Desorden en Belarús: Perspectiva desde la vecina Lituania  

Plaza de la Catedral en Vilna, uno de los emblemas más destacados de la capital de Lituania. Imagen de Filip Noubel, utilizada con autorización.

Belarús y Lituania comparten más que tan solo una frontera de 600 km en el norte de Europa Central. A pesar de que ambos países tomaron direcciones opuestas desde el colapso de la Unión Soviética —Lituania es parte de la OTAN y miembro de la Unión Europea, mientras que Belarús es parte de la alianza militar OTSC liderada por Rusia— gran parte de su historia los une. A pesar de que los bielorrusos son una pequeña minoría en Lituania, representando menos de un 2 % de la población, juegan un rol importante en las narrativas históricas nacionales en Belarús; desde el siglo XVII hasta el siglo XIV, Belarús y Lituania fueron parte de la misma entidad, el Gran Ducado de Lituania, y muchos intelectuales bielorrusos importantes vivieron, trabajaron y estudiaron en Vilna, capital lituana.

Hoy, los dos vecinos comparten la repercusión de las elecciones del 9 de agosto en Belarús, que hicieron que los bielorrusos tomaran las calles en protestas masivas contra el intento del presidente Aleksander Lukashenko por asegurar un sexto período consecutivo en el cargo. Lukashenko llegó al poder en 1994, y durante su largo gobierno varios activistas opositores bielorrusos se mudaron a Lituania. Muchas organizaciones de sociedad civil bielorrusas se encuentran en la capital de Lituania, Vilna, así como también la Universidad Europea de Humanidades, a la que el Gobierno bielorruso obligó a retirarse del país en 2004.

Lituania sigue siendo un destino posible para los partidarios de oposición si la situación política en Belarús continúa deteriorándose. Se podrían unir a la candidata opositora, Sviatlana Tsikhanouskaya, que huyó a Lituania el 11 de agosto luego de recibir amenazas de las autoridades bielorrusas. En el exilio, continúa llamando a Belarús a llevar a cabo elecciones libres y justas y anuncia estar lista para liderar un gobierno de transición.

Por su parte, el Gobierno lituano expresó su gran apoyo a los protestantes de oposición. Por ejemplo, el 12 de agosto el país abrió sus fronteras, cerradas por la pandemia COVID-19, a los ciudadanos bielorrusos. Luego, el 18 de agosto, el Parlamento lituano votó casi unánimemente en apoyo a sanciones contra Belarús, y enfatizó que los resultados de la elección presidencial no deben ser reconocidos.

¿Qué busca lograr el Gobierno lituano con estas acciones? Y, ¿qué piensan los lituanos sobre la situación de su vecino? Global Voices conversó con activistas, políticos y figuras de la sociedad civil lituanos para conocer más detalles.

Sorpresas y solidaridad

A pesar de esta familiaridad, los lituanos se sorprendieron cuando los bielorrusos respondieron con tal enfado al anuncio de los resultados electorales, en particular su disposición para tomar las calles frente a la increíble violencia de parte del Estado e irse a huelga.

Andrius Kubilius, ex primer ministro de Lituania y actual parlamentario de Lituania en el Parlamento Europeo, le dijo a Global Voices que ve una dinámica generacional en estas manifestaciones:

What triggered this unexpected reaction is a systemic change, the end of what I call the totalitarian regime syndrome of former Soviet states. After 26 years in power, Lukashenka could not provide permanent growth of social conditions. During the last ten years, it actually went into the opposite direction in Belarus. It is also a generational change, Lukashenka always tried to convince people how bad it was before he took power in 1994, but young people did not witness that “before”. They travel and see different living conditions for themselves. Belarusian society has changed dramatically, but Lukashenka hasn't, and that became unacceptable.

