Debido al COVID-19, trabajadores de plantaciones de té indias luchan por sobrevivir

Tea plucking in Kerala, India. Image via Flickr by Neil Faz. CC BY-NC 2.0

Jornalera de las plantaciones recoge hojas de té en Kerala, India. Imagen en Flickr de Neil Faz (CC BY-NC 2.0).

India, la quinta mayor economía del mundo, ha sufrido inmensamente la pandemia del COVID-19. El índice de desempleo llegó al 24 % en mayo, y dejó a los jornaleros, como quienes se ocupan de las plantaciones de té en el país, de cara a la pobreza y el hambre por la escasez trabajo y la falta de asistencia por parte del Gobierno.

Para abril, muchos volvieron a trabajar a pesar de las restricciones implementadas en el país por el COVID-19, aún si no contaban con la cantidad suficiente de medidas en marcha de atención sanitaria ni de seguridad.

La verdad sobre el té

India es uno de los mayores productores de té del mundo. Dos regiones en particular, Assam y Bengala Occidental, tienen en conjunto más del 70 % de la producción de té del país. El sector es el segundo mayor generador de empleo formal en India; da trabajo a más de un millón de familias en las plantaciones de té. Un asombroso 70 % de estos trabajadores son mujeres, a quienes se les paga salarios muy bajos y se les hace trabajar en condiciones deplorables.

Como resultado, la gran parte de estas mujeres viven sin dignidad, situación difícil representada en la campaña #TruthAboutTea [La verdad sobre el té], serie que transmite por YouTube la organización sin fines de lucro Oxfam India. La serie sostiene que incluso antes de la pandemia, los trabajadores han estado viviendo en condiciones insalubres, sobreviviendo como podían con salarios irrisorios y casi sin acceso a los sistemas sanitarios y de educación.

Según el video, en promedio, un trabajador de las plantaciones camina 16 km y carga 24 kg de hojas de té cada día, y apenas gana un salario diario de cerca de 150 rupias indias. Esto equivale a dos dólares estadounidenses luego de 13 horas de trabajo. Solo el 87 % de los trabajadores percibe el salario máximo de 4500 rupias (61 dólares estadounidenses) por mes.

Algunos trabajan descalzos y solo a un pequeño porcentaje se les entrega equipo de protección como guantes, máscaras y botas. A veces se obliga a las mujeres a volver al trabajo a los pocos días de haber dado a luz y no hay suficientes guarderías que funcionen adecuadamente para los bebés. Además, faltan baños en las plantaciones de té, y varios trabajadores tampoco cuentan con baño en casa.

El costo humano de la producción de té en India es alto; privados de derechos básicos, los trabajadores y sus familias dicen que se sienten esclavizados por los dueños de las plantaciones de té.

Escasas opciones

Cuando India entró en la primera etapa de aislamiento por el COVID-19 el 25 de marzo, varias plantaciones cerraron. Para el 4 de abril, la Asociación del Té de India había enviado un comunicado al Gobierno en el que solicitaba “reanudar la actividad normal de las plantaciones de té cumpliendo con las medidas de seguridad y de distanciamiento social vigentes”.

Preocupado por los efectos económicos, el periodista Pratim Ranjan Bose cuestionó las medidas de aislamiento, pero además señaló la “estigmatización que sufre el sector que trabaja en las plantaciones con respecto a asuntos de sanidad, salud e higiene”.

Sin embargo, el Gobierno permitió que algunas plantaciones reanudaran sus operaciones recién a partir del 10 de abril. Llegada la tercera etapa del aislamiento (del 4 al 17 de mayo), se autorizó la operación normal de las plantaciones, a pesar de que las instalaciones sanitarias disponibles para los trabajadores no estaban suficientemente equipadas para tratar a pacientes con COVID-19.

Los gremios de las plantaciones del norte de India pronto comenzaron a enviar denuncias policiales sobre incumplimiento del aislamiento, pero en aquel momento la gente estaba más preocupada por la economía que por el bienestar de los trabajadores de las plantaciones.

Harihar Nagbansi, corresponsal comunitario de VideoVolunteers, cuya familia trabaja y vive en la plantación de té de Bhatkawa en Bengala Occidental, informó:

While the whole country is under lockdown to combat coronavirus, work continues as is in the tea estates of [the] Alipurduar district of West Bengal. These estates are in such far off areas that information regarding the virus has not reached everyone and they are willing to work without any protective [gear]. Quite obviously, the tea garden owners also don’t care what this pandemic will do to these workers.

Mientras todo el país se encuentra aislado para combatir el coronavirus, las plantaciones de té del distrito de Alipurduar, en Bengala Occidental, siguen funcionando. Las plantaciones están tan alejadas que la información respecto al virus no ha llegado a todos, y algunos están dispuestos a ir a trabajar sin ningún equipo [de protección]. Demás está decir que los propietarios de las plantaciones tampoco tienen interés por las consecuencias de esta pandemia ni lo que le hará a los trabajadores.

Al 5 de septiembre, los casos por coronavirus en India han superado los cuatro millones, cerca del 0,3 % de la población total.

En Bengala Occidental, hay cerca de 174 659 casos y 3452 fallecidos; Assam tiene aproximadamente 121 224 casos y 345 fallecidos. Sin embargo, a la fecha no hay información disponible sobre cómo varios trabajadores de las plantaciones de té se contagiaron de coronavirus.

De acuerdo con un informe proveniente de una iniciativa conjunta del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Asociación del Té de la India (ITA), los jornaleros de estas dos regiones lograron de forma exitosa que la COVID-19 no llegara a las plantaciones hasta la tercera semana de mayo. La iniciativa consistía en registrar a los trabajadores en programas de higiene obligatorios para mejorar los niveles sanitarios.

Trabajadores protestan

En otro video reportaje, esta vez desde Madhu Tea Garden, en Bengala Occidental, Nagbansi comentó que los trabajadores de las plantaciones no están trabajando el mínimo de cien días establecido por la Ley Nacional de Garantía del Empleo rural Mahatma Gandhi (MGNREGA).

Sumado a mayores dificultades en la vida debido a las restricciones por la COVID-19, los trabajadores organizaron una protesta el 29 de junio, en la que pedían que se les diera 200 días laborales y que se les aumentara el salario a 600 rupias (8 dólares estadounidenses) por día:

Los jornaleros han estado haciendo protestas contra los bajos salarios durante los últimos años, pero no han tenido éxito.

“Taza llena de miseria”

Un estudio de investigación publicado en febrero de 2019, llamado “taza llena de miserias”, en el que Subhashri Sarkar y Reji Bhuvanendran evalúan la escala salarial de los jornaleros del té, reveló que la industria del té en India está en crisis.

La dura competencia, el aumento en los costos de producción y el cierre de varias plantaciones de té por la caída de la demanda han dado como resultado grandes pérdidas que dificultan la sostenibilidad de la industria.

Al problema de los salarios injustos se suman varios factores, incluso la falta de interés desde la administración, la falta de aplicación de leyes estatales y la ausencia de control efectivo por parte del Gobierno.

Mientras tanto, los índices de COVID-19 siguen aumentando.

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