Estadounidenses, sus fantasías sobre Canadá permiten complaciente sentido de supremacía blanca de los canadienses

trudeau apologizes for blackface

[…]”algo que entonces no creía fuerta racista, pero ahora lo reconozco[…]”.
Justin Trudeau en aparición de campaña de las elecciones federales en septiembre de 2019, en respuesta a las acusaciones de que se pintaba cara de negro (lo que se conoce como “blackface”) hasta por lo menos los 30 años. Los liberales de Trudeau no perdieron las elecciones y formaron gobierno minoritario. Captura de pantalla del canal oficial de YouTube de NCB News.

Este es un mal momento para Estados Unidos. Las manifestaciones y protestas masivas contra el maltrato policial y el racismo, tan profundamente arraigado, enfrentan un racismo y un maltrato policial aún mayores. Una economía que ha sido paralizada por una pandemia que ha destruido millones de empleos. Una respuesta incompetente a COVID-19 por parte de las autoridades que ha paralizado ciudades enteras y que genera una implacable oleada de nuevos contagios y muertes.

Sobre todo, un presidente inestable que amenaza infligir aún más violencia, caos y muerte a los estadounidenses.

Gracias a esta cascada cotidiana de terribles noticias, algunos amigos estadounidenses han dirigido su mirada al norte, hacía mi país, Canadá. Parece que para muchos estadounidenses, Canadá es un reino fantástico de amabilidad y buenos modales, una Portlandia [N. del E. se refiere a la serie Portlandia, que está llena de personajes excéntricos] sexy de tamaño de un país sin los caprichosos donuts (donas) gigantes y el Klan (N del T: se refiere al Ku Klux Klan), o un Austin, Texas sin tacos ni armas a la vista.

El 11 de junio, tras casi dos semanas de despiadada violencia policial contra los ciudadanos que protestaban pacíficamente por la muerte de George Floyd y en apoyo al movimiento Black Lives Matter, el programa Daily Show lanzó un segmento de comedia en que los estadounidenses rogaban a Canadá que invadiera Estados Unidos y restaurara el orden en el país. A mediados de junio, la etiqueta #InvadeUsCanada (Invádernos, Canadá) fue tendencia en Twitter.

“En comparación con el dichoso espectáculo que es Estados Unidos, Canadá es asombroso”, son las cosas que suelen decir mis amigos estadounidenses en estos tiempos de COVID-19.

¿Mi respuesta?

Cuando se trata de racismo, Estados Unidos es mucho más progresista que Canadá; por lo menos los estadounidenses pueden hablar de raza. En Canadá, gracias a nuestra reputación como un “apartamento muy gracioso encima de un laboratorio de metanfetaminas“, la raza casi nunca forma parte del diálogo nacional, con lo que el racismo es mucho más peligroso.

En efecto, en un diálogo nacional liderado por un títere, no es insólito que los canadienses nieguen que aquí exista el racismo. A principios de junio, cuando estallaron las protestas en las ciudades estadounidenses, en un artículo para The National Post, uno de los dos diarios debilitados de Canadá, una importante personalidad de medios afirmó que el país no era racista. Después de una “revuelta en la sala de redacción”, el redactor del periódico afirmó que el artículo fue el resultado de “una mala comunicación” editorial. La historia sigue en el portal de The National Post, con una nota aclaratoria arriba.

No es la primera vez que, en el último año y tras una revuelta en la sala de redacción, un canal de noticias canadiense justifica la publicación de un comentario racista. El problema es que el racismo en los medios no se limita solo a estos casos de alto perfil. Algunos comentaristas se están preguntado por qué los periodistas no dicen lo que piensan cuando aparece en la prensa un artículo racista como si fuese algo normal.

Los casos de racismo abierto en las salas de redacción canadienses se explican a menudo como simples errores. En junio, cuando Wendy Mesley, influyente personalidad de la cadena CBC, admitió haber utilizado la “palabra que empieza con N” durante una discusión editorial (como suele pasar en Canadá no se hicieron públicos los detalles del incidente), la justificación fue que se estaba citando a un entrevistado negro.

En una carta abierta dirigida a Mesley y firmada por la Asociación de Periodistas Negros de Canadá y más de dos docenas de personas, el periodista y activista Desmond Cole pidió a la presentadora de la CBC que ofreciera una explicación:

By claiming to have been repeating one of us, she is pushing responsibility for her comments onto us, and doubling down on her racist conduct by refusing to truly own it […] Black journalists are not responsible for Wendy Mesley’s racism, and we are outraged that she is trying to use us as cover for her own choices.

Al afirmar que ha repitido [lo que dijo] uno de nosotros, nos hace responsables de sus comentarios, y duplica su conducta racista cuando se niega a reconocerla como propia […]. Los periodistas negros no son responsables del racismo de Wendy Mesley, y estamos indignados de que intente usarnos como cubierta de sus propias decisiones.