From Belarusian experts, we hear that the final straw was the pandemic, during which Lukashenka seriously explained to his people that “one can simply cure and prevent COVID-19 with a visit to the sauna and vodka”. But people took it on themselves to help patients and doctors; they understood they can do quite a lot on their own, and this movement [of social activism] laid the groundwork for the election campaigns and protests.

Lo que desencadenó esta reacción inesperada es un cambio sistemático, el fin de lo que yo llamo el síndrome del régimen totalitario de exestados soviéticos. Luego de 26 años en el poder, Lukashenko no logró un desarrollo permanente de las condiciones sociales. Es más, durante los últimos diez años en Belarús se avanzó en la dirección opuesta. Es también un cambio generacional, Lukashenko siempre intentó convencer a la gente lo mal que estaba el país antes de que él llegara al poder en 1994, pero los jóvenes no vivieron en carne propia ese “antes”. Viajan y ven diferentes condiciones de vida. La sociedad bielorrusa ha cambiado drásticamente, pero Lukashenko no cambia, y eso se ha vuelto inaceptable.

Los expertos bielorrusos nos dicen que el golpe final fue la pandemia, durante la cual Lukashenko le explicó a su pueblo que “uno puede simplemente curar y prevenir la COVID-19 con una visita al sauna y bebiendo vodka”. Pero la gente sola tomó la iniciativa de ayudar a pacientes y doctores; la gente entendió que puede lograr mucho por su cuenta, y este movimiento [de activismo social] sentó las bases para las campañas electorales y manifestaciones.

Dado a su cercanía a Belarús, gran parte de la población lituana ha demostrado una gran empatía inspirada por manifestantes bielorrusas, quienes salieron a las calles con vestidos blancos y llevando flores en protestas pacíficas durante el día. Andrius Tapinas, activista social y fundador del canal de televisión Laisvés TV [TV Libertad], explicó su iniciativa, en la que lituanos canalizaron su lucha propia por independencia en una declaración de solidaridad con Bielorrusia:

On August 23, I am organising a human chain of people from Lithuania to Belarus. We call it The Freedom Way to Belarus; it is a copy of the Baltic Way of 1989 which has an amazingly deep symbolic value for us. We are going to build a living chain of people from Cathedral Square in central Vilnius, the starting point of original Baltic Way, all the way to the Belarusian border. We reckon it will take 25,000 people to achieve, but we have already registered interest from many more than that, so I expect a double chain of 45-50,000 people. We hope that the Belarusian people will extend the chain from the border into their country, all the way to Minsk. However after Lukashenka promised that he will break the chain by any means necessary, as of today it is unclear whether Belarusians will join.

Para el 23 de agosto, organicé una cadena humana desde Lituania a Belarús. La llamamos Cadena de la Libertad a Belarús; es una copia de la Cadena Báltica de 1989, que tiene un profundo valor simbólico para nosotros. Vamos a formar una cadena humana desde la Plaza de la Catedral en el centro de Vilna, punto de inicio de la Cadena Báltica original, hasta la frontera con Belarús. Creemos que necesitaremos 25 000 personas para lograrlo, pero ya contamos con más interesados, por lo que espero una cadena doble de entre 45 000 y 50 000 personas. Esperamos que los bielorrusos extiendan la cadena desde la frontera hacia su país llegando hasta Minsk. Sin embargo, luego de que Lukashenko prometiera romper la cadena por todos los medios necesarios, hasta hoy no se sabe con certeza si los bielorrusos participarán.

Vilija Navickaite, activista prodemocracia y profesional en aprendizaje creativo, dice que está ansiosa por participar en la cadena humana de Tapinas hasta la frontera bielorrusa. Explicó sus motivos para apoyar a los manifestantes en Belarús:

In my bubble almost everyone has changed their photos in FB with white-red-white Belarusian flags in support for our neighbours and I know people that are closely following the events in Belarus. All this might be a bit similar to 2014 when Lithuanians felt so close to Ukrainians… We were part of the same country with Belarusians for a long time and have similar words in our languages, very similar customs, and the same heroes from the period of the Grand Duchy of Lithuania. It seems that for a while, Belarusians were a bit like our forgotten brothers and sisters. I am happy that's changing.

