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Propuesta tributaria para libros en Brasil puede perjudicar a lectores en las periferias

Categorías: Latinoamérica, Brasil, Arte y cultura, Economía y negocios, Literatura, Medios ciudadanos

El gobierno de Bolsonaro elabora propuesta de nuevo impuesto a los libros en Brasil | Imagen: Rômulo Cabrera/Agência Mural

Este texto es de Renan Cavalcante y Lucas Veloso. Se publica aquí en virtud de una asociación para compartir contenido ebtre Global Voices y Agência Mural [1].

En 2007, el escritor Alessandro Buzo, de 48 años, arrendó un inmueble comercial cerca de su casa, y abrió la librearía Suburbano Convicto. En esa época, el barrio Itaim Paulista [2], al este de São Paulo, no tenía bibliotecas públicas ni espacios para lectura. Las escuelas eran los únicos espacios donde la población tenía acceso a libros.

Años después, dice que el acceso a espacios de lectura es más fácil, pero no hay obras nuevas en las bibliotecas públicas ni escuelas, y los precios son un obstáculo para la mayoría en Brasil. En 2019, el precio promedio de los libros en el país fue de 19 reales (cerca de 3,50 dólares estadounidenses), el equivalente a 1,8 % de salario mínimo [3].

“Hasta existen bibliotecas disponibles en los CEU [4] (centros de educación de la red pública del estado de São Paulo). Quien necesita o quiere leer puede buscar, pero ¿qué barrio periférico tiene una librería, con nuevos lanzamientos”, cuestiona.

El acceso a la lectura se ha debatido en Brasil por la discusión sobre la reforma tributaria presentada por el gobierno de Jair Bolsonaro en el Congreso Nacional. Una de las ideas es gravar con 12 % [5] la compra de obras literarias, que ahora tiene exoneración fiscal, según consta en la Constitución Federal. Editoras como Todavia y Companhia das Letras se manifestaron contra la idea em las redes sociales.

Defiende el libro.
NO al nuevo impuesto
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☞☞ Está abierta la consulta pública del Senado que garantiza la inmunidad tributaria a libros, diarios, periódicos y papel destinado a la impresión. Si estás en contra del impuesto a los libros en un 12 %, vota SÍ.

Defiende el libro.
Vota SÍ a la consulta pública de PEC 31/2020.

La propuesta de enmienda de la Constitución 31 de 2020 pretende modificar el artículo 130 de la Constitución Federal para garantizar inmunidad tributaria a libros, diarios, peri+ódicos y papel destinado a su impresión.
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Se presentó en en Senado PEC 31/2020, que pretende asegurar la inmunidad tributaria libros, diarios, periódicos y papel destinado a la impresión.

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Si estás en contra del impuesto a los libros en un 12 %, vota SÍ y apoya la propuesta.

El temor es que, en caso de aprobarse, el impuesto dificulte más el acceso de la población de bajos ingresos a los libros e inviabilice proyectos de fomento a la literatura en las periferias. En la mayoría de países de América Latina [13], los libros están exonerados de impuestos.

Un análisis de Agência Mural demostró que con el impuesto de 12 %, las obras más vendidas en Brasil costarían en promedio 5,48 reales (cerca un dólar) más. Un valor mayor que el  pasaje en ómnibus [14] en la ciudad de São Paulo.

El promedio pasaría de 45,60 reales (unos ocho dólares) a 51,08 reales (unos 9.20 dólares). Se consideraron las 10 obras más vendidas en el país durante julio según el portal PublishNews [15], especializado en el rubro de libros.

El impuesto puede dificultar el acceso a los lectores de las zonas más pobres | Imagen: Rômulo Cabrera/Agência Mural

La posibilidad generó reacciones de entidades ligadas al mercado editorial. “Las instituciones están plenamente conscientes de la necesidad de reforma y simplificación tributarias de Brasil. Pero no será con la elevación del precio de libros que se resolverá el asunto”, dice el manifiesto [16] suscrito por entidades como la Cámara Brasileña del Libro y la Asociación Nacional de Librerías.

