En Sudán, mujeres y minorías son blanco de acoso en línea, y carecen de protección legal

Alaa Salah se convirtió en símbolo del rol de la mujer en la revuelta contra Omar al-Bashir, autocrático líder de Sudán, derrocado por los militares. Imágenes suyas cantando las canciones tradicionales en las protestas de Jartum se hicieron virales en las redes sociales, donde mujeres y minorías de Sudán suelen enfrentar un intenso acoso en línea. Captura de pantalla vía VOA/YouTube, 16 de abril de 2019.

En los últimos años, Internet ha desempeñado un papel cada vez más importante en la sociedad y en las políticas de Sudán. Durante la revolución sudanesa de 2019, manifestantes y activistas utilizaron las redes sociales para comunicar, organizar y documentar las violaciones.

Finalmente, sus esfuerzos acabaron por derrocar a Omar al-Bashir, que gobernó el país con puño de hierro durante 30 años.

Pese a estos logros, el acoso en línea sigue siendo un problema principal en Sudán, donde se estima que la penetración de Internet llega al 31 %. El acoso, incluidas violaciones de datos personales, ciberacoso, persecuciones y discursos de odio, afecta mayormente a las mujeres y a las minorías.

Varias campañas han tratado de abarcar esas violaciones, pero el acoso en línea requiere más atención y reformas, y hasta la promulgación de una ley fuerte.

En julio, una página sudanesa de Facebook publicó fotos de Weam Shagi, reconocida activista sudanesa para los derechos de la mujer, que mostraba cómo había sido torturada por las fuerzas de seguridad durante la dispersión de una protesta en la capital, Jartum. Inicialmente, Shagi publicó estas fotos en su página de Facebook. Varios comentaristas la atacaron a través de comentarios vergonzosos sobre su cuerpo.

Este es solo uno de los muchos ejemplos de acoso en línea en Sudán.

Además, es muy común burlarse de las personas por su región geográfica. En agosto, una página di Facebook muy conocida, que cuenta con 170 145 seguidores, llamada “Sudanese Screenshot” (Capturas de pantalla sudaneses) se burlaba de las niñas de Omdurman, en el que se comentaba que las niñas deberían ser utilizadas como herramienta para detener las mortales inundaciones del río Nilo que están arrasando Jartum y Bahri. Los comentarios insinúan que estas chicas son menos valiosas y bellas por su región de origen. Cuando se denunció la publicación, Facebook respondió que la publicación no violaba sus normas comunitarias.

Facebook determinó que una publicación, cuyo autor se burló de las chicas de Omdurman y dijo que las deberían utilizar para detener las inundaciones del Nilo, no violaba sus normas comunitarias. Captura de pantalla del autor, 23 de septiembre.

El acoso en línea no es exclusivo de los civiles. Los militares también se han involucrado en conductas maliciosas en línea. En junio, según un informe del Observatorio de Derechos Humanos, el “personal militar amenazó a una joven manifestante que apareció en un video que circuló en redes sociales coreando contra los militares. Ella y su familia recibieron varias llamadas de hombres que se identificaron como oficiales militares que la amenazaron con demandarla por ‘usar groserías contra el Ejército”.

En algunos casos, el acoso en línea se ha utilizado como una herramienta para intimidar a los activistas políticos por el antiguo régimen.

Según el Informe sobre la Libertad en la Red en la Región de Sudán de 2018, “más de 15 activistas han visto violados sus datos personales por la página falsa de Facebook “Sudanese Woman against the Hijab” (Sudanesas contra el hiyab) en la que se publicaron sus fotos privadas sin su consentimiento, junto con citas inventadas sobre estar contra el velo y la religión”. Facebook eliminó la página después de muchas denuncias de violación de las normas comunitarias de la plataforma.

La respuesta de las mujeres sudanesas

En los últimos años, las sudanesas han empleado varias tácticas para protegerse del continuo acoso en línea. Por ejemplo, un grupo de mujeres creó un grupo en Facebook llamado “Inboxat”, que precede de la palabra inglesa “inbox” (buzón) para exponer a sus acosadores compartiendo los mensajes que enviaban.

Pese al éxito relativo del grupo, algunos las criticaron por publicar esas capturas de pantallas de contenidos abusivos ya que, posiblemente, violaban su privacidad.

