¿Está Belarús en medio de una revuelta generacional?

“Elecciones justas. Un tribunal. Libertad para los prisioneros políticos”, dice este cartel durante las protestas en Minsk, Belarús, 16 de agosto de 2020. Foto de Homoatrox / Wikimedia Commons (CC-BY-SA-3.0). Algunos derechos reservados.

Hoy en día, Belarús es un estado en revuelta. Los valientes manifestantes se enfrentan a un brutal sistema de seguridad que apoya al presidente del país, Aleksandr Lukashenko. La violenta represalia llega después de las protestas masivas en las que miles de personas han salido a las calles, indignadas por las posibles acusaciones de fraude en las elecciones presidenciales del 9 de agosto. Para algunos, el país está actualmente “ocupado” por un régimen que no tiene apoyo popular. Para otros, Belarús socavado por complots de Estados Unidos. Más allá de todas estas acusaciones, hay una realidad más compleja de un país dividido en mucho niveles, incluso antes de los recientes acontecimientos. Un sentido de estas divisiones es evidente en una encuesta representativa a nivel nacional que realizamos en Belarús al comienzo de este turbulento año.

Nuestra encuesta de enero de 2020 formaba parte de un proyecto más grande, que examina las orientaciones geopolíticas de las personas en los países y territorios de facto en las fronteras de Rusia. Está motivado por la evidencia de que las diferentes trayectorias están reconfigurando el espacio posoviético, con un fuerte apoyo a una mayor integración con las instituciones occidentales en Ucrania y Georgia, pero continuando los estrechos lazos con Rusia en las otras políticas. En lo específico, la situación de Belarús es muy interesante ya que sus estrechos vínculos económicos, políticos y militares con Rusia se han ido debilitando en los últimos 10 años. Sin embargo, este país también ha representado un problema para los investigadores ya que es muy difícil obtener datos fiables sobre las políticas locales, especialmente sobre el nivel real de apoyo al presidente Lukashenko. Los expertos regionales, incluso en el Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia (RIAC en inglés), han proporcionado estimaciones. En nuestra encuesta nacional, calculamos la aprobación al presidente en un 26 %, en un experimento de lista que recoge respuestas fiables, una cifra muy cercana a las otras estimaciones.

Nuestra encuesta de 1209 respuestas la realizó una compañía consolidada y respetable de encuesta en Belarús, bajo nuestra supervisión, con la consulta y el apoyo informático de expertos externos en encuestas para el diseño de muestras y la programación de tablas. Decidimos mantener secreto el nombre de la agencia por la actual situación bielorrusa. Nuestros procedimientos siguieron las mejores prácticas de encuesta en el muestreo aleatorio de la población para las entrevistas cara a cara. Los resultados que mostramos aquí son las respuestas ponderadas para tener en cuenta las leves diferencias entre los datos de población más recientes y las cifras de nuestra encuesta en los grupos regionales y demográficos. Dadas las restricciones del régimen sobre las encuestas cara a cara, creemos que estos datos son los mejores disponibles y, más importante, muestran las divisiones de la sociedad que subyacen a las recientes protestas contra la presidencia de Lukashenko: la principal es una enorme brecha generacional entre quienes llegaron a la adultez durante el período soviético y los nacidos después de 1990.

El escenario, altamente improbable de que Lukashenko haya alcanzado la victoria con el 80 % de los votos, ha sido socavado por nuestros datos de encuesta. Con mucha probabilidad, los acontecimientos de agosto redujeron su apoyo aún más que la baja tasa que ya vimos en enero. Mientras continuaba su presidencia de casi 30 años de política estática, su sociedad estaba cambiando irrevocablemente sin él. Sus partidarios en las categorías de los mayores (más de 60 años) disminuyeron con el tiempo, de modo que en el censo de 2009 en Belarús los menores de 45 años los superaban en número (de 3,5 millones a 2 millones). Como revela el gráfico siguiente, los bielorrusos más jóvenes (de menos de 45 años) tienen posturas políticas totalmente distintas respecto a los más ancianos.

Una brecha significativa es la que se refiere a las opiniones sobre el sistema soviético (gráfico 1). Los votantes más jóvenes (de 30 años o menos) tienen tres veces más probabilidades de aprobar el colapso de la Unión Soviética que los mayores de 60 años. Si bien, este sistema fue imperfecto y represivo, para muchos proporcionaba estabilidad social y un mínimo de prestaciones sociales que los votantes de más edad recuerdan ahora con nostalgia. Hemos visto este patrón en docenas de encuestas que hicimos a lo largo de los últimos 25 años en el espacio postsoviético, sin embargo, la brecha intergeneracional de 2020 es la más larga. Aunque en Belarús no se ha observado la magnitud de la desplazamiento de los puestos de trabajo y las perspectivas materiales en otros lugares, el estancamiento de las tres últimas décadas ha producido entre las generaciones más jóvenes una sensación de que esos desplazamientos han quedado atrás.

Gráfico 1.

Una sencilla pero poderosa pregunta sobre “la dirección general del país” dio a los encuestados una elección difícil: dirección justa o equivocada. Estos índices son muy significativos tanto de la situación actual como del futuro próximo percibido. Por lo que respecta la dirección de Belarús bajo el liderazgo de Lukashenko (gráfico 2), el 55 % de los adultos jóvenes contestó que la dirección era la equivocada contra el 22% de los ciudadanos de más edad. A medida que la edad sube, el paso de las opiniones negativas a las positivas cambia proporcionalmente. En general, sólo el 29 % pensaba que el país iba en la dirección correcta, el 52 % en la dirección equivocada y el 17 % no estaba seguro. En cualquier sociedad con elecciones justas, estas proporciones presagian un cambio en el gobierno, ya que se culparía a un régimen en el poder por este mal panorama.