El silenciamiento de las voces negras y de la minoría no es insólito en Canadá. En 2017, el mismo Desmond Cole se vio esencialmente obligado a renunciar a su trabajo de periodista independiente en The Toronto Star, el diario más divulgado en Canadá, por su activismo sobre el “pedido de identificación” (aleatorios controles policiales de identidad) y otras cuestiones. Cuando se hizo pública la historia de Wendy Mesley, Scaachi Koul de BuzzFeed, por ejemplo, contó cómo sus nombres aparecieron en la lista negra de la BCB por expresar sus opiniones o colegas y directores los habían confundido continuamente con otros colegas no blancos.

De otro lado, Angela Sterritt, reportera de la CBC, informó haber recibido “violencia lateral” por parte de periodistas. Algunos periodistas han renunciado:

Renunció Christine Genier, presentadora de CBC radio. En su nota de despedida que publicó en Facebook señaló lo que llama la “naturaleza cómplice de los medios en la continua opresión de voces negras e indígenas”. Este es su relato, con sus propias palabras.
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Uno. Cien. El porcentaje.

Los códigos de conducta a menudo sirven -deliberadamente o no- para silenciar a los periodistas marginados.

Por eso no sorprende que los medios canadienses guarden silencio casi total cuando se trata de discutir sobre racismo y violencia colonial. Por ejemplo, se necesitó que The Guardian, un medio extranjero, publicara la historia de que la Policía canadiense estaba dispuesta a disparar a los activistas indígenas que trataban de proteger las tierras tradicionales de un proyecto de oleoducto.

En junio, comentaristas blancos y privilegiados y personas en posición de mando han estado discutiendo si existe o no un racismo sistémico en Canadá, aunque casi a diario se muestran ejemplos crueles y trágicos de maltrato policial. La presunta persecución y el posterior golpiza a un indígena por parte de un oficial de la Real Policía Montada de Canadá es solo una de las varias denuncias contra la mala conducta de la Policía en el lejano territorio del norte de Nunavut. En Alberta, se divulgaron imágenes de una cámara acoplada al parabrisas de un auto policial que mostraban a agente de la Policiá Montada agrediendo violentamente a un importante líder de las Primeras Naciones. En la misma semana, la Policía de New Brunswick mató a tiros a dos indígenas.

Desde marzo, cuando comenzó la pandemia de COVID-19, las fuerzas policiales de Canadá han matado a más indígenas que el propio virus, según el empresario y escritor Robert Jago.

Así, mientras que The Daily Show alentaba a los estadounidenses a compartir la condescendiente etiqueta #InvadeUsCanada [invádenos, Canadá] contra el contexto de las manifestaciones de Black Lives Matter en Estados Unidos y Canadá, las comunidades raciales de Canadá sufrieron violencia brutal y los propios canadienses finalmente empezaron a hablar y a abordar el tema de la raza e, incluso, a dejar de financiar a la Policía.

Sin embargo, hay que decir que tanto periodistas y activistas negros como ciudadanos comunes y corrientes canadienses han estado luchando durante mucho tiempo por la justicia y centrando la atención sobre la discriminación hacia los canadienses negros y otras personas de color en Canadá. Por ejemplo, en su tiempo libre, Bashir Mohamed, de Edmonton, ha convencido a la junta escolar local que se disculpe con un estudiante negro por la discriminación racial. Mohamed también contó sus propias experiencias de crecer como negro en Edmonton y ha sacado a luz los lazos históricos que unen la capital estatal, Alberta, con el Ku Klux Klan.

Muchos otros han trabajado duramente para asegurarse de que la historia negra de Canadá no se borre. A mediados de junio, en Vancouver, los activistas de Black Lives Matter ocuparon dos viaductos que son todo lo que queda de los planes de la ciudad de construir una carretera elevada de hace 50 años. Los planes al final no se cumplieron, pero sí se demolió la histórica comunidad negra de Hogan's Alley y se desplazó a sus residentes. Ahora, la sociedad de Hogan's Alley está haciendo una campaña para que los territorios del viaducto sean puestos en fideicomiso.

Al tratar a mi país como un peluche gracioso y adorable de una nación que es simplemente “mejor” que Estados Unidos, los usuarios de #InvadeUsCanada [invádenos, Canadá] están silenciando las voces negras e indígenas, entre otras, en Canadá; lo que permite un sentido típicamente canadiense de superioridad engreída sobre nuestros vecinos estadounidenses.

Sobre todo, están ayudando a perpetuar la supremacía blanca en Canadá, y un nocivo legado de colonialismo violento que continúa hasta el día de hoy.

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