Intervención de Turquía en conflicto de Nagorno-Karavaj podría perjudicar a Azerbaiyán, según periodista Rovshan Aliyev

El presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, con el presidente azerbaiyano, IIham Aliyev, Bakú, febrero de 2020. Foto de CC-BY-4.0: President.Az / Wikimedia Commons. Algunos derechos reservados.

No es esta la primera vez que estallan enfrentamientos armados en Nagorno Karavaj en los últimos años.

Pero lo que es nuevo, según los observadores, es la escala de los últimos choques, que ahora pueden describirse más acertadamente como una guerra abierta. Los agentes regionales del poder también desempeñan un papel cada vez más importante en el conflicto. Si bien Rusia, aliado de Armenia, se ha mantenido inusitadamente distante, no puede decirse lo mismo de los socios de Azerbaiyán en Ankara. Turquía ha ofrecido un extenso apoyo político y probablemente militar a Azerbaiyán en las últimas semanas. Los medios internacionales informan que se han transferido mercenarios desde zonas controladas por Turquía en el norte de Siria al sur del Cáucaso para luchar a las órdenes de Bakú, aunque las autoridades azerbaiyanas lo han desmentido rotundamente.

Turquía y Azerbaiyán comparten una frontera mínima. El enclave azerbaiyano de Najicheván limita con el este de Turquía, aunque este enclave esta separado de Azerbaiyán por Armenia e Irán. Durante décadas también estuvieron separados por el telón de acero: Azerbaiyán quedó bajo dominio soviético en 1920, y Turquía se convirtió en miembro de la OTAN en 1952.

No obstante, Turquía y Azerbaiyán también comparten raíces túrquicas, lenguas muy similares y un discurso análogo sobre el conflicto de Nagorno-Karavaj. Turquía fue el primero en reconocer a Azerbaiyán como país independiente tras el colapso de la Unión Soviética. Mientras tanto, sus relaciones con Armenia oficialmente no existen: la larga frontera entre los dos países está cerrada desde la primera guerra de Nagorno-Karavaj a principios de la década de 1990. Y más importante, la negativa de Turquía en reconocer como genocidio los sucesos de 1915 sigue indignando la opinión pública armenia.

En este contexto, no resulta sorprendente que Ankara siga siendo un sólido apoyo de Bakú. Pero los observadores se preguntan ¿por qué ahora? ¿Por qué en esta escalada? ¿Y qué papel desempeña la política nacional turca?

Para entenderlo mejor conversé con Rovshan Aliyev, experiodista de Radio Free Europe de Azerbaiyán, que actualmente trabaja como instructor de medios en Praga, capital de la República Checa. Esta entrevista ha sido editada para modificar su extensión y estilo.

Rovshan Aliyev, foto utilizada con autorización

Filip Noubel (FN): ¿En qué se diferencia la escalada que comenzó el 27 de septiembre de otros brotes anteriores de conflicto entre Azerbaiyán y Armenia? 

Rovshan Aliyev (RA): Well, this is not a routine disruption of the [1994] ceasefire, something that has been happening occasionally on the frontline for years. This is almost a full-scale, continuous military operation. During previous standoffs, even in the most recent one in 2017, Armenia never openly threatened Azerbaijan with a military intervention to Azerbaijan, saying that the forces holding Azerbaijani territories are the self-defence army of Nagorno-Karabakh. But this time, we see a policy change, as Armenia is no longer hiding its direct involvement. On March 30, the Armenian Defence minister David Tonoyan declared that his country must prepare for “a new war for new territories” on the website Aravot.am. In May, Armenian Prime Minister Nikol Pashinyan participated in an inauguration event in Shusha, a city in Nagorno Karabakh that holds special significance for Azerbaijanis as a cultural centre and a place formerly inhabited almost exclusively by Azerbaijanis which has been since ethnically cleansed. More recently, Pashinyan's wife, Anna Hakobyan also posed on social media holding a Kalashnikov rifle. Finally, in July, Armenian forces also shelled the region of Tovuz, which is situated inside Azerbaijan.

