El camino a la plaza: El rol de tecnologías digitales en las protestas en Belarús

Manifestación contra el presidente Aleksandr Lukashenko en el centro de Minsk, Belarús, 16 de agosto. Foto: Homoatrox / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0, algunos derchos reservados).

Este artículo apareció originalmente en oDR, la sección de openDemocracy sobre Rusia y el espacio posoviético. Se reproduce con autorización y se ha editado por estilo.

En la última década, la experiencia ha mostrado cómo las grandes protestas en una sola plaza pública –como las que hubo en la plaza Tahrir de El Cairo y Maidan en Kiev– pueden llevar a cambios políticos. Al mismo tiempo, cuando las autoridades estatales son responsables por asignar espacios para protestar –como ocurrió con la plaza Bolotnaya y la plaza Sakharov en Moscú en 2011– hasta las protestas masivas pueden terminar en nada.

En las dos primeras noches después de los resultados electorales del 9 de agosto, las autoridades bielorrusas reprimieron brutalmente los intentos de los manifestantes de reunirse en la plaza principal de Minsk. Esto llevó a que las protestas se disiparan y adquirieran un carácter hiperfocal, por lo que las protestas no se concentraron en un solo punto sino que aparecieron simultáneamente en diferente lugares, calle a calle, de barrio a barrio.

Esta protesta “esparcida” tuvo importantes ventajas. En primer lugar, los propios ciudadanos determinaron el curso y las condiciones fijadas, en vez de entes estatales que autorizaron las manifestaciones. En segundo lugar, la protesta “esparcida” se volvió un espacio transicional antes de las protestas en la plaza: una semana después, el 16 de agosto, los manifestantes llegaron pacíficamente a la Casa de Gobierno en la capital, Minsk, sin resistencia. Se reunieron en un importante monumento de guerra cercano. Esta protesta pacífica fue mucho más significativa en términos de números que la manifestación a favor del Gobierno en apoyo a Aleksandr Lukashenko.

Al tomar las calles en masa, los ciudadanos individuales han sido esenciales para el éxito de la protesta en Belarús, pero también lo han sido los colectivos empresariales y fabriles, es decir, actores grupales. ¿Cómo fue que la protesta llegó a una audiencia tan grande tan rápido? Apenas se puede decir que los canales de Internet han tenido un rol medular movilizador, sobre todo dados los intentos parcialmente exitosos de las autoridades bielorrusas de bloquear internet.

A pesar del increíble crecimiento de la popularidad de varios canales de Telegram (por ejemplo, la cantidad de suscriptores del popular canal Nexta aumentó 1.5 millones en cuestión de días), estos flujos de información siguieron estando inaccesibles para muchos en Belarús. Una significativa parte de este crecimiento de popularidad de los canales está asociada con la audiencia global. Al mismo tiempo, es importante señalar el alto nivel de conocimiento de tecnologías de la información en Belarús, donde las industrias relacionadas con la tecnología de la información han estado desarrollándose en años recientes. Este nivel de conocimiento permitió que muchas personas eludieran parcialmente el bloqueo en Internet y produjeran contenido relacionado con la protesta.

En vez de eso, la cuestión clave de entender el rol de internet en las protestas bielorrusas es: ¿cómo ha excedido el costo de usar la violencia su efectividad para el Estado? En el escenario bielorruso, Internet no se volvió un mecanismo clave para movilizar y coordinar las protestas, pero creó las condiciones que hicieron posible la participación masiva y rápida de ciudadanos. Esto se puede atribuir a dos importantes características de las protestas: violencia estatal sin precedentes y la naturaleza dispersa de las protestas en la capital y el resto del país.

Cuando las protestas hiperfocales en el contexto del ambiente de información moderno, hasta la violencia más brutal no logra su objetivo de reprimir las protestas, sino que contribuye a que crezcan.

