Secuestro de periodista genera inquietud por libertad de medios en Pakistán

Matiullah Jan, a renowned journalist and critic of the Pakistan Military. Screenshot from YouTube video by Naya Daur TV.

Matiullah Jan, conocido periodista y crítico del Ejército de Pakistán. Captura de pantalla de un video de Naya Daur TV en YotuTube.

En la mañana del 21 de julio, Matiullah Jan, famoso periodista y crítico del Ejército pakistaní, fue secuestrado en Islamabad por personas no identificadas; fue liberado después de 12 horas en la ciudad de Fateh Jang, a unos 46 km de Islamabad.

La familia del periodista ha acusado a las agencias de seguridad del Estato de ser responsable del secuestro.

Una semana antes del secuestro, el 15 de julio, el Tribunal Supremo de Pakistán inició un procedimiento judicial contra Jan por desacato al tribunal por un tuit “despectivo” contra el propio  tribunal y sus jueces. En el tuit del 13 de julio, Jan criticaba a siete de los diez jueces del Tribunal Supremo del país después de que desestimaron la petición del presidente que acusaba a su colega, el juez Qazi Faez Isa, de conducta indebida y de vivir por encima de sus posibilidades.

El 22 de julio, el día después de su secuestro, Jan tenía que acudir al tribunal para responder a los cargos de desacato por su tuit.

Lo que dice el secuestro de Jan sobre la libertad de prensa

Matiullah Jan acababa de dejar a su mujer en la escuela donde enseña cuando su auto fue interceptado. El incidente, grabado por el circuito cerrado del sistema de vigilancia de la escuela, muestra que hubo un breve forcejeo durante el cual Jan lanzó su móvil dentro de la escuela. Sin embargo, sus secuestradores lo recuperaron y luego lo llevaron en un lugar desconocido.

Una vez que se supo del secuestro, el hermano y los amigos de Jan fueron a la escuela, recuperaron la cinta de las cámaras de vigilancia y publicaron el video en las redes sociales. En poco tiempo, las etiquetas como #BringBackMatiullah [Devuelvan a Matiullah], que exigía el regreso seguro del periodista, fueron tendencia en Twitter.

Se pidió también que se pusiera fin a la interferencia del Estado en la libertad de prensa. El periodista Amir Mateen denunció las presiones de las Relaciones Publicas entre Servicios (ISPR en inglés), la división de medios de las Fuerzas Armadas de Pakistán, y de otras agencias.

Las agencias de este país están fuera de control. Creen que pueden elegir a cualquiera, dictan sus motivaciones a las salas de prensa a diario, deciden quién hará qué programa. Esto es fascismo peor que ley marcial. Decidamos quién maneja este país.
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Digo esto para que conste, pero nuestros activistas de medios tienen miedo de decirlo públicamente. ¡Vamos, díganlo! Estamos bajo el control de las agencias. Recibimos llamadas del ISPR sobre lo que podemos y no podemos decir. Estoy sin trabajo porque me negué. ¿Lo dirás tu?.

En Twitter, Naila Inayat recordó a sus seguidores la preocupante frecuencia de otras desapariciones forzadas:

Las imágenes del circuito de vigilancia de cuando se llevan a Matiullah Jan. Las desapariciones forzadas son usadas por Pakistán como un arma para silenciar los disidentes: Saleem Shahzad, Umar Cheema y Matiullah, continúa con impunidad. Devuelvan a Matiullah.

Desde la cuenta de Twitter del periodista, su hijo exigió que el Gobierno lo trajera de vuelta y que las agencias estatales se responsabilizaran de su desaparición:

Matiullahjan, mi padre, ha sido secuestrado en el corazón de la capital, Islamad. Exijo que sea encontrado y que las agencias detrás de esto paguen inmediatamente. Que Dios lo mantenga a salvo.

En diálogo con los medios, Kaneez Sughra, la esposa de Jan, dijo que cuando lo llamó a la una de la tarde, uno de sus celulares estaba apagado y no respondía al otro. “Todos saben quien se lo llevó”, dijo, refriéndose a las agencias estatales de seguridad, y añadió “no es un secreto para los que han estado tras de él durante años”.

En 2017, Jan fue atacado en Islamabad pero huyó ileso; iba con sus hijos hacía Bhara Kahum a unos 18 km de la capital, cuando dos motociclistas que venían de la dirección opuesta rompieron el parabrisas de su auto con una piedra.

