Gigantes de Silicon Valley compiten para construir infraestructura de internet en África. ¿Debería África preocuparse?

Formación tecnológica para jóvenes en la biblioteca Masiphumelele de Sudáfrica, 8 de abril de 2013. Foto de Beyond Access en Flickr (CC BY-SA 2.0).

Desde la década de 1990 se han puesto en marcha varios proyectos locales e internacionales de Gobiernos, empresas de telecomunicaciones y organizaciones de desarrollo para mejorar la infraestructura de las redes de internet en África.

Aún así, África sigue teniendo la menor tasa de penetración de internet, por debajo del 40 %, en comparación del 58 % global. Solo siete países africanos entran en los cien primeros puestos del Networked Readiness Index, el primero en el puesto 72.

Ahora, gigantes tecnológicos como Google y Facebook, cuyas oficinas centrales están en Silicon Valley, California, Estados Undos, podrían liderar la carrera para invertir en infraestructura de internet en África. ¿Qué se juegan estos gigantes tecnológicos para querer convertirse en líderes del futuro digital del continente?

Antes de que aparecieran estas grandes empresas, otros proyectos de infraestructura de internet implementados en África intentaron hacer llegar la conectividad de internet a todos los africanos. Por ejemplo, la Unión Africana puso en marcha el programa e-Africa, la agencia estadounidense para el desarrollo internacional (USAID) dedicó 15 millones de dólares de su proyecto Leland, el Banco Africano de Desarrollo apoyó el establecimiento del Sistema Submarino de Cableado de África Oriental, y el Banco Mundial destinó unos 424 millones.

Todos estos proyectos tenían el objetivo colectivo de construir infraestructuras de internet que conectaran todos los países africanos entre sí y con el resto del mundo por medio de sistemas de cables submarinos y terrestres ya existentes o en proyecto.

África tiene el mayor crecimiento mundial de penetración de telefonía móvil, lo que convierte al continente en un mercado atractivo para compañías tecnológicas globales como Google y Facebook.

Empresas tecnológicas de Silicon Valley toman la iniciativa en África

A lo largo de los años, el sector privado -—sobre todo, las compañías de telecomunicaciones— ha llevado la voz cantante en la expansión de la infraestructura de internet en el continente, pero en los últimos años, son las empresas millonarias de Silicon Valley las que han dominado esta expansión.

Google ha sido la primera empresa tecnológica no especializada en telecomunicaciones que no solo ha invertido en un sistema de cable submarino de banda ancha, sino que también ha construido un cable intercontinental privado.

En 2011, Google comenzó un proyecto de internet, CSquared, para construir redes metropolitanas de fibra óptica, financiado por operadores de redes móviles y proveedores de internet con un modelo mayorista.

El proyecto —hoy empresa independiente comercial— se asoció con Mitsui & Co. (Japón), Convergence Partners (Sudáfrica) y la Corporación Financiera Internacional (IFC, Grupo Banco Mundial), con un fondo consolidado de cien millones de dólares para invertir en infraestructura de banda ancha de internet en África.

Actualmente, la empresa tecnológica posee y opera más de 890 km de fibra metropolitana en las ciudades de Kampala y Entebbe en Uganda, más de 1070 km de fibra en tres ciudades de Ghana y 180 km en Monrovia (Liberia)

Google también opera sus propios proyectos privados de infraestructura de internet en África, como el Proyecto Loon, actualmente operativo en Kenia, y Equiano (bautizado en honor del escritor y exesclavo nigeriano Olaudah Equiano), una infraestructura de cableado submarino de fibra óptica que conectará África y Europa cuando se complete en 2021.

Está claro que Google pretende liderar la carrera para invertir en infraestructura en África, pero Facebook también parece ser una dura competencia, a pesar de los fallidos intentos de utilizar drones activados por energía solar para proporcionar acceso a internet.

