“¿Dónde está mi familia?”: La pregunta sin respuesta para miles de uigures en el exterior

Vista de Kasgar en Sinkiang. “Camino de la seda 1992″; imagen de fdecomite (CC BY 2.0).

Un uigur que hoy vive en los Países Bajos nos cuenta su historia: su lucha por averiguar qué pasó con su familia en Sinkiang luego de haber conocido toda la fuerza de la persecución del Gobierno chino contra los uigures.

Abrupto descenso al infierno

La historia que Nejmidin cuenta a Global Voices es la de muchísimas familias uigures. Nació en Kasgar, una ciudad predominantemente uigur del sur de Sinkiang. Su extensa familia era próspera y muy respetada en la región. Su abuelo, Raman Idris, era un empresario que se dedicaba a los fertilizantes químicos y, posteriormente, al desarrollo inmobiliario. El padre de Nejmidin, Mamutjan Raman, también era un acaudalado hombre de negocios y dueño de una cooperativa agricultora.

Nejmidin creció en el seno de una familia extendida muy unida: Incluso se podía contar con los parientes más lejanos en caso de necesitar ayuda o apoyo. Toda la familia era musulmana devota, rezaban cinco veces por día y pagaban su tributo religioso anual (azake), y su abuelo hizo la peregrinación a La Meca. Sin embargo, todas estas prácticas debían hacerlas con discreción para evitar la ira de las autoridades chinas. Nejmidin recuerda que, cuando iba a la escuela, obligaban a sus compañeros a tomarse de la mano y prometer que nunca se involucrarían en ceremonias o prácticas religiosas, como el ayuno o las oraciones de los viernes. No obstante, las familias uigures (como la de Nejmidin) gozaban de cierta libertad para practicar su fe en silencio.

Todo cambió de forma abrupta y dramática a fines de 2015: Nejmidin, que ya vivía en el exterior, recibió una llamada de su madre, quien entre llantos le decía que su padre había sido acusado de un “delito político” y sentenciado a un año de prisión en Aksu, ciudad del sur de Sinkiang. Su hermano menor, acusado de un delito similar, había sido sentenciado a seis meses en la prisión de Kasgar. La madre de Nejmidin le rogó que nunca más llamara a casa, por la seguridad de la familia, ya que tener familiares en el exterior podría provocar que se intensificaran la vigilancia y los interrogatorios.

Impenetrable muro de silencio

Tales situaciones traumáticas se cuentan reiteradamente dentro de los uigures que viven fuera del país: A pesar de la profunda angustia por el destino de quienes quedaron atrás, los exiliados temen que cualquier intento de comunicarse con ellos los pueda exponer a mayores riesgos. Al mismo tiempo, los uigures que viven en el exterior sufren las dificultades de subsistir en otras tierras y luchar para hacerse un lugar, y a veces, sentirse seguros, dada la presión que ejerce el Gobierno chino sobre los países que acogen asilados uigures.

Esa es la experiencia de Nejmidin: Imposibilitado para contactar a su familia directamente, recibió información de personas que mantenían un contacto discreto con la región. En 2018, se enteró de que su padre había sido acusado de extremismo religioso y había sido arrestado en junio de 2016, cerca del inicio del sagrado mes de Ramadán. Según una fuente de Kasgar, su abuelo fue llevado de urgencia a un hospital poco después de ser arrestado, y allí falleció. La fuente sostuvo que había sido brutalmente golpeado antes de morir. Tenía 70 años.

También informaron a Nejmidin que los bienes de su familia, incluso los sustanciales ahorros de su abuelo, producto de toda una vida de trabajo en el negocio inmobiliario y los fertilizantes químicos, habían sido confiscados por el Gobierno. Nejmidin dijo a Global Voices: “En nombre de la reeducación y la capacitación vocacional, el Gobierno chino se llevó la vida y la riqueza de mi abuelo. Se llevaron todo lo que había acumulado a lo largo de su vida y confiscaron sus propiedades”.

