Tras tres meses de protestas contra el Gobierno en Bulgaria, ¿qué está en riesgo?

Protesta frente al Parlamento en Sofía, Bulgaria, 15 de julio de 2020. Foto de Veni Kojouharova, usada con autorización.

Las noches en la Plaza de la Independencia de Sofia han sido más ruidosas a mediados de este año. Las multitudes se han estado reuniendo en este lugar frente al Parlamento desde comienzos de julio. Corean “ostavka”, que significa “renuncia” en búlgaro.

Lo que empezó como indignación por un destacado político que trataba una playa pública como su propiedad privada se convirtió en manifestaciones masivas a nivel nacional que exigían el cambio total de un sistema político percibido como corrupto e ineficiente.

Las manifestaciones son las mayores en Bulgaria en casi una década –en Sofía, han congregado hasta a 30 000 personas en julio a veces, según diferentes estimados. También ha habido protestas más pequeñas en otras ciudades búlgaras y en el extranjero. Una encuesta de Sova Haris, encuestadora privada, mostró que el 70 % de mil encuestados apoyaron las protestas.

Todo empezó el 7 de julio, cuando el líder del partido opositor Sí, Bulgaria, Hristo Ivanov, intentó poner una bandera nacional en Rosenec, playa ubicada en un parque público. Por ley, los parques debe ser accesibles a todos, e Ivanov quería probar si se defenderían sus derechos en Rosenec.

En una transmisión en vivo de misión en medios sociales, se acercó a la playa en bote pues no hay caminos abiertos en la zona. En cuanto puso los pies en la playa, se le acercaron guardias de seguridad. Tras una tensa discusión, empujaron a Ivanov al agua.

Los guardias habían estado patrullando la casa de verano de Ahmed Dogan, líder honorario del Movimiento por Derechos y Libertades (MRF), partido político que representa a la minoría turca de Bulgaria.

Dogan fue agente de seguridad del Estado en la época comunista, y sigue siendo una figura influyente en la política búlgara actualmente. Se le considera un aliado del primer ministro Boyko Borisov, y Hristov lo llama el “paciente cero de ilegalidad en Bulgaria”.

Luego se reveló que los guardias también eran de una agencia de seguridad estatal, cuyos salarios se pagan con dinero de los contribuyentes.

Esta es una breve versión de la transmisión en vivo de Ivanov:

El asunto se hizo conocido en los medios como “Dogan's Saray” (saray significa “palacio” en turco) y, predeciblemente, el público lo recibió con rabia. Pero como otros escándalos anteriores, al asunto saray le pudo seguir un ciclo muy conocido para los búlgaros. Domina los titulares unas cuantas semanas antes de pasar al olvido. Pero esta vez las cosas salieron un poco diferentes.

Un significativo momento decisivo fue cuando el fiscal general, Ivan Geshev, ordenó una incursión en la oficina presidencial, supuestamente en represalia por los comentarios del presidente Rumen Radev de condena a la ocupación privada de la playa de Rosenec. A Geshev se le considera una aliado cercano de Dogan, mientras que Radev, del opositor Partido Socialista Búlgaro (BSP), es un abierto crítico del Gobierno.

Tres horas después de que los hombres de Geshev irrumpieron en la oficina presidencial, había gente en la Plaza de la Independencia en la primera de muchas protestas que seguirían.

Para muchos búlgaros, las protestas no necesariamente son a favor de Radev, sino de las instituciones democráticas y responsabilidad. Los cánticos están dirigidos a Borisov y Geshev, pero también piden reforma judicial y separación clara de poderes.

Dimitar Bechev, investigación de la Universidad de Carolina del Norte y colaborador frecuente de Al Jazeera, CNN, Foreign Policy y OpenDemocracy, tuteó de una manifestación:

“No queremos BSP, no queremos GERB. Queremos cambio” protesta dirigida contra el partido gobernante de centro derecha y la oposición socialista.

Antoaneta Dimitrova, científica política de la Universidad de Leiden, también comentó:

Las protestas en Bulgaria continúan. Para que tengan algo de contexto, no es la primera vez que la gente protesta por el poder en la sombra de los oligarcas que usan y controlan las instituciones estatales en su provecho. Es alentador que los manifestantes, muchos jóvenes, entiendan que esto no es lo que es la democracia.

En 2013, surgieron protestas en Bulgaria luego de la controvertida designación de Delyan Peevski como jefe de la Agencia de Seguridad del Estado. La designación de Peevski fue revocada a la larga, pero siguió siendo una influyente figura como magnate de los medios. Supuestamente, tiene vínculos con medios búlgaros, que tiene llega hasta muy dentro de instituciones búlgaras.

En ese momento, los manifestantes quedaron decepcionados. Al final, un régimen corrupto fue reemplazado por otro. Tras aprender la difícil lección, esta vez los manifestantes piden más renuncias individuales. Pero aún está por verse si vendrá un verdadero cambio.

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