Profanación de tres lugares religiosos en Irán muestra continua opresión de las minorías en la República Islámica

Interior de la tumba de Ester. Foto cortesía de Pooyan Tamimi Arab. Utilizada con autorización.

La profanación de tres lugares religiosos en Irán en menos de una semana es un crudo recordatorio de las circunstancias de inseguridad bajo las cuales han vivido las minorías religiosas iraníes desde la Revolución Islámica.

El 15 de mayo, se frustró un atentado sobre la tumba de Ester y Mardoqueo en Hamadán, importante lugar de peregrinaje para judíos en Irán. Ese día, hubo un intento de atacar la tumba de Ester. Días después, hubo un incendio en un cementerio cristiano en Eslamshahr, al sur de Teherán, y luego otro incendio en un templo hindú en Bandar Abbas.

Las autoridades de Eslamshahr culparon al vigilante del cementerio por haber quemado pasto. El incendio del templo hindú fue considerado un accidente.

La amenaza de miembros del Basij, grupo militante de estudiantes de Hamadán, de destruir la tumba de Ester y Mardoqueo como acto de venganza contra Israel y Washington ocupó los titulares de prensa, y causó reacciones por parte de varias organizaciones judías, y del Gobierno estadounidense.

Se cree que la tumba alberga los restos de la reina judía Ester, esposa del antiguo rey aqueménida Jerjes, y los de su primo Mardoqueo. Es también un espacio protegido del Patrimonio Cultural iraní.

Desde Irán, el periodista Farzane Ebrahimzad tuiteó que, según una fuente local, alguien había lanzado un objeto contra la tumba. Las autoridades iraníes confirmaron que en el lugar se habían producido “daños menores“ a causa del incendio.

Este incidente no es nuevo ni aislado: desde la Revolución Islámica de 1979, los símbolos, los lugares de culto, los cementerios y otros edificios que pertenecen a minorías religiosas han sido atacados por autores no identificados y por funcionarios oficiales.

Presión sistemática, supresión de identidades

Mansour Borji, director ejecutivo de Article 18, importante organización defensora cristiana con sede en Londres, dijo a Global Voices:

The elimination of Persian-speaking churches has not always been violent, but more often than not this elimination has been accompanied by a gradual and systematic approach. Forcing churches to accept new members, drying up their financial resources, limiting the days of meetings, forcing leaders to exile or threatening them to send to jail….there are pieces that are put together to rot the official churches, and finally, by removing their identity marks (such as the church and their tombs and other properties).

La supresión de las iglesias de habla persa no ha sido siempre violenta, pero la mayoría de las veces esta supresión ha sido acompañada por una estrategia gradual y sistemática. Obligar a las iglesias a aceptar nuevos miembros, agotar sus recursos financieros, limitar sus días de reuniones, obligar a sus líderes a exiliarse o amenazarlos con enviarlos a la cárcel… son tácticas concebidas para desmantelar las iglesias oficiales, y finalmente, eliminar sus marcas de identidad (como por ejemplo la iglesia y sus tumbas y otras propiedades).

Pooyan Tamimi Arab, profesor universitario asistente de estudios religiosos en la Universidad de Utrecht, Países Bajos, contó a Global Voices su experiencia al visitar la tumba de Ester y Mardoqueo:

I have been there myself several years ago, and already then a closed atmosphere surrounded the gated building. The person present at the time was clearly nervous when showing me around, asking not to be filmed, and avoiding sensitive topics. While the Islamic Republic may honor its Jewish citizens on occasion, this does not mean that Jews are not discriminated against in Iran or that anti-semitic tropes are not rampant as they have been for decades. The list goes on, attacks against Dervishes and persecution of Christian converts, which leads to a steady flow of religious minorities fleeing Iran to countries like the Netherlands, where I live.

