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En Medio Oriente, muchas mujeres enfrentan doble amenaza: abusador adentro, virus afuera

Mujeres irakíes en Bagdad, Irak, 4 de abril de 2016. Foto de David Stanley vía Flickr (CC BY 2.0).

En muchos países alrededor del mundo, la violencia doméstica aumento debido a la pandemia de COVID-19 que ha obligado a las personas a refugiarse en casa.

En virtud de varias órdenes de cuarentena y confiamiento, la violencia contra la mujer ha aumentado —incluso en democracias progresistas. Francia informó un aumento del 30 % en violencia doméstica desde que el país entró en cuarentena. Algo similar ocurrió en Italia, España, Reino Unido, Brasil y China.

El problema sigue sin solución en la región de Medio Oriente y el Norte de África, donde la violencia en sociedades mayormente patriarcales es particularmente agudo. Ahí, la pandemia de COVID-19 interviene junto con conflictos a gran escala, levantamientos y depresión económica.

Esta situación generó al Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, a pronunciarse contra un “terrible brote de violencia doméstica”, y pidió acción gubernamental urgente.

Cuando el hogar es un lugar peligroso

La violencia contra la mujer no es un flagelo reciente en la región, donde los índices siguen altos en evaluaciones generales de igualdad de género. La violencia sexual y de género son crónicas y endémicas. La “pareja sentimental” es el autor más común de la violencia.

Las mujeres enfrentan una amplia gama de discriminaciones legales y normas sociales patriarcales en la región, donde la participación en espacios públicos y cívicos es bajo —solamente el 25 % forma parte de la fuerza laboral.

Ahora, con las familias obligadas a quedarse en casa, la violencia ha aumentado en escala y severidad en toda la región. Túnez ha informado que la violencia de género ha aumentado cinco veces desde que empezó la pandemia de COVID-19, según la ministra de Mujer, Niños y Ancianos de Túnez, Asma Shiri Laabidi.

Habitaciones hacinadas y malas condiciones de vida aumentan la experiencia de hipervigilancia y supervisión entre familias grandes que viven en lugares cerrados. Según Yosra Frawes, presidenta de la Asociación Tunecina de Mujeres Demócratas:

Many women report feeling that they are suffocating as a result of the physical proximity to their husbands who are watching their every move.

Muchas mujeres denuncian sentir que se sofocan como resultado de la cercanía física con sus esposos, que vigilan todos sus movimientos.

En el Líbano, donde aumentaban los levantamientos masivos contra la corrupción y una economía deficiente antes de que el virus obligara al confinamiento, la violencia doméstica había aumentado 20 %.

En Marruecos, una encuesta del Gobierno de 2019 encontró que la mitad de las mujeres sufrían de violencia, pero menos del 7 % lo denuncia. Recientemente, un grupo de organizaciones de derechos de la mujer hizo sonar las alarmas y envió una carta a las autoridades con un mensaje claro: “El hogar se ha vuelto el lugar más peligroso para las mujeres”.

La violencia física suele ser la etapa final de una larga cadena que empieza con maltrato verbal y también puede incluir abuso sexual. Najia Tazrout, jefa de Anjad, organización marroquí contra la violencia de género, dice:

Marital rape is a taboo and women don’t talk about it. Women accept this violence because they are financially dependent on their husband who is often the only breadwinner in the family.

La violación dentro del matrimonio es un tabú y las mujeres no hablan al respecto. Las mujeres aceptan esta violencia porque dependen financieramente de sus esposos, que a menudo es el único que aporta el dinero en la familia.

Redes de apoyo interrumpidas

Ahora, muchas mujeres se encuentran confinadas por periodo indefinido con sus abusadores. Debido a restricciones  de viaje o temores de exponerse al virus, las mujeres ya no pueden buscar refugio en casa de sus padres. Se aíslan cada vez más y no pueden acceder a redes de apoyo y servicios sociales.

