Contéstanos, Elon Musk: Campaña de pueblos indígenas de Rusia contra contaminación del Ártico

Activistas de derechos de indígenas de toda Rusia se unen a una manifestación en línea contra la contaminación en el Ártico. Composición de Vera Shcherbina.

En todo el Ártico ruso, los pueblos indígenas están pidiendo a Elon Musk que no compre níquel de Norilsk Nickel, una de las mayores empresas mineras de níquel y paladio del mundo. Desde julio, han estado llevando a cabo una campaña en los medios para llamar la atención sobre las prácticas ambientales de la empresa y la falta de cumplimiento de la legislación internacional.

En julio, Musk, presidente ejecutivo de Tesla, empresa de vehículos eléctricos y energía limpia, se dirigió al sector minero del mundo: “Tesla les dará un contrato enorme, por mucho tiempo, si extraen níquel eficientemente y pensando en el ambiente”. Los pueblos Indígenas del norte de Rusia llamaron la atención, destacaron que las plantas de níquel del país no son sostenibles ambientalmente y están perjudicando el frágil ambiente ártico. Su campaña consiste de las habituales cartas abiertas, y de manifestaciones en medios sociales. Los pueblos indígenas publican sus fotos en las que aparecen con ropa tradicional con afiches y las etiquetas #AnswerUsElonMusk [Contéstanos, Elon Musk], #NoNickelfromNornickel [No al níquel de Mickel], #DefendIndigenousArctic [Defendemos a los indígenas del ártico].

En Rusia, esta es una postura inusual de derechos ambientales: Al usar la imagen de Musk, los pueblos indígenas no están dirigiendo sus quejas sobre la contaminación al Estado sino a un industrial extranjero, en un intento de obligar a Rusia a cumplir con sus demandas legales.

Sea como fuere, su enfoque tiene mucho sentido, dice Dmitry Berezhkov, activista de derechos de los indígenas y miembro del Foro de Aborígenes Rusos, uno de los varios grupos que apoyan la campaña. “Consideramos que el bienestar ambiental es parte de los derechos de los pueblos indígenas. La cantidad de formas de defender los derechos de los pueblos indígenas en Rusia se reduce día a día, ya que el Estado, junto con las industrias, trata de imponer un mayor control sobre la vida de las personas. Teóricamente, los pueblos indígenas podrían defender sus derechos con la ayuda de las organizaciones internacionales, apelar al derecho internacional y pedir primero las resoluciones de Naciones Unidas. Pero Rusia dejó de prestar mucha atención a las resoluciones de Naciones Unidas hace tiempo. Ahora, solo hay dos instancias que funcionan: el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y el Consejo de Europa. Por eso intentamos ser inventivos y encontrar nuevas formas de defender nuestros derechos. En este caso, organizando campañas mediáticas internacionales”, dijo Berezhkov, que vive en Tromsø, Noruega, a Global Voces una entrevista telefónica.

Enfrentarse a Norilsk Nickel no es poca cosa. La compañía, también conocida como NorNickel, se fundó en la década de 1930 durante el estado soviético como uno de sus grandes proyectos de “conquista de la tundra”. En la década de 1990, la empresa fue privatizada por diversos medios -incluido el famoso plan de “préstamos por acciones“- y actualmente está controlada mayoritariamente por el oligarca ruso Vladimir Potanin, uno de los más ricos del país. Las operaciones de la empresa se centran en dos zonas, ambas en el Ártico ruso: la península de Taymyr, a través de su planta principal en la cercana ciudad de Norilsk, y la región de Murmansk (o más concretamente, la península de Kola) en la frontera más occidental de Rusia, donde se encuentran tres plantas más pequeñas en las ciudades de Níquel, Monchegorsk y Zapolyarny. Todos estos territorios son también tierras tradicionales de los pueblos indígenas: el pueblo dolgan en la península de Taymyr y el pueblo sami en la región de Murmansk.

El 29 de mayo, NorNickel llegó a los titulares por causar uno de los peores desastres ambientales en el Ártico ruso. Un tanque de almacenamiento de combustible corroído de una central eléctrica local propiedad de NorNickel se abrió de golpe, e inundó los ríos hasta con 17 500 toneladas de combustible diesel que derritió el hielo y contaminó el agua. Finalmente llegó al lago Pyasino y a los ríos conectados, y se abrió paso hasta el Océano Ártico. En total, contaminó al menos 140 millas cuadradas a través del Ártico ruso. El derrame atrajo un nivel inusual de atención pública a NorNickel: El 4 de junio, el presidente ruso Vladimir Putin declaró el estado de emergencia y criticó personalmente a Potanin en la televisión.

