Cómo el medicamento “revolucionario” de Trump impulsa nacionalismo en Brasil e India

Foto de Jair Bolsonaro y Narendra Modi del Palacio de Planalto CC BY 2.0)). Foto de Donald Trump de Gage Skidmore (CC BY-SA 3.0). Imagen mezclada por Georgia Popplewell.

Mientras el COVID-19 se propagó por todo el mundo a inicios de 2020, la hidroxicloroquina (HCQ) desencadenó un debate global polarizado con significativo impacto geopolítico. El medicamento que se usa contra la malaria, fue presentado  como cura milagrosa por el presidente estadounidense, Donald Trump.

Los medios internacionales en inglés informaron ampliamente del debate en torno a la HCQ en Estados Unidos, pero la controversia generada en torno al medicamento en Brasil e India —dos países donde el partidismo está igualmente extendido— ha recibido menos atención.

Los países pusieron en práctica respuestas drásticamente diferentes a la pandemia de COVID-19. India declaró un confinamiento nacional el 25 de marzo, mientras Brasil nunca lo implementó. Sin embargo, en ambos países el debate de HCQ rápidamente se volvió una útil palanca retórica para ejercer posiciones nacionalistas. Aunque la eficacia de la HCQ sigue sin estar demostrada, el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, y el primer ministro indio, Narendra Modi, recomendaron agresivamente su uso.

La Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos ya retiró la HCQ de la lista de medicamentos aprobados para uso contra el COVID-19, aunque India y Brasil siguen recomendando su uso como tratamiento.

Brasil e India tienen mucho en común. Ambos países son grandes democracias con economías de ingresos medios que han elegido líderes de extrema derecha en la última década. Modi y su Partido Bharatiya Janata (BJP) han impulsado apoyo en torno al sentir nacionalista hindú en un intento de elevar el perfil de India como centro neurálgico internacional. Brasil eligió a Bolsonaro para la presidencia en 2018 en una plataforma que combinaba una dura retórica contra la delincuencia y la corrupción con conservadurismo cultural recalcitrante y políticas económicas ultraliberales que prometían amplia desregulación laboral y ambiental.

India, el mayor fabricante de HCQ del mundo, estaba en una posición única para aprovechar la apertura brindada por Trump y sus partidarios que defienden el medicamento. El Gobierno indio prohibió inicialmente la exportación de HCQ, luego revocó la prohibición y empezó a suministrarlo a gran escala a Estados Unidos, Brasil, Marruecos y otros países.

En Brasil —fabricante modesto del medicamento en comparación con India—, Bolsanaro ordenó al laboratorio farmacéutico de las Fuerzas Armadas impulsar su producción de HCQ tres días después de que Trump llamó al medicamento como “revolucionario”. A mediados de abril, el laboratorio había aumentado su producción del medicamento en cien veces.

Bolsonaro empezó a promover agresivamente la HCQ como una cura milagrosa, lo que causó la renuncia de dos ministros de Salud entre abril y mayo. En abril, Twitter eliminó un video publicado por Bolsonaro en el que defiende el uso del medicamento en una manifestación política. Twitter afirmó que el tuit infringía las reglas de la plataforma, era la primera vez que la empresa eliminaba una publicación de un jefe de Estado brasileño. En mayo, Bolsonaro dijo en una transmisión en vivo en medios sociales que “si eres de derecha, tomas cloroquina; si eres de izquierda, tomas Tubaína” (popular bebida en algunas regiones brasileñas).

Bolsonaro, Modi y Trump usan narrativas conspirativas y buscan enemigos o traidores para alentar a sus partidarios. En India y Brasil, y también en Estados Unidos, estas narrativas dependen de afirmaciones no demostradas de evidencia científica de que la HCQ es efectiva contra el COVID-19. El enemigo imaginario en estas narrativas es la Organización Mundial de la Salud (OMS) y China, a quienes se acusa de reprimir esta información en colusión con empresas de medios sociales y los medios. Los beneficiarios de este supuesto plan incluyen grandes empresas farmacéuticas, que se dice que están listas para producir un nuevo tratamiento que con toda certeza será caro y lucrativo.

