Bajo los cielos grises de Ámsterdam, bolivianos saludan victoria presidencial de Luis Arce

Manifestantes con trajes de celebración en la plaza Dam. Ivonne, una de las organizadoras, aparece en el medio. Foto del autor.

“¡Jallala!”, gritaron docenas de manifestantes en la plaza Dam de Ámsterdam el sábado 24 de octubre. La manifestación se organizó para celebrar la victoria presidencial de Luis Arce en Bolivia, confirmada el día anterior.

Con las fachadas de ladrillo de edificaciones neerlandesas, whipalas —coloridas banderas a cuadros que representan a algunas poblaciones nativas andinas— ondearon al viento. Jallalla significa “larga vida” o “vive bien” en aymara, como dijo Ivonne van Pelt a Global Voices, una de las organizadores de la manifestación. “En nuestra cultura, no decimos ‘buenos días’ ni ‘buenas tardes; decimo ‘vive bien’”, explicó.

La manifestación la organizó Whipalas Across the World —”alianza de colectivos bolivianas, grupos culturales y sociales mayormente de Europa”. Consistió de un homenaje a las masacres de 2019 de Scaba, Senkata y Pedregal, un homenaje a la Madre Tierra, baile y un apthapi. “No fue fácil organizar la fiesta durante la pandemia”, me dijo van Pelt. “Usamos tecnología y medios sociales. WhatsApp para comunicarnos. YouTube para practicar la coreografía. Facebook para publicar la manifestación”.

Manifestantes atienden discursos. Foto del autor.

El 23 de octubre, Luis Arce surgió como ganador de las elecciones presidenciales de Bolivia de 2020 con el 55.1 % de los votos. Se impuso al político de centro derecha Carlos Mesa, que llegó en segundo lugar con el 28.8 %. La victoria de Arce es el regreso al poder del partido político Movimiento al Socialismo (MAS), antes encabezado por Evo Morales hasta que se vio obligado a renunciar en noviembre de 2019, tras las acusaciones de fraude electoral seguidas de protestas masivas.

Arce, ex ministro de Economía y Finanzas Públicas del entonces presidente Morales, asumirá la presidencia de la política de derecha Jeanine Áñez Chávez, que asumió la presidencia interina tras la renuncia de Morales.

Para muchos bolivianos, los recuerdos de la breve presidencia de Áñez están marcadas por la corrupción y violencia estatal. . “Dictadura” fue la palabra que los manifestantes en la plaza Dam más usaron para describir el mandato interino de la señora Áñez.

El 15 de noviembre, tres días después de asumir el poder, Áñez firmó un decreto que “dio impunidad a personal militar involucrado en la represión de las protestas” que ocurrieron ese mes. Esta norma legal fue objeto de fuertes críticas de varias organizaciones de derechos humano. Por ejemplo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos afirmó que las fuerzas armadas bolivianas facilitaron la “masacré de Sacaba”, en la que murieron 12 civiles.

El periodo de Áñez en el poder estuvo marcado por tensiones étnicas, según periodistas y académicos. Su gabiente inicial no “incluyó a un solo indígena en un país en el que al menos el 40 % de la población pertenece a uno de los 36 grupos indígenas”, escribe The Guardian. Durante una reciente conferencia por Zoom organizada por Whipalas Across the World, el científico político boliviano Jorge Richter también condenó el gobierno interino por promover intolerancia racial y étnica. “[el gobierno de Áñez] odia a los indígenas”, agregó van Pelt en una entrevista de seguimiento por WhatsApp.

La religión también fue polarizadora en la presidencia interina de Áñez. La Constitución boliviana pone al cristianismo en igualdad con otras religiones, pero la Biblia ha regresado al palacio presidencial”, Añez afirmó cuando prestó juramento. El fervor cristiano de Añez ya fue analizado por Global Voices.

Para bolivianos dentro y fuera del país, las elecciones de 2020 eran una oportunidad para revertir el curso político del país y una opción para reparar la nación.

