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¿Por qué aumentan las dificultades de dejar una pareja violenta durante el confinamiento?

Ciclo de la violencia. Foto de la Casa de Refugio Matilde en Quito, Ecuador. Usada con permiso.

Esta historia es la primera parte del reportaje de la autora acerca de mujeres con parejas violentas en tiempos de confinamiento. Este es el enlace a la segunda parte.

Elisa (nombre protegido) es una mujer ecuatoriana de 41 años con una maestría y una empresa propia que vive violencia doméstica por parte de su pareja. Aunque casi la mitad de mujeres en Ecuador ha sufrido este tipo de violencia al menos una vez en su vida, Elisa siente que las relaciones abusivas son poco comprendidas por personas que no las han tenido. Así lo expresó en una entrevista telefónica con Global Voices:

Me dicen: ‘Solo déjalo’, pero no funciona así. Quien no ha pasado por esto no siempre entiende por qué es tan difícil dejar a una pareja violenta, y estos comentarios solo hacen que me sienta juzgada y deje de contar lo que me pasa. Yo he intentado separarme de mi pareja algunas veces, pero él se convirtió en el centro de mi universo. Por eso, a pesar de todo, sigo con él.

Esteban Laso, psicoterapeuta y psicólogo social, explica que las dificultades para terminar una relación de pareja violenta que describe Elisa son comunes, pues éste es un proceso complejo que puede tomar años, y un promedio de 5 a 7 intentos. Según Laso, esto se debe a que romper cualquier relación (sea ésta violenta o no) siempre cuesta, pero la violencia presenta algunos factores que dificultan la separación todavía más.

Protocolo de atención para mujeres víctimas de violencia en Ecuador, compartido por Surkuna.

Estas dificultades pueden incrementar en situaciones de crisis, tales como la pandemia que estamos viviendo. Ecuador lleva más de un mes en cuarentena, con toque de queda desde las 2 de la tarde hasta las 5 de la mañana. Lily Rodríguez, presidenta del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer, CEPAM, comenta que la violencia doméstica puede aumentar en estas circunstancias; por ejemplo, el confinamiento disminuye la posibilidad de buscar ayuda y ofrecer soporte.

Rodríguez añade que la separación afectiva es un requisito indispensable para la separación física, pero es difícil lograrla al convivir con la pareja todo el tiempo. Elisa cuenta que esta dependencia emocional es la razón principal que la mantiene junto a su pareja:

Se piensa que solo es cuestión de tomar la decisión, pero no. Yo he decidido irme algunas veces, y he estado en terapia mucho tiempo, pero los hombres violentos son excelentes manipuladores y tienen mucha experiencia en hacer que te aferres a ellos. Esto hace muy complicado deshacer el lazo emocional que te ata a esa persona. Tú sabes que lo que te están haciendo está mal y que estás en peligro, pero tu dependencia hacia ellos es más fuerte.

Laso dice que esto se debe a que, si bien se tiende a considerar que lo que prima en el ser humano y en la toma de decisiones es la razón, éste es un supuesto equivocado:

El fundamento de las relaciones humanas es el amor. Sin amor nos morimos, entonces haremos lo que haga falta para evitar la pérdida de relaciones afectivas importantes, incluso si esto implica sacrificarse uno mismo. Por eso, la primera pregunta que se hace una mujer en una relación violenta no es si la debe abandonar o no, sino si su pareja puede cambiar.

Soledad Ávila, psicóloga clínica encargada de la dirección académica de la Fundación Azulado en Ecuador, añade que muchas veces el abuso empieza por violencia psicológica, la cual es más difícil de reconocer y afecta la autoestima de la víctima, disminuyendo así su posibilidad de dejar la relación. Según Ávila, a esto se suma que el agresor no es violento todo el tiempo, también tiene sus momentos buenos donde declara “amor eterno” y ofrece cambiar. Este ciclo genera patrones difíciles de romper.

Recomendación de CEPAM. Más consejos aquí.

El miedo a que la violencia incremente con la decisión de dejar la relación también frena el proceso. Este temor puede aumentar durante la cuarentena, donde las restricciones de movilidad dificultan buscar y ofrecer auxilio ante una amenaza. Sin embargo, Rodríguez aclara que en Ecuador está permitido salir a pedir auxilio ante una amenaza inminente durante el confinamiento.

Ávila añade que las normas culturales que sostienen una estructura violenta también influyen:

Se promueve una posición pasiva de la mujer. Esto nos lleva a aguantar y pensar que, con paciencia, vamos a lograr que nos traten bien. Muchas veces no notamos estas ideas porque están muy arraigadas en la sociedad.

Estas normas culturales se entremezclan con factores económicos y estructurales. Por ejemplo, existen desigualdades que sitúan a la mujer en una posición de desventaja y dependencia económica que hacen que no pueda separarse si no cuenta con los ingresos necesarios para ella y sus hijos, ya que, de haberlos, la responsabilidad generalmente recae sobre ellas. La cuarentena intensifica la dificultad de generar este sustento.

Por otro lado, pese a que en Ecuador existen normas y protocolos de atención a víctimas de violencia, Ávila identifica una falta de reconocimiento del problema en profesionales de distintas áreas, como el de salud y el judicial. Ese fue el caso para Elisa, quien cuenta:

Aparentemente tienes apoyo legal, pero existen muchas trabas que te desaniman. Cuando mi pareja me pegó por primera vez, fui a denunciarlo, pero fue terrible. El abogado me dijo: “Si vas a poner la denuncia tienes que seguir hasta el final y no puedes volver con él”. Yo no estaba lista para eso.  Lo que te deberían decir es: “Tu vida está en peligro. Vamos a poner la denuncia juntos y vas a tener un acompañamiento psicológico y legal para que tú culmines este proceso”, pero te asustan en vez de darte este soporte.

Rodríguez concluye que para abordar estas dificultades se requiere una combinación de esfuerzos, y considera que la cuarentena presenta la necesidad de nuevas vías para juntarlos:

Es fundamental que las mujeres no se sientan solas en el confinamiento; que sepan que estamos unidas de diferentes maneras, y que esta unión nos fortalece. Así, seguimos tejiendo hilos de solidaridad que aumentan nuestra resistencia colectiva hoy y siempre.

Si estás viviendo violencia en Ecuador durante la cuarentena, puedes llamar a ECU 911, o buscar más información en este protocolo o en las páginas de CEPAM y la Fundación Casa de Refugio Matilde.

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