La idea de que haya una cura milagrosa para una enfermedad que ya ha matado a más de 400 000 personas y de que unos pocos poderosos, aunque de moral dudosa, impidan que el público tenga acceso, permite a estos líderes presentarse en el rol de salvadores que luchan contra un sistema malvado.

Ciencia selectiva de Brasil

Una táctica muy usada por los partidarios de Bolsonaro es ampliar las opiniones de los pocos científicos y médicos que defienden la administración temprana de hidroxicloroquina a pacientes de COVID-19.

La reconocida revista empresarial brasileña Exame informó de un estudio realizado por una red de hospitales privados que presuntamente “curó a 300 pacientes de COVID-19 con hidroxicloroquina”. El artículo se difundió masivamente en medios sociales de círculos de derecha. Según el artículo de Exame, el hospital brasileño Prevent Senior administró HCQ a 500 pacientes de COVID-19, 300 de los cuales se recuperaron de la enfermedad.

De manera similar al desacreditado estudio francés que inició el debate por la HCQ, la prueba de Prevent Senior no fue aleatoria ni doble ciega, el patrón dominante de pruebas clínicas para medicamentos. Muchos expertos señalaron problemas con las muestras del estudio.

Dos semanas después, la Comisión Nacional de Ética en Investigación Médica de Brasil ordenó la suspensión del estudio, con el argumento de que el hospital Prevent Senior no había obtenido autorización previa para empezar la investigación. La comisión investigará a los directores por falta de ética profesional.

Nada de eso impidió que Carla Zambelli, una de las aliadas más cercanas de Bolsonaro en el Congreso, promoviera el estudio en Twitter y Facebook, red en la que la publicación se compartió más de 6800 veces.

Mensajes en medios sociales de la diputada federal brasileña Carla Zambelli que promueven un artículo que destaca un estudio desacreditado de investigación sobre la eficacia del HCQ en el tratamiento de COVID-19. La publicación tuvo cientos de comentarios y se compartió miles de veces en ambas plataformas.

Después de la suspensión también se publicó un texto en inglés que detallaba el estudio en Medicine Uncensored, portal que con frecuencia mencionan los partidarios de Trump y Bolsonaro en Estados Unidos y Brasil.

Otros blancos favoritos de los partidarios de Bolsonaro son los estudios médicos que concluyen que la HCQ no es efectiva ni segura para tratar el COVID-19. En medios sociales, hubo amenazas de muerte a los autores de estudios llevados a cabo en Manaus, una de las ciudades más golpeadas por la pandemia, que comparaban los efectos de diferentes dosis de HCQ en pacientes con síntomas severos. Después de que los autores publicaron en el portal médico en línea medRxiv un hallazgo preliminar de que la HCQ podría ser letal en pacientes muy enfermos, The New York Times tomó la historia, que tuvo gran atención del estudio en Brasil. Los partidarios de Bolsonaro empezaron a indagar Bolsonaro en los perfiles de medios sociales de los investigadores, y supuestamente encontraron evidencia que mostraba el apoyo de los investigadores por políticos de izquierda.

En una publicación de Facebook del 16 de abril de Bia Kicis, diputada federal y aliada de Bolsonaro, en la que criticiaba el estudio, muchos comentarios pedían la muerte o el arresto de un investigador por “asesinar personas a propósito con el fin de desaprobar la HCQ”. La publicación se ha compartido más de 29 000 veces.

Foto de uno de los investigadores del estudio médico de Manaus se muestra en esta publicación de Facebook de la aliada de Bolsonaro Bia Kicis. Muchos comentarios pedían el arresto o la muerte del investigador..

