Familias kenianas sufren los efectos secundarios del cierre de las escuelas

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Escuela primaria en Kibera, Nairobi, Kenia, 18 de septiembre de 2012. Foto vía ARC / Flickr (CC BY 2.0).

Nota del editor: Este artículo fue escrito por Bonface Witaba, autor de Global Voices, y el autor invitado Sri Ranjini Mei Hua, investigador y escritor de Singapur.  

En marzo, el Gobierno de Kenia anunció el cierre de las escuelas como parte de las medidas para desacelerar la difusión de COVID-19, lo que desbarató el plan de estudios escolásticos, afectando a 18 millones de estudiantes en todo el país. Además, amenazó con sabotear los progresos hacía una educación inclusiva, equitativa y de calidad como lo describe el Objetivo 4 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.

Como parte de los esfuerzos por garantizar el aprendizaje continuo y también proteger la salud, la seguridad y el bienestar de los alumnos y los educadores, el Ministerio de Educación, en colaboración con asociados e interesados en el sector educación, diseñó el Plan de Respuesta de Emergencia COVID-19 de la Educación Básica en Kenia con el objetivo de promover el “aprendizaje fuera del aula” a través de radio, televisión, nube electrónica y dispositivos móviles.

Actualmente, pese a los esfuerzos del Instituto de Desarrollo Curricular de Kenia (KIDC en inglés) por ampliar la distribución de contenidos en línea, se estima que el 80 % de los estudiantes siguen sin tener acceso a las clases en línea, según un estudio realizado por Usawa Agenda (una red educativa).

En parte, esto se debe al desigual acceso a la tecnología como computadoras, portátiles o móviles, y a los costos prohibitivos de internet y al acceso en línea poco fiable, especialmente para los alumnos de familias desfavorecidas y comunidades marginadas. Incluso en los casos en que se dispone de la tecnología, existe preocupación en torno al uso no supervisado de internet por parte de los niños.

Antes del confinamiento, los estudiantes tenían acceso gratuito a la comida en la escuela. Las niñas tenían acceso a las compresas higiénicas gracias a una iniciativa que las proporcionaban gratuitamente. Sin embargo, con el prolongado cierre, el secretario del Gabinete de Educación, George Magoha, declaró el calendario escolar “perdido”, lo que significa que las escuelas permanecerán cerradas hasta 2021, lo que ha dejado a miles de estudiantes en una difícil situación ya que sus familias no pueden costear los alimentos y las necesidades básicas debido al reciente desempleo.

En Kibra, por ejemplo, zona considerada como el mayor asentamiento informal de Nairobi (y de África), la mayoría de los niños no puede acceder a los planes de “aprendizaje fuera del aula” de KCID, muchos no tienen un lugar para estudiar y mucho menos para jugar o hacer ejercicio.

(Durante muchos años, la zona fue llamada “Kibra”, un error de pronunciación de la palabra kibera, palabra nubia que significa “bosque”. La comunidad nubia de Kenia siente que el uso de “Kibera” les roba su identidad”.)

Asha Jaffar, periodista que vive en Kibra e informa sobre la difícil situación de la comunidad Kibra, dijo en una entrevista por Skype a Global Voices que había un número limitado de bibliotecas gratuitas que permitían que hasta 10 alumnos a la vez hicieran sus deberes. Sin embargo, estos estudiantes deben ceder el espacio al siguiente grupo de estudiantes después de una hora. Añadió que las iniciativas de enseñanza gratuita para los alumnos han tenido que reducirse debido a las normas de distanciamiento social impuestas por el Gobierno y los funcionarios de salud.

Asha Jaffar, periodista residente que vive en Kibra, señala el asentamiento de Kibra. Foto por Kibra Food Drive, agosto de 2020, utilizada con autorización.

Las repercusiones a largo plazo del cierre de escuelas son muy variadas y aún más devastadoras para las familias que viven por debajo del umbral de pobreza. Como la seguridad alimentaria es más importante que la educación, los estudiantes de familias más vulnerables, sobre todo las niñas, a menudo tienen que ayudar en los trabajos de las granjas y contribuir a las tareas domésticas en lugar de estudiar.  Esto se avanzó durante el cierre que coincidió con la temporada alta de siembra en marzo.

