“La era de Lukashenko se termina”: Escritor bielorruso promueve la solidaridad a distancia

Max Ščur encabeza la marcha contra Lukashenko el 15 de agosto, que partió del Clementinum de Praga. Foto (c): Filip Noubel, usada con autorización.

A pesar de ser una de las minorías más pequeñas en la República Checa, los bielorrusos han tenido un importante papel en la lucha por el cambio en su tierra natal. Cuando estallaron en Minsk las protestas contra el fraude electoral, provocado por el intento del presidente Alyaksandr Lukashenko de mantenerse en el poder un sexto período consecutivo, organizaron manifestaciones solidarias para presionar a los políticos checos y crear conciencia en los medios.

Belarús tiene una población total de casi diez millones de personas, y entre dos y tres millones más que reclaman la ascendencia bielorrusa que viven en el exterior. En la vorágine de la historia, los bielorrusos abandonaron el país, principalmente, por razones religiosas y económicas. Los checos y los bielorrusos no son extraños entre sí: en el siglo XVI, el académico y editor de libros Francysk Skaryna vivió y trabajó en Praga, donde sentó las bases de la lengua literaria bielorrusa. Más adelante, los escritores y artistas bielorrusos se mudaron a Checoslovaquia tras la Revolución Rusa de 1917. Hoy, las nuevas generaciones de birelorrusos migran a la República Checa por motivos económicos y educativos. En julio de 2013, el Gobierno checo agregó a los bielorrusos a la lista oficial de 14 minorías étnicas, a las que garantizan representación política y derechos especiales educativos, culturales y de medios.

Max Ščur es uno de esos bielorrusos. Este poeta, novelista, traductor y activista literario y ambiental ha vivido durante más de dos décadas en la República Checa. Ahora escribe en bielorruso y en checo, y en 2016 ganó el Premio Giedroyc, prestigioso galardón literario de Belarús, por la mejor novela del año en lengua bielorrusa. También es editor fundador de Litrazh, revista literaria digital en bielorruso.

Ščur ha estado especialmente activo en la organización de la comunidad bielorrusa de Praga tras las elecciones presidenciales del 9 de agosto. Coordinó varias manifestaciones en la capital checa, como la del 15 de agosto que partió del centro histórico de la ciudad, cerca de la placa conmemorativa de Skaryna en las paredes del Clementinum, antiguo colegio jesuita que alberga la biblioteca eslava. Conversé con Ščur para saber un poco más sobre el activismo de los bielorrusos en el extranjero y sobre sus esperanzas de cambio. La entrevista se editó con fines de estilo y brevedad.

Participantes de la marcha contra Lukashenko del 15 de agosto en Praga. Foto (c): Filip Noubel, usada con autorización.

Filip Noubel (FN): ¿Cómo describirías lo que pasa hoy en Belarús? No es la primera vez que hacen  manifestaciones contra Lukashenko, pero ¿qué es diferente esta vez? 

Max Ščur (MŠ): This time, it is a people’s uprising. The protest is peaceful, but it is so unanimous that you could use the revolutionary term “levée en masse”, in other words, a total mobilisation.

Max Ščur (MŠ): Esta vez se trata de un levantamiento del pueblo. La protesta es pacífica, pero tan unánime que se podría usar el revolucionario término “levée en masse” [‘levantamiento en masa’], es decir, una movilización total.

FN: “Miedo” y “esperanza” suelen ser dos palabras para describir la sociedad bielorrusa. ¿Cómo explicas esta resistencia repentina luego de tantos años de apatía política? ¿Dirías que la sociedad está dividida por Lukashenko o hay un bando predominante? 

MŠ: I think that Belarusian people, without even knowing it, act according to what the Chinese call the “wu wei” (無為) principle of non-action. According to Taoist philosophy, an action should be in harmony with the spirit of the time. When the spirit of the time changes, everybody knows it. In the same way, anyone knows when summer eventually becomes autumn: people just feel it, they know time for harvest has come. Trying to do something before the right time comes would be unfortunate. This was my case some 20 years ago, when I was young and wanted things to be different for everybody, while in fact caring but mostly about myself. In the end, I had to leave Belarus. Now everybody wants things to be different for everyone, and that makes a big difference. Belarusian society is not divided, because the issue is not about politics, but rights and the humane way of doing things.

MŠ: Creo que el pueblo bielorruso, sin siquiera saberlo, actúa según lo que los chinos llaman el principio “wu wei” (無為) de “dejar ser”. Según la filosofía taoísta, una acción debe estar en armonía con el espíritu del momento. Cuando ese espíritu cambia, todos se dan cuenta. De la misma forma que sabemos cuándo el verano se hace otoño; la gente lo siente, sabe que llegó el tiempo de cosecha. Sería desafortunado tratar de hacer algo antes del momento correcto. Eso me pasaba hace unos 20 años, cuando era joven y quería que las cosas fueran distintas para todos, cuando me preocupaba más que nada de mí mismo. Al final, tuve que irme de Belarús. Ahora todo el mundo quiere que las cosas sean distintas para todos, y eso hace una gran diferencia. La sociedad bielorrusa no está dividida, porque no se trata de política, sino de derechos y la forma humana de hacer las cosas.

FN: Eres escritor en bielorruso y en checo, editor y traductor, y activista literario bielorruso. ¿Cuál es hoy el rol social de los escritores bielorrusos?

