Mutilación genital femenina podría experimentar aumento en Medio Oriente durante la pandemia de COVID-19

Captura de pantalla de un video sobre mutilación genital femenina publicado por The Guardian en YouTube.

El COVID-19 está afectando profundamente los derechos femeninos en Medio Oriente y norte de África, desde aumento la violencia machista a la pérdida del trabajo. Pero hay un rubro menos visible que también afecta a las mujeres: la mutilación genital femenina (MGF), cuya prevención se ha visto interrumpida a causa de la pandemia.

MGF es una epidemia global que también afecta a Medio Oriente

En abril, Naciones Unidas anunció que “debido a las interrupciones de los programas de prevención relacionados con la pandemia, durante la próxima década podrían producirse dos millones de casos de MGF que de otra forma se hubieran podido evitar”.

La mutilación genital femenina incluye “todos los procedimientos que implican la extirpación total o parcial de los genitales externos femeninos, u otras heridas en los órganos genitales femeninos por razones no médicas”, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Esta práctica tiene sus raíces en tradiciones, culturas y creencias religiosas muy extendidas en África, Medio Oriente y Asia, y la suelen ejecutar matronas o curanderas tradicionales con cuchillos, cuchillas de afeitar o cristales.

La MGF, también conocida como circuncisión femenina, está considerada “una de las manifestaciones más extremas de violencia contra niñas y mujeres“. Se estima que afecta al menos a 200 millones de mujeres en el mundo.

UNICEF explica el tema en este vídeo:

En la región MENA, la mutilación genital femenina (MGF) es un problema que afecta sobre todo a Egipto, Sudán, Yemen, Irak y Yibuti.

Carlos Javier Aguilar, consejero regional para la protección infantil, explica más.

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Es en Somalia donde prevalece la MGF: se estima que un 98 % de las mujeres entre 15 y 49 han sufrido mutilación genital. En Yibuti, se estima que el 93 % de las mujeres están afectadas, en Egipto el 91%, en Sudán el 88 %, en Mauritania el 69 %, en Yemen el 19 % y en Irak el 7 %, según las últimas cifras publicadas en junio por el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA).

La práctica varía dentro de cada país según la clase social, la etnia y la educación, con notables diferencias entre las zonas rurales y urbanas. La MGF se produce más a menudo en las familias más pobres y menos educadas de las áreas rurales. En Yemen, la MGF se concentra en las regiones costeras, pero es menos común en el norte. En Irak, la práctica se mantiene sobre todo en las provincias kurdas del norte. En Egipto, el porcentaje es notablemente mayor entre las chicas que viven en el Alto Egipto.

En Mauritania más del 90 % de las mujeres de familia pobre han sufrido MGF, en comparación con el 37 % de las mujeres de familias acomodadas:

MGF: Violación poco denunciada

La escala y alcance de la MGF podrían estar muy por encima de las cifras estimadas, porque según un informe conjunto de marzo firmado por Equality NowEnd FGM European Network y US End FGM/C Network, el “panorama oficial global de la MGF es incompleto“. El informe reveló una “creciente evidencia de que el ritual también se practica en otras regiones, como Medio Oriente y Asia”, y que “desgraciadamente, el mundo subestima la MGF”.

Estudios hechos con pequeñas muestras de población han demostrado recientemente que la MGF también se practica en Irán y en Estados del Golfo, como Kuwait, Emiratos Árabes Unidos Omán y Arabia Saudí. Divya Srinivasan, de Equality Now, dijo a la agencia Reuters que estaba “particularmente sorprendida con los resultados de pequeños estudios realizados en lugares como Arabia Saudí y Omán, que no suelen ser los primeros en los que pensamos al hablar de MGF”.

El informe, publicado durante el momento de mayor intensidad de la crisis por el COVID-19 en Medio Oriente, no ha aparecido en la prensa del mundo árabe ni se ha traducido al árabe, que tiene muy poca cobertura de la MGF. Esta falta de conocimiento del público podría perpetuar la percepción de que la MGF no es un tema preocupante.

Tabúes sociales

En Medio Oriente, los tabúes sobre los cuerpos y la sexualidad femenina evitan el debate público y abierto sobre temas sensibles como la MGF, a menudo vinculada a creencias culturales, religiosas y tradicionales.