Yo mismo estuve allí hace varios años, y ya desde entonces un ambiente cerrado rodeaba la edificación. La persona que se encontraba allí en ese momento estaba visiblemente nerviosa al mostrarme el lugar, pidió que no se le grabara y evitó hablar de temas delicados. Aunque la República Islámica honre a sus ciudadanos judíos en ocasiones, esto no significa que a los judíos no se les discriminen en Irán o que los motivos recurrentes antisemitas no estén igual de extendidos que hace décadas. La lista continúa con los ataques contra los derviches y la persecución de los cristianos conversos, lo que provoca la huida de las minorías religiosas de Irán a países como Países Bajos, donde vivo yo.

Discurso de odio

Durante 40 años, los ataques contra las minorías religiosas han venido acompañados por el discurso de odio llevado a cabo por las autoridades y los medios, que incluye desde la negación del Holocausto hasta la denigración de los baháʼís, de los cristianos conversos e incluso de los musulmanes suníes.

Con respecto a las consecuencias de estas acciones, Pooyan Tamimi Arab dijo:

[that] there is an impact should be without any doubt. Those who attack a Jewish mausoleum may feel emboldened by anti-semitic discourses. In other instances, when the state resorts to using concepts such as “superstition” (khurafat) to describe other minorities’ practices, this may give license to discrimination. In the anthropology of religion, we know of such cases, for example when white Americans designated native American dances as “superstitious”, this could be used to argue that that practice was not properly religious and hence did not fall under constitutional freedom of religion. In Iran, which does not even formally recognize all religions as equal, hate speech against religious minorities should thus be considered as having great potential for violence.

[que] hay consecuencias no se debe cuestionar. Los que atacan un mausoleo judío pueden sentirse envalentonados por los discursos antisemitas. En otros casos, cuando el Estado recurre al uso de conceptos como la “superstición” (khurafat) para describir las prácticas de otras minorías, esto puede generar un ambiente propicio para la discriminación. En la antropología de la religión, conocemos casos de este tipo, por ejemplo cuando los estadounidenses blancos catalogaron los bailes de los nativos como “supersticiosos”, esto pudo servir para argumentar que esa práctica no era verdaderamente religiosa y por lo tanto no se consideraba que formaba parte de la libertad constitucional de culto. En Irán, que ni siquiera reconoce oficialmente a todas las religiones como iguales entre sí, debería considerarse que el discurso de odio contra las minorías religiosas tiene un gran potencial para incitar a la violencia.

El ayatolá Ali Khamenei, líder supremo de Irán, recientemente causó indignación tras publicar un cartel antiisraelí con el mensaje: “Palestina será libre. La solución final: Resistencia es referéndum”.  El término “solución final” fue utilizado por el régimen nazi para referirse al genocidio del pueblo judío durante el Holocausto.

Más allá de los ataques contra los edificios

La presión sobre las minorías religiosas también se realiza con persecución personas, se les acusa de difundir “propaganda contra la República Islámica” o de “pertenecer a grupos hostiles”, actos que han sido condenados por organizaciones internacionales como Naciones Unidas.

Pero estos reproches han surtido poco efecto, y las autoridades iraníes han continuado, y hasta se han intensificado, con la discriminación contra las minorías religiosas.

Un ejemplo es el reciente cambio en los formularios de solicitud del documento de identidad. Según Pooyan Tamimi Arab:

the pressure on Baháʼís has increased because the option of “other religions” than the officially recognized is no longer there. We know from other countries like Egypt, which also does not recognize the Baháʼí religion on ID cards, that such illiberal bureaucratic policies can have grave consequences for people’s status as citizens and for their everyday lives.

la presión sobre los baháʼís se ha incrementado porque ya no existe la opción de “otras religiones” distintas a la reconocida oficialmente. Conociendo lo que ha pasado en otros países como Egipto, donde tampoco se reconoce la religión de los baháʼís en los documentos de identidad, sabemos que este tipo de políticas antiliberales puede tener graves consecuencias sobre la condición de las personas como ciudadanos y sobre sus vidas cotidianas.

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