¿La COVID-19 ha provocado una crisis de fe en la Iglesia ortodoxa de Georgia?

Sacerdotes georgianos ortodoxos rocían agua bendita en las calles de la capital, Tiflis, el 17 de marzo de 2020. Foto (c): Mariam Nikuradze/ OC Media. Utilizada con autorización.

La pandemia ha afectado al mundo de manera desigual; Georgia ha sorprendido a todos con su éxito en la lucha contra el virus.

Hay diferentes explicaciones para esto, como acusaciones de que la verdadera escala y las estadísticas reales son muchos más altas (según el Mapa de la Universidad Johns Hopkins, al 29 de junio, el país tenía 926 casos confirmados y 15 muertes). Cualquiera que sea la verdadera historia, la primera ola parece estar disminuyendo, lo que brinda la oportunidad de reflexionar sobre la respuesta de importantes actores e instituciones de este país del sur del Cáucaso.

La Iglesia ortodoxa de Georgia es muy influyente a nivel social y político, pues el 83.4 % de la población la integran. Reprimida bajo el régimen soviético, la Iglesia recibió un gran apoyo financiero en forma de fondos públicos y restitución de bienes, que según un informe de ONG locales de 2016 reveló que valía varias decenas de millones de lari (desde entonces, estos privilegios financiaros han sido impugnados por el Tribunal Constitucional del país).

La Iglesia ortodoxa impone un respeto general dentro de la sociedad georgiana. En un estudio del Instituto Nacional Democrático (NDI en inglés) y CRRC de Georgia publicado en enero se reveló que entre noviembre y diciembre de 2019, el 50 % de la población confiaba en la Iglesia sin reservas. Sin embargo, este indicador ha ido disminuyendo regularmente durante varios años, y la cifra alcanzó el 64 % en julio 2019 y era incluso más alta en años anteriores.

Esto significa que las acciones de la Iglesia durante la pandemia son particularmente dignas de atención. Ahora, algunos observadores se están preguntando si esas acciones perjudicarán aún más la popularidad de la iglesia.

Oficialmente, Georgia registró su primer caso de COVID-19 el 26 de febrero. La primera reacción de la Iglesia ortodoxa llegó el 17 de marzo, cuando el clero roció con agua bendita las calles centrales de Tbilisi, la capital de Georgia. El arzobispo Shalva Kekelia explicó que era una forma de pedir ayuda a Dios para proteger al país y a los ciudadanos del virus. Tres días después, el Patriarcado hizo una declaración para pedir a los parroquianos con problemas de salud que se mantuvieran aislados de los demás hasta su completa recuperación, y sugirió realizar servicios religiosos al aire libre para evitar que grandes multitudes se reunieran en espacios pequeños.

A medida que los casos de COVID-19 aumentaban, Georgia declaró estado de emergencia el 21 de marzo, cualquier asamblea de más de 10 personas quedó prohibida. Cuando los periodistas de On.Ge le preguntaron si la prohibición se aplicaba también a los servicios religiosos, el primer ministro, Georgi Gakharia, contestó que se “aplica a todo y a todos”; se produjo un debate público sobre la seguridad de asistir a los servicios religiosos. Esto llevó al Patriarcado a emitir otro anuncio el 25 de marzo en el que reafirmó que aunque los servicios religiosos continuaran, apoyaba las medidas de control de crisis del Estado. La declaración señaló que algunos medios habían descrito la situación de tal manera que sugería que se podía culpar a la Iglesia por las consecuencias de la propagación del virus.

A principios de abril, los intentos de las autoridades de encontrar un lenguaje común con la Iglesia y los fieles llegaron a un punto crítico, con la cercanía del Domingo de Ramos y de la Pascua. Gakharia dijo que asistiría al servicio de Pascua por televisión y que se quedaría en casa, mientras que la ministra de Salud, Ekaterina Tikaradze, añadió que las personas deberían rezar desde casa ya que “Dios está en todas partes” y no solo en el templo.