El lago muerto

El 18 de septiembre, el lago Pyasino fue declarado “muerto” como resultado del derrame. Los resultados de la vigilancia ecológica demostraron que, junto con el combustible diesel, se habían superado las MAC (concentraciones máximas permitidas) de metales pesados en las aguas del lago. Ese mismo día, Elena Penzina, diputada de la Asamblea Legislativa de la región de Krasnoyarsk, escribió en su canal personal de Telegram que el nivel de concentración de contaminantes en el agua indica que el NorNíquel había estado contaminando el lago durante muchos años. Los gases tóxicos y las partículas de metales pesados también habían contaminado el aire, añadió.

Sin embargo, incluso después del derrame, el organismo estatal PORA (Oficina de Proyectos para el Desarrollo del Ártico) clasificó a NorNickel en el tercer lugar entre las empresas rusas que operan en el Ártico y en el séptimo lugar entre las empresas internacionales en su “Índice Polar”, directorio de empresas rusas más sostenibles desde el punto de vista ambiental.

El pueblo dolgan vive en gran parte a lo largo de las orillas de este lago y los ríos que lo alimentan. Gennady Shchukin es un veterano activista dolgan que ha intentado llamar la atención sobre el desastre ambiental y la violación de los derechos de los pueblos indígenas durante muchos años. Ahora, preside la Asociación de Pueblos Indígenas de Taimyr, secretario ejecutivo del mencionado Foro Aborigen, y líder de Amyaksin, organización comunitaria local de los dolgan. Hablando con Global Voices por teléfono, dijo: “hasta ahora nuestros llamados a Norilsk Nickel y a las autoridades no han dado ningún resultado”. Por eso nos vemos obligados a dirigirnos a los posibles compradores de la producción de Norilsk Nickel, para que ayuden a llamar la atención sobre la falta de sostenibilidad ambiental de las plantas”. El derrame de petróleo fue la gota que colmó el vaso para nuestra paciencia”.

Shchukin explicó que las comunidades indígenas de ahora en la tundra de Taymyr sobreviven de la pesca, la caza y el trueque, intercambian pescado y carne por azúcar, medicamentos y cualquier otro producto que les llegue a pesar de las grandes distancias y los malos caminos. “No hay dinero en la tundra”, dice. Para los dolgans, la mortífera contaminación del Pyasino y de todos los ríos vinculados no solo es un desastre ambiental sino también financiero y cultural: las familias han perdido su única fuente de ingresos y ahora se enfrentan el hambre o el exilio de su patria al menos durante los próximos 50 años, que es lo que podrían tardar en recuperarse la tierra y las aguas afectadas.

Una carta que envió Shchukin, como diputado de un consejo de distrito, a Norilsk Nickel y a las autoridades locales después del desastre, contiene 33 recomendaciones sobre cómo la empresa podría recuperar los 50 años perdidos. La carta de Shchukin, a la que Global Voices tuvo acceso, recomienda compensar a los dolgans por el costo del reasentamiento y proporcionar educación profesional a los jóvenes dolgan que ahora no pueden aprender su estilo de vida tradicional.

“En la última década”, dice Shchukin, “no hubo ninguna actividad significativa en la limpieza de los depósitos de basura, la adición de plantas de purificación o filtros, y no podemos controlar ningún cambio. No tenemos voz en ningún programa ambiental de la región, y ni siquiera existe la idea de que nuestros representantes sean expertos en la comisión”. Sin embargo, no tenemos más remedio que luchar porque simplemente no tenemos a dónde ir. La mayoría de los trabajadores de Norilsk Nickel tienen raíces en algún otro lugar de Rusia, por lo que pueden decir: “Dejen que los locales se ocupen de eso” – y se trasladan a otro lugar. Pero nosotros vivimos aquí, así que tenemos que tomar medidas”.

En su última declaración, publicada el 15 de septiembre, la PORA afirma que su investigación encontró 700 pueblo indígenas personalmente afectados por el derrame y con derecho a indemnización. Cuando se le preguntó sobre la misión de investigación de PORA, Shchukin dijo: “No me contactaron como representante, sino como persona. Sin embargo, la experiencia que estaban dando era etnológica, no ecológica. También es importante, pero no es lo mismo”.

Nubes tóxicas

La campaña también cuenta con el apoyo del pueblo sami, que vive en la región de Murmansk, donde NorNickel opera su división occidental. Como dijo el político sami Andrey Danilov a Global Voices, el objetivo no es poner de rodillas a NorNickel, sino establecer una comunicación constructiva sobre cuestiones ambientales y dar voz a los representantes indígenas en las actividades previstas de la empresa, de conformidad con la Declaración de Naciones Unidas sobre derechos de los pueblos indígenas. “Sinceramente, es una situación única”, dice Danilov, “que dos comunidades diferentes de indígenas de dos regiones separadas por miles de kilómetros se hayan unido en un intento de provocar y establecer un diálogo con la misma empresa, el diálogo al que tienen derecho según el derecho internacional”.