Quienes trabajan en proyectos para incentivar a lectura y formar lectores en las periferias tampoco han recibido bien la propuesta.

“[Por ser el libro un producto] caro, se prioriza abrir librería en tiendas y barrios de altos ingresos”, afirma el escritor Buzo. “Hoy existen varios escritores de la periferia. Deberían ser contratados para actuar con los alumnos de las escuelas públicas, pues eso seria una revolución, pero ¿a quién le interesa un pueblo lee?”.

En São Paulo, según datos del Observatório Cidadão [17], el catálogo de libros para adultos, disponibles en bibliotecas municipales por habitante de 15 años o más, los centrales de la capital estatal ocupan las primeras posiciones en el mayor número de obras, en regiones como Liberdade, República e Consolação.

Do ouro lado, con menos obras, están los distritos como Marsilac, zona sur, São Lucas, zona este, y Anhanguera, zona noroeste.

Esta carencia ha sido suplida a menudo por colectivos culturales que crean bibliotecas comunitarias, como Cidade Tiradentes, Penha, Ermelino Matarazzo, Paraisópolis y Suzano. Incluso hay uno dentro de un cementerio en Paralheiros [18].

En Brasil, ¿el pobre no lee?

En una audiencia en el Congreso Nacional [19] a comienzos de septiembre en la que se discutió la propuesta, el ministro de Economía, Paulo Guedes, dijo que cuando el Gobierno creó el auxilio de emergencia durante la pandemia de COVID-19, los más pobres estaban más preocupados por sobrevivir en un primer momento, “que en frecuentar las librerías que frecuentamos”.

“Una cosa es concentrarse en la ayuda. Otra cosa es que, para ayudar a los más pobres, se exima de hecho a quienes que pueden permitírselo”, argumentó.

Buzo no está de acuerdo con la visión del ministro. “No creo que los ricos lean más que los pobres. Date una vuelta en la periferia. Hay muchos en las periferias que se leen, sí. El rico tiene más acceso al libro porque las librerías están cerca de sus casas y tiene dinero para comprar, pero la lectura es otra historia”, dice.

Según resultados de investigación de retratos de lectura [20], encomendada por el Instituto Prólibro en asociación con Ibope, el precio influye en el 22 % de los lectores brasileño al comprar libros es el principal factor de decisión al elegir un título. Pero la investigación indica que 27 millones de brasileños de las clases C, D e E [21] –que ganan menos de 8640 reales (1611 dólares) consumen libros.

Letícia Souza, revisora formada en Letras, es aficionada a la lectura Incentivada por su madre y su abuelo desde niña. Ella también discrepa con Guedes. “Ese pensamiento es absolutamente incoherente. Inclusive, creo que considerar que quien compra un libro tiene un poder adquisitivo más alto colabora con distanciar a la población más pobre de la lectura y la cultura en general”.

Suzi Soares teme que el Gobierno decida lo que la gente debe leer. Imagen: José Cláudio de Sena/Divulgação/Usada con autorización

Suzi Soares, organizadora de Sarau do Binho y de Felizs (Feria Literaria de la Zona Sul) [22], ve con desconfianza la idea del Gobierno de incentivar la donación de libros, como medio de acceso a quienes viven en la periferia. “Las personas tienen que leer lo que quieran, nadie debe determinar qué debes leer”, dice.

Suzi recuerda su propia historia. Hasta que comenzó a trabajar, las publicaciones que leía eran préstamos de una amiga. “Cuando me sobraba un poco de dinero, era una felicidad de entrar a una librería y libro que quería. Cuando tenía la oportunidad de comprar, era muy feliz”.

A pesar de todo, dice que también sabe que las periferias seguirán leyendo. “Vamos a acabar buscando alternativas como siempre buscamos. Reciclando, pasando de uno a otro, haciendo que circulen los libros que están parados en el na estante, para poder leer”.