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África Oriental enfrenta triple dilema entre COVID-19, langostas e inundaciones

 

Enjambre de langostas del desierto en Kipsing, cerca de Oldonyiro, ciudad de Isiolo, Kenia. La actual situación del África Oriental es alarmante, ya que se están formando bandadas de saltamontes, y el número de nuevos enjambres sigue aumentando al sur de Etiopía y Somalia en Kenia. ©FAO/Sven Torfinn, usada con autorización.

COVID-19, langostas del desierto, lluvias torrenciales e inundaciones… ¿A cuál de esta “triple amenaza” debería poner su atención África Oriental?

Mientras que las lluvias llegan con la temporada de siembra a lo largo de toda una región en la que han impuesto varias restricciones ante el coronavirus, esta pregunta —aunque un tanto retórica— está en la mente de muchas personas.

El 22 de abril, el periodista Charles Onyango-Obbo tuiteó esta pregunta polémica muy específica:

COVID-19 en África, lluvias torrenciales e inundaciones letales, cambio climático, junto con las langostas en África Oriental… Si tuviéramos que contrarrestar alguna, ¿cuál sería? ¿Cuál sería la menos letal? Dilema de África Oriental.
COVID-19 45 %
Langostas 33 %
Lluvias torrenciales/cambio climático 22 %

De 779 encuestados,  el 45 % dijo que si tuvieran que escoger una crisis para contrarrestar, sería la del coronavirus. El número de casos se ha elevado en todo el continente durante abril. Muchas vidas han tenido cambios drásticos a consecuencia de las medidas preventivas, como confinamientos y prohibiciones de viaje, que básicamente han detenido economías y mercados.

Sin embargo, la plaga de langostas en el Cuerno de África y en África Oriental supuso una amenaza a la seguridad alimentaria mucho antes de que el mundo pusiera su atención en el coronavirus. En efecto, el 33 % de los encuestados dijo que las langostas son potencialmente más letales que el virus o las inundaciones. Por otro lado, el 22 % opinó que las lluvias torrenciales e inundaciones (a consecuencia principalmente por el cambio climático que está sufriendo el continente) son una amenaza a la vida en África Oriental. Las terribles inundaciones han arrasado con los cultivos, lo que ha ocasionado que suban los precios de los alimentos y que las personas luchen por sobrevivir desde Somalia a Sudán del Sur y hasta la República Democrática del Congo.

Así es como esta triple crisis —virus, langostas e inundaciones— no están desconectadas. Ciertamente, cada una está inextricablemente conectada a la otra.

Segunda oleada de langostas

Las langostas —que hoy afectan principalmente la Provincia Central de Kenia, el sur de Etiopía y Somalia— son el resultado de un “clima húmedo inusual, en los últimos 18 meses, que ha generado las condiciones perfectas para su reproducción”, de acuerdo con el informe de Bloomberg.

En enero de 2020, se registró la mayor plaga de langostas de los últimos 70 años, en varios países de África Oriental. Esa plaga destruyó más de 25 millones de hectáreas de cultivos. Ahora la segunda oleada de eclosión de langostas, descendiente de la primera, podría ser 20 veces más grande —y amenazadora— que la anterior.

Enjambres de langostas del desierto en la Provincia Nororiental de Kenia. Estos voraces enjambres amenazan toda la subregión del África Oriental, 31 de marzo de 2020 en Kipsing, cerca de Oldonyiro, Isiolo en Kenia. ©FAO/Sven Torfinn. Usada con autorización.

“El coronavirus es letal, pero la hambruna mata a más personas […]”, declaró Akinwumi A. Adesina, presidente del Banco Africano de Desarrollo. Asimismo, escribió que las langostas del desierto pueden “arrasar en un día con los cultivos que alimentan a aproximadamente 35 000 personas […]”, por lo que los efectos podrían resultar devastadores en África Oriental, donde 20 millones de personas carecen de seguridad alimentaria.

Para controlar a las langostas se ha requerido cantidades inmensas de pesticida —y de voluntad política—. Sin embargo, mientras la segunda oleada de “langostas 19″ se avecina, las naciones de África Oriental han puesto su atención en contrarrestar el COVID-19. De ahí que hayan implementado restricciones a los viajes, que impedirían directamente la mitigación de los enjambres de langostas, que pueden viajar hasta 150 kilómetros en un lapso de 24 horas, y que arrasan con la comida que está destinada para consumo humano. Los analistas afirman que muchos campesinos no tendrán temporada de cosechas en junio.

Hay donantes que prometieron o dieron 153 millones de dólares, a través de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), para que los Gobiernos puedan comprar pesticidas, helicópteros y otros materiales esenciales que son necesarios para combatir la segunda oleada de langostas. A pesar de esto, los “suministros adquiridos por la organización comenzaron a llegar a partir de mediados de marzo, justo cuando la segunda oleada de insectos voraces comenzaba a eclosionar […]”, de acuerdo con la fuente de The New Humanitarian.