La fragilidad de lo horizontal digital

Por más de una década, los investigadores han debatido la importancia de internet para el éxito de las protestas políticas. Las tecnologías de internet han tenido una gran participación en las protestas que lograron grandes cambios políticos (por ejemplo, la Primavera Árabe o Euromaidan) y las que no llevaron a un cambio en el poder: durante las elecciones en Irán e 2009, en Rusia en 2011-2012, o durante las protestas del parque Gezi en Turquía en 2013. De un lado, los investigadores han señalado una gran gama de innovaciones políticas y tecnológicas que aumentan la transparencia de informar sobre las protestas, y en facilitar la movilización y coordinación de las acciones.

En esa línea, Lance Bennett y Alexandra Segerberg han analizado el surgimiento de un nuevo tipo de acción colectiva, conocida como “acción conectiva”, que permite que las acciones conjuntas se organicen sin necesitar organización ni partido formal. Las instituciones se reemplazan con plataformas digitales en este modelo, con lo que organizar acciones políticas se hizo más fácil y más rápido (por ejemplo, un evento en Facebook creado por el periodista Ilya Klishin tuvo un rol clave en la organización de la primera manifestación en la plaza Bolotnaya en Rusia en 2011).

Un mapa en vivo de las protestas en Minsk, con datos de Google Maps.

De otro lado, estas “acciones conectivas” tienen vulnerabilidades. Por ejemplo, la socióloga Zeynep Tufekci ha llamado la atención al costo de simplificar la movilización de protesta. Aunque la tecnología hace que sea posible reunir rápidamente a mucha gente en la calle sin líderes ni partidos, es mucho más difícil que estas protestas se manifiesten en cambio político significativo. Este nuevo tipo de protesta puede desaparecer sin resultados reales tan rápidamente como surge. Además, la tecnología crea nuevas oportunidades de vigilancia y desinformación, y también en promover formas insignificantes de participación política, como el llamado “clictivismo” que tiene poco riesgo para los participantes y se puede interpretar como una simulación de actividad política real.

Ciclos de innovación política

Las crisis políticas suelen venir acompañadas de nuevas corrientes de innovación que buscan cambiar el equilibrio de poder entre Gobiernos y manifestantes. Por ejemplo, en las protestas de 2019 en las elecciones para la Duma de la ciudad de Moscú, se podía observar varios tipos de innovaciones en los informes y coordinación de protestas, y también en las tecnologías de ayuda mutua y vigilancia. Con frecuencia, las autoridades responden a las innovaciones de activistas opositores con medidas de fuerza tradicionales y represivas (que van desde arrestos a bloquear internet). Pero en algunos casos, los Estados también han empleado tácticas innovadoras, por ejemplo, usar canales de Telegram anónimos para provocar y desinformar. Los acontecimientos recientes en Belarús también se pueden analizar en términos de la dinámica de la innovación política. Muchas prácticas observadas hacia mediados de 2019 en Moscú están presentes de una formo u otra en Belarús.

Primero, los ciudadanos han aprendido a eludir los bloqueos de internet con diversas herramientas: los usuarios bielorrusos han usado redes virtuales privadas y herramientas para ser anónimos, como Psiphon. Los manifestantes también se vieron alentados a usar redes Mesh (el aplicativo Bridgefy) para comunicarse directamente si no había internet. Los canales y chats de de Telegram (que con el apoyo de la empresa funcionan también en condiciones de acceso limitado a internet) se usaron activamente para coordinar acciones y transmitir información sobre la ubicación de la policía antidisturbios, aunque la efectividad de esta comunicación en condiciones de sobrecarga de información y confiablidad sigue en duda.

Al mismo tiempo, casi no se usaron soluciones más complejas de colaboración masiva para recopilación de datos (con excepción de mapas simples con datos de Google Maps). Pero un poco después apareció el “Mapa de huelgas” hecho con colaboración masiva.

Otro asunto ha sido el de la ayuda mutua. Los canales de Telegram mostraron información sobre códigos de acceso para inmuebles donde pudiera haber manifestantes ocultos (aunque también las autoridades podían acceder). Los canales también informaron los lugares donde los manifestantes podía encontrar agua y medicinas. Se prestó particular atención a la coordinación de asistencia para los detenidos que salín libres.