Gráfico 2

Dadas las estrechas y arraigadas relaciones económicas y políticas entre Belarús y Rusia, sorprenden las diferencias generacionales que se evidencian en el gráfico relacionado a la pregunta “¿qué potencia tiene la mejor de la condición?”. El término “mejor condición” es intencionalmente impreciso. Para algunos, podría significar el reconocimiento de la fuerza militar, para otros el liderazgo económico y para otros, la atracción cultural y la influencia diplomática. Se esperaría que Rusia se viera favorecida por este estado, sin embargo, el gráfico 3 muestra con claridad las diferencias generacionales. Para las dos generaciones menores de 45 años, una pluralidad eligió Estados Unidos, para los de 45-60 años una pluralidad eligió Rusia mientras que la mayoría del grupo de mayores de 60 años eligió Rusia. Curiosamente, China supera a la Unión Europea en todas las edades y se acerca a la proporción de Rusia en los grupos de edad más jóvenes. El reconocimiento de las cambiantes realidades geopolíticas y la relativa disminución de la condición de Rusia para los jóvenes se refleja en estos resultados. Otras recientes investigaciones confirman estas tendencias generales entre los jóvenes bielorrusos.

Gráfico 3

¿Qué hay detrás de estas grandes brechas generacionales? Como muestra el gráfico 4, las fuentes de información preferidas parecen desempeñar un papel muy importante. Sin embargo, la casualidad exacta sigue sin estar clara. ¿Los jóvenes evitan la televisión ya que ofrece una información controlada por el Estado, y prefieren informarse en Internet y en las redes sociales? O, ¿el acceso a la información sobre las sociedades occidentales lleva a un rechazo del tipo de sociedad que Lukashenko ha liderado durante décadas? En cualquier caso, la abrumadora dependencia en la información que da la televisión para los mayores de 60 años contrasta fuertemente con el rol que internet juega para cerca de la mitad de los encuestados menores de 45 años.

Gráfico 4

Esta orientación hacía el Occidente está promovida, reforzada y confirmada por la preferencia de las película de Hollywood y, en menor medida, de las europeas (gráfico 5). Aquí, una clara diferencia en las películas entre los grupos de edad de 18-30 y 31-45 años muestra la mayor popularidad del cine occidental entre el grupo más joven. Para los nacidos o socializados en la época soviética (ahora mayores de 45 años), las películas rusas soviéticas y contemporáneas conservan su atractivo tradicional.

Gráfico 5

En resumen, con estos datos hemos identificado una generación más joven, culturalmente orientada hacía Occidente, que prefiere la democracia occidental al modelo actual o soviético, que rechazando sus tradiciones y a Lukashenko. Cuando se les preguntó sobre el mejor sistema político (Gráfico 6), los jóvenes de 18 a 30 años eligieron abrumadoramente la opción genérica “democracia occidental” en lugar de las opciones más concretas del sistema actual en el país, el sistema político ruso y el sistema soviético que han experimentado. Por el contrario, los mayores de 60 años son claros en su rechazo de la “democracia occidental” y en su preferencia por el sistema soviético. Los dos sistemas políticos más alejados del Belarús contemporáneo (el modelo occidental y el soviético) reciben más apoyo que los conocidos en los últimos 30 años. No existe un modelo único de “democracia occidental”, por supuesto, pero el poder de ese ideal, en contraste con la realidad de Belarús y Rusia, es una de las razones por las que vemos a tantos jóvenes en las primeras líneas de las protestas por todo el país cada fin de semana.

Gráfico 6

Si bien en estos gráficos es muy visible las unívocas diferencias generacionales, no las hay sobre otras cuestiones. Por ejemplo, no hay diferencias generacionales significativas en las creencias religiosas o en las costumbres sociales conservadoras, en las cuestiones sobre si “el marido debe tomar las decisiones importantes” o si “el matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer” (más del 90 % está de acuerdo en todas las generaciones). Todas las generaciones están muy en desacuerdo en que la revolución de Maidan de 2014 fue un acontecimiento positivo para la vecina Ucrania y también con la eliminación de los monumentos de Lenin, un legado duradero de la época soviética en el paisaje de Belarús.

Por lo tanto, los liberales occidentales que miran a los jóvenes manifestantes bielorrusos deben saber que siguen teniendo algunas posturas conservadoras. Si bien, están orientados hacía Occidente y prefieren sus instituciones políticas y productos culturales, también rechazan, como sus mayores, muchas de las actitudes sociales y políticas liberales que se han generalizado en algunas partes de la Unión Europea (aunque no en algunos círculos gubernamentales, como en Polonia). Sin embargo, en la actualidad sus aspiraciones se ven eclipsadas por una dictadura represiva.

Los autores reconocen la financiación de este trabajo por una subvención conjunta de la Fundación Nacional de Ciencia y del Consejo de Investigación del Reino Unido (concesión de la NSF #1759645; concesión del ESRC # ES/S005919/1).

Inicia la conversación

Autores, por favor Conectarse »

Guías

  • Por favor, trata a los demás con respeto. No se aprobarán los comentarios que contengan ofensas, groserías y ataque personales.