En Chile, el año escolar solo está a mitad de camino — y los profesores están teniendo dificultades

Créditos de la fotografía: Pixabay, bajo licencia de Pixabay.

Al 1 de abril, casi 1600 millones de estudiantes en el mundo se encontraban afectados por los cierres de los colegios debido al COVID-19. Para los niños en el hemisferio norte, el año escolar turbulento finalizó con la llegada de un clima más cálido, pero para millones de estudiantes y profesores en el hemisferio sur el año escolar está solo a mitad de camino. Todos los colegios de primaria y secundaria en Chile han estado cerrados desde el 15 de marzo, lo que ha forzado a los profesores a hacer clases en línea. Enseñar en el sistema escolar estructural y económicamente diverso de Chile presenta desafíos incluso sin que una pandemia azote al país.

Al principio de la pandemia, Chile fue aclamado inicialmente como líder en América Latina por sus agresivas campañas de pruebas y lo que el Gobierno chileno llamó cuarentenas “dinámicas” o confinamiento objetivo en áreas con el mayor número de casos. Pero ahora, el país de 19 millones de habitantes aún lucha contra una tasa de infección creciente. Se han confirmado más de 360 000 casos de COVID-19 y más de 9000 personas han muerto por la enfermedad.

Colegio municipal cerrado en Santiago, Chile. Fotografía tomada por el autor.

“El invierno se viene duro y va a ser difícil, y no creo que vuelva a ver a mis estudiantes pronto”, contó Francisca Alvear, profesora de preescolar en un colegio privado de Santiago, capital de Chile, a Global Voices a través de una videollamada por Zoom.

En marzo, Alvear y sus colegas migraron a enseñar totalmente en línea con videos pregrabados, llamadas por Zoom con los estudiantes y comunicaciones por chats de WhatsApp. Trabajar completamente en línea con niños pequeños tiene desafíos específicos. “Por lo general cuando enseñas a niños muy pequeños, ellos necesitan el contacto, el contacto humano. Necesitan ver lo que estás haciendo, les falta eso”, dijo Alvear.

Con la mayor parte de Santiago bajo órdenes de confinamiento desde el 15 de mayo, los profesores están teniendo que luchar con horarios drásticos en casa y las presiones añadidas que acompañan la vida en cuarentena. “Un gran problema es que tenemos padres ocupados”, dijo Alvear. “Quizá no se conectan porque ellos mismos tienen reuniones en línea, o tal vez tienen otros dos o tres niños y no se pueden enfocar en que este niño esté sentado una hora seguida para sus clases por Zoom”.

En junio, luego de enseñar en línea por más de tres meses, Alvear fue suspendida por su colegio privado, citaron motivos de financiamiento como la razón probable para suspensión temporal de su contrato. El colegio de Alvear no hace público el costo de su colegiatura, pero colegios privados similares en Chile pueden costar cientos o miles de dólares mensuales a las familias, bastante fuera del alcance de la familia chilena promedio. El sueldo mínimo mensual en Chile es cercano a 375 dólares.

De acuerdo al ministro de Educación, Raúl Figueroa, el Gobierno había empezado a preparar medidas de enseñanza a distancia para colegios públicos a los primeros indicios de COVID-19 en enero. Desde el cierre de los colegios en marzo, el Ministerio de Educación chileno lanzó la plataforma digital “Aprendo en línea“, biblioteca en línea de material escolar para estudiantes con planes de clases, libros digitales y videos pregrabados. En coordinación con los proveedores de servicio de telefonía móvil, se ha autorizado a los consumidores a descargar material escolar sin costo. La Fuerza Aérea Chilena ha estado entregando material impreso a miles de escuelas rurales de difícil acceso con acceso a internet limitado. Algunos profesores en la empobrecida región chilena de La Araucanía enseñan a sus estudiantes desde furgones que van de casa en casa.

La necesidad de llevar materiales vía aérea o enseñar dentro de furgones ilustra también los desafíos complejos que los profesores enfrentan en Chile. El sistema de educación del país está segregado económicamente con estudiantes divididos en tres tipos de colegios diferentes: colegios municipales mal financiados, colegios públicos subvencionados a través de bonos y pagos, y costosos colegios privados. De acuerdo a las cifras publicadas en 2017 por la OECD (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) más del 20 % de los niños chilenos viven en la pobreza. Incluso antes de la llegada de la enseñanza en línea, la experiencia de aprendizaje para los niños chilenos variaba mucho, por lo general depende totalmente de la situación económica de la familia.

Colegio vacío en Recoleta, comuna de Santiago. Fotografía tomada por el autor.

“Muchos niños no tienen Internet, teléfonos o computadores”, explica John Tamm, profesor de aprendizaje socioemocional en Santiago a través de una videollamada por Zoom. En 2019, Tamm enseñó en un colegio público subvencionado en la empobrecida y sobrepoblada comuna de San Ramón de Santiago, que ha sido duramente golpeada por la pandemia.

Según Tamm, el año escolar 2020 en San Ramón comenzó tarde debido a las protestas por la desigualdad económica, luego vino el COVID-19. Durante un año normal en el colegio de Tamm, los estudiantes reciben varias comidas al día en la cafetería del colegio. Ahora las familias más pobres esperan provisiones del Gobierno central.

El plan de estudios presenciales de Tamm no se puede enseñar a través de internet, por lo cual ahora enfoca su tiempo en ayudar a sus colegas a preparar sus clases. “Muchos psicólogos [escolares] que trabajan aquí tratan de contactar a cada familia, averiguan su situación actual y tratan de ver cómo pueden ayudar”, dijo Tamm.

Independientemente de la situación socioeconómica de los estudiantes, la profesión de enseñar es muy diferente con COVID-19. “Requerirá de mucha paciencia tanto de profesores como de estudiantes dado que es un paradigma de aprendizaje completamente nuevo”, dijo Matthew Underwood, profesor de inglés en un colegio alemán privado en Santiago. “La situación que los educadores están viviendo en este momento y, por ende, los estudiantes, no tiene precedentes”, dijo Underwood por videollamada por Zoom.

En respuesta al COVID-19, Santiago y docenas de otras municipalidades reforzaron los controles de cuarentena en mayo. Algunos de esos controles se levantaron como parte del plan gubernamental “Paso a Paso” de reabrir el país, pero es probable que el progreso sea lento. Las reglas de la cuarentena continuarán poniendo presión a las familias, colegios y profesores en Chile. A finales de julio, varias autoridades municipales afirmaron que los colegios no volverán a clases presenciales hasta 2021. El ministro de Educación, Raúl Figueroa, ha estado indeciso de declarar que el año escolar 2020 completo se llevará a cabo en línea y ha sido criticado por comentarios que aseguran que la falta de educación presencial podría llevar a situaciones de abuso en casa para los niños chilenos.

Antes de recibir la difícil noticia de la suspensión de su contrato, la profesora de preescolar Francisca Alvear estaba optimista de que ella y sus colegas podrían enfrentar el desafío de enseñar en un sistema de educación económicamente diverso. “Al final siempre encontramos las herramientas para llegar a los estudiantes”, dijo Alvear. “Aguanten, porque se pone mejor”.

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