¿Está Namibia caminando por la delgada línea entre la tecnología de espionaje china y europea?

Jóvenes posan por una foto durante una conferencia en Namibia. Crédito de la imagen: Yusuf Kalyango Junior (CC BY-SA 2.0).

Este artículo es parte de UPROAR, iniciativa de Small Media que insta a los Gobiernos a abordar los retos de los derechos digitales en el Examen Periódico Universal (EPU).

En teoría, hay pocas restricciones, si acaso las hay, para el acceso a Internet en Namibia, que es una de las democracias más estables de África y una de las naciones menos habitadas.

Sin embargo, las recientes audaces acciones para adquirir varias formas de software espía han planteado un dilema a los observadores: ¿están los agentes de inteligencia de Namibia caminando con destreza en una línea sutil para adquirir equipos de espionaje digital tanto de China como de la Unión Europea?

Es posible que en Namibia se esté llevando a cabo una vigilancia digital, dado el inventario de tecnologías de espionaje adquirido en los últimos años, especialmente los aparatos públicos de televisión de circuito cerrado y los receptores de Identidad de Suscriptor Móvil Internacional (IMSI en inglés), dice Admire Mare, profesor del Departamento de Comunicaciones de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Namibia. El país no está solo ya que “muchos países del sur de África han estado ampliando sus capacidades de vigilancia como parte de una creciente ola de autoritarismo en la región”, dijo Mare a Global Voices.

Frederico Links, investigador asociado al Instituto de Investigación de Política Pública, está de acuerdo: “las pruebas indican que Namibia adquirió sofisticados receptores de comunicaciones y capacidades de vigilancia, que ya se implementaron”, dijo Links, que también preside la Coalición ACTION, que aboga por un mayor acceso a la información en el país.

Los receptores IMSI, comúnmente llamados “recogedores” en la industria del espionaje, son dispositivos que pueden colocarse convenientemente para activar estaciones base de telefonía móvil GSM para detener la encriptación de las llamadas de voz, video o texto de los usuarios. Toda la correspondencia digital que pasa a través de un receptor IMSI puede ser recopilada, vista, copiada o escuchada. Con la ayuda de tarjetas SIM registradas centralmente, cotejadas firmemente por las autoridades namibias, un receptor IMSI es un ojo perfecto dentro de una red nacional de telefonía celular, dice Yasin Kakande, becario de TED y observador de la privacidad en línea de África, en entrevista de Zoom con Global Voices.

En 2017, los conjuntos de datos del Departamento de Comercio Internacional del Reino Unido revelaron que el Servicio Central de Inteligencia de Namibia (NCIS), la agencia de policía secreta namibia, ordenó y compró los receptores IMSI de la compañía británica CellXion Ltd, que comercializa “soluciones de inteligencia celular”.

En la última década, la policía de inteligencia del Estado ha estado muy activa en el mercado minorista de equipos de espionaje.

La Coalición contra la Exportación de Vigilancia Ilegal (CAUSE en inglés) reveló en junio de 2015, que Namibia hizo ofertas para comprar un arsenal de espionaje por internet en Suiza en 2013. Sin embargo, este intento fue rechazado cuando el Gobierno suizo empezó a frenar este tipo de importaciones, por miedo a que los estados rebelde podían utilizarlas para perjudicar a los oponentes locales demócratas. Las autoridades suizas bloquearon de inmediato los envíos de los equipos y programas de vigilancia a Namibia, Etiopia, Indonesia, Yemen, Catar, Malasia, Turkmenistán y Emiratos Árabe Unidos.

En octubre de 2014, Namibia quedó fuera de una ambiciosa oferta para adquirir equipos del conocido vendedor italiano “The Hacking Team” (renombrado Memento Labs tras ser adquirido por otra compañía de seguridad cibernética en 2019). Una embarazosa fuga de datos de WikiLeaks expuso a Namibia como uno de los clientes y el negocio fracasó . El Gobierno italiano tomó la oportunidad para anular el permiso del “Hacking Team” de exportar programas maliciosos de intrusión.