Conexão Política, sitio web a favor de Bolsonaro, avivó el fuego cuando publicó una historia con capturas de pantalla y enlaces a los perfiles de medios sociales de los investigadores. Según el artículo: “Todo indica que la investigación fue financiada con cantidades federales asignadas por senadores izquierdistas y también era de conocimento del propio exministro de Salud Luiz Henrique Mandetta, que el´último miércoles (15), durante la conferencia de prensa, citó el ensayo clínico de los médicos militantes políticos de Manaus, sin hacer críticas ni denunciar la irresponsabilidad de los investigadores activistas de izquierda”.

Palanca diplomática de India

En el contexto de la pandemia de COVID-19, el gobierno del Partido Bharatiya Janata (BJP) de India ha proclamado la exportación masiva de India de HCQ como uno de sus grandes logros. El BJP ve la producción de India de HCQ como una oportunidad para desarrollar poder suave y también fortalecer su posición con relación a su rival regional, China.

A comienzos de abril, Trump elogió al primer ministro Narendra Modi por su liderazgo en la exportación de HCQ por medio de un tuit y una conferencia de prensa. Ese mismo día, Bolsonaro envió a Modi una carta para agradecer a su homólogo indio por retomar las exportaciones de HCQ. Los medios afines al BJP y espacios de medios sociales nacionalistas hindúes alabaron el mensaje de Bolsanaro, que lo vieron como prueba del éxito de India en reforzar relaciones diplomáticas entre los dos países, y señaló la referencia del presidente brasileño al dios hindú Hanuman.

La idea de que India lidera el ataque contra COVID-19 por medio de su producción de HCQ ha resonado fuertemente entre los partidarios de BJP y Modi, algunos de los cuales han explotado tensiones existentes con China y Pakistán para ensalzar más a India como líder del COVID-19. Una publicación de Facebook pregunta si India debería condicionar el suministro del medicamento a Pakistán. Otras publicaciones en grupos de Facebook a favor de Modi promueven la caracterización de China como agresor que contagió al mundo con COVID-19 y publicó gráficos con afirmaciones como “China envió el virus al mundo.. Mi India envió medicina al mundo. Orgulloso de ser indio”.

Populares publicaciones de medios sociales que explotan tensiones entre India y Pakistán por un lado, e India y China por otro.

OMS y China: perfectos enemigos

Un elemento principal del discurso de derecha en torno a la HCQ, tanto en Brasil como en India, es el antagonismo hacía la OMS, aunque en este tema, Bolsonaro y Modi tienen un enfoque distinto. Bolsonaro ha desdeñado durante mucho tiempo el multilateralismo, mientras que Modi tiene una visión más favorable, aunque oportunista, de que el multilateralismo podría ayudar a promover los intereses nacionales de India.

Sin embargo, en ambos países, una serie de recientes falsos pasos de la OMS dio un impulso al programa de los dos líderes.

A finales de mayo, después de que estudio muy publicitado publicado en la prestigiosa revista médica Lancet, concluyó que la HCQ incrementaba el riesgo de muerte y de complicaciones cardíacas en los pacientes con COVID, la OMS suspendió temporalmente los ensayos del fármaco. Recientemente, el autor principal se retractó y la OMS revocó la suspensión.

La indecisión de la OMS, combinada con las crecientes escaramuzas en la frontera entre China e India y una narrativa más global que pretende culpar a China por la pandemia, provocó el arranque del discurso derechista indio contra la organización.

El día después de que la OMS anunció la suspensión, el Consejo de Investigación Médica de India (ICMR) declaró que India seguiría examinando la HCQ en ensayos combinados. Los partidario del BJP aplaudieron la decisión del ICMR, calificaron a la OMS de “incompetente” y afirmaron que la organización estaba bajo el control de China y de las grandes empresas farmacéuticas que quieren “disminuir el impacto global y económico de India”.

Después de que la OMS revocó su decisión, los partidarios de Modi celebraron el “derrumbe” de la organización en India, que consideraron como un golpe contra los intentos de la China de disminuir la importancia de India en mercado internacional.