Oficiales del Servicio Nacional para la Juventud observan una langosta del desierto en una clase de biología, durante una sesión de capacitación sobre control de plagas de langostas del desierto, llevada a cabo en el Centro de Capacitación del Servicio Nacional para la Juventud de Kenia en Gilgil, Kenia, 13 de febrero de 2020. ©FAO/Luis Tato, usada con autorización.

Poblaciones debajo del agua

El desesperante zumbido de las langostas es la melodía del cambio climático.

“Este brote en particular comenzó con lluvias intensas, derivadas de dos ciclones, en mayo y octubre de 2018, que azotaron el sur de la Península Arábica. Esto ocasionó que dos generaciones de langostas del desierto se formaran en enjambres. Cada una puede ser 20 veces mayor que la generación anterior.”, escribió Matt Simon para Wired.

Al igual que el coronavirus, “la aterradora realidad es que si no se contrarresta un enjambre de langostas en sus primeras etapas, prácticamente ya no hay nada que hacer para detener su propagación”, advierte Simon.

Internautas como Namaiyana tuitean muy acertadamente que los más pobres serán quienes más padezcan estas crisis:

Inundaciones, langostas, COVID-19, inundaciones [N. de la T.: error tipográfico en original] y langostas otra vez… Estas son catástrofes climáticas que África Oriental está enfrentando; y sí, quienes viven con menos de un dólar al día serán quienes más padezcan estas crisis.

Cuando el pueblo uvira, al sur de Kivu, en la República Demcrática Congo, sufrió de lluvias torrenciales a finales de abril, afectó la vida de al menos 80 000 personas: arrasó con casas y cobró la vida de casi 25 personas, de acuerdo con el reporte del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados.

La mayoría de la gente en el sur de Kivu ya había sido desplazada a causa de la violencia. Ahora que muchos se quedaron sin hogar es prácticamente imposible que se resguarden permanentemente, mientras la República Democrática del Congo también intenta contener la propagación del coronavirus.

En la isla de Unguja, parte del archipiélago semiautónomo de Zanzíbar, las fuertes lluvias han ocasionado una de las inundaciones más fuertes que los poblados han visto desde 1978, de acuerdo con la información del político Simai M. Said:

Comforting my constituents in the village of Ubago after severe floods. The last recorded such heavy rain around the area was 1978. #Tunguu #Mpakabas

Geplaatst door Simai M Said Mpakabas op Zondag 3 mei 2020

Tratando de ayudar a los habitantes del poblado de Ubago después de graves inundaciones. La última así de grave por las fuertes lluvias se registró en 1978.

Desafortunadamente, estas catástrofes desaparecieron del radar, ya que la atención del mundo está en la pandemia del coronavirus:

Mientras que la atención del mundo está puesta en el COVID-19, mi ciudad, Uvira, al este de la República Democrática del Congo, está casi destruida por las inundaciones. Decenas de niños y mujeres han muerto. Necesitamos urgentemente de ayuda humanitaria. Yo soy Uvira.

“Reconfigurando el mundo”

Esta “devastadora temporada” de plagas y coronavirus revela todo tipo de contradicciones, de acuerdo con la escritora keniana, Yvonne Adhiambo Owuor, quien redactó una carta con gran elocuencia y que tituló “La pestilencia, los populistas y nosotros” para el portal en línea The Elephant.

El “favorecedor autoengaño y toda la mitología que tenemos sobre nosotros mismos y el lugar del ‘otro’ se han desvanecido y, en varios casos, destrozado de una manera muy pública”, escribió. “Espero que se genere una reorientación, un rediseño y una reconfiguración masivas del mundo”.

Así, para poder enfrentar el dilema actual de África Oriental —las tres crisis al mismo tiempo—, se requerirá de creatividad, resiliencia, liderazgo y grandes inversiones, y con esto, “reconfigurar el mundo”.

Akinwumi A. Adesina, presidente del Banco Africano de Desarrollo, creó varias políticas para salvaguardar las vidas de las personas con el fin de que se promulguen en toda África, y así frenar el golpe simultáneo del coronavirus, las langostas y las inundaciones: primero, establecer una “ruta verde”, libre de impuestos, en toda África para permitir el libre paso expedito de comida y pesticidas. Segundo, establecer medidas para evitar el alza de precios en los alimentos, políticas que no sean restrictivas, así como la liberación de los alimentos en la reserva de granos del Gobierno. Por último, invertir en tecnología que sea segura e innovadora para la producción de alimentos..

En África Oriental, no es una opción enfocarse solamente en el coronavirus —o solamente en las langostas del desierto o en las inundaciones masivas debido al cambio climático—. De eso depende el futuro.

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