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Sigue la pesadilla en Siria frente a nuevos temores por el coronavirus

Campo de refugiados de Atmeh en Alepo, Siria. Foto de IHH Humanitarian Relief Foundation (CC BY-NC-ND 2.0).

Desde marzo de 2011, la guerra en Siria se llevó más de 400 000 vidas y desplazó a casi 6,5 millones de personas. El conflicto en curso se ha convertido en una de las peores crisis humanitarias de la historia reciente.

El coronavirus solo agrega una nueva capa de potencial amenaza para miles de desplazados sirios.

Entre el 1 de febrero y el 31 de marzo de 2020, 312 civiles resultaron muertos como consecuencia de bombardeos aéreos, detonaciones de explosivos improvisados (IED) y asesinatos dirigidos desde todas las partes enfrentadas, según informa la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas por los Derechos Humanos (ACNUDH). Entre las partes en conflicto se encuentra el régimen del presidente sirio Bashar al-Assad y sus aliados de Rusia e Irán que se disputan el poder y el control con varios grupos rebeldes.

Una cantidad sin precedentes de desplazados internos se reúnen en la provincia noroccidental de Idlib, la última ciudad importante controlada por los rebeldes en el noroeste y posible puesto fronterizo para llegar a Turquía. La región, de casi 4,5 millones de desplazados, sigue bajo el control del grupo militante Tahrir al-Sham.

Tal concentración de desplazados internos suscitó en la comunidad internacional la preocupación de que esta comunidad, que ya vive en las condiciones más adversas, se vea gravemente afectada por la pandemia de COVID-19.

A pesar del acuerdo del 6 de marzo entre Rusia y Turquía para limitar los bombardeos sobre Idlib, la situación humanitaria sigue siendo alarmante. No se han informado ataques aéreos desde el día del cese al fuego, pero las fuerzas del régimen continuaron los bombardeos intermitentes.

A pesar de que están prohibidos por las leyes internacionales, los ataques indiscriminados contra civiles continúan, incluso los ataques terroristas de gran escala. Durante febrero, se dieron numerosos atentados en jardines de infantes y escuelas de Idlib, en los que murieron al menos siete maestros y diez niños, según informó Naciones Unidas. El 10 de febrero, un niño murió y dos resultaron heridos en un bombardeo a un campo de Idlib.

Mientras tanto, empieza a surgir la potencial amenaza de propagación del coronavirus en una región ya debilitada. Desde el 3 de mayo, se informaron 45 casos de COVID-19 en Siria, principalmente en las provincias controladas por el Gobierno. No obstante, hasta entonces, no se habían reportado casos en Idlib.

Una situación humanitaria crítica

Según la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCAH), desde diciembre de 2019, cuando se intensificaron las hostilidades con ataques reiterados sobre Idlib de Rusia y del Gobierno sirio, 846 000 personas fueron desplazadas y siguen en esas condiciones, y la mitad fueron desplazadas a Idlib recién en febrero de 2020. El 60 % de esos desplazados son niños.

Los conflictos en la provincia de Idlib desplazaron a una enorme cantidad de civiles el condiciones atroces. Se estima que, por escapar a pie o en camión en un clima muy frío, muchos bebés y niños murieron todos los días. Una vez llegados a Idlib, algunos solo encontraron refugio en espacios abiertos debajo de árboles o en las calles.

El precio de los alimentos sube, y el acceso a la comida sigue siendo difícil. Las tasas de desnutrición entre las mujeres embarazadas y lactantes son devastadoras: Una de cada cinco sufre desnutrición aguda, en comparación con la relación 1 a 20 de 2019. También se ha informado un aumento en la tasa de retraso en el crecimiento de niños menores de 5 años en Idlib.

El coronavirus y la falta de recursos podrían empeorar esta situación y reducir el acceso humanitario. Los expertos estiman que se duplicará la cantidad de personas que necesitarán ayuda humanitaria y llegará a los 265 millones para fines de este año, especialmente en las zonas de conflicto como Idlib.

Abdulrahman Muhajir, desplazado interno de Homs, dijo:

Now, we are suffering from expensive prices, we are suffering from this epidemic, and we are suffering from a thousand things and no one is helping you with anything.