Condenas en Twitter

El secuestro de Jan provocó un gran revuelo en Pakistán. El Alto Tribunal de Islamabad exigió una investigación sobre su desaparición.

Durante una sesión de la Asamblea Nacional del 21 de julio, los partidos de oposición y los periodistas que comentaban el proceso abandonaron la sala en señal de protesta, y anunciaron que seguirían boicoteando todas las sesiones de la Cámara Baja hasta que el Gobierno revele adonde llevaron a Jan y que identifique a los responsables.

El boicot ha terminado, aunque esas preguntas siguen sin respuesta.

Shireen Mazari, ministra de Derechos Humanos, dijo en las redes sociales que encontró el secuestro de Jan “muy preocupante”, pero la atacaron sus seguidores, dijeron que su deber era asegurarse de rescataran a Jan, no solo tuitear sobre el incidente.

Mientras tanto, el presidente del Comité de Derechos Humanos del Senado, Mustafa Nawaz Khokhar, tuiteó que el inspector general de la policía tendría que informar al comité sobre el incidente:

Como un asunto de gran urgencia e indudable importancia, se le ha pedido al inspector general de Islamabad que informara mañana al Comité de Derechos Humanos sobre el secuestro/desaparición del conocido periodista Matiullah Jan.

Sin embargo, el senador Sharry Rehman, miembro de opositor Partido del Pueblo Pakistaní (PPP) sugirió que estas acusaciones “sin sentido” hechas en Twitter por los ministros debían terminar: “No aceptes llamamientos en Twitter de condena; tienes que actuar o renunciar”.

La Comisión de Derechos Humanos de Pakistán, al igual que activistas de derechos y organizaciones de periodistas, condenaron el secuestro y expresó preocupaciones por los crecientes intentos de controlar los medios de comunicación:

La Comisión de Derechos Humanos de Pakistán exige liberación inmediata de Matiullah Jan.
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Estamos muy preocupados por los crecientes intentos de controlar los medios de comunicación, suprimir las voces independientes, limitar la disidencia política y, por ende, crear un entorno de miedo constante. El secuestro de Matiullah Jan es un acto de cobardía y requiere una respuesta inmediata.

El secuestro provocó también una pequeña protesta de los periodistas de Islamabad:

Actualización: Los periodistas estamos reunidos fuera del club de prensa de Islamabad para exigir que Matiullah regrese a casa.

El regreso de Jan y el juicio

El abogado Shahid Abbasi, hermano de Jan y también su asesor jurídico, dijo que recibió una llamada anónima de un número desconocido que lo informaba que fuera a Fateh Jang para recoger a Jan. Luego, el propio Jan tuiteó su gratitud para quienes levantaron la voz para apoyarlo:

He vuelto a casa sano y salvo. Dios ha sido amable conmigo y mi familia. Estoy agradecido a los amigos, a la comunidad nacional e internacional de periodistas, a los partidos políticos, a las redes sociales y a los activistas de derechos, a los abogados, al sistema judicial por su pronta respuesta que lo hizo posible.

En su audiencia judicial, que se llevó a cabo como estaba previsto el 22 de julio, Jan relacionó directamente su secuestro con los cargos de desacato al tribunal, y dijo: “Por un lado, a la gente no se le permite hablar y, por el otro, los que se atreven a hablar se les culpa de desacato al tribunal”.

En su comparecencia ante el tribunal, a Jan se le concedió dos semanas para preparar su defensa.

Si bien el Tribunal Supremo ordenó a la Policía del Territorio de la Capital Islamabad que presentara un informe sobre el secuestro y liberación de Jan, también preguntó: “¿Qué estaban haciendo las instituciones estatales? Ninguna agencia ni institución tiene el derecho de hacerse justicia por mano propia”.

En su Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2020, Reporteros sin Fronteras (RSF) posicionó a Pakistán en el puesto 145 de un total de 180 países, lo que constituye toda una acusación sobre el estado de la libertad de prensa en Pakistán.

Sin embargo, no es la primera vez que un periodista es maltratado o secuestrado. El gobierno del primer ministro Imran Khan ha sido acusado de intentar silenciar los disidentes. Muchos medios de comunicación han experimentado una restricción financiera,  lo que ha dado lugar a que varias publicaciones se hayan cerrado y a que un gran número de profesionales de los medios de comunicación hayan perdido el trabajo.

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