Rovshan Aliyev (RA): Bueno, esta vez no es una interrupción del alto el fuego de 1994, algo que ha ido sucediendo ocasionalmente en la línea de frente durante años. Esta es una operación militar continuada, casi a gran escala. Durante las treguas anteriores, incluso en la más reciente de 2017, Armenia nunca amenazó abiertamente a Azerbaiyán con una intervención militar, sino que siempre afirmó que las fuerzas que controlan territorios azerbaiyanos son el ejército de autodefensa de Nagorno-Karavaj. Pero esta vez vemos un cambio de política, puesto que esta vez Armenia ya no oculta su implicación directa. El 30 de marzo, el ministro armenio de Defensa, David Tonoyan, declaró que su país debía prepararse para una “nueva guerra por nuevos territorios” en el sitio web Aravot.am. En mayo, el primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, participó en una inauguración en Shusha, ciudad de Nagorno Karavaj que tiene un significado especial para los azerbaiyanos como centro cultural y lugar anteriormente habitado casi exclusivamente por azerbaiyanos que ha sufrido una limpieza étnica. Más recientemente, la esposa de Pashinyan, Anna Hakobyan, posó para los medios sociales con un Kalashnikov en las manos. Finalmente, en julio, las fuerzas armenias bombardearon la región de Tovuz, situada en el interior de Azerbaiyán

FN: ¿Por qué Turquía apoya a Bakú de forma tan abierta y notoria esta vez? ¿Qué significa para las ambiciones turcas y la política azerbaiyana?

RA: Turkey was always supportive [of Azerbaijan] in terms of politics and diplomacy, but did not display direct military support. In 1991, Turkey recognised the independence of Armenia, but after Armenian forces occupied territories around Nagorno Karabakh, that is an additional seven districts of Azerbaijan, Turkey closed its border with Armenia. This was a form of economic sanction, but not a full-scale one, as to this day, the trade turnover between Turkey and Armenia amounts to several hundred millions of US dollars.

This time it seems that Turkish president Recep Tayyip Erdoğan wants to go beyond words and to support Azerbaijan with hardware. But I think such cooperation might harm more Azerbaijan than help it. Authoritarian leaders like Erdoğan try to take advantage of every situation, so Azerbaijan must be careful as Turkey’s direct involvement may complicate the conflict even more. So far, I don’t see any proof that the Turkish air force is directly involved. Concerning military equipment sales, it is not a secret that each side buys the weapon from several countries: Russia sells weapons to Azerbaijan, and sends more to Armenia for free, via Iranian territory. Azerbaijan has a US$1.6 billion contract with Israel, while Serbia has sold weapons to Armenia.

RA: Turquía siempre ha apoyado a Azerbaiyán en términos de política y diplomacia, pero no ha mostrado un apoyo militar directo. En 1991, Turquía reconoció la independencia de Armenia, pero después de que las fuerzas armenias ocuparon siete distritos de Azerbaiyán alrededor de Nagorno Karavaj, Turquía cerró su frontera con Armenia. Fue una forma de sanción económica, pero no a gran escala, ya que hasta hoy, el volumen de comercio entre Turquía y Armenia suma varios cientos de millones de dólares estadounidenses.

Esta vez parece que el presidente turco Erdoğan quiere ir más allá de las palabras y apoyar a Azerbaiyán con maquinaria de guerra. Pero creo que esta cooperación puede ser más nociva que beneficiosa para Azerbaiyán. Los líderes autoritarios como Erdoğan intentan sacar partido de cualquier situación, por lo que Azerbaiyán debe tener cuidado, ya que la intervención directa de Turquía puede complicar el conflicto aún más. Hasta ahora no veo pruebas de que la fuerza aérea turca esté directamente implicada. Y en cuanto a las ventas de equipo, no es un secreto que ambos contendientes compran armamento de varios países: Rusia vende armas a Azerbaiyán y envía más armas gratis a Armenia vía Irán. Azerbaiyán tiene un contrato de 1600 millones de dólares con Israel, mientras que Serbia vende armas a Armenia.

FN: ¿Crees que hasta ahora Rusia no ha podido o no ha querido imponer un alto el fuego, quizás por la ambigua postura de Pashinyan ante la dependencia que tiene Armenia de Rusia?

RA: The previous political tandem in Armenia of President [Robert] Kocharyan and Prime Minister [Serzh] Sargsyan, the leaders of Russia and Armenia had a mutual understanding for many years, despite their interests being so different. In my opinion, the new Armenian leader Pashinyan [who came to power in 2018] felt himself alienated from this trio. As the revolutionary euphoria diminished in Armenia, the social, and then political crisis deepened, so Pashinyan desperately started to play the Karabakh card. I think he calculated that militarist behaviour might help him strengthen his position in Armenia. But Russia’s more neutral behaviour when compared to previous times shows that Pashinyan has miscalculated.