En mi burbuja, casi todos han cambiado sus imágenes de Facebook por una con los colores blanco, rojo y blanco de la bandera de Belarús en apoyo a nuestros vecinos, y conozco personas que siguen de cerca los acontecimientos ocurridos en ese país. Todo esto puede parecerse un poco a 2014 cuando los lituanos se sintieron identificados con los ucranianos… Fuimos parte del mismo país con los bielorrusos durante mucho tiempo y tenemos palabras similares en nuestro idioma. costumbres similares, y los mismos héroes del periodo del Gran Ducado de Lituania. Pareciera que por un tiempo. los bielorrusos eran algo así como nuestros hermanos olvidados. Estoy feliz de que eso esté cambiando.

Temores constantes

Sin embargo, algunos lituanos tienen actitudes notoriamente más frías hacia su vecino del sur. Lukashenko ha urgido la fase final de la construcción de una central nuclear en Astravets, ubicada no muy lejos de los suburbios de la capital lituana. Es un tema delicado; los lituanos recuerdan la catástrofe nuclear de 1986 en Chernóbil demasiado bien. Kubilius comparte esta preocupación:

Lithuania has passed into law a ban on buying energy from Astravets, which was built initially to sell energy to the Baltics and Eastern Europe. People voted in a referendum in Lithuania against a Japanese-based technology plan after Fukushima to replace our own former Soviet nuclear plant in Ignalina. It is hard to predict the view of the new Belarusian government, but there is also a lot of opposition within Belarus to Astravets, so we might have better opportunities in the future for Lithuania.

Lituania aprobó una ley para prohibir la compra de energía a Astravets, que se construyó originalmente para vender energía a los países bálticos y al Europa del Este. La gente votó en un referéndum en Lituania contra un plan de tecnología japonés posterior a lo ocurrido en Fukushima para reemplazar nuestra propia antigua central nuclear soviética en Ignalina. Es difícil predecir la visión del nuevo gobierno bielorruso, pero también hay mucha oposición dentro de Belarús contra Astravets, por lo que podríamos tener mejores oportunidades para Lituania en el futuro.

Muchos lituanos también están preocupados por lo que se diga en Moscú, ya que están obligados a jugar un rol fundamental en la actual crisis política. El ministro de Relaciones Exteriores, Linas Linkevičius llegó a decir que Vilna no descarta una intervención de tropas rusas en Belarús, algo que el Gobierno teme. Según Kubilius:

For Putin, Belarus is a real trap: he cannot support the revolution as it could serve as an example to Khabarovsk [a city in Eastern Russia hosting anti-government demonstrations] from Moscow, but if he associates too much with Lukashenka, he will repeat the same errors as in Ukraine, with [former President Viktor] Yanukovich, ousted in 2014. In the end Putin united all Ukraine against Russia. So he would be more happy to remove Lukashenka to avoid strong emotions that could inflame people in Russia, instead opting to install a new leader who is less against the Kremlin. If there are new elections in Belarus, he could get his way. The only hope today lies with the European Union's response: in the European Parliament we have now great support through Euronext to launch an investigation into what happened in Belarus. The biggest challenge to a new democratic government will be the economic situation: just as the EU provided help to Ukraine after the Euromaidan protests, about 14 billion Euros, so should we now provide 3.5 to 4 billion Euros for Belarus, whose population is about four times smaller than that of Ukraine.

