familias a aprovechar sus paseos autorizados a los contenedores de basura para pasear por el complejo, no una vez, sino varias veces? ¡La gente camina sin mascarillas, incumple las recomendaciones del Gobierno! ¡¿Has visto a los niños que siguen jugando al baloncesto?!”.

Desde entonces, la Policía y los militares se han presentado para patrullar el complejo casi todas las mañanas. De esta forma, ya no hay ni rastro de los jugadores de baloncesto cuyos juegos daban al patio una apariencia de normalidad.

La crisis de COVID-19 es una oportunidad para que el Estado demuestre su fortaleza, pero también deja al descubierto sus debilidades.

Las autoridades de la capital de Kazajistán, Nursultán, presumían de que su red de radares fabricados en China tendrían su mirada puesta en los conductores para asegurarse de que no rompieran la cuarentena.

Y, sin embargo, el Gobierno no ha podido evitar las altas tasas de contagio entre los médicos que se encuentran en primera línea de batalla: en efecto, los médicos representan casi el 30 % de los aproximadamente 2300 casos de COVID-19 en el país.

El equipo de protección individual es, en muchos casos, escaso. Entonces, cuando la epidemióloga jefe de Almaty culpó a los médicos por haberse contagiado, los médicos y las enfermeras se rebelaron y amenazaron con demandarla. Recibieron mucho apoyo público. El 18 de abril, la epidemióloga renunció a su cargo.

El presidente Kassym-Jomart Tokayev, cuyo gobierno se enfrenta a la curva adicional de la caída casi total del precio del petróleoha reconocido desde entonces que no se ha cuidado a muchos empleados del hospital.

La desinfección se parece a otro ejercicio de demostración de fuerza.

Hombres con mascarillas y mamelucos llegan dos veces por semana a complejos residenciales, anuncian su llegada con altavoces y desinfectan todo. Muchos de los espacios que desinfectan (parques infantiles, parques y áreas peatonales) han tenido poco o ningún uso desde que entró en vigor la cuarentena. Pero el ejercicio no es inútil. Se advierte a los vecinos que no es seguro para ellos salir hasta cinco horas después de que se desinfecten los espacios: Quédate en casa.

Las palomas no reciben el mismo acto de cortesía. Al inicio de la cuarentena, en las redes sociales se difundieron imágenes impactantes de las criaturas que yacían muertas en un conocido parque. El Ministerio de Ecología barajó la posibilidad de que las hubieran envenenado y se comprometió a hacer un seguimiento del asunto. Todavía no lo ha hecho, pero la sensación de misterio se ha desvanecido. Esas 30 palomas fueron desinfectadas hasta la muerte.

* El 28 de abril, cuando se publicó el original de esta entrada, los parques infantiles situados junto a complejos residenciales se reabrieron por primera vez en más de un mes. La medida formaba parte de una orden presidencial del 27 de abril que extendió la cuarentena hasta el 11 de mayo pero aliviaba algunas restricciones en las ciudades donde está en vigor. La orden también permitió vuelos internos entre las mayores dos ciudades de Kazajistán, Almaty y Nursultán.

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