Madres yanomami luchan por el derecho a enterrar a sus hijos en medio de pandemia en Brasil

Hombre muestra lugar de sepultura de niños indígenas. Para las madres, los niños estaban desaparecidos. Foto: Emily Costa/Amazônia Real

Este texto fue escrito por Emily Costa y Kátia Brasil, para el sitio web Amazônia Real y se reproduce en Global Voices en virtud de un acuerdo para compartir contenido.

El 1 de julio y después de dos meses de espera, una madre de la etnia yanomami, perteneciente al subgrupo sanoma, recibió el cuerpo de su hija en la aldea Onkopiu, estado de Roraima. La bebé murió el 1 de mayo de hidranencefalia y septicemia en un hospital de la capital estatal, Boa Vista. Según el Instituto Médico Legal (IML) del estado, el cuerpo de la niña estuvo todo ese tiempo en una cámara frigorífica.

Según documentos de la Secretaría de Salud Indígena (Sesai) al cual el reportaje tuvo acceso, el motivo de la espera fue que la madre contrajo COVID-19 y estaba internada. La madre se recuperó. La niña no llegó a contagiarse, con lo que tendría asegurado su traslado para el ritual funerario en la aldea.

En otra parte del documento, suscrito por una asistenta social, Sesai comunica que no se podría hacer el traslado pues no “había vuelos previstos para que los familiares entraran en la zona”.

La situación se asemeja a la de otras madres yanomami que buscan el derecho de enterrar a sus hijos según sus tradiciones en medio de las restricciones funerarias a causa de la pandemia del nuevo coronavírus.

Otros tres bebés yanomami, que murieron entre abril y mayo a consecuencia del COVID-19, fueron enterrados en el cementerio de Boa Vista sin consentimiento de las madres. Para ellas, los cadáveres de los niños  estaban desaparecidos; los ubicaron durante el recuento del reportaje de Amazônia Real.

Júnior Hekurari Yanomami, presidente del Consejo Distrital de Salud Yanomami (Condisi-Y), órgano subordinado a Sesai, dice que la madre sanoma tenía conocimiento de que el cuerpo estaba en el IML y solicitaba hacer el ritual funerario en la aldea.

“Las comunidades están preguntando, llamando, pidiendo que mandemos [el cuerpo] lo más rápido posible”, dijo a Amazônia Real, un día antes de que llevaran el cuerpo al lugar de la madre.

El reportaje encontró información sobre el cuerpo del bebé de Sanöma en el Instituto Médico Legal de Roraima. Foto: Emily Costa/Amazonia Real

Amazônia Real pidió explicaciones a Sesai por haber tenido dos meses el cadáver de la niña en el IML, pero no obtuvimos respuesta.

El jefe del órgano, Robson Silva, visitó la región el 1 de julio, con el general Fernando de Azevedo Silva, ministro da Defesa dek gobierno de Jair Bolsonaro, y representantes de la Fundación Nacional del Indio (Funai). En aviones de la Fuerza Aérea Brasileña, llevaron atención médica, medicamentos, insumos, y equipos de periodistas de agencias internacionales a las comunidades yanomami.

Ese mismo día, llevaron el cuerpo de la niña por avión a la aldea a las 11:00 horas. El viaje duró menos de dos horas. el traslado se pudo hacer solamente porque la niña no había tenido COVID-19, dijo el Consejo de Salud.

Cuando se le preguntó por la reacción de la comunidad al recibir el cuerpo de la niña sanoma, Júnior Yanomami dijo que fue reconfortante pero que toda la comunidad está de luto.

Otros casos

No es la primera vez que las autoridades de salud dejan de informar a los padres yanomami sobre entierros de sus hijos en cementerios de Boa Vista.

El primer caso del nuevo coronavírus entre la etnia fue la de un joven de 15 años, en el municipio de Alto Alegre, también en Roraima, en una región con gran incidencia de mineros en el río Uraricoera. A pesar de tener síntomas desde el 18 de marzo, le hicieron la prueba recién el 6 de abril. Tres días después, el joven murió en un hospital de la capital estatal.