MŠ: There are so many different characters… Writers in general do their best to be “intellectuals”, this is why they trust their intellect too much. Sometimes it misleads them and makes them choose wrong answers to simple questions. Which in turn often leads to disagreements. We all have different tastes and preferences, we all want to be “interesting”. But right now, all the Belarusian intellectuals are united and one with the Belarusian people. This may sound like an empty phrase from the Communist times, but it’s true. Only ideological fundamentalists, by which I mean nationalists, keep their distance from what’s going on, because they can’t recognise that they were wrong about their own people for all these years under Lukashenka's regime. All the others, where liberals, anarchists, avant-gardists or traditionalists, stay united.

The role of writers in the times to come will be that of peacemakers and interpreters; those who can understand and reconcile different parts of society: workers and businessmen, Belarusian and Russian speakers, and so on. I’m afraid that not many of them will be able to fulfil this role. I expect that their egoistic ambitions will prevail over the common needs of the people, because such is the nature of an “author” in the West. So, there will still be lots of disagreement and discussions in the future.

MŠ: Existen muchísimos personajes distintos… En general, los escritores hacen lo posible por ser “intelectuales” y confían demasiado en su intelecto. A veces eso los confunde y los lleva a elegir respuestas incorrectas para preguntas simples, lo que conlleva desacuerdos. Todos tenemos distintos gustos y preferencias, todos queremos ser “interesantes”. Pero en este momento, los intelectuales bielorrusos están unidos y son uno con el pueblo bielorruso. Quizá suena a frase vacía de la era comunista, pero es cierta. Solo los fundamentalistas ideológicos, específicamente los nacionalistas, se distancian de lo que está pasando, porque no pueden admitir que se equivocaron con su propia gente durante todos estos años bajo el régimen de Lukashenko. Todos los demás, ya sean liberales, anarquistas, vanguardistas o tradicionalistas, se mantienen unidos.

El papel que tendrán los escritores en los tiempos por venir será el de pacificadores e intérpretes; aquellos que comprenden y reconcilian distintas partes de la sociedad: trabajadores y empresarios, hablantes de bielorruso y de ruso, y así sucesivamente. Me temo que no serán muchos los que podrán asumir ese rol. Adivino que sus ambiciones egoístas prevalecerán por encima de las necesidades comunes de la gente, porque así es la naturaleza de un “autor” del Occidente. Así que seguirá habiendo muchos desacuerdos y debates en el futuro.

FN: Muchos bielorrusos, como tú, viven el exterior por razones políticas y económicas. ¿Pueden tener un papel? ¿Y qué me dices de la opinión pública checa? ¿Ves apoyo de la opinión pública, aún cuando el presidente checo ha guardado silencio con respecto del uso de la violencia contra los manifestantes en Belarús? En especial, tengamos en cuenta que la policía antimotines de Minsk uso armas fabricadas en la República Checa.

MŠ: The diaspora does its best to help the people of Belarus. Some of us, myself included, feel quite ashamed that we can't be there in person. That makes us all the more committed to trying to help from abroad by appealing to the international community. Lukashenka has said that Belarusians living abroad are controlled by “puppet-masters”. But it is actually the other way round: in the last weeks and months, all of us, emigrants, have entirely changed our lives in response to what is going on in Belarus. It is the Belarusians in Belarus who are the masters of the situation, and we, the diaspora, are just their puppets. And I’m happy to be such a puppet. I was waiting for 20 years for this to happen, and I did everything I could, including through my literary work, to make it possible. So, I am a very happy puppet right now.

Yes, it is a pity, that some people abroad don’t understand the situation and even support Mr. Lukashenka. For me, this Mr. stands for “murderer,” not “mister”. But what can we do about it? There are few important players in the world today, and I’m glad that the European Union is one of them. It may not be the strongest player, but it is strong enough to make its voice heard. There’s no time to pay attention to the voices of “useful idiots” such as xenophobes, supporters of Russian President Vladimir Putin, conspiracy theorists and so on. Their time was Lukashenka’s time, and it will be over sooner than they think.

MS: Los que estamos fuera hacemos todo lo posible por ayudar a la gente de Belarús. Algunos, y me incluyo, nos sentimos un poco culpables por no estar allí presentes. Eso hace que nos comprometamos más para tratar de ayudar desde afuera apelando a la comunidad internacional. Lukashenko dijo que los bielorrusos que vivíamos en el exterior éramos controlados por “titiriteros”. Pero es al revés: durante las últimas semanas y meses, todos los emigrantes cambiamos radicalmente nuestras vidas por lo que pasa en Belarús. Son los bielorrusos dentro Belarús quienes controlan la situación, y nosotros, los que estamos fuera, somos sus marionetas. Y me alegra ser esa marioneta. Esperé 20 años a que pasara esto, e hice todo lo que pude, incluso desde mi labor literaria, para hacerlo posible. Así que ahora soy una marioneta muy feliz.

Sí, es una pena que la gente de afuera no comprenda la situación e, incluso, apoye a Lukashenko. Para mí, este señor es sinónimo de “asesino”, no es un “señor”. ¿Y qué podemos hacer al respecto? Hoy hay pocos actores importantes en el mundo, y me alegra que la Unión Europea sea uno de esos actores. Tal vez no sea la más fuerte, pero lo es en suficiente medida para hacer oír su voz. No hay tiempo para prestar atención a las voces de los “idiotas útiles”, como los xenófobos, los simpatizantes del presidente ruso Vladimir Putin, los conspiracionistas, etc. Su tiempo fue el de Lukashenko, y se terminará antes de lo que imaginan.

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