Protestas tras las elecciones desencadenan otra revolución en Kirguistán

Protestas masivas en la plaza Ala-Too, Biskek (Kirguistán), 5 de octubre de 2020. Foto (c): Aigerim Turgunbayeva, utilizada con autorización.

Las masivas protestas contra el fraude electoral en Kirguistán derrocaron al Gobierno del país.

El 4 de octubre, este país de Asia Central de 6,3 millones de habitantes celebró elecciones parlamentarias. Kirguistán es conocido por su virulenta política: 16 partidos competían por los 120 escaños del Parlamento unicameral del país. Pero los votantes de la oposición se llevaron una decepción: en un resultado preliminar, la Comisión Electoral Central (CEC) contó 1 942 609 votos, e informó que solo cuatro de esos 16 partidos habían pasado el umbral del 7 %: Unidad (24,9%), Mi Patria Kirguistán (24,27 %), Kirguistán (8,89 %) y Kirguistán Unido (7,19 %). La participación fue de 1 980 240 votantes, el 56,2 % de los kirguisos con derecho a voto. Un recuento manual realizado el 5 de octubre mostró prácticamente los mismos resultados, aunque al Parlamento entró un quinto partido, Mekenchil, con el 7,26 % de los votos.

Todos los partidos restantes obtuvieron menos del 7 % del voto.

Los partidos que consiguieron pasar el umbral eran todos progubernamentales, vinculados a figuras poderosas de la élite dirigente de Kirguistán. Por ejemplo, Unidad se asocia con el presidente Sooronbay Jeenbekov, cuyo hermano está entre los candidatos. Mi Patria Kirguistán está vinculado al exjefe interino del servicio de aduanas Raimbek Matraimov, actualmente en el centro de una investigación internacional por la salida del país de casi 700 millones de dólares.

Estas elecciones también marcaron el décimo aniversario de la transición de Kirguistán a república semiparlamentaria. Erica Marat, profesora asociada del Colegio Internacional de Asuntos de Seguridad de Washington DC, señala que a pesar de ese cambio, los partidos políticos más influyentes tienden a dominar las elecciones. Están fuertemente asociados con sus patrociandores, divididos internamente y no tienen distinción ideológica sustancial, explica:

Entonces, en 2010 y 2015, los partidos políticos más influyentes que que se esperaba que ganaran, ganaron. Todos los partidos estaban fuertemente asociados a sus líderes: Atambayev (SDPK), Babanov (Republika), Tekebayev (Ata-Meken), etc. Ninguno tenía divisiones ideológicas y todos estaban divdidios internamente.
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Para entonces también era evidente que un Parlamento representativo era igual a una legislatura más democrática. Se aprobaron muchas leyes que limitaban libertades cívicas y económicas.

Atambayev y después Jeenbekov acumulaban cada vez más control político, a menudo capitalizando la falta de cohesión interna de los partidos.

Los partidarios de la oposición se sintieron engañados. Los socialdemócratas fueron el primer partido opositor que anunció que rechazaban reconocer los resultados de las elecciones, y anunciaron una protesta en la noche del 4 de octubre. Los partidos Republika y Ata-Meken hicieron una declaración conjunta y pidieron a sus votantes que se unieran a las manifestaciones.

En los medios sociales circularon profusamente acusaciones de fraude electoral, muchas relacionadas con los votos llamados “Formulario n° 2″, que Nurzhan Shaildabekova, presidenta de la CEC, describió como “norma progresista que permite votar no en el lugar en el que el votante está registrado, sino en cualquier lugar que le resulte conveniente”. Shaidilabekova afirmó que se habían registrado 481 950 solicitudes de este tipo antes de la votación del 4 de octubre. Algunos juristas dieron la voz de alarma ante este gran número, y apelaron al CEC, a la fiscalía general y a las fuerzas de seguridad para que investigaran el asunto. “Cada caso de registro masivo de ciudadanos en Formularios n.° 2 y cada informe de soborno de votantes debe ser objeto de una exhaustiva, objetiva y rápida investigación”, declararon los juristas en una carta abierta.