Sin embargo, el clero ortodoxo fue inflexible y dijo que los servicios de la iglesia seguirían, y subrayó que había aplicado las directrices del distanciamiento social dentro de la Iglesia. Sin embargo, instó a los feligreses a escuchar el sermón a través de altavoces y ordenó que se desinfectaran los lugares de culto . La Iglesia fue menos flexible en otros rituales: por ejemplo, el uso de una cuchara compartida para servir el vino de la comunión durante los servicios. “Es completamente inaceptable que los miembros de la iglesia duden del misterio del sacramento y demuestren con sus acciones, como negarse a compartir una cuchara común como fuente de infección”, se lee en una declaración de la iglesia después de una reunión del Sínodo el 20 de marzo.

Giga Bokeria, político opositor del Partido Georgia Europea, reaccionó a la decisión del sínodo, sugirió que la Iglesia no debería haber esperado un tratamiento especial y que las restricciones debían aplicarse por igual a todas las instituciones y a todos los ciudadanos.

მორწმუნე ადამიანებს, ან მათ ნაწილს უფლება აქვთ, არ სჯეროდეთ მეცნიერების, ან მიიჩნევდნენ, რომ მათი მნიშვნელოვანი რელიგიური რიტუალის დროს მეცნიერება არ მუშაობს, როგორც ახლა გვესმის, თურმე, კოვზით ზიარებისას დაავადება არ გადავა ადამიანებზე, რაც ჩემთვის არის აბსურდი, მაგრამ მათ აქვთ უფლება, რომ ამის სჯეროდეთ. თუმცა ეს უფლება სამოქალაქო სეკულარულ სახელმწიფოში მთავრდება იქ, სადაც იწყება სხვების უსაფრთხოება

Los creyentes, o al menos algunos creyentes, tienen el derecho de no creer en la ciencia, o de creer que la ciencia no se aplica a sus importantes rituales religiosos tal como se entienden. Para mi, es absurdo que al compartir una cuchara, la enfermedad no se transmita a los humanos, pero ellos tienen el derecho de creérselo o no. Sin embargo, en un estado civil y laico, este derecho termina donde empieza la seguridad de los demás.

Por lo tanto, parte de la sociedad georgiana siguió mirando a la Pascua con inquietud. El 7 de marzo, el teólogo y exsacerdote georgiano Basil Kobakhidze concedió una entrevista a Pirveli TV, en la que atacó al Patriarcado por “fanatismo” en su enfoque al COVID-19. Kobakhidze, que vive en Francia, dijo que la Iglesia se había convertido en un “estado dentro de un estado” y que contribuiría a la propagación de la enfermedad. Al mismo tiempo, subrayó que la élite política del país y los miembros de alto rango del clero no corrían ningún peligro, ya que no tendrían problemas para recibir tratamiento médico.

Pese al cierre general de las cuatro ciudades más grandes de Georgia (Tiflis, Kutaisi, Batumi y Rustavi) declarado por el Gobierno el 15 de abril, las preparaciones para una gran vigilia de Pascua continuaron. Tikaradze remarcó, con mucha delicadeza, que todos los miembros de la sociedad georgiana, incluso la Iglesia y las personas, tenían que compartir la responsabilidad con el Gobierno para vencer al virus.

El padre Shalva Kekelia, sacerdote de la Iglesia de la Transformación en el distrito Vake de Tiflis, dijo que trataría de erigir una estructura temporal para los parroquianos esa noche que, aunque se respetarían las medidas de distanciamiento social en el interior, se suponía que cabrían unas 2000 personas. Permitiría a los fieles permanecer en el recinto del templo durante la noche para evitar infracciones al toque de queda. De manera similar, el Metropolitano Iakob de Boobde, uno de los clérigos más influyentes de la Iglesia, afirmó en una entrevista con InterPressNews, que la Iglesia no había ordenado a nadie que asistiera a los servicios y que los “cristianos deben ser responsables de ellos mismos”.