Las pocas instituciones y organizaciones públicas que brindan apoyo a la mujer —muchos refugios, espacios seguros y centros de salud de la mujer— cerraron o estan en dificultades por trabajar con prespuestos exiguos. Los servicios de planificación familiar también cerraron. Los tribunales están suspendidos y la Policía se ha dedicado mayormente a aplicar cierres en la región.

Hend, víctima de Marruecos que solamente da su hombre de pila, informó que los “refugios, por temor al virus, se negaron a recibir mujeres”.

Según el director de ABAAD, organización sin fines de lucro que administra refugios para mujeres en el Líbano y funciona como centro de recursos para igualdad de género:

With the cases that are turning up at the shelters right now, we’re seeing a violence more severe than before the financial crisis and even during the revolution. There are more death threats.

Con los casos que están llegando a los refugios en este momento, estamos viendo una violencía más severa que antes de la crisis financiera y hasta durante la revolución. Hay más amenazas de muerte.

También se han denunciado casos de asesinato. El 17 de abril, un hombre mató a tiros a su madre y su hermana en el valle de Beqaa, según una declaración del Ejército libanés.

Un flagelo poco denunciado

Hasta con varias alarmantes denuncias de aumento de violencia doméstica, es probable que el verdadero alcance de la violencia es mayor y queda sin conocerse.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia contra la mujer es la más difundida, pero el tipo de abuso de derechos humanos menos denunciado. Temor normas culturales y estigma son algunas de las barreras que disuaden a las mujeres de denunciar los ataques.

Una encuesta reciente de la Organización Internacional para la Migración encontró que el 75 % de mujeres en Irak no se sienten cómodas de denunciar la violencia con la Policía, por temor a maltrato adicional y estigma cultural.

La falta de protección legal contra la violencia doméstica y de acceso a recursos económicos también impiden que las mujeres denuncien.

En Kuwait, no hay leyes que penalicen la violencia doméstica y sexual contra la mujer. En Irak, un esposo tiene el derecho a “castigar” a su esposa, y los padres están autorizados a disciplinar a sus hijos “dentro de los límites prescritos por la ley o la costumbre”.

COVID-19: Respuesta predominantemente masculina ignora derechos de la mujer

Los Gobiernos han impuesto cuarentenas sin planificar no tomar suficientes medidas para enfrentar la violencia de género causada por el confinamiento.

Mientras la violencia doméstica aumenta durante las emergencias —sobre todo cuando las parejas pasan largos periodos juntas bajo el mismo techo— los derechos de la mujer simplemente no fueron parte de la respuesta.

Suad Abu-Dayyeh de Equality Now concluye que los Gobiernos de la región han “olvidado completamente todo el asunto del aspecto del coronavirus de la violencia contra la mujer”. La falta de preparación y las demoras en abordar la violencia signfica que ha ocurrido daño irreparable que pudo haberse evitado.

La respuesta dividida en géneros a la pandemia se ha enmarcado como un “esfuerzo de guerra” en la región —que replica la dinámica de género patriarcal.

Mientras las mujeres han sido movilizadas mayormente a la primera línea como personal de salud, pues conforman el 70 % de personal de salud, según la OMS, también son las principales personas a cargo.

Según la Organización Internacional del Trabajo, las mujeres realizan el 76 % del total de horas de cuidado no remunerado —más del triple de los hombres.

Las mujeres han estado confinados a un rol principal y rezagadas de mayores decisiones ejecutivas. Están subrepresentadas en la respuesta política. Quienes toman las decisiones en la región son abrumadoramente hombres y la representación política de mujeres está en los niveles más bajos del mundo.

Los líderes hombres han vislumbrado una respuesta estratégica a la pandemia en términos de presupuestos y planes que no priorizan los problemas de la mujer. Los medios también repiten este desbalance de poder. Los hombers lideran predominantemente las discusiones públicas sobre COVID-19 y actúan como las principales fuentes de información.

La pandemia ha vuelto a exponer la dura situación de los derechos de la mujer en la región y a exacerbar la silenciosa pero mortal pandemia de la violencia doméstica.

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