Ahora sufrimos la subida de precios, sufrimos la epidemia y sufrimos miles de cosas, y nadie te ayuda con nada.

La crisis de COVID-19

A fin de prevenir el posible contagio en Idlib, un laboratorio inició procedimientos de pruebas. La Organización Mundial de la Salud procuró también respiradores adicionales. La infraestructura sanitaria y el personal capacitado suelen ser escasos en las zonas de conflicto. Entre 2011 y 2019, más de 900 profesionales médicos murieron en Siria, y muchos otros huyeron.

Aún así, los profesionales médicos en Idlib hacen lo que pueden por preparar los hospitales de la región para posibles casos de COVID-19:

Echen un vistazo al estado de una cama de hospital en la patria de Assad. Esto no empezó ni ocurrió debido a la revolución ni las sanciones. Esto es lo que se obtiene tras 50 años de aguda corrupción y un Gobierno que no representa ni le importa su pueblo.
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Defensa Civil Siria higieniza hospital en Idlib para prevenir la propagación de covid-19 (izquierda) versus “hospital” en un área aterrorizada por Assad, que ha recibido miles de millones en donaciones de las Naciones Unidas.

Los campos de desplazados internos son una razón de preocupación por el posible contagio. Luego de haberse informado la primera muerte por COVID-19 en el noreste de Siria, las autoridades kurdas que controlan la zona instalaron un hospital exclusivo, y las autoridades de Idlib esperan hacer lo mismo.

En Rukban, campo de refugiados situado cerca de la frontera con Jordania, la llegada del coronavirus podría ser una catástrofe, según informa una partera del campo:

We don’t have the right medicine or the appropriate place to quarantine the patients, There is nothing we could offer to them.

No contamos con los medicamentos necesarios ni el espacio adecuado para la cuarentena de los pacientes. No tendríamos cómo ayudarlos.

El campo organizó una campaña de concientización para frenar la propagación del coronavirus, y las autoridades de Naciones Unidas buscan instrumentar insumos de diagnóstico. Sin embargo, principalmente en las zonas controladas por el Gobierno, son limitadas las posibilidades de acceso a los desplazados internos.

La última vez que un convoy de ayuda humanitaria llegó al campo fue en mayo de 2019. En esas terribles condiciones de vida, decenas de niños murieron de hipotermia ese año. La ayuda humanitaria no se ha redoblado, y no hay expectativas de que llegue ayuda del Gobierno jordano ni del régimen sirio de Assad.

Durante las últimas semanas, se suspendió una misión humanitaria planificada por Naciones Unidas y la Media Luna Roja Siria debido a un desacuerdo.

¿Y ahora qué?

James Jeffrey, embajador de Estados Unidos en Siria, dijo que hubo un acuerdo entre Rusia y Turquía para abrir la posibilidad de diálogo en Idlib.

Sin embargo, según el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan, el régimen sirio está usando ahora la atención de los medios sobre la pandemia de COVID-19 para fomentar la violencia y violar el cese al fuego del 6 de mazo sin llamar la atención. Recientemente, se informó un intercambio de disparos en Idlib entre las fuerzas sirias y turcas.

A pesar de las restricciones actuales, la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH) logró enviar más ayuda a Idlib en marzo que en ningún momento de 2014, e informaron menor actividad militar en la zona.

En enero de 2020, la Resolución 2504 votada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas extendía la “autorización para la entrega de ayuda transfronteriza” a Siria hasta el 10 de julio. António Guterres, Secretario General de Naciones Unidas, recordó recientemente al Gobierno sirio que, desde 2012, por las resoluciones de la OCAH S-18/1 y 19/22, debía permitir la presencia de Naciones Unidas en el campo para proteger los derechos humanos.

No obstante, luego de nueve años, esto aún no se ha puesto en práctica.

La ventana de oportunidad para evitar una crisis humanitaria más grave por la COVID-19 es ahora, pero se cerrará muy pronto. La comunidad internacional no debería escatimar esfuerzos para proteger a los civiles afectados que sufren la inseguridad y la muerte a diario.

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