Guerra de información: Otro campo de batalla de COVID-19 en Medio Oriente

Puerta de Yemen en la capital, Saná. Foto de Jialiang Gao(CC BY BY-SA 2.5).

La pandemia de COVID-19 ha exacerbado las tensiones políticas existentes en Medio Oriente y Norte de África, región ya afectada por décadas de conflicto. Ahora, políticos inescrupulosos culpan a sus enemigos políticos o Gobiernos países por la propagación del nuevo coronavirus.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hizo sonar las alarmas por la amenaza de que la información equivocada y la desinformación suponen para la humanidad:

“En la OMS, no solamente combatimos el virus, también combatimos a los troles y las teorías conspirativas que socavan nuestra respuesta”, dijo, y reiteró que la información falsa puede causar confusión y temor.

La región de Medio Oriente y Norte de África no es ajena a las teorías de la conspiración. Un estudio de la Universidad de Oxford de 2019 reveló que la región alberga la mitad de los 12 principales países identificados como con “alta actividad de cibertropas”, includos Egipto, Irán, Israel, Arabia Saudita, Siria y Emiratos Árabes Unidos.

Quienes están en posición de poder usan la “guerra de la información” para enmarcar narrativas y controlar la opinión pública, y los medios sociales se han convertido en el principal campo de batalla en emplear influentes, troles, bots y ejércitos de comentaristas.

En Irán, Yemen y Syria, el llamado “eje de la resistencia” —cuya legitimidad suele estar vinculada a virulenta oposición de Occidente— los líderes usan al COVID-19 para reafirmar posicionamiento político y canalizar ideologías hostiles contra Occidente.

Hezbolá, por ejemplo, ha enmarcado el coronavirus como un giro argumental de sus “enemigos”, Occidente en general y Estados Unidos en particular. A Hezbolá, partido político shiíta con sede en Líbano, y afiliado de Irán, se le conoce por ser un estado dentro de un estado. La mayoría de países lo consideran una organización terrorista.

En marzo, Hassan Nasrallah, secretario general de Hezbolá, afirmó:

The corona is a highly threatening enemy. We have to confront this invasive enemy. We should not surrender or despair or feel helpless. The response must be confrontation, resistance, and fighting. We will win this battle. It is only a matter of time.

El coronavirus es un enemigo muy amenazador. Debemos enfrentar este enemia invasivo. No deberiamos rendirnos ni desesperarnos ni sentirnos impotentes. La respuesta debe ser confrontación, resistencia y lucha. Ganaremos esta batalla. Es solamente cuestión de tiempo.

El ‘eje de la resistencia’ liderado por Irán

En la batalla por los corazones y las mentes, el ejército ideológico del régimen iraní —Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica— ha llevado a una contranarrativa sobre la pandemia, y retratado el virus como una conspiración por los enemigos tradicionales del régimen, Estados Unidos e Israel.

La propaganda incluye afirmaciones de que el virus es una “invasión biológica estadounidense” y un “ataque terrorista biológico sionista”, que llevó a algunos defensores del régimen a pedir una respuesta de represalia.

Desde su fundación en 1979, la Guardia Revolucionaria ha sido el “mecanismo principal del clero gobernante para aplicar su teocracia en casa y exportar su ideología shiíta islamista”, según Foreign Policy.

Colabora con sus aliados en las capitales árabes donde tiene considerable influencia, como Iraq, Líbano, Siria y Yemen. Comparten ideologías similares contra Occidente, Estados Unidos e Israeli. Los líderes de estas naciones a menudo glorifican la lucha y el martirio.

Por ejemplo, el secretario general de Hezbolá Nasrallah, predica con frecuencia mensajes de martirio a su base. En una entrevista, explicó: “Nuestro combatiente se hace estallar sonriendo y feliz porque sabe que va a otro mundo. La muerte para nosotros no es el final sino el comienzo de la vida real”.

Hutíes: voz intermediaria iraní en Yemen

Yemen sigue luchando con la peor crisis humanitaria del mundo, según Naciones Unidas tras caer en una sangrienta guerra por poder en 2015, cuando una coalición liderada por Arabia Saudita intervino para derrocar a los líderes hutíes del poder que tenían después de un golpe.