En otra entrevista, el 17 de abril, Kobakhdize declaró que el compromiso del Patriarcado de celebrar grandes servicios constituía una gran amenaza a la salud pública. Sus palabras no solo fueron apoyadas por importantes críticos de la Iglesia, sino que ese mismo día, 13 clérigos firmaron una carta abierta en la que declaraban que se negaban, temporalmente, a participar en la liturgia:

ქრისტესთან ჭეშმარიტი ურთიერთობა, მასთან ზიარება მხოლოდ ტაძარში სიარულით არ გამოიხატება. ჩვენ სხვაგვარადაც შევიქნებით ქრისტეს ჭეშმარიტი ტაძარნი, როგორც მისი სხეულის ნაწილნი (ეფ. 5,30) და მის წმიდა სხეულს ჭეშმარიტად თანაზიარნი. ვინც დღეს ეპიდემიის გამო თავს იკავებს ღვთისმსახურებაზე შეკრებისაგან, არათუ ქრისტეს ღალატობს, პირიქით, ცდილობს მოცემულ ვითარებაში აღასრულოს სულიერი ლიტურგია მოყვასის მსახურებისა. მოშიშება ყოველთვის სიმხდალეს არ ნიშნავს, ხანდახან იგი დიდი საქმის საფუძველი ხდება.

La verdadera comunión con Cristo no es solamente asistir a la iglesia. Podemos crear un verdadero templo de Cristo de otras maneras, como participantes de su cuerpo santo. Quenes ahora se abstienen de reunirse en oración por la epidemia no están traicionando a Cristo, por el contrario, están haciendo todo lo posible para llevar a cabo la liturgia espiritual con el prójimo en mente, dada la situación actual. El miedo no siempre es sinónimo de cobardía: a veces puede ser la base de actos grandiosos.

Sin embargo, durante el periodo previo a la Pascua y al Viernes Santo, el clero de la Iglesia ortodoxa parecía elegir qué restricciones obedecer. Con el confinamiento en Georgia, el movimiento de vehículos estaba prohibido desde el mediodía. Sin embargo, el 17 de abril, el Patriarcado declaró que la prohibición no se había acordado de antemano y que el clero, los miembros de los coros parroquiales y ujieres podían desplazarse libremente en auto para asistir a los servicios.

Así que la liturgia pascual se celebró con menos feligreses que en años anteriores; y muchos eran parientes del clero.

El 18 de abril, cientos de parroquianos en todo el país asistieron a los servicios, pese a los llamamientos de las autoridades para que se quedaran en casa. Reuters informa que en la catedral Sameba en Tiflis, todos llevaban mascarillas y que, en general, respetaban el distanciamiento social. “El virus atemorizó muchos”, dijo el patriarca Ilia II en su discurso de Pascua, y que tenían que pensar en Dios: “No debemos temer la tentación, el cristiano recibe los problemas con gratitud y ve la mano de Dios en todo… y, al mismo tiempo, trata de encontrar la justa solución por la situación actual”, siguió el patriarca de la Iglesia ortodoxa.

Aunque ha habido varios casos de clérigos que han dado positivo en COVID-19, como un trabajador de una iglesia en Tskneti, en las afueras de la capital de Georgia; es difícil decir si las oraciones públicas fueron responsables a la larga. El 5 de mayo, Tikaradze, ministra de Salud, declaró que las autoridades aún no habían identificado ningún “grupo de iglesia” en casos de COVID-19.

El hecho de que los feligreses estuvieran infectados o no puede ser irrelevante. Para muchos en Georgia, la reacción de la Iglesia a las restricciones estatales por de COVID-19 han mostrado cómo el clero respeta sus relaciones con el Estado, y se preguntan si las lecciones de la pandemia podrían provocar una crisis de fe en el rol de la Iglesia ortodoxa en la sociedad de Georgia.

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