Publicaciones populares en redes sociales de un periodista de un canal de noticias a favor del Gobierno y de un grupo de Facebook a favor de Modi que promocionan la producción de la HCQ en India y promueven la idea de que COVID-19 es un virus “hecho en China”.

Una dinámica similar se produjo en Brasil. Inmediatamente después de la renuncia del ministro de Salud, Nelson Taich el 15 de mayo –el segundo en renunciar desde que la OMS declaró la pandemia de COVID-19– su sucesos, general Eduardo Pazuello, firmó un protocolo que recomendaba a los médicos brasileños el uso de la HCQ para los pacientes de COVID-19.

El Gobierno de Brasil no cambió su postura después de que apareció el estudio de Lancet, y con la retractación del estudio y la OMS se disculpó por haber suspendido los ensayos de solidaridad, los bolsonaristas se regodearon de que su hostilidad hacía la OMS estaba justificada.

Las página en redes sociales y los legisladores a favor de Bolsonario han afirmado que negar la HCQ a los pacientes con COVID es un “crimen contra la humanidad”, afirmación hecha también por el doctor Vladimir Zelenko durante una entrevista con el exjefe estratégico de Trump, Steve Bannon, en abril. El doctor Zelenko pasó de ser un oscuro médico general a estrella de los medios derechistas en Estados Unidos por pregonar el uso de la hidroxicloroquina, la azitromicina y el sulfato de cinc contra el COVID-19. Lo están investigando fiscales federales en Estados Unidos por afirmar falsamente que un estudio hospitalario de medicamentos que había promovido logró aprobación federal.

Dos nacionalismos

Mientras que la oposición de India precede de las disputas regionales y de la competencia por la influencia global, en Brasil la narrativa contra China es más abstracta y se basa en una profunda lealtad ideológica –algunos dirían servilismo– a Estados Unidos.

El anticomunismo militante ha sido un elemento básico de la política de derecha brasileña desde la década de 1930, de la que el gobierno de Bolsonaro es su más reciente encarnación. Parte de la actual narrativa anticomunista es que hay una nueva Guerra Fría, una lucha global entre la libertad –representada por Estados Unidos de Trump– y el comunismo –representado por China– y Brasil está simplemente del lado de la moralidad. Esta es la lógica por la cual los críticos de Bolsonaro, incliuidas algunas de las figuras de derecha más emblemáticas de Brasil, terminan etiquetados como “comunistas” por sus partidarios.

La controversia en torno a la hidroxicloroquina y el COVID-19 es un testamento del desafío que los científicos enfrentan en la era posterior a la verdad. A medida que continúa la investigación de tratamientos para COVID-19, la hidroxicloroquina está en un pedestal inestable. Se utiliza para fomentar las ansiedades geopolíticas partidistas sobre la ciencia y la atención sanitaria, e influye y ensombrece la cobertura de otros aspectos de la pandemia.

En en Brasil e India, que están experimentando un rápido disminución tanto de la democracia como de la fe pública en el proceso democrático, ese desafío puede ser particularmente difícil de gobernar y entender.

Modi era conocido por su mala gestión como jefe de gobierno del estado de Guajarat donde, bajo su mando, los musulmanes fueron atacados y asesinatos. Bolsonaro se levantó de los margenes del Congreso de Brasil, donde hizo carrera insultando las personas LGBTQ+ y alabando la dictadura militar de derecha de Brasil, que gobernó de 1964 a 1985.

Ambas administraciones se han caracterizado por la erosión de las instituciones, los ataques a la prensa y la persecución de los críticos. En India, las minorías religiosas, especialmente los musulmanes, son las más afectadas por esa persecución, en el derrumbe de una India multicultural y laica consagrada en la Constitución de la república de 1947. En Brasil, son la diversidad de opiniones políticas y los derechos sociales consagrados en la Constitución progresista del país de 1988 los que corren mayor riesgo.

Asteris Masouras y Alex Esenler colaboraron con la investigación para este artículo.

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