Es momento de retirar a Sudán de la lista de Estados Unidos de países que patrocinan el terrorismo

Amigos reunidos en Jartum, capital de Sudán. Foto vía Pikist, base de datos fotográfica libre de regalías.

En abril de 2019, los sudaneses destituyeron al régimen militar que había gobernado durante 30 años. Entre toda su devastadora herencia, el país tuvo que lidiar con el hecho de estar en la lista de Estados Unidos como un país que patrocina el terrorismo.

Ha pasado un año desde que Sudán estableciera un gobierno de transición, pero Estados Unidos aún es renuente a quitarlo de la lista, impactando seriamente en la economía y futuro de Sudán.

Sudán fue incluido en la lista de países terroristas en agosto de 1993 porque el mandato del entonces presidente Omar al-Bashir Sudán apoyaba a grupos terroristas, como la organización Abu Nidal, Yihad Islámica Palestina, Hamas y Hezbolá.  Las sanciones consecuentes incluyen las impuestas a quienes reciben ayuda extranjera de Estados Unidos, restricciones financieras y prohibición a la venta de exportaciones de defensa. Hay sanciones que también pueden afectar a otros países involucrados en intercambios comerciales con países considerados patrocinadores del terrorismo.

El gobierno civil de transición en Sudán asegura que estas organizaciones terroristas nombradas ya no existen en Sudán actualmente. Abdalla Hamdok, primer ministro de Sudán, confirmó durante su discurso en la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2019 que estos eran actos del destituido régimen. Sin embargo, Sudán continúa en la lista de estados que apoyan el terrorismo, lo que tiene repercusiones muy reales en términos de sanciones gubernamentales, como que Estados Unidos se opone a que el Banco Mundial y otras instituciones financieras otorguen préstamos. Las sanciones también incluyen restricciones de visas para estudiantes.

En agosto, el Gobierno sudanés llegó a un acuerdo con la administración de Trump para “depositar 335 millones de dólares en un fideicomiso para los familiares de víctimas de ataques terroristas, en lo que el anterior régimen sudanés ayudó dos décadas atrás. Los ataques incluidos en el acuerdo son los bombardeos de 1998 a las embajadas de Kenia y Tanzania y los ataques terroristas contra el USS Cole de 2000”. Este tratado fue respaldado por Edith L. Bartley, vocera de las familias de estadounidenses muertos en los bombardeos.

Sin embargo, estos esfuerzos pueden verse obstaculizados por algunas de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre, que sostienen que Sudán formó parte de los atentados. El 11 de septiembre de 2020, el senador estadounidense Bob Menendez emitió un comunicado que describe la negociación entre el Gobierno sudanés y su contraparte estadounidense como una “bofetada a las víctimas y familias del 11 de septiembre”, y expresó que se opondrá a cualquier legislación “que no trate a las víctimas y familias del [atentado del] 11 de septiembre con el respeto y la dignidad que se merecen”.

Claramente, esas acusaciones no tienen fundamento. Noureldin Sati, embajador sudanés en Estados Unidos, negó completamente estas declaraciones, y enfatizó que ninguna corte las ha corroborado. Más importante aún, un informe de omisión independiente sobre los atentados del 11 de septiembre acotó: “ni los bienes de Bin Laden en Sudán fueron una fuente de dinero para Al Qaeda”. El informe también confirmó que “cuando Bin Laden fue presionado para abandonar Sudán en 1996, el Gobierno sudanés aparentemente expropió sus bienes y confiscó sus cuentas, así que se fue de Sudán prácticamente sin nada”.

Gran parte de los legisladores estadounidenses de ambos partidos estuvieron a favor de continuar con el trato, pero dos senadores se opusieron como consecuencia de la razón expuesta. Recientemente, el Secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, envió una carta en apoyo al acta de impunidad. En la carta, dijo que el trato era “una oportunidad única” para compensar a las víctimas de estos ataques terroristas, y para asistir a la joven democracia en Sudán luego de que el país se hubiera librado de la dictadura al-Bashir.

Muchos expertos estadounidenses en Sudán apoyan el acuerdo, pues argumentan que beneficiará a ambos países.

Cameron Hudson, exmiembro del Centro Africano del Consejo Atlántico y exjefe de gabinete del enviados especial de Estados Unidos a Sudán, escribió un artículo en el que sostiene que el Congreso de Estados Unidos debería trabajar para eliminar cualquier obstáculo.

David L. Phillips, asesor principal y experto en relaciones internacionales del Departamento de Estado, y director del Programa para la Construcción de la Paz y los Derechos en el Instituto para Estudio de Derechos Humanos de la Universidad de Columbia, donde copresidió el proyecto Dos Sudanes, recientemente publicó un artículo en el que expresaba su apoyo al acuerdo. Dijo que sacar de la lista a Sudán beneficiará a la economía estadounidense porque ese país es “rico en hidrocarbonos”, y es también fuente de goma arábiga, que cosechan de árboles de acacia las cooperativas de mujeres en Darfur.  Expandir la producción de goma arábiga, muy utilizada en el procesamiento de alimentos y fabricación de cosméticos, podría generar beneficios excepcionales para compañías como Coca Cola, Chobani y Estee Lauder, que requieren de un abastecimiento de goma arábiga confiable y de primera calidad”.

Hace poco, los sudaneses en Estados Unidos usaron las redes sociales para enviar mensajes a los senadores que se oponen al acuerdo, y pedir eliminar a Sudán de la lista de países terroristas, e incluso algunos pidieron a Schumer y Menendez que dejaran de politizar el asunto.

Mientras tanto, hoy día Sudán está afectado por severas crisis sin precedentes, incluida un deterioro económico e inundaciones extremas. A principios de septiembre, el Gobierno declaró el estado de emergencia económica por la aguda caída de la moneda, con una inflación que alcanzó el 143.78 % en julio. Estas duras condiciones económicas son similares a las del último período del régimen al-Bashir, y definitivamente han puesto en riesgo todo el periodo de transición.

Es obvio que ninguna de las condiciones que una vez le valieron a Sudán un lugar en la lista de países terroristas sigue siendo válida, y que eliminar a Sudán de esa lista es clave para la estabilidad de la nación y su crecimiento en el futuro.

Sudán tiene una democracia débil que necesita del apoyo internacional. Que Estados Unidos retire a Sudán de la lista es un paso crucial para abordar la actual crisis económica. Además, fortalecerá el gobierno civil con indudables beneficios a largo plazo, para Sudán y para Estados Unidos.

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