Las fuerzas hutíes, con respaldo de Irán, controlan la poblada región del norte, y también los medios. Los líderes hutíes han usado la pandemia —que algunos analistas describen como un “regalo para los hutíes”— para atacar a rivales y desviar la atención de la crisis en curso. Los líderes hutíes también promueven la teoría de la conspiración del régimen iraní de que el virus es un complot de Estados Unidos.

El ministro hutí de Salud, doctor Taha Al-Mutawakkil, dijo en un sermón público transmitido en televisión: “Debemos preguntar a todo el mundo, debemos preguntar a toda la humanidad: ¿quién y qué está detrás del coronavirus?”. Y concluye con un lema hutí: “¡Muerte a Estados Unidos! ¡Muerte a Israel! ¡Malditos sean los judíos! ¡Victoria para el Islam!”.

Mientras el virus recorre Yemen desde hace semanas, los activistas informan de docenas de muertos. Los líderes hutíes han negado el alcance del brote y minimizado su severidad. En una conferencia de prensa, Mutawakkil dijo:

We should not do like the rest of the world who have terrorized the population. The recovery of the virus is very high, it is in Yemen of over 80 %. The treatment of the coronavirus will come from Yemen.

No debemos hacer como el resto del mundo que ha aterrorizado a la población. La recuperación del virus es muy alta, en Yemen está en más del 80 %. El tratamiento del coronavirus vendrá de Yemen.

Los hutíes se suelen ceñir a una ideología enraizada en la victimización y exhibe que todos los problemas de Yemen los causan intervenciones externas que empezaron en 2015 con la campaña liderada por Arabia Saudita. Así, suelen culpar a la intervención que los absuelve de responsabilidad por la actual crisis.

Mohamed Ali al-Houthi, miembro del Consejo Político Supremo hutí, tuiteó el 16 de marzo, que la coalición liderada por Arabia Saudita es la culpable por la propagación del coronavirus en Yemen.

En los territorios ocupados por los países agresores [la coalición liderada por Arabia Saudita] no se han tomado medidas de precaución, emergencia ni cuarentena. No habría una epidemia arrasando el mundo llamada coronavirus. Hacemos responsable al agresor estadounidense y sus aliados por todos los casos en Yemen, pues controla el espacio aéreo, la tierra y los puertos.

Los líderes hutíes también han explotado el virus para presionar su base a la acción e impulsar el reclutamiento militar. En un canal de televisión afiliado con los hutíes, un orador recomendó al público a unirse en el campo de batalla y morir como mártires en lugar de morir confinados en casa por el coronavirus.

El eje saudita-emiratí: la culpa es de Qatar e Irán

El Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo se formó en 1981 tras la Revolución Islámica en Irán y la guerra Irán-Iraq, con Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar, Omán y Bahrein. Desde su inicio, su unión era para defenderse contra la amenaza iraní.

Sin embargo, el consejo ha estado en crisis desde 2017, cuando un bloque de países liderados por Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, entró en conflicto con Qatar por acusaciones de vínculos con “grupos terroristas” iraníes. Se impuso un bloqueo total desde junio de 2017 contra Qatar.

El coronavirus se ha politizado con estos antecedentes. Una narrativa muy difundida entre los países del consejo apoya la historia de que el virus llegó importado de Irán, epicentro regional de la crisis, o Iraq, a través de ciudadanos shiítas que regfresaban de peregrinaje en Irán.

El diario saudita Al Jazeera acusó a Irán de “agregar a su sangriento terrorismo el terrorismo de salud” por no haber sido transparentes y permitir que el virus se propagara.

Arabia Saudita “responsabilizó directamente” a Irán por la propagación del COVID-19; Bahrein los acusó de “agresión biológica” por no sellar los pasaportes de bahreiníes que viajaron a Irán.

En una región gobernada por familias reales suníes sobre una gran mayoría shiíta, analizada por su proximidad con Irán, es probable que este chivo expiatorio avive el sectarismo y la tensión.

Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita han lanzado campañas en medios sociales para culpar a Qatar por el coronavirus con etiquetas como #QatarIsCorona [Qatar es coronavirus], que dicen que Qatar fabricó el virus en China para poner en peligro SaudiVision 2030 y Expo Dubái 2020.

Internet ha brindado un terreno fértil para generar y amplificar noticias falsas auspiciadas por el Estado y campañas de propaganda. En una era de distanciamiento social y más dependencia de medios sociales, permitir que estas narrativas se difundan sin freno y sin sanciones socava una respuesta efectiva a la pandemia —y más ampliamiente— a la paz y la democracia.

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