RA: Con el anterior tándem político en Armenia, del presidente Kocharyan y el primer ministro Sargsyan, los líderes de Rusia y Armenia tuvieron un buen entendimiento durante muchos años, a pesar de que sus intereses eran muy distintos. En mi opinión, el nuevo líder armenio, Pashinyan [en el poder desde 2018] se sintió fuera del grupo. Según disminuía la euforia revolucionaria en Armenia, se agudizó la crisis social y después la política, así que Pashinyan comenzó a jugar la carta de Nagorno Karavaj desesperadamente. Creo que calculó que un comportamiento militarista le ayudaría a reforzar su posición en Armenia. Pero el comportamiento más neutral de Rusia, en comparación con ocasiones anteriores, muestra que Pashinyan ha errado el cálculo

FN: ¿En tu opinión, cuáles son los escenarios más optimista y más pesimista para los próximos días y semanas? ¿Ves espacio para el diálogo en Azerbaiyán y en Armenia? ¿Hay voces que lo pidan?  En ese caso, ¿quién y dónde?

RA: I think [the conflict] will be shorter than Azerbaijan wants, but longer than Armenia and its international allies want. I always believed in people's diplomacy, but the governments of all three countries have hindered such initiatives. On the Armenian side, most people are prisoners of the militarist ideology of the Dashnaktsutyun party, that has suppressed alternative voices. This group has fuelled the conflict from abroad, published many books, falsified many historical facts, and filled libraries with charged literature, particularly during the Cold War. Western powers were interested in the collapse of the USSR, thus the Dashnaktsutyun ideology was very suitable for this purpose. I’m against communism and the USSR, but I’m against using ethnic discrimination and ethnic conflicts to achieve their demise. The  Azerbaijani rhetoric, including the militaristic and hateful speech which we see in the media, is a reaction to this Dashnaktsutyun propaganda. It is not a rational reaction.

Therefore, I personally know many Armenians, like Filip Ekozyants, a brave Armenian intellectual, who must be supported as alternative voices. Azerbaijani and Armenian people need a common project to find out ways to bring their positions closer. We must recognise that a century ago, Ottoman officials decided to deport Armenian people from their homes, and it resulted in a catastrophe, even some don’t want to use the word genocide. But we must also recognise that Azerbaijanis were not participants in this. A century ago two empires disintegrated: in the Ottoman Empire Armenians suffered, while in the Russian Tsarist Empire, Azerbaijanis suffered. Thus if some Armenians think that they must take revenge for Ottoman crimes in Nagorno Karabakh and other Azerbaijani territories, this notion is unrelated, unacceptable, and ridiculous. On the other hand, Azerbaijanis must be vigilant in order not to support neo-Ottoman rhetoric spread by Erdoğan supporters.

RA: Creo que [el conflicto] será más corto de lo que quiere Azerbaiyán, pero más largo de lo que quieren Armenia y sus aliados internacionales. Siempre creí en la diplomacia de la gente, pero los Gobiernos de los tres países han entorpecido esas iniciativas. Por parte armenia, la mayor parte de la gente es prisionera de la ideología militarista de la Federación Revolucionaria Armenia (FRA), que ha eliminado las voces alternativas. Este grupo alimenta el conflicto desde afuera, ha publicado numerosos libros, ha falsificado innumerables hechos históricos y ha llenado las bibliotecas con literatura escrita a su medida, sobre todo durante la guerra fría. Los poderes occidentales estaban interesados en la caída de la URSS, y por tanto, la ideología de la FRA se adecuaba bien a su propósito. Estoy contra el comunismo y la URSS, pero también en contra de utilizar la discriminación étnica y los conflictos étnicos para conseguir su desaparición. La retórica azerbaiyana, incluyendo el discurso militarista y de odio que oímos en los medios, es una reacción a esa propaganda de la FRA. No es una reacción racional.

Sin embargo, conozco personalmente muchos armenios, como Filip Ekozyants, valiente intelectual, a los que hay que apoyar como voces alternativas. Los pueblos azerbaiyano y armenio necesitan un proyecto común para descubrir vías que acerquen sus posiciones. Debemos reconocer que hace un siglo, funcionarios otomanos decidieron deportar a armenios y enviarlos lejos de sus casas, y esto resultó en una catástrofe, aunque algunos no quieran usar la palabra “genocidio”. Pero también debemos reconocer que los azerbaiyanos no participaron en esos hechos. Hace un siglo, dos imperios se desintegraron: en el Imperio otomano sufrieron los armenios, mientras que en el Imperio ruso de los zares, sufrieron los azerbaiyanos. Por consiguiente, la noción que tienen algunos armenios de llevar a cabo una venganza por los crímenes otomanos en Nagorno Karavaj y otros territorios azerbaiyanos no tiene ningún sentido, es inaceptable y ridícula. Por otra parte, los azerbaiyanos deben estar atentos para no dejarse engañar por la retórica neootomana difundida por los partidarios de Erdoğan. 

Lea aquí la entrevista con el político y analista armenio Mikayel Zolyan

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