En Egipto, por ejemplo, tanto cristianos como musulmanes creen que “la circuncisión de las niñas las aleja del vicio y las hace más atractivas ante futuros maridos. Las madres temen que sus hijas no puedan casarse si no se les ha mutilado”, según un informe de Stop FGM Middle East, campaña creada en 2013 para sensibilizar sobre la MGF, cuyo objetivo es “difundir el mensaje de la MGF no solo existe en África, sino también en muchos países de Medio Oriente y Asia”. La organización presiona para que se recaben más datos de MGF, y ha creado una herramienta de seguimiento para ayudar a personas y grupos que han creado sondeos a pequeña escala sobre MGF.

A menos que haya algún incidente crítico que llegue a los titulares de la prensa —como la muerte relacionada con la MGF de una niña de 12 años en el sur de Egipto en febrero—, se tiende a evitar el tema.

Ghida Hussein, estudiante egipcia que investiga sobre la MGF, dijo a Global Voices:

As we don’t talk about it, it is as if the problem doesn’t exist. FGM is often practiced silently behind closed doors. It is happening far from the more educated urban centers of power where activists and politicians are seated. FGM is a controversial sensitive issue and unless there is international attention and funding, it is not seen locally as a priority by an overwhelming male political class.

Como no hablamos al respecto, es como si el problema no existiese. La MGF se practica a menudo de manera silenciosa y a puerta cerrada. Sucede lejos de los centros de poder urbanos más educados, donde se encuentran los activistas y los políticos. La MGF es un tema controvertido y sensible, y a menos que haya atención y fondos internacionales, la clase política, mayoritariamente masculina, no la ve como una prioridad.

Romper el tabú y hablar de la MGF puede exponer a los defensores de derechos humanos y a las víctimas a agresiones verbales y a fuertes reacciones negativas.

En Omán, la activista de derechos de la mujer Habiba al Hinai, fundadora de la Asociación Omaní de Derechos Humanos, llevó a cabo un sondeo en 2017, y descubrió que el 78 % de las mujeres han sufrido mutilación.

Tras publicar sus descubrimientos en línea, Habiba recibió ataques y amenazas:

I posted my results online and the response was huge. I was attacked by religious conservatives who say female circumcision is a form of Islamic worship.

Publiqué mis resultados en línea y la respuesta fue enorme. Me atacaron conservadores religiosos que dicen que la circuncisión en una forma de veneración islámica.

En Omán, donde la MGF no está oficialmente reconocida, no existe protección ni apoyo a las víctimas. Habiba añadió en el informe:

How can you ask a survivor to speak out against FGM and then face all the consequences —criticism and online defamation, her family and her tribe may disown her, maybe her husband will divorce her — without proper support. I don’t expect these women to speak out and face society.

No puedes pedir a una sobreviviente que hable claro contra la MGF y después se enfrente a las consecuencias —críticas y difamaciones, su familia y su tribu pueden rechazarla, quizás su marido se divorcie de ella— sin un apoyo adecuado.

Erradicación de la MGF: demasiado lenta, poco adecuada

En Yemen y Emiratos Árabes Unidos, la MGF solo está prohibida en instalaciones médicas, pero no en los domicilios privados. En Mauritania existen restricciones legales, pero no una prohibición directa. En Irak, la MGF es ilegal en la Región Kurda Autónoma, pero sigue siendo legal en el centro del país.

No obstante, ha habido algunas iniciativas para erradicar la práctica. Después de años de reivindicación de las organizaciones de derechos femeninos, Egipto prohibió la practica en 2008. Sudán, en proceso de transición política tras 30 años de dictadura, se convirtió en el último país en ilegalizar la MGF en abril.

Pero la aplicación de la ley sigue siendo un importante reto, porque la MGF tiene todavía un alto grado de aceptación y prevalencia.

Aunque las leyes son un considerable freno, no son suficientes. Los Estados necesitan estrategias nacionales y exhaustivas que incluyan a la Policía, Poder Judicial, el clero, proveedores de servicios de salud y la educación de la sociedad civil.

Una serie de crisis regionales y regímenes autoritarios ha retrasado las reformas, lo que ha limitado campañas y recursos para tratar las violaciones de los derechos de las mujeres.

Ahora, con la atención del mundo centrada en el COVID-19 y su impacto económico, muchos programas que reivindican los derechos femeninos y proporcionan servicios sociales a mujeres vulnerables han quedado pospuestos o ya no son prioridad. Con tantas familias cayendo por debajo del umbral de la pobreza, tantas niñas que se ven forzadas a dejar la escuela o a contraer matrimonios prematuros, es muy probable que la MGF siga practicándose en la región sin que nadie lo note.

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