Facebook intentó otras alternativas para conectar a los africanos a internet por medio de su aplicación Freebasics, en el que la empresa se asoció con proveedores de telecomunicaciones de países en desarrollo para permitir a los usuarios acceder a varios sitios web preseleccionados —incluido Facebook— sin usar datos extra. Freebasis se prohibió en India, y recibió pésimas críticas de organizaciones civiles, incluido Global Voices, por ser un medio de recabar datos de usuarios sin conectar realmente a internet a los “desconectados”.

Ya antes, Facebook se ha centrado sobre todo en aprovechar las infraestructuras de internet existentes en economías avanzadas, y no en invertir en otras nuevas. Por ejemplo, Facebook se asoció con Internet Society para brindar internet a comunidades rurales de África con Internet Exchange Points (IXP), puntos de acceso en los que redes internacionales y locales, proveedores de servicio de internet y proveedores de contenido interconectan sus redes en lugar de utilizar redes de terceros.

La empresa también implementó su proyecto Express Wifi en África, donde Facebook proporciona una extensa plataforma de wifi que pueden utilizar sus socios (operadores de telecomunicaciones) para gestionar mejor y aumentar su oferta de señal inalámbrica a las comunidades locales.

En 2013, Mark Zuckerberg explicó en un ensayo por qué, económicamente hablando, no tiene sentido invertir en infraestructura que proporcione internet a los países en desarrollo.

Although the cost of building and maintaining networks made it prohibitively expensive to provide full internet access to everyone in the world, a focused effort on reducing the cost of delivering data and building more efficient apps would make it economically feasible to provide a set of basic online services for free to those who could not afford them.

Aunque el coste de construir y mantener redes hace que proporcionar acceso pleno a internet a todo el mundo se encarezca enormemente, un esfuerzo centrado en reducir el coste de suministrar datos y en desarrollar aplicaciones más eficientes haría económicamente factible proporcionar un conjunto de servicios básicos de internet de forma gratuita a los que no pueden permitírselos.

Sin embargo, ahora Facebook está dedicando millones de dólares a construir infraestructuras de internet en países en desarrollo, incluidos países africanos. Zuckerberg entendió que para “vencer” a Google en esta carrera, necesita ser un atleta de verdad.

En 2019, Facebook se asoció con Main One para construir una infraestructura terrestre consistente en 750 km de fibra óptica de internet de libre acceso en Nigeria, y se unió a Airtel para construir 800 km de conexión por fibra en Uganda y 100 km de conexión por fibra en Sudáfrica.

El 13 de mayo, Facebook anunció el proyecto 2Africa, una de las mayores inversiones de la empresa en infraestructura de internet en África. El proyecto tiene el objetivo de construir lo que probablemente sea el mayor cable submarino de fibra óptica para proporcionar internet a África y Medio Oriente. Se trata de una colaboración de Facebook, China Mobile International, MTN GlobalConnect (rama del grupo sudafricano MTN), la multinacional francesa de telecomunicaciones Orange, la empresa de telecomunicaciones radicada en Arabia Saudí STC, Telecom Egypt, la multinacional británica de telecomunicaciones Vodafone y la West Indian Ocean Cable Company. Juntas, estas empresas construirán 37 000 km de cables que interconectarán Europa (hacia el este, por Egipto), Medio Oriente (por Arabia Saudita) y 21 puntos de 16 países de África.

Se espera que el proyecto quede finalizado en 2023-2024.

¿Qué ganan los gigantes tecnológicos?

Aparte de estos gigantes tecnológicos, ¿quién puede conseguir que África se conecte a internet a la máxima velocidad sin retrasos?

Pero estos gigantes tecnológicos no ofrecen regalos que valen miles de millones sin esperar nada a cambio..

Yomi Kazeem, autor de Quartz, señala el motivo económico más evidente de estas grandes compañías. “Los millones de personas que accederán a la red como resultado también representan un considerable objetivo de mercado para su siempre creciente provisión de productos y servicios de publicidad”, escribió.