Ya a principios de agosto comenzaron a aparecer en internet informaciones de que algunos partidos políticos llevaban votantes de regiones o pueblos remotos y los registraban en colegios electorales de Biskek. Un votante dijo a periodistas de 24.kg que le prometieron 4000 soms (50 dólares estadounidenses) para que votara por Mi Patria Kirguistán. Añadió que le dijeron que presentara una solicitud por medio del Formulario n.° 2 con el fin de cambiar su dirección electoral, después le entregaron una solicitud ya completada y lo llevaron e minibús a un centro de votación situado en una escuela.

El día de las elecciones, las redes sociales se llenaron de quejas de votantes que hablaban de sobornos perpetrados por Unidad y Mi Patria Kirguistán. Algunos votantes afirmaron que les habían ofrecido entre 1500 y 5000 soms (19-63 dólares estadounidenses) por votar “correctamente”.

Para muchos votantes, el fraude electoral podría ser la gota que colma el vaso. En los últimos años, el país se ha visto sacudido por incesantes escándalos de corrupción e inestabilidad política. El descontento de la gente crece y se acumula. Con el trasfondo de la pandemia de COVID-19 en Kirguistán, que tuvo su momento álgido en julio, la popularidad del presidente Jeenbekov declinó rápidamente, aunque incluso antes de la pandemia, sus acciones y su equipo ya eran objeto de frecuentes críticas. El país ha tenido una de las tasas más altas de muertes por COVID-19 del mundo, y la cuarentena ha reducido el presupuesto en una quinta parte. La sociedad civil acusó a su Gobierno de inactividad, y algunos incluso pidieron la destitución del presidente.

Todo esto significa que las peticiones de cambio de la oposición han encontrado una audiencia receptiva.

El 5 de octubre, simpatizantes de 11 partidos se reunieron en la plaza Ala-Too, en el centro de Biskek, para expresar su indignación ante los resultados oficiales. Hacia las tres de la tarde, había más de 4000 personas. Mientras crecía la multitud, los líderes de los 11 partidos firmaron una petición al CEC para solicitar la repetición de las elecciones.

Según progresaba la noche, la manifestación creció en tamaño y pretensiones. Algunos manifestantes intentaron trepar la valla de la Casa Blanca, oficina del presidente kirguiso. La Policía lo tomó como un signo para cargar. De esta forma, la manifestación pacífica se transformó en un enfrentamiento entre ciudadanos y fuerzas de seguridad, lo que convirtió el centro de Biskek en un campo de batalla. Sonaban disparos junto a gritos de auxilio de los heridos. Más de 70 heridos ingresaron en varios hospitales de la capital, incluidos varios candidatos opositores.

A pesar del uso de que la Policía usó balas de goma y gas lacrimógeno, los manifestantes no abandonaron. A las 3 de la mañana habían ocupado la Casa Blanca, el Parlamento y otros edificios administrativos.

“Han tomado la Casa Blanca”.
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Los manifestantes están dentro de la oficina del presidente Jeenbekov.

Foto de reporteros de RFE/RFL: BakytTorogeldi y Aybek Biybosunov.

El presidente Jeenbekov había abandonando el edificio una hora antes de la invasión.

Algunos de los manifestantes también liberaron a políticos presos, como el expresidente Almazbek Atambayev, el ex primer ministro Sapar Isakov y el exparlamentario Sadyr Japarov.

Desde entonces, Japarov ha sustituido a Kubatbek Boronov como primer ministro interino de Kirguistán en un consejo de coordinación. El portavoz del Parlamento kirguiso, Dastan Jumabekov, ha sido sustituido por Myktybek Abdylbaev, del partido opositor Bir Bol. También han dimitido los alcaldes de Osh y Biskek, las dos principales ciudades del país.

Por su parte, Jeenbekov sigue en su puesto, por ahora. El 6 de octubre, en una entrevista con la BBC, declaró que era el presidente legítimo de Kirguistán, pero insistió que la vía para avanzar es la de las negociaciones pacíficas. Jeenbekov ha criticado severamente las protestas, pero recientemente dijo a los medios kirguisos que había ordenado a los servicios de seguridad que no abrieran fuego contra los manifestantes.

En la noche del 6 de octubre, la CEC anunció que había cancelado oficialmente los resultados de la elección “para evitar tensiones”.

En este caos, se ha abierto un vacío de poder, que no es el primero en la historia de Kirguistán. Ahora, el país espera ver quién aprovecha el momento.

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