São Paulo tiene más de mil favelas que enfrentan dificultades con la pandemia

Famílias numerosas en casas pequeñas son un desafío en Brasil. Foto: Léu Britto/Agência Mural.

Este texto es de Lucas Veloso. Se publica aquí en virtud de una asociación entre Global Voices y Agência Mural para compartir contenido.

Desde la década de 1970, un terreno inclinado próximo a las márgenes de la sierra de Cantareira de 461 000 metros cuadrados tiene barriadas. A los largo de los años, el lugar se convirtió en vivienda para los habitantes de Brasilândia, distrito de la zona norte de São Paulo.

Por ahí, siempre fue común vivir sin energía eléctrica, sin agua ni desagúa, ni recojo de basura. Recientemente, otro villano asusta a cerca de mil familias del lugar: el nuevo coronavírus.

La favela de Tribo es una de las 1728 favelas de la ciudad de São Paulo, según datos de la prefectura. En la región metropolitana, cerca de 400 000 familias y más de dos millones de persoanas vvien en estas condiciones. Y algunas viven una situación más complicada todavía.

Son zonas poco populosas en comparación como Paraisópolis y Heliópolis, cada una con más de 100 000 habitantes y cuyos habitantes lograron articular redes de apoyo. Las comunidades como la favela de Tribo están más aisladas y tienen poco apoyo del poder público para conseguir superar la pérdida de ingresos, la falta de saneamento básico e los riesgos del contagio.

Desde hace 16 años, la líder comunitaria Irani da Silva Guedes, de 46 años, vive en la favela de Tribo, y ve la región como un lugar abandonado y olvidado por el Estado. “[Los políticos] solamente vienen cuando hay elecciones”, resume en una entrevista a Agência Mural. En la casa de Irani viven seis personas, de entre 10 y 47 años, y uno de sus hijos sigue un tratamiento contra al anemia falciforme en la Santa Casa de São Paulo.

“Son tres meses de pandemia, tenemos muchas personas que aún necesitan [apoyo]”, dijo. El aislamento social, una de las medidas de seguridad indicadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), es impracticable en varias casas ahí, donde “hay mucha gente amontonada”, como define Irani.

El alcohol en gel y las mascarillas llegaron por medio de donaciones, pero no son artículos comunes. Algunas casas no tienen agua.

Josefa y José viven con sus hijos Danilo, Duda, Samuel y Sara en una casa de la comunidad. Foto: Léu Britto/Agência Mural.

El científico social Sandro Barbosa de Oliveira vive en Itaquera, al este de São Paulo, y afirma que Paraisópolis y Heliópolis –las dos mayores favelas de la ciudad– tiene mayor presencia de poderes públicos y privados, en comparación con otras favelas de la ciudad.

La ubicación y alojamiento en torno a las clases medias y dominantes, con rentas medias y altas, parece hacer que los lugares preferidos para ayuda “humanitaria” de organizaciones civiles.

“Las favelas en otras periferias y suburbios están más lejos y son menos visibles para los reflectores de los medios y a los ojos de esas ‘élites’”, comenta Sandro. “Hay una distribución desigual de recursos para ayuda [contra] los efectos del COVID-19”.

En cuarentena

Este es un podcast de Agência Mural aborda la vida en las favelas con la pandemia de COVID-19.

Al lado del arroyo

La historia se repite en ña comunidad Córrego da Onça, también en la zona norte, donde vive la trabajadora independiente Jaqueline Arruda de Oliveira, de 36 años. Para ella, el mayor problema del momento es el hecho de vivir al lado de un arroyo a cielo abierto. “Las barriadas están bien cerca unas de otras y, además, pocas personas trabajan ahí”, relata.

Como en Tribo, la falta del poder público es una de las cuestiones planteadas. Resalta que ningún ente público compareció para “fhacer cualquier buena acción ni saber de nuestras condiciones”.

Jaqueline comenta que, además de dificultades como la precariedad de las estructuras de las viviendas, hay ancianos, discapacitados y familias con hasta ocho niños. “Trabajo independiente y me vi afectada. ¿Cómo salgo a trabajar en esta situación?”, pregunta.

Brasilândia es el segundo distrito con más casas en favelas, seguida de Vila Andrade. Foto: Léu Britto/Agência Mural.

Aún faltan datos claros sobre cuánto afectó el COVID-19 a cada favela de São Paulo. Un análisis de Agência Mural de mayo de 2020 señaló una letalidad cinco veces mayor en algunas periferias que el promedio nacional. Pero la situación varía para la ciudad.