Además, mientras el número de personas sin conexión a internet se reduce en Europa y América, las empresas tecnológicas están deseando buscar otros mercados emergentes y de bajos ingresos para incrementar sus beneficios y expandir su cuota de mercado.

Por ejemplo, más del 70 % de los 2300 millones de usuarios activos mensuales de Facebook viven en África y Asia, mientras que Google lidera con un 90 % el mercado de motores de búsqueda en África. En Kenia, más de la mitad del tráfico de telefonía móvil del país pasa por aplicaciones pertenecientes a Facebook y Google.

Las dos empresas también obtienen la mayor parte de sus beneficios de publicidad (los anuncios suponen un 98 % de los ingresos de Facebook y un 85 % de Google), y su rentabilidad depende de su capacidad para incrementar el número de usuarios o los beneficios que les genera cada uno de ellos.

¿Debería África preocuparse? Sí.

En África, donde unos 33 países no tienen leyes de protección de datos, la dependencia de las compañías tecnológicas globales para el suministro de internet supone un gran reto.

Hasta ahora, los legisladores han hecho muy poco para acercarse y colaborar con las tecnológicas para enfrentar estos retos.

Por tanto, África es vulnerable a la desinformación, la información equivocada, los monopolios del mercado y a la explotación y mal uso de los datos personales, como se hizo patente, por ejemplo, en el escándalo Facebook-Cambridge Analytica.

La Pathways for Prosperity Commission señala con toda razón que en los países en desarrollo, “casi no existe debate sobre diseño y uso digital sobre la elaboración de políticas de desarrollo. La capacidad potencial de regulación de los Gobiernos se centra en su mayor parte en gestionar el mercado de las telecomunicaciones, controlar las conexiones a internet con el mundo exterior y administrar el ecosistema de ofertas digitales domésticas”.

Facebook ha sido muy apático a la hora de responder a contenido insultante y violento pubilcado en sus plataformas. Aunque la empresa recibe advertencias, les hace poco caso, como se vio recientemente con el tuit del presidente estadounidense Donald Trump sobre las protestas #BlackLivesMatter en Estados Unidos. Mientras que Twitter marcó públicamente el tuit por violar sus reglas, Facebook no reaccionó. Zuckerberg explicó:

I just believe strongly that Facebook shouldn’t be the arbiter of truth of everything that people say online. Private companies probably shouldn’t be, especially these platform companies, shouldn’t be in the position of doing that.

Simplemente, estoy convencido de que Facebook no debe ser el árbitro de la verdad en todo lo que la gente dice en línea. Probablemente, las empresas privadas no deberían serlo, y sobre todo esas compañías de plataforma no deberían estar en posición de hacer eso.

Los Gobiernos, ¿deberían liderar o asociarse con las tecnológicas?

Los Gobiernos de países en desarrollo no parecen priorizar el acceso a internet en sus políticas. En un mundo ideal, los Gobiernos podrían negociar con las tecnológicas, pero sin un marco para iniciar las conversaciones, las políticas o leyes digitales previstas no son realistas.

En un informe publicado en 2019 por el Center for Global Development, los autores advierten:

Developing such a framework will not be easy, however, as it will require finding ways to (1) estimate the worth of disparate pieces of personal data whose value depends on being combined with other data to produce useful information and (2) track the value of data across multiple uses.

No obstante, desarrollar un marco de este tipo no será fácil, puesto que requerirá encontrar formas para 1) estimar la valía de piezas dispares de datos personales cuyo valor depende de que puedan combinarse con otros datos para producir información útil, y 2) rastrear el valor de los datos para muchos usos.

Los Gobiernos africanos deben admitir que internet es hoy un bien público global y un derecho humano que brinda enormes beneficios sociales y económicos a sus usuarios. Sin un marco regulador y políticas digitales integrales y más realistas para estas compañías tecnológicas, sus plataformas digitales se utilizarán para difundir violencia e insultos en lugar de apoyar la innovación y el crecimiento económico.

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