El canal de Telegram Okrestina Lists se usó para buscar detenidos y publicar listas de todos los detenidos en el ya conocido centro de detención temporal de Akrestina. Por último, se dedicaron canales especiales a “sacar del anonimato” a funcionarios estatales que participaron en la violencia. Cabe destacar también las iniciativas de colaboración masiva global a través de las cuales los usuarios fuera de Belarús han podido ayudar a las victimas de violencia estatal (por ejemplo, la iniciativa que lanzó el activista Alexey Leonchik recaudó más de dos millones de dólares).

Sin embargo, las tecnologías elegidas por los manifestantes no es lo más importante en riesgo. Una pregunta más significativa es qué tecnologías son las más importantes para transformar una crisis política en una oportunidad de cambio, en este caso, para evitar la continuación del régimen de Lukashenko. Esto es esencial porque las actuales protestas bielorrusas se llevan a cabo sin instituciones ni líderes de oposición formales (la mayoría está en prisión, mientras Sviatlana Tsikhanouskaya, a quien los manifestantes consideran ganadora de las elecciones, se vio obligada a salir de Belarús). Por su propia naturaleza, estas protestas se pueden considerar frágiles y vulnerables ”acciones conectivas”, del tipo que hace tan difícil transferir el poder de la protesta al dominio de verdadero cambio político.

Vigilancia horizontal y la masa crítica de violencia estatal

Los acontecimientos recientes en Belarús muestran el rol fundamental de internet en dar forma a las motivaciones para participación en protestas. La motivación inicial fue fraude electoral. En las horas posteriores al anuncio de los primeros resultados, empezaron a aparecer en línea mucha evidencia de la escala de la falsificación. Hubo fotos de los protocolos finales que mostraban una victoria convincente de Sviatlana Tsikhanouskaya. La gran escala de la falsificación, sobre todo, deslegitimó las elecciones. Pero ese fue solamente el motivo inicial de las protestas.

Poco después, la gente empezó a tomar las calles, hubo denuncias de represión violenta a protestas pacíficas. Al cabo de horas, los medios sociales se vieron inundados con evidencia de violencia. Estas imágenes trágicas de violencia a menudo se convierten rápidamente en símbolos de una protesta. Por ejemplo, durante las protestas de 2009 en Teherán, en todo el mundo se vio el vídeo del brutal asesinato de la iraní Neda Agha-Soltan. En el caso de Belarús, la masa crítica de violencia estatal no tuvo precedentes. Los medios sociales mostraron nueva evidencia de violencia policial y las fuerzas de seguridad literalmente cada minuto, como palizas a peatones con varas, ataques a personas por detrás y disparos a autos en inmuebles residenciales.

Los canales bielorrusos de Telegram, sobre todo Nexta y Belarús en el Cerebro, se volvieron una fuente de “informes desde el campo de batalla””. Este flujo de información fue posible gracias en parte al fallido intento de las autoridades bielorrusas de bloquear completamente el acceso a internet. Otra razón fue el hecho de que la violencia ocurría no solamente en las cercanías de las plazas, sino en todos sitios, en jardines y hasta en las calles. Ciudadanos comunes y corrientes filmaron la violencia policial desde las ventanas de sus casas y conductores que registraron lo que ocurrían en la acerca del frente. Esta evidencia se unió al material de maltratos a detenidos en aislamiento, también grabados desde vecinas de apartamentos vecinos.

Todo esto tuvo un efecto “panóptico inverso”: en un ambiente lleno de teléfono móviles, cámaras en autos y circuitos cerrados de televisión, el Estado puede observar a sus ciudadanos, y los ciudadanos también pueden dar seguimiento efectivo al Estado. La respuesta es la violencia estatal en esta “vigilancia horizontal”. La masa crítica de evidencia de violencia se vuelve el nuevo desencadenante clave de protestas y movilización general pública. Los delitos contra la humanidad reemplazan al fraude electoral como el punto principal. Luego, esta evidencia se puede usarse para procesar a los autores. Varias organizaciones ya han han anunciado una iniciativa conjunta de fuente abierta, cuyo objetivo es recopilar, verificar y analizar sistemáticamente todos los datos sobre violaciones de derechos humanos cometidas durante la represión de las protestas bielorrusas.

