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En Afganistán, la guerra no perdona a recién nacidos en salas de maternidad

Fuerzas de seguridad afganas montan guardia en el sitio donde ocurrió un ataque dirigido a recién nacidos y madres primerizas en Kabul, Afganistán, 12 de mayo 2020. Fotografía de  Ezzatullah Mehrdad, usada con autorización.

Cuando los afganos despertaron la mañana del 12 de mayo, y se enteraron de dos nuevos ataques terroristas, se percataron de que la guerra en curso alcanzó nuevos niveles de brutalidad: en esta ocasión, ni siquiera perdonó la vida de recién nacidos y sus madres.

Sala de maternidad en Kabul bajo ataque

Ese día, tres personas armadas tomaron por asalto una sala de maternidad administrada por la ONG Médicos sin Fronteras ubicada en el vecindario de Dasht-e-Barchi, al oeste de Kabúl. Global Voices pudo hablar con varios testigos del suceso, incluida la familia de Soraya Ibrahimi, mujer embarazada de 31 años, que había sido trasladada a la clínica el 11 de mayo a las 23 horas. Soraya dio a luz a su bebé a la una de la mañana, y mientras su familia esperaba su regreso, un vecino informó que la clínica estaba bajo ataque.

La familia se dirigió rápidamente a la clínica donde los atacantes habían ingresado en las instalaciones y comenzaron a matar a los bebés, algunos ni siquiera tuvieron la oportunidad de ver a sus madres. Su bebé sobrevivió, pero a Soraya la mataron.

“Los guardias de la clínica estaban desarmados por lo que los atacantes ingresaron sin ningún problema”, indicó el testigo Habibullah Amiry a Global Voices. “Pasaron 30 minutos antes de que la Policía llegara a la escena. Siguieron matando durante 30 minutos sin ningún impedimento”.

Como muchos de los doctores y enfermeras sabían de las habitaciones seguras en la clínica, pudieron escapar, pero los recién nacidos, las embarazadas y demás pacientes no pudieron ocultarse de las balas. De acuerdo con Anisa Shaheed, periodista que visitó el lugar del ataque, tres mujeres y un menor recibieron impactos de bala en el pasillo; a siete mujeres las mataron en sus camas; a otras dos las mataron en el piso de un quirófano; mataron también a una mujer que cargaba a su bebé en brazos, y una enfermera murió incinerada 

“Por qué no pudimos trasladar a todas esas madres a las habitaciones seguras”, Wahida Mukhtar, trabajadora de la clínica, escribió en una publicación de Facebook. “Esta tristeza me matará”. Una mujer que ingresó a una habitación segura dio a luz en la habitación, mientras los atacantes mataban gente en el exterior.

Los atacantes se involucraron en un enfrentamiento armado con las fuerzas de seguridad afganas que duró cuatro horas, que dejó inquietas a cientos de personas que estaban fuera de la clínica por el destino de sus seres queridos que se encontraban atrapados en el lugar. El Ministerio de Salud afgano informó que 24 mujeres y recién nacidos murieron en el ataque.

Incluso los muertos están bajo ataque en este aumento de la violencia

En otra parte de la provincia de Nangarhar, al este del país, un terrorista suicida caminó entre 500 personas que asistieron al funeral de un comandante de la policía local, Sheikh Akram. El imam había solicitado a las personas que formaran filas y anunciado el inicio del rezo cuando una explosión dispersó a la multitud, lo que produjo la muerte de aproximadamente 30 personas y dejó heridas a otras 70.

“El cuerpo de Sheikh Akram estuvo cerca de la explosión”, dijo el testigo Naeem Jan Naeem a The New York Times. “Hirieron su cuerpo después de que murió”.

Tensión por Acuerdo Estados Unidos – Talibán

Los ataques ocurrieron en el contexto de un frágil proceso de paz entre el Talibán y Estados Unidos que firmaron un acuerdo el 29 de febrero, con la esperanza de concluir pronto la guerra. Se esperaba que el acuerdo disminuyera la violencia en el país y promoviera diálogos entre el Gobierno afgano y el Talibán.

Sin embargo,, el acuerdo alcanzó un punto muerto debido a un problema concerniente a la liberación de 5000 talibanes de la prisión. El Gobierno afgano se rehusó a liberar una cantidad tan grande, y al final, solo liberó a una pequeña cantidad.

Pese a las solicitudes internacionales de un cese al fuego humanitario, el Talibán continúa librando una guerra en las áreas rurales. El Gobierno afgano atribuyó al Talibán la culpa de los ataques en el hospital en Kabul y el atentado suicida en Nangarhar. El presidente Ashraf Ghani ordenó a las fuerzas afganas que dejen su anterior “defensa activa” para proceder con una ofensiva contra el Talibán.

En respuesta, los talibanes dijeron en una declaración que el Gobierno estaba echando a perder los diálogos de paz y le atribuyeron la culpa por los ataques en el hospital. El Talibán dijo que estaba preparado para librar una guerra contra el Gobierno.

Ataques recurrentes a chiítas hazara

Como bien se pregunta Deborah Lyons, directora de la Misión de Naciones Unidas en Afganistán:

La Misión de Naciones Unidas en Afganistán manifiesta conmoción y repugnancia por los ataques terroristas ocurridos hoy en el hospital de maternidad de Kabul y en un funeral en Nangarhar, que provocaron significativas pérdidas de civiles. Naciones Unidas en Afganistán exhorta a que los responsables se enfrenten a la justicia y ofrece sus condolencias a las víctimas y sus familias..
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¿Quién ataca a recién nacidos y nuevas madres? ¿Quién hace esto? Al más inocente de los inocentes, ¡un bebé! ¿Por qué? La crueldad no tiene seguidores de la raza humana

El Estado Islámico se atribuyó la responsabilidad por el atentado suicida en Nangarhar, pero ningún grupo se atribuye la responsabilidad por el atentado contra las madres y recién nacidos en el vecindario Daetsh-e-Barchi de Kabúl, una zona donde predomina la comunidad shiíta-hazara que ha sido objeto de sonados ataques contra los civiles desde 2015, cuando el Estado Islámico se tribuyó la responsabilidad.

Entre los ataques anteriores que ha experimentado la comunidad se pueden mencionar los atentados suicidas en una mezquita, en un centro educativo, en una instalación deportiva y un salón de boda. Los atentados suicidas asesinaron a muchos civiles que se congregaron para celebrar, lamentar y aprender.

“El suceso es más que doloroso, es una catástrofe”, dijo la lugareña Amiry a Global Voices. “Masacran a nuestros adolescentes en el centro educativo; nos asesinan en el salón de bodas; ningún mezquita está a salvo y, esta vez, un hospital. Somos el pueblo más indefenso. Cortan nuestras manos del cielo y nuestras piernas del suelo”.

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