Algunas niñas pueden incluso ser objeto de matrimonios precoces lo que las expone a un mayor riesgo de abandonar la escuela, a menudo como resultado de embarazos precoces. Por lo tanto, los resultados educativos de las familias más vulnerables se verán afectados, ya que tienen pocos motivos para enviar a sus hijos de vuelta a la escuela cuando vuelva a abrirse.

En marzo, Jaffar lanzó el programa Kibra Food Drive (colecta de alimentos de Kibra) para ayudar a aliviar el hambre en la comunidad Kibra a través de donaciones de paquetes de alimentos a las familias más vulnerables. Comenzó con la solicitud de donaciones a través de la cartera móvil M-Pesa, con el objetivo de alimentar a cien familias vulnerables a la semana, pero con una creciente necesidad de apoyo, la iniciativa ha alimentado a 2400 familias hasta el 5 de agosto. Jaffar reconoce que esto no es suficiente porque en última instancia, las familias necesitan apoyo para iniciar pequeños negocios. Sin embargo, la comunidad sigue en un punto muerto, ya que el comercio y la actividad económica están estancados.

Voluntario entrega alimentos a los residentes de Kibra gracias al programa Kibra Food Drive, Kibra, Kenia, agosto de 2020. Foto por Kibra Food Drive, utilizada con autorización.

Kenia prevé un nuevo año académico en 2021, aunque todo depende del número de contagios de COVID-19, según el secretario de gabinete de Educación Magoha.

Varios expertos en educación dicen que este periodo es una oportunidad para que el Gobierno lleve a cabo un análisis de las deficiencias del sistema educativo y realice un completo relanzamiento de la búsqueda de proporcionar un acceso equitativo al aprendizaje para todos, tal como se prevé en el Plan de Respuesta de Emergencia COVID-19 de Educación Básica de Kenia: el primer paso consistiría en asignar el presupuesto para mejorar la infraestructura escolar en lo que respecta a iluminación, pupitres y sillas, y proporcionar un suministro eléctrico fiable, especialmente en las zonas rurales. Luego, el Gobierno podría reducir las tarifas de agua y electricidad para las escuelas ya que estos enormes costos están perjudicando su funcionamiento.

Sólo cuando se clasifiquen estas prioridades podrán reanudarse los esfuerzos en un proyecto, ahora estancado, de alfabetización digital iniciado por el Gobierno en 2013. El objetivo del programa era garantizar que los alumnos del primer ciclo de enseñanza primaria (grados 1 a 3) pudieran utilizar la tecnología digital y las herramientas de comunicación, con el objetivo general de transformar el aprendizaje en Kenia en un sistema educativo del siglo XXI.

El proyecto se estancó apenas se puso en marcha después de su fase piloto porque no se alcanzaron los resultados previstos y a que los educadores no estaban preparados para ampliar la escala de la iniciativa. Para lograr el éxito, el programa requiere una amplia formación en Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) para los educadores, de modo que puedan utilizar eficazmente y solucionar los problemas de estos aparatos.

Kenia ha pasado de un programa de Educación Primaria Universal (EPU) a un programa de Educación Para Todos (EPT), el segundo objetivo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas, tenía por objeto garantizar que para 2015 todos los niños del mundo terminaran la enseñanza primaria, mientras que la EPT era un movimiento mundial dirigido por la UNESCO, destinado a hacer llegar los beneficios de la educación a “todos los ciudadanos de todas las sociedades”. Con estos logros, Kenia no puede permitirse el lujo de dar marcha atrás en los progresos realizados.

Ahora, el próximo reto de Kenia es garantizar que todos los estudiantes tengan acceso a los proyectos de alfabetización digital que brinda educación convencional y también integral, basada en competencias y aprendizaje autónomo a fin de cumplir su visión de la educación y los objetivos de desarrollo sostenible para 2030.

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