En marzo de 2019, se enteró de que su padre, que tenía 50 años, y un tío abuelo sexagenario, también habían muerto en custodia el Gobierno chino. No pudo conocer los detalles sobre sus muertes, ni siquiera sobre las acusaciones que había contra ellos.

De la desolación al activismo en línea

Desesperado por tener noticias de su familia, Nejmidin hizo muchas llamadas telefónicas a las comisarías de Kasgar durante febrero de 2019. En algunos casos no atendieron, en otros le cortaron la llamada. Algunos, incluso le dijeron que tenía que ir personalmente a Kasgar si quería saber dónde estaba su familia.

Desistió con las autoridades locales y trató de comunicarse con la Embajada de China en los Países Bajos. Como estrategia inusual y desesperada, envió los datos de contacto personales de todos sus familiares a la Embajada. Finalmente, tras numerosas llamadas diarias durante una semana, alguien de la recepción de la embajada le dijo que su mensaje sería transmitido a cierta autoridad que iba a decidir, en un plazo incierto, si analizaría o no el caso.

Eventualmente, otra persona tomó el teléfono y dijo a Nejmidin que podía volver a China cuando quisiera y buscar a su familia él mismo. Ya pasó más de un año desde que Nejmidin contactó a la Embajada de China. Aún no tiene noticias, pero a juzgar por los numerosos perfiles de los detenidos que salieron a la luz durante los últimos años, un factor que pudo llevar a las autoridades chinas a perseguir a su familia fue el hecho de que eran musulmanes practicantes. Se ha visto que los ataques contra las prácticas y edificios islámicos son elementos claves de una arremetida más amplia de China contra las culturas turcas de Sinkiang.

A medida que los uigures del exterior empezaron a perder contacto con sus seres queridos ante las fuertes medidas de China en su país, muchos empezaron a publicar videos de testimonios en las redes sociales, donde dan el perfil de sus parientes desaparecidos y exigen respuestas.

Nejmidin explicó a Global Voices cómo cambió su perspectiva en 2018:

After seeing videos like that I decided to make one for my family members, to call on Chinese government officials to release my family. It was an emotional moment. When I was making that video I cried a lot. I felt miserable having to make the video because that’s not what people do in a country where there is law. In a country where there is law people are not locked up for being who they are, belonging to a different ethnic group or being a practicing Muslim… they wouldn’t need to make such video testimonies…but for us, we have to do this…we are desperate to hear anything from our family.

Tras haber visto esos videos, decidí hacer uno por mi familia, para exigir que el Gobierno chino la liberara. Fue un momento muy emotivo. Lloré mucho mientras hacía el video. Me sentía infeliz por tener que hacerlo, porque la gente no tiene que hacer eso en un país donde hay leyes. En un país con leyes, no encierran a la gente por lo que es, por pertenecer a un grupo étnico distinto ni por ser un musulmán practicante… no tendría que estar grabando esos testimonios… pero nosotros tenemos que hacerlo, estamos desesperados por saber algo de nuestras familias.

Desde 2018, Nejmidin publicó varios videos en una plataforma de testimonios llamada Uyghur pulse [‘Pulso uigur’]. No sabe si su esfuerzo marcó alguna diferencia, positiva o negativa, en el destino de su familia, pero al menos el Gobierno chino sabe que las víctimas de su represión no han sido olvidadas, y que los familiares en el exterior seguirán alzando la voz en su nombre.

Nejmidin sigue luchando para hacerse una nueva vida en los Países Bajos, lejos de la familia en la que creció. Lo que pasó a su familia sigue pesando sobre sus hombros, y comenta:

Each time I want to say that my father and grandfather died at the hands of the Chinese government, I cannot stop crying… I find it very difficult to come to terms with why our family members had to die…there is no logical reason behind what happened.

Cada vez que trato de contar que mi padre y mi abuelo murieron en manos del Gobierno chino, no puedo dejar de llorar… Me cuesta mucho asimilar por qué nuestras familias tuvieron que morir… No existe una razón lógica para lo que pasó.

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