“Es algo curioso”, continúa Danilov, “en cuanto comenzamos la campaña, la prensa local empezó a hablar de cuánto apoya NorNickel a la comunidad sami. Por nuestra parte, solo recordamos dos proyectos de este tipo: una celebración en honor del Día Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo, y un libro en lengua sami, lleno de errores gramaticales y ortográficos”.

También se han planteado preocupaciones ecológicas en la región de Murmansk durante muchos años. Los productos de NorNickel (níquel, cobre y cobalto) se producen todos a partir de un tipo de mineral que suele contener una gran proporción de azufre. Esto significa que el proceso de extracción se asocia con altas concentraciones de dióxido de azufre (SO2). En el sitio web de la empresa se reconoce que para 2019, las emisiones de todas las plantas de NorNickel alcanzaron poco menos de 2000 toneladas de dióxido de azufre por año, lo que representa aproximadamente 5000 toneladas por día y un aumento con respecto al año anterior. Cuando ese gas se libera en el aire húmedo del Ártico, reacciona con las gotas de agua y produce una versión inestable de ácido sulfúrico, lo que conduce a la lluvia ácida. En consecuencia, como se dijo en un reciente artículo de Novaya Gazeta sobre el NorNíquel, las plantas de níquel están rodeadas de un “paisaje lunar” que contrasta fuertemente con la tundra ártica. Un reciente trabajo de investigación en dendroclimatología mostró las graves consecuencias de la contaminación de NorNickel para los bosques boreales, y para el clima en general.

Andrey Zolotkov, que dirige la organización medioambiental Bellona-Murmansk, explicó en una entrevista telefónica con Global Voices que la contaminación atmosférica ha sido una espina clavada en las relaciones ruso-noruegas desde la década de 1990. Una de las plantas de NorNickel es visible desde Kirkenes, pueblo fronterizo noruego. Incluso hay un movimiento ambientalista popular en Noruega, establecido en 1990, llamado “Detengan las nubes de muerte soviéticas“. En 2016, el movimiento intentó llamar la atención de los principales compradores de níquel sobre la contaminación de NorNickel: Apple y Tesla. El último escándalo internacional ocurrió en enero de 2019, cuando una nube de dióxido de azufre se desplazó por la frontera y obligó a las autoridades municipales noruegas a disparar una alarma sanitaria.

Zolotkov está de acuerdo en que ha habido algún progreso. En 2016, NorNickel modernizó el procesamiento en su planta de Zapolyarny, que llevó los niveles de contaminación casi a cero. En los últimos 18 años, la calidad del aire en Monchegorsk ha vuelto a alcanzar niveles aceptables, excepto por dos episodios separados en los últimos dos años. Según el informe de NorNickel de mayo de 2020, la empresa prometió oficialmente cerrar su taller de fundición de níquel para el 25 de diciembre de 2020. Además, en 2019 NorNickel puso en marcha el “Proyecto Azufre“, iniciativa para el desarrollo sostenible que promete una reducción del 85 % de las emisiones totales de dióxido de azufre de la división de Kola de la empresa para 2021 y una reducción del 90 % de la división de Taymyr para 2025.

El pueblo indígena sami aún no está convencido de estas promesas. Pero muchas organizaciones internacionales están del lado de los activistas. El 7 de septiembre, el Consejo Sami – -ONG que representa a los pueblos indígenas de Finlandia, Noruega, Rusia y Suecia– publicó una inusual declaración en apoyo de los pueblos indígenas del Ártico ruso y su campaña contra NorNickel. Además, la organización de derechos indígenas Cultural Survival está reuniendo firmas para una carta abierta que será entregada en las oficinas de Tesla en Palo Alto, California. Más de 70 organizaciones indígenas, de energía limpia, del clima y de justicia minera de todo el mundo apoyan su petición, lo que a su vez hace esperar que esta campaña pueda sentar un precedente.

Mientras tanto, el 26 de septiembre Vladimir Potanin concedió una entrevista al programa de noticias Vesti para limpiar el nombre de su empresa. Explicó cómo NorNickel pagó por los procedimientos de limpieza después del derrame. Se quejó de que la multa sin precedentes de 2100 millones de dólares que les impuso Rosprirodnadzor, organismo de control ambiental de Rusia, era demasiado alta.

También expresó su confianza en que la respuesta de Rusia a desastres ecológicos sin precedentes como este, “confirma su derecho a ocupar la presidencia del Consejo del Ártico en 2021-2023″.

Inicia la conversación

Autores, por favor Conectarse »

Guías

  • Por favor, trata a los demás con respeto. No se aprobarán los comentarios que contengan ofensas, groserías y ataque personales.