En todas partes y en ninguna parte

Elmer Eric Schattschneider, científico político estadounidense, sostiene que uno de los factores principales del éxito de una protesta es el “alcance del contagio” de un conflicto político.

A veces, los intentos por parte del Estado de limitar el alcance de la participación ciudadana a través de medidas represivas surten el efecto contrario. Por ejemplo, varios estudios muestran que el bloqueo de internet suele exacerbar las protestas, ya que el vacío informativo fuerza a la gente a salir a las calles. Todavía queda la pregunta de qué les espera a quienes abandonan sus hogares. La brutal represión de la protesta por parte del Estado crea un dilema para los protestantes: por un lado, aumenta el riesgo de participar en las protestas. Además, el éxito aparente en reprimirlas puede llevar al aumento de los llamados “beneficiarios gratuitos”, personas que esperan que los objetivos políticos se logren sin su participación. Por el otro lado, la sensación de que el número de participantes aumenta en respuesta a la violencia y de que la protesta cobra impulso se convierte en algo crucial si la voluntad de participar debe superar la “lógica del riesgo”.

Las redes sociales resultaron tener una importancia fundamental no para coordinar las protestas sino para crear una sensación de su invencible crecimiento. Esto se aplica tanto a la extensión geográfica de la protesta como a la diversidad de los participantes: su ubicación, género, edad y condición social. Los investigadores hablan de esto como una cuestión de “visibilidad” de la protesta. no basta con salir a la calle, sino que es importante mostrarla de tal manera que evoque una sensación de participación masiva para que quienes se quedan en casa. Un ejemplo de una “tecnología de visibilidad” de principios es el uso de drones para fotografiar el tamaño de una multitud desde el aire.

Las autoridades, por su parte, se esfuerzan en dispersar a la gente de las calles, y también en minimizar la potencial “visibilidad” de la protesta. El problema de la visibilidad se agudiza especialmente en una situación de protestas hiperlocales. A diferencia de las protestas en una “sola plaza” (como en El Cairo o Kiev), no se pueden mostrar desde una “sola vista aérea de un dron”. El caso de Belarús ilustra una solución del “problema de visibilidad”: el canal de noticias formado por los canales de Telegram y los grupos de chat locales de Telegram mostraron las protestas que tenían lugar simultáneamente en cientos de lugares.

La “hiperlocalidad” y las protestas descentralizadas suelen ser una ventaja para los protestantes, pues es más difícil para el Estado reprimirlas. Sin embargo, antes también era difícil que estas protestas crearan el efecto de una participación masiva. Como se ha demostrado en Belarús, las tecnologías de la información pueden compensar esa falta de visibilidad de una “multitud en la plaza” y crear un efecto de masa mediante un flujo constante de información y señalar los nuevos lugares de protesta.

En las horas críticas en que la policía antidisturbios, por medio de violencia, aumentaba el riesgo de participar en las protestas y así tratar de detenerlas, sucedió lo contrario: la violencia documentada creó una nueva motivación para la movilización. El efecto de la escala masiva y la distribución geográfica de las protestas, como se ve en las transmisiones de los canales de Telegram, superó el umbral subjetivo de participación, es decir, el umbral más allá del cual el sentir subjetivo de peligro de participación en las acciones se ve ensombrecido por la voluntad de salir porque todo el mundo estaba saliendo. El efecto “bola de nieve” de la movilización había comenzado: en el entorno de información emergente, la gente sentía que, por donde fuera que saliera a la calle, no estaría sola.

Al mismo tiempo, el rol tradicional atribuido a las redes sociales en la coordinación táctica de las protestas puede haber desempeñado un segundo papel, sobre todo en la fase inicial de las protestas. Algunas formas de coordinación en línea resultaron efectivas, por ejemplo, el surgimiento de chats privadas de mujeres, creados para organizar cadenas de solidaridad. Sin embargo, hubo muchos otros chats que no pudieron hacer frente al caos de mensajes e instrucciones contradictorias de movilización, lo que dificultó el seguimiento del desarrollo de las protestas, incluso para las autoridades.

