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“Si una mugre, una mugre”: COVID-19 y la reapertura de la economía jamaicana

Pelican Bar de Floyd, Black River, Jamaica. Foto de Karl Stanton (CC BY-NC-ND 2.0).

La versión original de esta historia se publicó en el blog de Petchary.

“Si la mugre, una mugre”.

Hay una racha fatalista en la psiquis jamaicana. A veces se llega al punto en que las personas se encogen de hombros y dicen: “Suh it guh” (así es como van las cosas).

En esta era de COVID-19, esta tendencia ha comenzado. “Suciedad” se refiere a la muerte. Como sugiere el dicho anterior (hay muchos otros entre viejos proverbios jamaicanos), tienes que morir en algún momento. Ya sea que mueras de hambre por el colapso económico o por el propio virus, es lo mismo. El consenso entre algunos es: “Vamos a arriesgarnos y enfrentarnos al virus. Al menos tendremos algo de dinero. Si morimos, morimos”.

Tengo la sensación de que el Gobierno de Jamaica llegó a una conclusión similar hace poco, y ha estado avanzando en esa dirección. La administración de Holness está, después de todo, entre la espada y la paerd. Ha estado intentando “equilibrar vidas y medios de vida”, como diría el cliché del COVID. Pero por varias razones, no puede mantener la burbujeante y bulliciosa economía de Jamaica, especialmente su sustancial sector informal, siempre en pausa. Habrá ira, incluso disturbios, tal vez. Se siente la desesperación. Estoy seguro de que a los representantes políticos se les dice esto todos los días: “¡Tenemos hambre!”. Esto es contundente, esto es real. Y luego hay elecciones en el horizonte. Entonces, el “equilibrio” se ha inclinado.

Entonces, la conferencia de prensa en la Oficina del Primer Ministro en la noche del 12 de mayo fue fundamental y puede tener serias consecuencias. Parece que hemos llegado al punto en que la economía, y en particular, nuestras pequeñas y microempresas, no pueden aguantar más. Pase lo que pase, debemos “abrirnos” tentativamente y dejar que las fichas caigan donde puedan. Aunque, en realidad, nunca cerramos por completo, aunque pequeñas y microempresas, vendedores, taxistas y muchos otros que viven al borde de la pobreza o en la pobreza, han seguido sufriendo de manera desmesurada.

Esta es la situación actual, que pronto cambiará: los lugares de reunión han cerrado, aparte de los supermercados y los especialmente bendecidos “BPO” (centros de llamadas). El sector turístico está en coma, al igual que las empresas relacionadas. El ministro de Turismo, Ed Bartlett, dijo en la conferencia de prensa que pronto anunciaría una fecha de reapertura. Esto, por supuesto, debe coordinarse con la reapertura de nuestras fronteras. Nuestro Gobierno se vio obligado con renuencia a cerrar el turismo por el cierre de viajes, que sigue cerrado en un 95 %, junto con las líneas aéreas y los cruceros.

Al Ministerio de Salud y Bienestar se le asignaron alrededor de cinco o diez minutos de la conferencia de prensa, y el Director Médico, como de costumbre, exudaba calma y claridad. El resto de las dos horas de conferencias fueron para la explicación detallada del primer ministro de los límites del área en cuarentena en la zona rural de St. Mary en y alrededor de la ciudad de Annotto Bay; Otra explicación compleja de las horas de toque de queda, que se han flexibilizado (desde la noche del miércoles 13 de mayo tendremos dos horas adicionales de libertad de noche y una hora adicional de mañana, es decir, de 20:00 a 05:00 horas) ; y la explicación exhaustiva habitual del Ministro de Finanzas sobre los arreglos para la distribución de asistencia a las comunidades más vulnerables. Las preguntas de los periodistas uvieron mucha más información útil y algunas respuestas evasivas.

El primer ministro Andrew Holness luego anunció que, después de haberse reunido con líderes eclesiásticos, decidió abrir iglesias y también bares, por un “período de prueba” de dos semanas. Bueno, dicen que en Jamaica, al lado de cada iglesia hay un bar (o viceversa).

Está claro que los esfuerzos para hacer cumplir el distanciamiento social no han tenido mucho éxito, y dos lugares donde las personas generalmente se mueven y socializan a su antojo son iglesias y bares, que, después de todo, son los principales puntos de encuentro social. Según el primer ministro, hay al menos 10 000 bares en Jamaica (y estoy seguro de que es una subestimación) y Dios sabe cuántas iglesias en toda la isla. He oído que es alrededor de 2000-3000. De nuevo, podrían ser más.

Hay muchas preguntas triviales –pero igual, no triviales– que me vienen a la mente: ¿cómo van a tomar una copa las personas mientras usan máscaras? ¿Acaso algunos bares no tienen cocinas, donde se cocina la comida y la gente se sienta y come? ¿La gente realmente va a resistir el impulso de sentarse para un juego de dominó? ¿Los feligreses realmente no van a abrazar o hacer eso de la paz estrechándose la mano? ¿Quién los detendrá si lo hacen? ¿Quién va a vigilar estos miles de establecimientos y quién va a hacer cumplir las órdenes, varias de las cuales, en términos de comportamiento humano, ya han sido ignoradas por la población en general?

En lugares como mercados y fuera de las oficinas de Western Union en varias ciudades de todo el país, por ejemplo –las remesas desde el extranjero son un salvavidas para muchos jamaicanos– la gente continúa acurrucada en multitudes. Y si tuviera que adivinar, por lo que he visto anecdóticamente en los informes de televisión y en mis pocas excursiones fuera de la casa, solo alrededor del 30 % de la población usa máscaras faciales. Los que lo hacen a menudo los usan incorrectamente.

Todo lo que el Gobierno puede hacer ahora es “implorar” y “sugerir” que los jamaiquinos se comporten de manera responsable y sensata y cumplan las reglas para que todos podamos aprender a “vivir con COVID-19″ mientras seguimos con nuestras vidas. Sin embargo, muchos no podemos o no escuchamos ni seguimos estas advertencias. Orquestar el cambio de comportamiento es un proceso largo, frustrante y también altamente técnico. No va a suceder de la noche a la mañana. Simplemente decirle a la gente que se comporte en una conferencia de prensa que la mitad de la población probablemente ni siquiera estaba viendo no tendrá ningún efecto.

Cuando las cosas hayan “abierto” se volverá a la normalidad. No creo que vaya a haber una ‘nueva normalidad’ – solamente normalidad. Ya casi estamos ahi.

Se habló mucho sobre “manejar” el virus. Bueno, señor Holness y otros, tengo noticias para ustedes. Algo que hemos aprendido en todo el mundo es que los humanos no manejan el virus, el virus nos maneja a nosotros. Todo lo que estamos haciendo es tratar de mantenernos al día, ajustarnos, reaccionar, y a veces, simplemente lo estamos alentando, con una esperanza y una oración. Hasta el presidente Trump, que realmente cree que es como un dios o rey, ahora tiene el virus corriendo por su Casa Blanca, y no hay nada que pueda hacer al respecto.

Podríamos tener todos los planes del mundo y pensar que tenemos el control. Pero “las cosas y el tiempo lo dirán”, como dicen los jamaicanos.

Mientras tanto, reflexionemos sobre un cartel mostrado el miércoles 13 de mayo en el Parlamento de Florida durante una protesta: “Un cadáver no es un cliente”.

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