El grupo de presión de la Campaña contra el Comercio de Armas alega que en 2011, y entre 2015 y 2017, Namibia trató con la empresa danesa Sys-tematic, que vende conocimiento especializado, equipo de control en la web y asesoramiento a los Estados que buscan “soluciones, servicios y que hacer con la vigilancia, prevención, análisis, evaluación de riesgos y gestión de crisis”.

Luego, está el elefante en la habitación, Huawei de China. La relación de la compañía con Namibia tiene ya más de una década, a la compañía se le atribuye la instalación de las redes 3G y 4G y ahora, posiblemente, la de la infraestructura del 5G.

Huawei, probablemente uno de los vendedores más entusiastas de la tecnología de vigilancia web, está muy presente en el país: provee y repara aparatos e infraestructura de Telecom Namibia, el operador nacional de telecomunicaciones.

Junto con MTC, operador de telefonía celular propiedad del Gobierno de Namibia, Huawei se ha visto atrapado en una relación de transferencia de tecnología, especialmente a través de su tecnología de acceso por radio SingleRAN, que permite a los operadores de telecomunicaciones móviles de Namibia ofrecer múltiples servicios inalámbricos en una sola red. Hasta dos millones de namibios dependen de la tecnología suministrada por Huawei para acceder a la comunicación de voz, a internet y a la televisión digital, gracias a los cientos de estaciones base de radio y a los miles de kilómetros de líneas de fibra óptica estacionadas en Namibia por Huawei.

En todo esto, “ninguno está seguro si esta estrecha relación ha permitido a Huawei colarse en la internet de Namibia como se informó en la sede de la Unión Africana en Adís Abeba, donde el gigante chino construyó una red de computadoras y comenzó, con astucia, a recoger datos desde las sombras”, se preocupa Yasin Kakande.

Son exactamente las maniobras ultrasecretas de control digital de la agencia de inteligencia de Namibia las que desconciertan a los activistas:  “Es difícil medir la capacidad de vigilancia de la internet de Namibia, dado el carácter sombrío del presupuesto del sector de los servicios de seguridad y cómo los operadores de telecomunicaciones de propiedad del Gobierno tratan con los proveedores de servicios extranjeros. La transparencia es el eslabón perdido en todo esto”, añade Mare. “Es un espacio secreto, por lo que los informantes no vendrán al frente para confirmar o no la práctica”

Los observadores señalan algo extraño pero interesante: cuando The Namibian, principal medio del país, publicó el artículo “(Namibia) agencia de espionaje recibe 217 millones de dólares namibios…en tres años” (unos 12,97 millones de dólares estadounidenses) en 2019, los observadores sospecharon que parte del dinero se destinaría a la compra de aparatos de vigilancia de internet. Sin embargo, en el presupuesto nacional estas partidas a menudo se ocultan bajo ingeniosos encabezamientos como construcción, renovaciones y mejoras.

Namibia niega las acusaciones de que está elaborando un fondo de financiación en internet para comprobar sin esfuerzo sus críticas internas. Charles Siyauya, del Ministerio de Tecnología de la Información y Comunicación, contestó a una pregunta de Global Voices: “espiar a los ciudadanos es la menor de las prioridades de ejecución de cualquier gobierno progresista”. Solo un régimen depredador o fallido puede hacerlo. La Inteligencia protege a nuestro país y a nuestros ciudadanos de las amenazas internas y externas”.

Namibia, como cualquier actor estatal, tiene necesidades legítimas de utilizar las herramientas digital para guardar su paz. Es la naturaleza secreta de las maniobras digitales de la autoridad lo que es inquietante. Cuando se compran en secreto, y se utilizan sin la debida supervisión independiente, las herramientas de vigilancia se convierten en una amenaza para los derechos y libertades fundamentales, como el derecho a la privacidad y la libertad de expresión.

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