Desde entonces, la prefectura ha divulgado poca información sobre las muertes en cada región y, en general, ofreció datos sobre distritos, sin enfocarse en cuánto afectó a barrios y favelas.

“Semanalmente, el número de muertos, confirmados y con indicios, comienza en la zona central de la ciudad, pero va aumentando mucho en la periferia”, dijo el prefecto Bruno Covas en entrevista colectiva. “Tambien logró demostrar cuánto se concentra en las zonas en las que hay favelas en la ciudad de São Paulo”.

Hasta el 20 de mayo, Brasilândia seguía como el barrío con el mayor número de muertes: eran 103 confirmadas o con sospecha de ser por coronavírus.

Alcohol en gel es un lujo

Gleide en frente de la asociación de vecinos que ayudó a fundar | Foto: Ana Beatriz Felicio/Agência Mural.

leide Faria Santos, de 49 años, es líder comunitaria de la comunidad Porto de Areia, en Carapicuíba, donde vive, a 28 km de São Paulo. La favela nació al lado de una laguna costera de la región y un vertedero desactivado.

Los habitantes de la favela recurrieron en las redes sociales para pedir donaciones de alcohol en gel, pues el precio del producto es inacesible para la mayoría.

La movilización inicial rindió frutos, pero no suficientes para toda la cuarentena. En mayo, los vecinos no consiguieron alcohol ni por medio de donaciones ni del poder público. “No tenemos cómo comprarlo”, dijo Cleide. En su barrio también falta agua.

La prefectura de Carapicuíba dice que distribuyó donaciones entre algunas comunidades, inclusive en Porto de Areia. La nota dice que la Secretaria de Asistencia Social y Cidadanía entregó 35 000 paquetes para higiene, que incluían champú y jabones .

Para atender a personas que dieron positivo a COVID-19, quienes viven con dificultades para cumplir con el aislamento social, se está construyendo el Centro de Enfrentamento al Coronavírus, donde podrán quedarse hasta su recuperación. Sobre la escasez de agua en la región, la prefectura dice que notificó a la empresa de agua (Sabesp) para los arreglos e inspecciones del lugar.

En favela de Morro do Macaco, en la ciudad de Cotia, a 50 km de São Paulo, el fotógrafo Marcos Batata, de 38 años, ha sido uno de los organizadores del combate contra el coronavírus. Marcos nació y creció en la región, y desde hace años desarrolla acciones culturales y sociales en el barrio.

Con la a pandemia, dice que pasó a ayudar más a los vecinos, con folletos médicos o con el cobro de pensiones. “Existen personas con casas de una habitación con baño para siete personas, que estiran colchones para dormir. Por otro lado, existen casas de ladrillo, pero nu así hay posibilidades de aislamento”, dijo. “En la Na favela, casi no encontramos lugares ideales para aislamiento, pues los espacioes físicos son reducidos”.

Problemas estructurales

Los problemas estructurales son desafíos en la favela de Tribo, en la zona norte. Foto: Léu Britto/Agência Mural.

Estela Alves, investigadora del Instituto de Energía y Ambiente de la Universidad de São Paulo, dijo que los problemas estructurales que enfrentan quienes viven en favelas, como falta de agua, son grandes desafíos.

“Falta espacio adecuado para la cantidad de personas, falta orientación técnica y falta dinero para construir de forma haya vivienda digna y saludable”, comenta.

La investigadora comenta que esos problemas son inaceptables porque son técnicamente simples de resolver, y harían que la vida de persona fuera digna y segura en este momento de pandemia.

“¿Cómo podemos pensar en ciudades tecnológicas e inteligentes si aún tenemos en nuestras ciudades más ricas muchas familias que ni consiguen tener un baño adecuado, ni siquiera un techo que proteja?”, dijo.

Porto de Areia, Carapicuíba, en el Gran São Paulo, buscó donaciones de alcohol en gel en comienzo de la crisis. Foto: Ana Beatriz Felicio/Agência Mural.

El 19 de marzo, a Procuradoría Federal de Direchos del Ciudadaño pidió que el Ministerio de Salud informó qué medidas se adoptarían para la prevención de COVID-19 en ñas poblaciones que viven en favelas y periferias del país. El Ministerio de Salud no respondió. Los documentos pasaron por cambios con dos ministros en menos de un mes, hasta que el 2 de junio, el presidente Jair Bolsonaro aún no había designado a un nuevo ministro.

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