También se han usado etiquetas para expresarse contra el acoso en línea. Por ejemplo, las sudanesas siguen usando la etiqueta “expose a harasser” (denuncia un acosador) para difundir sus historias personales. Esa etiqueta se convirtió en una herramienta para un debate en línea sobre la naturaleza del acoso y los pros y los contras de denunciarlo, aunque algunos sostienen que esto también podría invadir la privacidad y podría conducir a la difamación.

El acoso en línea puede tener consecuencias psicológicas serias como ansiedad, depresión y estrés postraumático, pero sigue siendo un tema poco investigado. Según una investigación publicada por Amnistía Internacional en 2018, las mujeres encuestadas en ocho países informaron de que se sentían físicamente inseguras y experimentaban ansiedad y ataques de pánico debido al acoso en línea.

El rol de los periódicos y las revistas en línea

Los periódicos en línea también se dedican a ese tipo de acoso. En diciembre de 2016, Sudafax, periódico sudanés en línea, publicó una serie de artículos sobre inmigrantes etíopes que viven en un barrio de Jartum, que citaba quejas de los vecinos plagadas de lenguaje abusivo y racista.

Los artículos estaban caracterizados por titulares llenos de odio como “La colonia de los etíopes” y “Adís sudaneses”, que no hicieron nada más que exacerbar el sentimiento de odio contra los etíopes en Sudán.

En la sección de comentarios, muchos lectores criticaron al periódico por publicar este discurso de odio en línea, pero hasta ahora, el diario no ha tomado medida alguna para abordar estos asuntos, ni tiene una política oficial de contenidos.

Una análisis de 25 páginas de noticias, foros en línea y revistas sudanesas muestra que son pocos los que publican políticas de contenido en relación al acoso y al discurso de odio. Sudaneseonline, conocida plataforma en línea, publicó su política de contenido que promete eliminar mensajes no deseados o lenguaje abusivo pero no menciona el acoso. Muchas otras plataformas no pubilcan en absoluto las políticas relacionadas con la moderación de contenidos, aunque algunas publican normas relacionadas con la protección de la privacidad de los usuarios.

Leyes ambiguas

Actualmente, Sudán hace muy poco para proteger a las mujeres y a otras comunidades y grupos de riesgo del acoso, lo que amenaza con mermar su capacidad de ejercer sus derechos fundamentales en línea, junto con su bienestar y salud mental.

En diciembre de 2016, el Gobierno sudanés publicó un marco estratégico nacional para proteger a los menores en línea. La estrategia incluía un plan de trabajo para 2018-2020 y abordaba explícitamente el acoso contra menores, las deficiencias jurídicas y la necesidad de sensibilización.

El propio sistema legal sudanés no utiliza directamente el término “acoso”, sino otros términos ambiguos que pertenecen a esta categoría y aparecen en varios documentos legales.

Por ejemplo, la Ley contra los Ciberdelitos de 2007 prohíbe conductas como “intimidación”, “incitación” y “chantaje”; además prohíbe enviar material que viole la “sacralidad de la vida privada”.

En cambio, la Ley de Delitos Informáticos de 2018 prohíbe el uso de “cualquier medio de comunicación o información para incitar el odio contra los extranjeros, lo que causa discriminación y hostilidad”. Sin embargo, el proyecto final de esta ley, aprobado por el destituido régimen, no se ha publicado.

En junio de 2018, el Parlamento sudanés aprobó una enmienda a la Ley de Prensa y Periodismo de 2009 que añadió el periodismo en línea en su contenido. El artículo 26 de esta ley prohíbe a los periodistas difundir contenidos racistas en línea.

Para abordar y detener el acoso en línea, los legisladores deben reformar las leyes actuales para incluir una definición clara de todos los tipos de acosos, como publicación sin permiso de los datos personales, persecuciones en línea, discursos discriminatorios y amenazas de violencia.

Las reformas jurídicas también deben promulgarse según las normas internacionales de derechos humanos y no deben ser utilizadas por el Gobierno como una excusa para socavar el derecho fundamental a la libertad de expresión.

Además, en este proceso deberían participar los grupos más vulnerables, como las mujeres y las minorías que, a menudo, suelen quedar al margen de este discurso, a pesar de ser los más afectados. Los casos anteriores deben servir de ejemplo para entender la complejidad y la naturaleza evolutiva de este problema.

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