En su momento, Dario Kopenawa Yanomami, director de la Asociación Hutukara Yanomami, dijo que faltó respeto y conocimiento de las autoridades sobre las ceremonias tradicionales de la cultura indígena. El caso se denunció en el Ministerio Público Federal.

“A los padres [pese a que estaban en Boa Vista] no se les comunicó del entierro, fue un error que se está cuestionando”, afirmó.

Para el antropólogo francés Bruce Albert, sepultar una víctima yanomami sin el consentimiento de sus familiares demuestra falta de ética y falta de empatía de las autoridades. “Además de las madres, disponer de un difunto sin rituales funerales tradicionales es para los yanomami, como para cualquier otro pueblo, un acto inhumano y, por lo tanto, infame”.

El Ministerio Público Federal abrió un proceso para garantizar la identificación de cuerpos de yanomami y posterior retorno a la tierra indígena cuando fuera sanitariamente seguro y si así lo deseara la comunidad de origen. En el reportaje, el órgano dice que se reunieron con líderes indígenas y representantes de salud para tratar sobre el entierro de indígenas víctimas de COVID-19. Dijo que el objetivo era “alinear protocolos con el objetivo de tener mayor comunicación, información y acompañamiento para los indígenas, pero respetando la salud de las comunidades para evitar riesgos”.

El 30 de junio, Dário Kopenawa Yanomami dijo que a las madres se les informó dónde estaban los cuerpos de los bebés “después de muchas críticas” y que las “comunicaron muy tarde”. El 2 de julio, viajó a Brasilia y se reunió con el vicepresidente de la República, general Hamilton Mourão, y la diputada federal indígena Joênia Wapichana. Además de hablar de la lucha contra la pandemia de los pueblos yanomami, también trataron la invasión de 20 000 mineros en el territorio.

Tres madres aún esperan

El reportaje buscó en el cementerio privado de Boa Vista durante tres días. Foto: Emily Costa/Amazonia Real

Además de la bebé que estaba en el Instituto Médico Legal, el reportaje encontró las sepulturas de otros tres menores yanomami cuyas madres los buscaban. Los cuerpos están en el cementerio particular Campo da Saudade, en Boa Vista.

Esas otras tres madres yanomami aún aguardan respuestas sobre cuándo recibirán los cuerpos de sus bebés para hacer los rituales fúnebres en las aldeas. Los bebés murieron por una enfermedad que se sospecha es el nuevo coronavírus.

Sesai confirmó la causa de las muertes. Un niño murió el 29 de abril en un hospital de responsabilidad del Gobierno de Roraima. La madre resultó positiva para coronavírus. El bebé fue enterrado tres semanas después de su muerte, el 20 de mayo, según documentos consultados para el reportaje.

Los otros dos bebés, del subgrupo sanoma, murieron el 25 de mayo y fueron enterrados uno al lado del otro. Uno tenía dos meses y murió por insuficiencia renal aguda y sospecha de COVID-19 en un hospital administrado por la prefectura de Boa Vista. El otro tenía tres días de nacido y murió tras contraer la infección.

El riesgo de contagio por la pandemia impide el traslado de los cuerpos ahora. “Solamente es posible retirar cuerpos sepultados por via judicial o si se espera el tiempo mínimo para la exhumación, tres años para adultos y dos años para niños y recién nacidos”, afirma Anselmo Martinez, administrador del cementerio donde están los niños.

Desde el primer caso de COVID-19 entre los indígenas yanomami, registrado en abril, más de 200 personas de la etnia se contagiaron en el territorio, ubicado en los estados de Roraima y Amazonas. El boletín epidemiológico de Sesai del 15 de julio, informó que hay 262 yanomami contagiados por el virus. Se confirmaron cuatro muertes; los tres bebés y un muchacho de 15 años.

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