Otros ven el MAS como un defensor de los intereses nacionales. Como dijo van Pelt a Global Voices, antes de que Evo Morales llegara al poder, “salimos de un estado de sumisión total en el que [nuestros recursos] pasaban de un empresario al siguiente, en el que nunca pudimos ser dueños de nuestros propios recursos”. Con el MAS de nuevo en el poder y con un nuevo líder, los bolivianos tienen esperanzas de que quien tome las decisiones representarán los intereses nacionales en vez de servir a empresas extranjeras.

Whiplalas ondean al viento. Foto del autor.

En todo Europa, la victoria de Arce generó celebraciones entre bolivianos con ideas en común. A pesar de que mucho no viven en su países desde hace tiempo —muchos bolivianos emigraron a Europa por golpes militares auspiciados por Estados Unidos en 1971— los bolivianos en el extranjero aún tienen vínculos emotivos con las personas en el país. “Mi verdadera familia está en Bolivia”, dijo van Pelt a Global Voices el sábado 24. Los bolivianos en el extranjero pueden votar.

Los bolivianos en Ámsterdam, realizaron un ritual para agradecer a la Pachamama (Madre Tierra) por la victoria de Arce, en la que dos manifestantes lanzaron pétalos al viento, encendieron incienso y dieron discursos —sobre todo en holandés, pero también en quechua y aymara— sentados en una colorida manta rodeados de flores y velas. La igualdad en sentido político y espiritual, estuvo en el centro de su retorica. “Somos todos la misma Pachamama”, dijo un manifestante a la pequeña multitud apiñada alrededor del altar.

Manifestantes realizan un ritual, dan discursos y recitan poesía. Foto del autor.

Para concluir el ritual, Ramón —fotografiado a la izquierda— vertió agua en la tierra. Un transeúnte preguntó a van Pelt por qué hizo eso. “Creemos que cuando la naturaleza nos da algo, debemos devolverlo”, le contestó. Verter agua en la tierra simboliza eso.

Tras el ritual vino una celebración. Diversas músicas latinoamericanas surgieron de los altavoces y la gente bailó. “No hay nada como la música latina”, dijo van Pelt a Global Voices. Honrando una promesa que hizo antes de las elecciones, una manifestante dio dos vueltas a la plaza descalza, y luego varios la siguieron.

Manifestante se saca los zapatos y se prepara para bailar alrededor de la plaza. Foto del autor.

Varios transeúntes se unieron. Nick, brasileño de 20 años, dijo a Global por qué estaba ahí. “Solamente soy alguien a quien le gusta celebrar y bailar a la libertad de una nación”, respondió. También cree que la ocasión era algo que todos los latinoamericanos deben elogiar. “Bolivia ha puesto un ejemplo”, dijo.

Nick onda una Whipala. Foto del autor.

Nick no era el único no boliviano. También había personas de otros países latinoamericanos, como Curazao, Surinam, México, Argentina y Colombia. Se vieron banderas surinamesa y venezolana durante la celebración. Los bolivianos dieron una cálida bienvenida a otros latinoamericanos, llamaron al continente “una gran familia”.

“Todos los latinoamericanos nos hemos unido para luchar contra el imperialismo”, dijo van Pelt.

Gabriella entrega tazas y platos. Foto del autor.

Después de una hora de baile, los manifestantes llevaron comida y bebida, y lo dispusieron en una manta tendida en el concreto. A un picnic así se le llama apthapi en aymara, que Gabriella —que me invitó a la manifestación— dijo que significa “unión y poder para compartir […] en las culturas aymara, guaraní y quechua”. A los transeúntes les ofrecieron mandarinas, verduras, vino y bebidas del apthapi.

El apthapi. Foto del autor.

La noche tuvo sus tensiones. Las manifestaciones tenían autorización según las restricciones de COVID-19, pero en la práctica, fue difícil hacer que la gente mantuviera el metro y medio de distancia, como estipula la ley neerlandesa. La Policía intervino, y los organizadores accedieron a cumplir las reglas de distancia social más estrictamente.

La jornada fue pacífica y alegre, y había una sensación de alivio. “El pueblo vuelve al poder”, dijo un manifestante.

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