Jamaica abre los ojos a difícil situación de prisioneros con enfermedades mentales

Vista desde la entrada de la prisión Tower Street en Kingston, Jamaica, entre el primero y el segundo muro. Foto de Christina Xu vía Flickr (CC BY-SA 2.0).

Este el primer artículo de una serie de dos sobre la cruda s realidad del sistema penal jamaicano, especialmente en lo que respecta a las personas que padecen problemas de salud mental.

Cuando el octogenario Noel Chambers murió en el centro penitenciario Tower Street de Kingston el 24 de enero, llevaba 40 años languideciendo en el sistema penitenciario de Jamaica sin haber sido juzgado. Entró en prisión el 4 de febrero de 1980, su última comparecencia en el tribunal fue el 2 de abril del mismo año, había sido detenido “a discreción del gobernador general”, después de ser considerado no apto para declararse culpable de asesinato.

En estos casos, los sospechosos –incluidos los menores que, supuestamente, han cometido delitos graves– pueden ser encarcelados de manera indefinida hasta que un tribunal decida que es seguro liberarlos. Según los informes, Chambers fue condenado, considerado incapaz de declararse culpable y luego encarcelado, aunque no se dictó una sentencia específica.

Cuando la Comisión Independiente de Investigaciones (INDECOM por su nombre en inglés), que examina las violaciones de los derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad del país, reveló detalles de su informe trimestral titulado “Detenidos a discreción: Violaciones institucionalizadas de derechos humanos” en una conferencia de prensa el 3 de junio, los jamaicanos reaccionaron con horror e incredulidad.

El informe se centró tanto en las personas declaradas incapaces de declararse culpables como en quienes fueron declarados culpables de un delito pero se consideró que padecían una enfermedad mental. Las fotos del cuerpo de Chambers, publicadas en el informe con el permiso de la familia, fueron particularmente impactantes:

At the time of his death he was in a deplorable physical condition. His clothing was filthy and his body showed evidence of chronic emaciation. He was covered with what appeared to be vermin bites, live bedbugs (“chink”), and he showed signs of having bed sores.

Cuando murió su condición física era deplorable. Su ropa estaba sucia y su cuerpo mostraba signos de demacración avanzada. Estaba cubierto con lo que parecía ser mordeduras de bichos, chinches vivos y mostraba signos de ulceraciones en la piel.

La autopsia de Chambers reveló que la causa de su muerte fue una infección renal aguda.

Obligación de revisar

INDECOM ha dejado claro que el Estado tiene la obligación de revisar regularmente estos casos. También señaló que el comisario correccional, teniente coronel Gary Rowe, no pudo entregar ninguno de los informes mensuales requeridos cuando se los solicitaron. En una carta al INDECOM con fecha 2 de abril, prometió tratar de localizarlos. Todavía no está claro si se han encontrado.

Por el caso de Chambers, la falta de higiene y de una atención médica “oportuna y adecuada” junto a su detención indefinida “ponen de manifiesto graves violaciones de sus derechos constitucionales, la ley (de administración) de justicia penal y el Reglamento de Instituciones Penitenciarias”, según el informe. Una inspección realizada en marzo había descrito las condiciones en la sección para enfermos mentales de la prisión de Tower Street como “menos que deseables” y se describió que Chambers compartía una “celda infestada de bichos” con otros tres presos.

En su lista de recomendaciones, INDECOM sugirió que los fiscales examinaran todos esos casos y que se establecieran sistemas para garantizar su “revisión oportuna” en el futuro. También recomendó al instituto un equipo forense psiquiátrico bien equipado para quienes se considera no aptos para declarse culpables.

Chambers no fue una excepción

Al investigar otros casos, INDECOM señaló que la situación de Chambers no era una situación aislada; mencionó otros nueve casos de presos con enfermedades mental “detenidos a discreción”, que han estado tras las rejas esperando juicio entre 19 y 49 años. Todos estos casos excedían las sentencias máximas por sus presuntos delitos.

Además, el Departamento de los Servicios Penitenciarios de Jamaica informó de 146 casos de ese tipo en otras tres prisiones. Al menos 15 de los presos en cuestión han estado detenidos durante más de 30 años.

Un joven jamaicano reaccionó a esas revelaciones y exigió una acción inmediata:

¿Han leído que siete hombres jamaicanos han sido encarcelados sin juicio entre 40 y 49 años? ¿Significa eso que en este momento tenemos hombres encarcelados más tiempo que Noel Chambers? ¿A nadie le da vergüenza? ¿Nadie dice que no deberían ser retenidos, ni siquiera una noche más? ¿Señor juez supremo? ¿Señor ministro de Justicia? ¿Señora fiscal general? ¿Señor primer ministro?

El profesor universitario Damien King añadió:

El tribunal recibe duras críticas por muerte de preso que estuvo detenido 40 años sin juicio. 
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El horroroso caso de Noel Chambers, en prisión de por vida (41 años en su caso) sin juicio no debería ocurrir nunca. Se debe realizar una investigación y llegar a uno de dos resultados: o bien una persona fue negligente y se hace responsable o bien fue un fracaso sistemático y se anuncian reformas.

La segunda parte de este artículo abordará los alentadores acontecimientos producidos desde que la muerte de Noel Chambers llamó la atención del público.

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