La coordinación es importante cuando se trata de grupos relativamente pequeños que protestan y no hay una participación masiva. En esta situación, es posible resistirse a los recursos gubernamentales más poderosos precisamente por la mayor eficacia de la acción. Sin embargo, cuando comienza la omnipresente reacción en cadena de la participación, el número de manifestantes se vuelve más importante que la coordinación. Al salir a las calles y plazas, la gente se organiza por si sola sin la ayuda de la tecnología de información y el bloqueo de internet solo contribuye a ese escenario.

El efecto de la movilización también fue facilitado por la difusión viral de las historias que mostraban las victorias de los protestantes contra las fuerzas de seguridad, imágenes de personas combatiendo contra cualquier intento de detenerlas o historias de agentes del orden quitándose sus identificaciones, uniformes o charreteras como signo de no violencia.

De objeto a sujeto 

Por supuesto, el éxito de las protestas bielorrusas no puede atribuirse únicamente a la tecnología de información; se debe principalmente a factores políticos y sociales que surgieron durante el régimen totalitario de Lukashenko, y especialmente durante su reciente campaña electoral. Además, todavía no sabemos plenamente cuál será el resultado político de los acontecimientos actuales. Sin embargo, lo que está pasando en Belarús es un ejemplo importante de cómo la tecnología de la información puede ayudar a convertir una crisis política en una oportunidad para un cambio político, pese a la naturaleza frágil de la “acción conectiva”.

Quisiera recordar la paradoja descrita por los hermanos Strugatsky y brillantemente demostrada por Andrei Tarkovsky en la película “Stalker” (La zona). Una vez entrados en “la zona”, los protagonistas se encuentran lejos de “la cámara”. Sin embargo, el camino directo hasta allá no es el más corto. Lo mismo ocurre con las protestas: al entrar inmediatamente en la plaza, la multitud puede encontrarse en la trampa descrita por Zeynep Tufekci. Puede no ganar masa crítica, perder energía y desintegrarse antes de que pueda alcanzar sus objetivos políticos. El “camino a la plaza” por el que han pasado los bielorrusos los ha ayudado a evitar esta trampa, aunque a un costo trágico.

En el nuevo entorno informativo, la violencia utilizada contra los participantes durante las protestas hiperlocales se está volviendo menos efectiva para reprimirlas. Más bien al contrario: la violencia se está convirtiendo en una nueva motivación para que la gente salga a la calle. El efecto de intimidación es neutralizado por el efecto de movilización general y contribuye a un fuerte aumento del alcance de la participación. Es en este punto donde comienza una reacción en cadena, que es cada vez más difícil de detener: la represión se vuelve ineficaz e incluso contraproducente; una multitud de manifestantes pasa de ser un objeto de persecución a ser un sujeto del proceso político. Con el tiempo, la multitud está lista para entrar en la plaza central y juntar cientos de protestas hiperfocales en una única columna. Fue este camino hacia la plaza, trazado en los primeros cinco días después de las elecciones presidenciales de Belarús, el que convirtió a la multitud en una fuerza política capaz de escapar de la trampa de la movilización horizontal y de provocar un cambio real.

¿Podrán los bielorrusos no sólo completar la imposible tarea de eliminar a Lukashenko, sino también demostrar la insensatez de la violencia como instrumento para lograr objetivos políticos? Tal vez, al igual que la tesis del “fin de la historia”, es demasiado pronto para anunciar el “fin de la violencia política”. Sin embargo, los acontecimientos en Belarús puede empujar a otros regímenes autoritarios a confiar siempre menos en las fuerzas tradicionales para reprimir el malcontento local, invirtiendo cada vez más recursos en formas innovadoras de control destinadas a crear nuevas barreras invisibles al “camino a la plaza”.

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