Para Putin, Belarús es una verdadera trampa: no puede apoyar la revolución ya que podría servir de ejemplo para Khabarovsk [ciudad al Este de Rusia donde se llevan a cabo manifestaciones contra el Gobierno] desde Moscú, pero si se asocia demasiado con Lukashenko, repetirá los mismos errores que cometió con Ucrania, con [el expresidente Viktor] Yanukovich, destituido en 2014. Al final, Putin unió a toda Ucrania contra Rusia. Por esto, estaría más conforme con sacar a Lukashenko para evitar emociones fuertes que pudieran exacerbar a los rusos, y optar por designar un nuevo líder sin mucho poder frente al Kremlin. Si hubiera nuevas elecciones en Belarús, podría salirse con la suya. La única esperanza hoy en día tiene relación con la respuesta de la Unión Europea: en el Parlamento Europeo contamos con un gran apoyo de Euronest para comenzar una investigación sobre lo que ocurrió en Belarús. El mayor desafío para un nuevo gobierno democrático sería la situación económica: así como la Unión Europea entregó ayuda a Ucrania luego de las protestas Euromaidán, cerca de 14 000 millones de euros, ahora podríamos entregar entre 3,5 y 4000 millones de euros a Belarús, que tiene casi cuatro veces menos que Ucrania.

Esta estrategia la comparten también otros estados miembros de la Unión Europea que colindan con Bielorrusia. El 14 de agosto, el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, anunció un plan de cinco puntos para ayudar a los bielorrusos, que incluye el apoyo a medios de comunicación independientes e iniciativas de la sociedad civil y apoyo a los exiliados políticos. Se ha designado cerca de 11,4 millones de euros para cumplir estos objetivos.

Polonia tiene una larga historia de apoyo político a sus vecinos del Este, que una vez se expresó en una estrategia diplomática conocida como la doctrina de Giedroyc. Sin embargo, en años recientes, los críticos del partido gobernante populista de ultraderecha Ley y Justicia (PiS) afirman que los ataques del Gobierno al pluralismo político y al estado de derecho en el país debilitan la credibilidad de Polonia sobre promover transparencia y buena gobernabilidad en el exterior, incluso en Belarús. Por ejemplo, una página de opinión publicada el 13 de agosto en el periódico liberal Gazeta Wyborcza afirma que el rol de Polonia en este aspecto ahora lo tiene Lituania.

Jörg Forbrig, director de Europa Central y del Este en el Fondo Marshall Alemán de Estados Unidos, ha dirigido un programa en apoyo a la sociedad civil en Belarús durante los últimos 15 años. Forbrig enfatizó que no necesariamente tiene sentido contrastar de esta manera los niveles de compromiso percibidos por los Estados de la Unión Europea con Belarús, ya que el esfuerzo por lograr una reforma es de toda Europa. Sin embargo, elogió el rol enorme de Lituania en comprometerse con la sociedad civil bielorrusa, aseguró que esto le da a Vilna mayor credibilidad con otros Estados de la Unión Europea sobre el problema:

Lithuania is not [merely] fully in line with EU policy, it even spearheaded quite a lot of the direct support for Belarusian democrats. It hosts a free Belarusian university, numerous NGOs working on democratic change in Belarus, and has now proposed, together with others, a dialogue to resolve the current situation in Belarus. In short, Lithuania has been just as committed, and often even more so, to a democratic and free Belarus [as any other EU member state].

Lituania no está plenamente conforme con las políticas de la Unión Europea, incluso ha liderado gran parte del apoyo a los demócratas bielorrusos. Alberga una universidad bielorrusa gratuita, numerosas ONG que trabajan en un cambio democrático en Belarús, y ahora propusieron, junto a otros, un diálogo para resolver la situación actual en Belarús. En pocas palabras, Lituania ha estado tan comprometida, e incluso más, con una Belarús libre y democrática [como cualquier otro estado miembro de la Unión Europea].

Sin embargo, la situación en Belarús sigue en curso, es posible que Vilna sea la primera escala para muchos de sus activistas jóvenes de oposición, ya sea como representantes de un nuevo orden o como exiliados de otro intento esperanzado contra el antiguo.

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